Ariel Ramírez en Canción Estampa

Por Layda Ferrando Ledo

Las líneas que siguen van con doble intención: proposición y homenaje. Hace veinte años, en el número 14 de Boletín Música, publicamos una breve reseña de un valioso conjunto de partituras que atesora la Casa de las Américas: la Colección Canción Estampa. Se comentaba entonces que estas obras habían llegado a la dirección de artes plásticas de la institución a finales de la década del setenta, por iniciativa de Marcelo Krass —promotor cultural argentino— para realizar una exposición que nunca logró materializarse.

El grupo de partituras pertenecientes a la Colección Canción Estampa de la Editorial Lagos (Argentina), publicadas en las décadas del cincuenta al setenta, todavía reposa en nuestros fondos: cincuenta y nueve partituras de música popular argentina que registran las creaciones de treinta compositores de ese país latinoamericano. Un valioso material para músicos e investigadores.

¿Qué valores recoge esta colección?

Las ediciones de la Colección Canción Estampa tienen la peculiaridad de reunir en un solo material tres lenguajes artísticos: la música, la poesía y las artes plásticas. Cada una de ellas ocupa un espacio bien distinguido en la publicación y, a la vez, se integran de manera armónica para dar como resultado un producto de alto valor cultural.

Las obras de reconocidos compositores como Ariel Petrocelli, Damián José Sánchez, Roberto Grela, Horacio Guarany, Edmundo Rivero y Juan Carlos Cedrón, entre muchos otros, en felices duetos creativos con poetas como Armando Tejada Gómez, Manuel J. Castilla, Horacio Ferrer, José Pedroni o León Benarós, por solo citar algunos, se vieron complementadas estéticamente con las ilustraciones encargadas para cada ejemplar a importantes artistas plásticos argentinos. Así, el arte cinético de Horacio García Rossi, el expresionismo de Antonio Seguí, el surrealismo de Vito Campanella o las populares recreaciones tangueras de Sigfredo Pastor, enriquecieron este empeño.

Las partituras —todas para voz y piano— recogen gran variedad de géneros tradicionales argentinos y sudamericanos. A partir de diversos lenguajes compositivos y desde las más disímiles apropiaciones de esta tradición oral por parte de los compositores, se ofrecen vidalas, chacareras, tonadas, zambas, cuecas, milongas, guaranias, triunfos y toda suerte de músicas que caracterizan la tradición activa de la región, sujetas a ineludibles procesos de interacción entre lo local y lo global. 

Es importante resaltar que en los años setenta muchas de las especies folclóricas de esta región fueron recontextualizadas al constituirse punto medular en la creación de los músicos que formaron parte del Movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana. Precisamente con ese movimiento se relacionaron algunos de los autores cuyas obras se registran en esta colección, como César Isella y Armando Tejada Gómez.

Por otra parte, está presente la labor de otros compositores que dotaron a estas especies tradicionales de una nueva dimensión. Las hicieron interaccionar con diversas influencias y reelaboraron las fórmulas establecidas durante años, para imponer nuevos paradigmas de creación. Son los casos de Astor Piazzolla con el tango y de un cardinal compositor y pianista argentino: Ariel Ramírez.

Nació Ariel Ramírez el 4 de septiembre de 1921 en la ciudad de Santa Fe. En esta urbe estudió piano; en Buenos Aires, composición bajo la guía de Luis Gianneo, quien fuera uno de los máximos representantes del neoclasicismo musical e integrante del Grupo Renovación en Argentina. En compañía de Atahualpa Yupanqui recorrió varias regiones de su país para intercambiar con exponentes de la música tradicional, experiencias que le permitieron adentrarse con firmeza en la rica urdimbre musical argentina. Vivió en Perú y Uruguay y devolvió las vivencias en un significativo corpus de obras distintivas de la cultura del Cono Sur, ampliamente grabadas y editadas.

 
Brazo de la luna que bajo el sol
el cielo y el agua rejuntará,
hijo de las cumbres y de la selva
que extenso y dulce recibe el mar.
 
Sangra en tus riberas el ceibo en flor
y la pampa verde llega a beber
en tu cuerpo lacio donde el verano
despeña toros de barro y miel
[…]

Así evocan los primeros versos de la poesía de Jaime Dávalos, completados musicalmente por Ramírez: El Paraná en una zamba. La música refuerza el gesto con el aire de zamba, criolla expresión que en su forma cantable exhibe un carácter romántico y sentimental. La partitura (1955) se corona con la obra plástica de Ricardo Supisiche, fundador del Grupo Setúbal.

Los trazos evanescentes de la pintura, del también santafecino y miembro del mencionado grupo, Matías Molina, abonan otra mirada a la región del Paraná. Esta vez, habla Palmira Troncoso, «nacida en isla Cambá» y el compositor recrea toda la sensualidad que ofrece la poesía de Guiche Aizenberg en un chamamé.

 […]
Cuando rema en su canoa
y recorre el espinel
lo miro desde la costa
mis ojos se van tras de él
 
Me gustan sus brazos recios
tiene un modo de abrazar…
es muy hombre mi Camargo
pero… es mejor no contar

Protagonismo femenino que se revela diverso en el cuaderno Mujeres argentinas. Esta edición especial en conmemoración del centenario del Martín Fierro agrupa ocho obras de Ariel Ramírez con textos de Félix Luna, y apareció poco después del disco homónimo de 1969 cantado por Mercedes Sosa.

Hay Mujeres guerreras: «Juana Azurduy, flor del Alto Perú, no hay otro capitán más valiente que tú» es cantada en cueca; la maestra Rosarito Vera gana otras batallas; Manuela la Tucumana, ícono de una tradición que se ha mantenido hasta la actualidad, convierte las ollas en cañones y es cantada (no podía ser de manera mejor) en un triunfo, danza popular que se establece en el siglo XIX, a raíz de la independencia.

Y también hay mujeres que saben del dolor y la pérdida: Dorotea la cautiva añora en una milonga: «yo no soy huinca, india soy, por amor, capitán»; una sencilla canción a Guadalupe, cuyas cartas «se han vuelto nubes», es viuda y no lo sabe; …y una zamba emblemática que trascendió fronteras: Alfonsina y el mar. ´

Mucho más podría decirse de la obra de este artista. Justo es recordar su labor al frente de la Compañía de folclor desde 1955 hasta 1980; sus valiosas colaboraciones para el cine donde compuso la música para ocho largometrajes; sus giras de concierto como pianista; sus producciones de mayor formato (Cantata Sudamericana, 1972 y Misa por la paz y la justicia, 1981); su función como presidente de la Sadaic (Sociedad argentina de autores y compositores de música) en varios períodos.

También es oportuno traer a la memoria su Misa criolla, partitura que no integra la colección, pero que fue impresa por la Editorial Lagos y que atesoramos en nuestros fondos. Obra concebida como una gran manifestación litúrgica popular, sobre la base de expresiones tradicionales suramericanas (Kyrie en forma de baguala-vidala; Gloria en carnavalito; Credo en chacarera-triunfo; Sanctus en carnaval cochabambino; y Agnus Dei escrito en el género denominado estilo, propio de la región pampeana).

Estas pinceladas sobre la presencia de Ariel Ramírez en la colección Canción Estampa son un sencillo homenaje cuando se aproxima el centenario de su nacimiento.    

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