Ernesto Fontán: «Para los chicos que venían del frío, del miedo y del dolor, fue un cambio total»

Por Oscar Ranzani

«Contar una historia que tenga que ver con la niñez, con la educación, con la salud me parece maravilloso», dice Fontán.  Foto: Bernardino Avila. Tomada de Página 12.

La explosión de Chernóbil se produjo el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética. Fue considerado el peor accidente nuclear de la historia. Miles de niños afectados por la explosión de Chernóbil llegaron al barrio de Tarará, en La Habana (Cuba), donde se organizó un programa de recuperación integral para las víctimas. La solidaridad del gobierno de la isla permitió que se trataran a más de 26 mil niños y niñas desde 1990 hasta 2011 que duró el programa en forma gratuita. Esa es la historia que cuenta Tarará, de Ernesto Fontán, documental que se estrenará el jueves 2 de septiembre en la plataforma Cine.ar Play. El film fue declarado de Interés Cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación.

«La idea de la película nació con mi nombre porque me llamo Ernesto por el Che Guevara. Entonces, ya desde mi familia hay interés por la Revolución Cubana, y yo ya de adulto empecé a militar en un espacio político que se llama Espacio de la Fraternidad argentino-cubano», cuenta Fontán en diálogo con Página/12. «En base al recital de Silvio Rodríguez en octubre de 2018 en Avellaneda surgió la idea de hacer una película», recuerda el cineasta. Vieron en el espacio que había muchas historias solidarias para contar del trabajo internacionalista de Cuba. «Investigando qué historia contar de todas las que teníamos dando vuelta surgió la de Tarará, que nos contaron amigos cubanos. No sabíamos qué era y después supimos que era un barrio en La Habana y que tenía esta historia maravillosa», señala Fontán.

-¿Cómo nació el Programa para asistir a víctimas de Chernóbil?

-El accidente fue en el año 1986 y en esos últimos años de la década de los ’80 empezó a resquebrajarse el bloque socialista soviético. Cayó el Muro de Berlín y luego se disolvió la Unión Soviética. En ese momento, muchos de los afectados del accidente de Chernóbil quedaron desamparados porque la salud pública en Ucrania y en esos países, Rusia y Bielorrusia, se empezó a desmantelar bastante, cambió completamente Ucrania y mucha gente quedó sin atención médica pública. En 1990, Fidel Castro sabía que venía un gran problema porque al desaparecer la Unión Soviética desapareció el 85 por ciento de la economía cubana, se derrumbó la economía en el Período Especial. Los años ’90 fueron muy terribles porque no tenían ese sostén económico de la Unión Soviética y, a la vez, Estados Unidos también recrudeció mucho más el bloqueo, con sanciones para los países que quisieran comerciar con Cuba. Ya sabiendo todo eso, Fidel Castro decidió darles una mano a los niños que quedaron en Ucrania. Y esto nos llamó la atención para contar en la película: en el momento más difícil de la historia cubana contemporánea, Fidel Castro brindó esta ayuda y tuvo este plan. Y en abril de 1990 empezaron a llegar los primeros aviones con los chicos ucranianos, rusos y bielorrusos. Y empezaron a alojarlos en Tarará. Armaron una ciudad con hospitales, casitas preparadas para ellos, escuelas para ucranianos. Fue un plan integral gratuito.

-¿Por qué se decidió utilizar el barrio de Tarará para los que venían a atenderse en Cuba?

-Tarará venía con una larga tradición de atención a las infancias. Es una ciudad con salida al mar, es un lugar privilegiado en La Habana. Antiguamente, antes de la Revolución, esas casas eran ocupadas por la burguesía cubana. La gente de mucho dinero tenía esas pequeñas mansiones allí. Cuando triunfó la Revolución, toda esa gente se fue de Cuba, o se exilió en Miami, y la Revolución Cubana decidió hacer esa ciudad de Tarará para los chicos estudiantes de escuelas. Se usó como una especie de campamento para que ellos pudieran disfrutar las vacaciones o ir durante el año. Se armó un parque de diversiones muy grande y todo para los chicos. Y así fue que en 1990 a Fidel Castro se le ocurrió que el lugar principal para alojar a los chicos víctimas de Chernóbil fuera ese complejo que ya lo tenían armado. Había que acondicionarlo con un nuevo hospital, pero el entretenimiento para los chicos ya lo tenían garantizado. Y al tener salida directa salida al mar, las sales marinas les servían mucho para curarse las enfermedades de la piel por la radiación que traían. Entonces, los chicos pasaban mucho tiempo en el mar y eso para los ucranianos que venían del frío, del miedo y del dolor de Ucrania, fue un cambio total no sólo en el estado de ánimo sino también en la salud.

-¿Cómo es la historia de que se decidió abrir especialmente escuelas para niños ucranianos?

-Como todos eran chicos y se sabía que iban a estar en tratamientos prolongados porque los chicos que venían a Cuba eran los que tenían enfermedades muy complejas y necesitaban atención diaria y operaciones muy complejas como trasplantes de médula, y tratamientos oncológicos, entonces, al saber que iban a ser períodos prolongados, no querían que los chicos ucranianos no perdieran esa atención educativa y la currícula escolar. Se les ocurrió hacer escuelitas dentro de Tarará. Y para aprender el idioma español tuvieron que convocar desde Ucrania a maestras que hablaran los dos idiomas. También trabajaban traductoras cubanas en Tarará para que los chicos no perdieran la educación. Fue un hecho maravilloso porque ese programa duró veinte años, hasta el 2011. Entonces, tuvieron que mantener una estructura montada y bien organizada.

-Hay muchos casos de niños que fueron atendidos y no puede soslayarse el hecho de que Cuba sea el país que más respeto tiene por las infancias. ¿Cómo lo observaste esto en tus viajes?

-Tuve la suerte de viajar cuatro veces a Cuba. Tengo una pasión por el tratamiento de Cuba a las infancias, y la importancia que se le da a la educación, mismo las universidades que tiene, la formación de los médicos. En la película decimos que Cuba tiene la mayor cantidad de médicos cada 1000 habitantes. Y es de los países que más cantidad de médicos envía a zonas de riesgo de cualquier parte del mundo. Entonces, contar una historia que tenga que ver con la niñez, con la educación, con la salud me parece maravilloso para que la gente lo sepa, porque también hay una especie de cerco mediático donde no se conocen muchas cosas positivas de Cuba y de su solidaridad, porque vivimos muy influenciados por los grandes medios hegemónicos de poder. Y poder contar con una película y que tenga esa difusión y que llegue a oídos de personas que no están acostumbradas a escuchar estas cosas, para mí no es sólo un trabajo cinematográfico sino también militante.

-¿Era sólo para chicos el programa o también atendían a adultos?

-La grandísima mayoría eran chicos. La idea de Fidel fue tratar de cuidar principalmente a las infancias, pero algunas madres de los chicos que venían y que se enfermaban o se contagiaban de alguna enfermedad dentro de Tarará, se las atendía. Hubo también operaciones a adultos. 

Tomado de Página 12.   

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.