Mensaje por el Día del Teatro Latinoamericano

Por Rosa Luisa Márquez

El 8 de octubre de 1968 comenzó el primer Festival de Teatro de Manizales, el encuentro escénico más antiguo del continente. Como conmemoración de esa efeméride, ese día, desde 2016, se celebra el Día del Teatro Latinoamericano. La iniciativa fue impulsada por el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (Celcit) y apoyado por cientos de grupos del continente. Precisamente al Celcit y a su director Carlos Ianni dirige su mensaje a propósito de la celebración en 2021 la teatrera puertorriqueña Rosa Luisa Márquez.  

Querido Carlos y querido CELCIT:

Les mando un abrazo desde el Caribe en medio de la temporada de huracanes y desde esta incertidumbre pandémica para conmemorar el día del Teatro Latinoamericano con ustedes. Me alegra enormemente que nos hayas convocado.

Contestamos desde Puerto Rico, un país de la cuenca del Caribe, inmerso en un mar de invisibilidad y asomado entre las nubes. No se considera parte oficial de América del Norte por haber entrado tarde y con violencia (la de ellos) a su historia, ni tiene presencia concreta entre las naciones latinoamericanas por haber sido arrancado de ellas sin consentimiento mutuo. Solamente algunas organizaciones como el CELCIT y Casa de las Américas en Cuba nos incluyen como parte de sus proyectos culturales.

Puerto Rico, con una historia latinoamericana, con culturas similares, con poblaciones originarias que sufrieron rumbos parecidos, sube al escenario como hija ilegítima buscando reconocimiento en un oficio tan inaprehensible como el nuestro, tan efímero como el nuestro, tan invisible como el nuestro, cuyo impacto queda grabado en la memoria pasajera de sus testigos presenciales.

Coloco en este mensaje solo el borde cóncavo y el convexo de un paréntesis con fragmentos de memorias antiguas y recientes. Propongo que coloquemos entre esas dos cuencas las múltiples teatralidades que se manifiestan en nuestros países y en nuestro continente teatral y que incluyen tanto el teatro hegemónico que se hace en las capitales dentro de edificios construidos para ese fin como las múltiples manifestaciones teatrales populares y excluidas de la historia oficial que hacen de nuestras celebraciones y ritos, una fiesta teatral, un convivio permanente, aún en tiempos del enemigo invisible que nos acecha.

Primera Memoria
Paréntesis cóncavo: relato de hace casi quinientos años: ((((((:
Areyto: estoy cantando, estoy bailando. (antes de 1492)
Gonzalo Fernández de Oviedo fue testigo de manifestaciones artísticas realizadas por los habitantes originarios de estas tierras. Quedan consignadas en su Historia general y natural de las Indias (1535). Su relato sobre el oficio efímero del teatro es otra evidencia de que la teatralidad siempre ha existido como manifestación urgente del ser humano y que sigue siendo una expresión fundamental de lo que luego se llamaría el teatro latinoamericano. Parafraseo, edito, hago acotaciones y ennegrezco parte del texto del cronista español:
Tenían estas gentes (los indios Taínos del Caribe) una buena y gentil manera de recordar las cosas pasadas y antiguas y eso era en sus cantares y bailes que ellos llaman Areytos. Cuando querían tener placer, celebrando entre ellos alguna notable fiesta, (bodas, nacimientos, funerales, buena cosecha, salud, festejos de victorias, eventos del pasado, o agasajo a visitantes) juntábanse muchos indios e indias y para más extender su alegría o regocijo trabábanse brazo con brazo y uno tomaba el oficio de guiar y daba ciertos pasos adelante y atrás, a manera de un contrapás muy ordenado, y lo mismo prosiguen los demás con la misma historia o dicen otra en el mismo son o en otro. (¿Danza/teatro?)
(También nos indica Fernández de Oviedo que el Areyto es además la palabra para canción.)
Uno de los regalos más valiosos, más prestigiosos que un Taíno pudiera dar al otro era una canción, porque era además enlace con el mundo de los espíritus. Entre los pueblos intercambiaban canciones (¿el trueque que practica el Odin Teatret?) para fortalecer las relaciones de amistad y cooperación. Durante las fiestas nadie trabajaba, solo se disfrutaba. (¿el convivio que describe Dubatti?)
Esta manera de cantar en esta y en otras islas (y aún en muchas partes de la Tierra Firme) es la historia de las cosas pasadas. Y estos cantares les quedan en la memoria con otras cosas que ellos quieren que sean fijamente esculpidas y para este efecto continúan los Areytos, para que no se olviden…

Segunda Memoria
Paréntesis convexo: relato de acontecimiento muy reciente ))):
Yuyachkani: Estoy pensando, estoy recordando. (julio de 2021)
Hace muy poco, el 19 de julio para ser exacta, celebró el Grupo Cultural Yuyachkani sus cincuenta años de vida en el Teatro (1971-2021). Por la pandemia y por mantener las mayores precauciones de salud, la sala que por décadas ha sido su casa, su taller, su refugio en el distrito de Magdalena de Mar en Lima se extendió hacia la calle. Allí los personajes de sus obras fueron los anfitriones y celebraron desde sus atributos reconocibles: máscaras, voces, andares, historias particulares y cantos, la historia de este grupo excepcional de la escena latinoamericana. Las distintas presencias se juntaron para evocar su propia memoria y la de los espectadores. Allí llegó a acompañarlos la Mamacha Carmen, en andas, con un séquito de actores danzantes enmascarados que la sostuvieron mientras ella le rendía tributo a la historia de un grupo al que amamanta desde los Andes.
Como en el Areyto caribeño, los Yuyas cantan y bailan su pasado, armado de retazos de la historia del teatro europeo con un lenguaje heredado de los colonizadores, hilvanado con canciones, máscaras y bailes de la tradición quechuahablante (takiy(canto), pukllay(juego), y galvanizado por el tiempo que les ha tocado vivir. Son generosos multiplicadores del teatro de grupo que han ayudado a construir a partir de su propia experiencia como integrantes de un movimiento que unió a los creadores de la creación colectiva de América Latina y el Caribe y de los teatros independientes desde la década del sesenta. Esta manta de retazos multicolores que han ayudado a tejer constituye un rico y variado entramado de tradiciones que se enfrenta con esperanza a la creación y construcción del teatro del futuro.
El teatro de nuestra América se nutre de muchas fuentes. Se enriquece además con el rigor emblemático de las danzas que provienen de Asia y de las fábulas animadas de la tradición oral africana. Continúa adelante ofreciendo alternativas de comunicación urgente frente a la muerte y crece desde la tramoya cibernética. Aún dentro de las pequeñas habitaciones en donde nos hemos encerrado a compartir miedos, angustias y alegrías celebramos la vida con acciones teatrales porque permanece el deseo del encuentro, de la comunicación urgente, del zoom/teatro a través del tiempo y del espacio y de la búsqueda incansable del abrazo.
El Teatro Latinoamericano es un hecho innegable. Desde nuestros comienzos como pueblos, residentes o invasores, sigue presente en el Caribe y en tierra firme, desde el Río Grande hasta un pueblo remoto en los picos de los Andes, desde un estacionamiento en San Juan hasta las vitrinas de una tienda abandonada en un barrio latino en Estados Unidos, desde las arenas doradas del Atlántico, hasta las piedras cantoras del Pacífico y (hasta más allá de las nubes).
¡Que viva el teatro latinoamericano ahora y siempre!

Los abraza desde Puerto Rico,
Rosa Luisa Márquez (teatrera latinoamericana y caribeña)

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