Norma Martínez: “Me aproximo al público como quien va a dar un regalo”

Por Sheyla Valladares

Norma Martínez es una actriz peruana de reconocida trayectoria en teatro, cine y televisión. Formó con la también actriz Fiorella Pennano la empresa productora ANIMALIEN, que entre otros proyectos ha coproducido el Festival de Teatro Internacional Temporada Alta en su sede de Lima durante los años 2018 y 2019. La primera producción teatral asumida de la empresa fue Pulmones de Duncan Macmillan, obra estrenada en la capital peruana en 2017. Su segundo proyecto Solo cosas geniales, del mismo dramaturgo británico, lo estrenó en 2018 y es la obra con la que llega este año a Mayo Teatral, después de que la pandemia impidiera la celebración del evento en el año 2020.

En diversas entrevistas ha contado la identificación inmediata que sintió al leer el texto de Macmillan, a pesar de que su infancia estuvo alejada de lo que cuenta ligado a la depresión y la posibilidad del suicidio. Solo cosas geniales, que codirige con Lucho Tuesta, se erige sobre la experiencia de comunidad, pues el público es convocado a participar activamente en la historia de una mujer que a los siete años comienza una lista de cosas por las que vale la pena vivir para regalársela a su madre que sufre de depresión.

Junto con Tuesta, a la actriz le interesa “que las cosas se digan con verdad y en la forma en que le debe llegar al público para que se sienta identificado”[1]; por eso desarrolla continuamente un ejercicio de localización (como le gusta llamarlo) o de adaptación del texto para ofrecer elementos que el espectador pueda sentir cercanos y les sean reconocibles, ya sea la mención de una comida, escuchar una canción popular u otro recurso. Le gusta pensar que Solo cosas geniales se arma como un cuento comunitario que rebasa la puesta en escena tradicional. Por eso las personas que acuden a verla son ubicadas en el escenario, de forma tal que se vean las caras unos a otros y puedan encontrar a Norma en cada punto donde se ubique para seguir el hilo de la historia que cuenta, que puede ser la historia de cualquiera de ellos.  

A pocos días de llegar a La Habana para participar en la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, que organiza la Casa de las Américas, Norma Martínez tuvo la deferencia de responder un breve cuestionario sobre esta obra que presentará en el Café Bertolt Brecht[2], en el Vedado habanero.  

Puesta en escena de Solo cosas geniales

¿Cuáles son los resortes que la llevaron a seleccionar la obra Solo cosas geniales para llevarla a escena?

Existen raras ocasiones en que terminas de leer un texto y de pronto tienes muy claro que lo vas a montar y de qué forma lo vas a hacer y cómo es el personaje y por qué es significativo para ti. Como una conexión mágica. Como si hubiese sido escrito para ti. Eso me pasó cuando terminé de leer Solo cosas geniales. Yo estaba dirigiendo otra obra del mismo autor llamada Pulmones y durante el proceso decidí leer lo que él había publicado hasta el momento y así llegué a la obra. Creo que fue la obra quien me eligió a mí y no a la inversa. Siento que entendí bien desde el inicio el viaje emocional del personaje desde su niñez, el tránsito por la depresión, la decisión de sanar. A pesar de que no se compara en términos objetivos a mi experiencia tengo un vínculo profundo e inexplicable, no puedo elaborarlo con palabras de hecho, con la obra. No dudé ni un instante que quería tener la experiencia de actuarla y dirigirla en cuanto fuese posible.

¿Cuando se trata de un texto escrito por otro autor puede ocurrir un proceso de reescritura de su parte o esas variaciones ocurren a otro nivel, más relacionado quizá con la representación, la puesta en escena? 

Creo que en este caso la reescritura se da, en primer lugar, en el terreno de la adaptación. El autor pide que la obra se adapte lo máximo posible al contexto donde se representa para que el público pueda vincularse rápidamente con los personajes y lugares que la historia plantea. Es una condición necesaria para que pueda alcanzar el nivel de comunicación con el público que la obra potencialmente tiene. De hecho, en Cuba haremos algunos ajustes que creo acercarán aún más la experiencia a la gente que venga a verla en el festival.

Desde otro punto de vista, considero que siempre en la lectura de una obra, cuando se actúa o dirige (en este caso ambos), hay una suerte de reescritura pues uno trabaja con sus propias imágenes y experiencia y esto puede dotar de nuevos significados o interpretaciones ciertos pasajes del texto o la experiencia completa. Dicen que el cuento no es el cuento sino quien lo cuenta, y en ese sentido un intérprete es también un creador del texto que trabaja. Las decisiones de dirección también influyen en esa reescritura porque iluminan ciertos temas que no necesariamente serán decisiones similares en otros montajes. Uno elige dónde poner la atención, el foco, y así está escribiendo también una versión del texto, aunque no altere ni una palabra del mismo. 

¿Qué cree de la pervivencia de la tradición en el teatro del tratamiento de las relaciones entre hijos y padres?

Nunca vamos a dejar de hablar de esas relaciones. Probablemente son las relaciones que más marcan nuestra vida. Sobre todo la relación con la madre. Por ese motivo mientras seamos la clase de seres humanos que somos hasta hoy (no sé qué pase en el futuro con nuestra especie, que siento realmente en proceso de evolución hacia otra cosa), intuyo que seguiremos hablando en el teatro de madres, padres, hijos y relaciones familiares.

¿Para qué es útil la exploración de estos vínculos?

Para conocernos mejor, para explicarnos mejor quiénes somos, para tener un punto de referencia desde el cual plantear una evolución, un desarrollo.  Creo que nuestros padres son un espejo necesario donde mirarnos. Creo que esa relación además puede ser una buena escuela de desapego, de responsabilidad con uno mismo y de independencia, pues solo “matando” simbólicamente a nuestros padres, lo que significa dejar de vivir bajo sus creencias o sus juicios, podremos comenzar a ser seres libres. Finalmente, la libertad es la aspiración máxima de todo ser humano, ¿no?, o de cada artista en todo caso.

¿Cómo vive la responsabilidad de llenar todo un escenario con el cuerpo, la historia que se comparte, la voz, el silencio, las herramientas del actor, para lograr crear en ese fragmento de tiempo una relación fructífera y genuina con el espectador?

Siempre la vivo con inquietud y con una enorme excitación. Me entusiasma mucho el encuentro con las personas que vienen a ser parte de la función. Ser capaz de conducir esa experiencia colectiva que va a ocurrir en el escenario es un reto en cada función. Siento la misma responsabilidad que imagino debe sentir alguien como un chamán (salvando las distancias, claro está) pues mi objetivo es servir como una herramienta que canaliza la propuesta de la obra y facilita el vínculo de ella con los espectadores. Solo cosas geniales es una experiencia de comunidad y se organiza con la energía de todos los que participan en ella. Hacerla es una responsabilidad sí, pero es sobre todo un regalo. Con esa actitud es que me aproximo al público, como quien va a dar un regalo, y ese regalo es mi amor por que la magia suceda. Entrego mi voz, mi emoción, mi experiencia vital y todo lo que yo soy aquí y ahora para que el público tenga una experiencia que, espero, quedará grabada en su corazón y su recuerdo para siempre.

Puede ofrecer un breve recuento de lo que ha sido para su trabajo como teatrista este tiempo de pandemia, y qué emociones le provoca que este periodo desemboque en la posibilidad de llegar a La Habana con Mayo Teatral para presentarse ante el público cubano.

Estos tiempos de pandemia han sido para mí tiempos de observación, de introspección. Admiro a los compañeros que rápidmente se lanzaron a explorar nuevas formas de acercarse al público, pero yo soy de procesos más lentos. Me gustó mucho cómo vimos florecer a través de herramientas tecnológicas propuestas muy interesantes y espero que esa investigación continúe. Sin embargo, para mí, el hecho teatral se consuma con el intercambio de energías de un grupo de personas en el mismo espacio físico. No digo que no pueda existir ese intercambio virtualmente ni si eso es o no es teatro, hablo de mi gusto y mis preferencias. La pandemia me regaló tiempo y perspectiva para pensar en lo que me interesa en términos artísticos y humanos.

En el Perú los teatros permanecieron cerrados casi un año y medio. Hemos sido uno de los últimos países de la región en tener protocolos sanitarios que regularan las actividades escénicas. A partir de julio de 2021 la gente pudo volver a las salas con aforos reducidos que fueron ampliándose poco a poco.

Tuve la suerte de ser parte de la primera obra presencial después de la pandemia en uno de mis teatros favoritos de Lima, el Teatro Británico. Interpreté a Winnie de Días felices de Samuel Beckett, dirigida por uno de los artistas de teatro más prolíficos de Perú, Alberto Isola. No puedo describir sin llorar lo que significó para mí encontrarme nuevamente con el público, precisamente, con esa obra que propone el amor a la vida como única posibilidad. Hacer a Winnie ha sido una de las experiencias más emocionantes y especiales de mi carrera.

Ser invitada a actuar en Cuba fue para mí una sorpresa genial y una alegría inmensa. Cuando no pudo llevarse a cabo por la pandemia, la decepción fue igual de grande. Que esta oportunidad vuelva a mí es un sueño hecho realidad. No veo las horas de llegar a encontrarme con el público cubano, con la gente de Cuba y con el resto de compañeros con los que compartiremos este Mayo Teatral. Voy cargada de amor y entusiasmo para ese encuentro en el que prometo poner lo mejor de mí.


[1] Norma Martínez hace cosas geniales, crónica de Daniel Cholakian publicada en Nodal Cultura. https://www.nodalcultura.am/2020/02/norma-martinez-es-genial/

[2] La actriz presenta el unipersonal Solo cosas geniales el sábado 7, domingo 8 y lunes 9 de mayo, a las 7:00 de la tarde en el Café Bertolt Brecht.

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