Contraelviento Teatro. Patria secreta de rebelión, dignidad y libertad

Por Lainerys Carbonell y Sheyla Valladares

Patricio Vallejo, director de Contraelviento Teatro de Ecuador

El nombre de Contraelviento Teatro mucho dice sobre la labor del grupo que este año celebra treinta y un años de trayectoria en tablas y también sobre el reto de las agrupaciones teatrales que deben batirse a golpes de gesto y voz en contextos donde no siempre encuentran el acompañamiento necesario.

A pesar de ello, Contraelviento ha ido contra todas las adversidades y ha defendido su propia estética al poner en escena un ritual, donde el centro es el actor y su cuerpo. En ese sentido, el director del grupo Patricio Vallejo Aristizábal afirma que “el arte del actor consiste en modelar la expresión de su cuerpo y de su voz. Es decir, ya no es el intérprete de la genialidad de un dramaturgo o de un director de escena; sino que es el creador de sus propias expresiones”.

Según la crítica especializada, este es uno de los grupos de teatro que ha estado, de forma constante, en la búsqueda e investigación de una propuesta estética hasta llegar al Comportamiento Barroco del Actor; que les permite entender lo barroco no solo como la abundancia, sino como lo que se deja oculto para que sea descubierto.

En estas tres décadas han llevado a escena más de una veintena de espectáculos y han visitado varios escenarios del mundo, escenarios donde han llegado, casi siempre, andando contra el viento y venciendo.

El pasado mes de enero Contraelviento Teatro cumplió años de fundado. Si lo invitamos a hacer un recuento de los primeros momentos del grupo, ¿cuáles recuerdos de aquellos tiempos fundacionales se mantienen inalterables en su memoria?

En efecto, el dos de enero de 2022, Contraelviento Teatro celebró su aniversario número 31. Empieza a ser una trayectoria larga que nos va dejando madurez y la confianza de que hay un camino que yace bajo nuestros pies. Hemos aprendido a sobrevivir y a caminar por nuestros propios pasos. Nos hemos adaptado al teatro que modelamos como nuestro hábitat. Recordando los primeros años de nuestra existencia, hay, por supuesto, muchas vivencias intensas que nos gusta recordar, que persisten, que han devenido en la fuente de lo sustancial en el grupo, aquello que permanece cuando lo demás se transforma.

Desde que nacimos ha sido para nosotros fundamental el sentido de rebelión, de libertad y de dignidad que nos impulsa. Cuando pensamos en nuestra biografía grupal, nos gusta reconocer que el teatro ha sido para nosotros un permanente tránsito en medio de una espesa niebla, que luego se despeja y nos revela un hermoso paisaje. Para luego reemprender el camino y nuevamente descubrirnos a tientas, pero con convicción transitando por la niebla. Siempre ha sido la incertidumbre el territorio de nuestro andar. Aprendimos en ese tránsito a seguir, como huellas en la nieve, las enseñanzas de los maestros. Han sido sus referencias lo que nos ha dado la confianza en el siguiente paso.

En este momento recuerdo el encuentro con un gran maestro, que justamente se dio en La Habana. Fue en 1992 cuando tuve el privilegio de trabajar con Antunes Filho, en un increíble e intenso taller de unas tres semanas en el campus del Instituto Superior de Artes, organizado por la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y el Caribe. Aún hoy persisten las enseñanzas que se dieron en ese encuentro. Se renuevan, aparecen cada tanto y se resignifican para ayudarnos a encontrar nuevas respuestas a nuevos obstáculos que nos presenta el teatro.

Realmente resulta complicado reducir los recuerdos de esos primeros años para lograr una respuesta que los exprese. Fueron complejos, difíciles, entusiastas, algunos dolorosos también, pero sobre todo, construyeron los cimientos para la realización de nuestra existencia grupal. A nuestros ojos la historia de esos años está cargada de leyendas y mitos que nos hacen lo que somos hoy. De cómo nació el nombre del grupo, del encuentro con Eugenio Barba y los actores y actrices del Odín, del surgimiento del comportamiento barroco como el territorio que debimos aprender a habitar. Somos lo que hemos hecho todos estos años, la forma en que lo hemos hecho, pero somos también las narraciones que podemos contar sobre lo vivido.

La obra La flor de la Chukirawa se presenta en Mayo Teatral 2022

El grupo ha mantenido durante estos años una actividad ininterrumpida que le ha permitido convertirse en un referente del teatro ecuatoriano a nivel internacional. ¿Cómo ha sido el crecimiento del grupo a lo largo de este tiempo? ¿Cuáles han sido las claves para lograr estos resultados?

Las personas que habitamos en las montañas sabemos que el camino más ágil entre dos puntos no puede ser la línea recta. Porque hay que saber sortear cerros y quebradas, paisajes que se interponen en la ruta. Aprendimos a transformar el sentido sin perder el impulso vital que nos moviliza. El camino se tuerce, sube, baja, pero no se pierde de vista el destino. Para Contraelviento el tránsito ha sido como en las montañas, con permanentes transformaciones. Hemos debido aprender a ser atentos y cuidadosos, para poder transformarnos sin dejar de ser leales a los impulsos vitales que nos movilizan.

Entendimos que el espectáculo es para el teatro tan solo la punta visible de un inmenso iceberg que se oculta pero que lo sostiene. Aprendimos a caminar por nuestros pasos, siguiendo las huellas que los maestros nos dejaron, pero trazando nuestra ruta a cada paso; aprendimos, entonces, a explorar, a investigar nuestras propias soluciones para solucionar los obstáculos que el teatro nos ponía día a día. Tuvimos que aprender a enseñar aquello que se iba integrando a nuestro acervo, compartir lo aprendido, hacer visible las huellas que íbamos dejando a cada paso. Por eso también aprendimos a reflexionar sobre el hacer cotidiano en el escenario y en la vida, a organizar el pensamiento para escribirlo y publicarlo, para exponerlo. También aprendimos a organizar eventos, a procurar el abrazo y el encuentro, a hacer el llamado para la fiesta de todos los habitantes del teatro, artistas, espectadores, pensadores y todos. De modo que en un momento éramos una comunidad de creadores, en otro una de maestros, de productores, cambiamos permanentemente para asegurarnos seguir siendo nosotros mismos.

Todo eso nos convirtió en viajeros del sentido, viajeros de las culturas, de las geografías y ahora que vemos cómo va creciendo nuestra trayectoria, supimos que somos también viajeros por el tiempo de nuestras vidas. Para aquello hemos debido ser rigurosos y comprometidos, respetuosos del teatro como somos respetuosos de nuestras vidas. Hemos debido ser atentos de nuestras circunstancias, de nuestro entorno vital, social, de lo humano, de la sociedad, de lo político, atentos de la aldea y atentos del mundo.

El hito que definió la realización de nuestra existencia fue el encuentro con lo barroco, que en seguida se convirtió en el enorme territorio al que debimos adaptarnos, convertirlo en nuestro hábitat. Si acaso podríamos reducir nuestra ya larga trayectoria, si pudiéramos encontrar un sinónimo que amplíe nuestro nombre de Contraelviento Teatro sería el “comportamiento barroco del actor y de la escena”.

Obra La flor de la Chukirawa

Contraelviento Teatro es una agrupación teatral que no solo se proyecta sobre las tablas, también destaca su trabajo teórico, sus proyectos investigativos, la publicación de libros y la impartición de conferencias. ¿Cómo se conjuga toda esta labor?

Ha sido la necesidad de mantenernos en movimiento, de transformarnos la que nos fue llevando a descubrir al iceberg oculto. Fue nuestra rebelión contra la quietud y la complacencia que impone el orden dominante, la que nos puso en crisis y por tanto en tensión y movimiento. También es importante mencionar que la posibilidad que hemos tenido, en todos estos años, de diversificar nuestra actividad, se puede comprender a partir del principio de trabajo colectivo, comunitario que nos organiza, que nos fortalece. Es la existencia comunal la que potencia las capacidades individuales y viceversa, es la enorme identidad y convicción individual, la imaginación creadora de cada uno de los miembros del grupo, las que aseguran el crecimiento del grupo. La transformación y el movimiento permanentes de Contraelviento se dan en un mundo ambiguo e incierto, el del teatro y el de lo barroco. Nuestro mantenernos en pie y caminar lo hacemos sobre un suelo precario como las arenas movedizas. Debemos esforzarnos mucho para persistir en nuestro anhelo, para resistir a un orden impuesto por la ambición y la mezquindad del consumo, que nos desvalora e invisibiliza.

Por último, debo reconocer, que un motivante importante para nuestra diversidad de actividades tiene que ver con la necesidad de asegurar nuestra existencia material. Dicho de una forma que no me agrada demasiado, debemos aumentar la oferta para procurarnos los ingresos que requerimos para sostenernos materialmente. Es lo que nosotros llamamos nuestra estrategia de entradas y salidas. Eventualmente debemos salir al mundo del consumo y la masificación para negociar con el orden dominante, pero nuevamente volvemos a entrar a nuestra patria secreta de rebelión, dignidad y libertad, al margen, que es el teatro, nuestro teatro.

La pandemia ha venido a complejizar el entorno, mayoritariamente adverso, en el que siempre se ha movido el teatro latinoamericano. Los grupos han tenido que enfrentar el cierre de las salas, la drástica disminución de los espectáculos, así como el acceso a las distintas variantes de apoyo económico, entre otros contratiempos. En este sentido, ¿cuánto se ha visto afectado el movimiento teatral, específicamente, en Ecuador?

Ciertamente este tiempo de pandemia, de abrazos postergados, de distanciamientos obligados ha tenido repercusiones tremendas en el teatro del mundo. Sin embargo, el caso ecuatoriano se vuelve más cruel aún, debido al desprecio que, tanto la institucionalidad pública como las empresas privadas, mostraron en relación a los hacedores del teatro. No solo no hubo ningún tipo de ayudas o fondos de rescate para los artistas escénicos, sino que ni siquiera hubo una mínima expresión o declaración que justifique ese desprecio, simplemente se ignoró nuestra existencia. Debo aceptar, también, que, por otro lado, tampoco hubo un reclamo o una voz que se alce con fuerza por parte de los gremios y los teatristas. Pienso que este tiempo mostró la fragilidad y casi ausencia del teatro en el país.

Nuestro caso tuvo también tintes muy dolorosos. A fines de abril, a un escaso mes y medio de iniciado el confinamiento, nos vimos obligados a cerrar definitivamente nuestra pequeña sala de teatro. Sala que era al mismo tiempo nuestro espacio de trabajo y de difusión de nuestra obra y la de otros elencos que se presentaban provenientes de Ecuador y el extranjero. Una sala que se ubicaba en un pequeño pueblo en las afueras de Quito, la capital del Ecuador. La Merced, que queda a una hora más o menos del centro de la ciudad. Debimos entonces emprender, una cruel paradoja, la del viaje del desterrado en propia tierra. Ocupamos, entonces, el parque del pueblo, una terraza, el terreno al aire libre de nuestras casas, hasta que pudimos intervenir una cabaña cercana, en donde de manera precaria hemos logrado mantener vivo el fuego de nuestra actividad cotidiana.

Por primera vez nos vimos obligados a distanciarnos, no solo por las reglas sociales de la pandemia, sino porque tuvimos que salir a procurarnos la vida cada uno por nuestra cuenta. Cada uno de los miembros tuvimos que aceptar trabajos remunerados fuera del grupo, debido a que éste se vio incapacitado de generar los recursos para mantenernos. Esto supuso una experiencia muy fuerte que aun hoy seguimos enfrentando y superando. Lo que resulta mucho más fuerte a nuestros ojos ha sido la enorme convicción que nos copa. Decidimos mantenernos vivos a pesar de todo, a cuidar lo sustancial y a desprendernos de lo superfluo. Y, lo hemos conseguido. Logramos algunos apoyos de organizaciones de fuera de Ecuador e hicimos colectas entre los amigos y benefactores. Pagamos poco a poco las deudas que nos asfixiaban y nos mantuvimos con la esperanza como bandera y la incertidumbre como hábitat, así llegamos hasta hoy.

En estos años de pandemia, en los que coincidió la celebración de nuestros 30 años de trayectoria, mucho fue lo que hicimos, aunque debo confesar que quisimos hacer más. El tiempo oscuro de la peste y los funcionarios de la pereza se interpusieron. Estrenamos el documental Caminar por los propios pasos: Contraelviento Teatro 30 años. Mantuvimos un encuentro permanente con artistas, estudiantes y aficionados del teatro «Bajo el sauce: encuentros de trabajo con lo barroco de Contraelviento». Estrenamos virtualmente los trabajos finales del curso de Actuación de la Carrera de Teatro de la U. Central bajo mi dirección, fueron 23 escenas creadas. Paralelamente participé dos encuentros importantes: el primero, organizado por la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, y el segundo, organizado por la Casa de las Américas y la revista Conjunto de Cuba: «Encuentro de Teatristas Latinoamericanos y Caribeños: escena y desafíos», cuyas exposiciones se publicaron en el número 200 de Conjunto, en edición especial.

Logramos un sueño postergado y que dio lustre a las celebraciones. Estrenamos nuestro nuevo espectáculo Estruendo: ceremonia para enjuiciar al espíritu del tiempo, con aforo reducido. Casi de inmediato dimos nuestra primera presentación presencial: La canción del sicomoro se presentó en el escenario del Teatro Sucre de Quito. Después tuvimos una serie de invitaciones y participaciones, presenciales y virtuales en diversos festivales del mundo, con obras del repertorio o creadas para el evento. En Perú, Brasil, Suiza, Estados Unidos, Colombia, Venezuela y España. Dictamos cursos, seminarios, clases maestras en varios países. Debo aceptar que la virtualidad heredada de la pandemia permitió una importante actividad a ese nivel. Tuvimos una intensa difusión de nuestra obra Susurros en el ático en pueblos y barrios populares de las cercanías de Quito.

Nunca dejamos de difundir los libros de nuestra editorial ni de dictar los cursos de actuación. María Belén Bonilla publicó un par de artículos sobra la música para el escenario, además de su libro de poesía. Verónica Falconí también publicó otro par de artículos, al igual que yo mismo. No logramos publicar el libro sobre nuestros primeros treinta años que nos habíamos propuesto, ni tampoco el Festival de Repertorio, que soñábamos en compañía de amigos y colegas del teatro latinoamericano. En fin, los obstáculos y los obstaculizadores. Pero lo haremos y seguiremos escribiendo con letras doradas los hitos de nuestra propia historia. Seguimos de pie y en movimiento con el teatro, rebeldes contra el estancamiento y la indiferencia.

Pienso, por otro lado, que el teatro en Ecuador, empieza también a salir del ostracismo y de a poco irá construyendo su propia vitalidad.

La flor de la Chukirawa

Contraelviento Teatro ha sido una de las agrupaciones invitadas a participar en la oncena edición de Mayo Teatral. ¿Qué importancia le conceden a este evento?

No exagero si te digo que participar en el Mayo Teatral es un sueño concretado. Un sueño largamente postergado que ahora se vuelve realidad. Sabemos la importancia del evento, sabemos de su rol canonizador del teatro latinoamericano, de su movimiento, de sus renovaciones. Hemos seguido desde hace muchísimos años la labor trascendente que la Casa de las Américas hace por nuestro teatro en Latinoamérica y el Caribe, especialmente a través de la revista Conjunto.

El Mayo Teatral cumple una misión que otros eventos y festivales han dejado de cumplir en manos de la industria del entretenimiento. El Mayo Teatral recoge las diversas tradiciones de nuestro teatro, las conjuga, las visibiliza y las proyecta. Prioriza los nombres de nuestros creadores y creadoras, maestros, directoras, actrices, dramaturgos, hombres y mujeres de nuestra escena que se reconocen y aplauden. Que se instalan en la memoria colectiva del teatro. Reconoce las trayectorias, las pone en diálogo y en abrazo. Eso es muy importante en un continente que va perdiendo la memoria de lo sustancial de su existencia. El Mayo Teatral acoge la reserva de humanidad que el teatro latinoamericano cuida y protege.

Nos sentimos privilegiados de ser parte de la edición del retorno, la del encuentro anhelado, la que inaugura el nuevo tiempo de los abrazos. Esperamos que nuestra presencia aporte a la importancia del evento. Que se una a los cantos a la vida y la esperanza, pero que al tiempo se una al homenaje que honra la memoria de los que tuvieron que abandonarnos en el camino.

¿Cómo se sienten ante la posibilidad de poder presentar una obra como La flor de la Chukirawa ante el público cubano?

La flor de la chukirawa es una obra a la que le tenemos una enorme gratitud y nos es entrañable. La historia de este espectáculo se remonta a 2002 cuando escribí un cuento homónimo, impresionado por las circunstancias terribles que en ese año vivía el mundo, a causa de la guerra del Golfo, y que vivía en particular el Ecuador, a partir de la crisis económica que desató la más dolorosa diáspora de su población. Un par de años después, la actriz Verónica Falconí, toma ese cuento y lo interpreta como una narración escénica, que se integra a un espectáculo que Contraelviento estrena con el nombre de Cargamontón. Al ver las grandes posibilidades teatrales que tenía ese texto, el grupo inició un proceso para transformar el cuento y la narración escénica en un espectáculo independiente. Finalmente, en abril de 2007, en el Teatro Variedades de la ciudad de Quito se estrenó La flor de la chukirawa. Casi de inmediato, la obra se convirtió en emblemática del modo de ser y hacer el teatro de Contraelviento. Desde su estreno ha sido invitada a una gran cantidad de festivales internacionales de teatro de Latinoamérica, Norteamérica y Europa. Ha sido objeto de estudio en Universidades de América y Europa. Su texto se ha publicado en antologías del teatro latinoamericano contemporáneo y es parte del pensum de estudios de universidades de Estados Unidos y Latinoamérica. Ha recibido una gran cantidad de críticas muy favorables en cada lugar donde se ha representado.

La chukirawa es la flor nacional del Ecuador, crece en medio de un entorno implacable, en los páramos andinos sobre los cuatro mil metros. Nosotros sabemos lo exigente y culto que es el público cubano. Tuvimos la suerte de participar del Festival de Teatro de La Habana de 2010 y fuimos gratamente acogidos por el espíritu de cientos de espectadores que nos acompañaron. Es por eso que estamos seguros de que nuestra flor, que viene del páramo andino, se instalará en el espíritu del espectador acunado por el Caribe. Aspiramos a ofrecerles imágenes escénicas que les sean imborrables. Que permanezcan en el ser del público cubano.

Un comentario

  1. Estimado amigo que grato es observar como transitas por este mundo tan complejo Contra el Viento no solo es el grupo de teatro Contra el viento es el referente del teatro ecuatoriano.
    Sige amigo en este difícil caminó

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