Mauricio Kartun: Trabajamos con lo que se escapó de la molienda

Por Sandra Marta Paul

El director, dramaturgo, investigador y docente argentino Mauricio Kartun y Vivian Martínez Tabares, directora y curadora general de Mayo Teatral

Al director, dramaturgo, investigador y docente argentino Mauricio Kartun lo encontré por sorpresa en una de las oficinas de la Casa de las Américas hace pocos días. A pesar de llegar como invitado de honor a la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño Mayo Teatral, no se siente en absoluto durante el diálogo cercano el peso de sus premios y el merecido reconocimiento internacional tras una extensa carrera teatral que lo ha convertido en referente imprescindible de la escena latinoamericana contemporánea.

A ese mismo Mauricio, simpático, natural, sin poses, lo encontré nuevamente en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas donde compartió una conferencia magistral sobre los desafíos de la creación. Sorprendió a los presentes desde el propio título “Fracasemos mejor» y el asombro fue en aumento cuando descubrió su “fórmula” creativa: no temer al fracaso como camino efectivo para el buen arte.

Para una mejor comprensión de lo que podríamos llamar su ars poética o filosofía de vida explicó el valor de lo que consideramos desaciertos en la búsqueda de la voz y el tono narrativo.

En el arte de lo que se trata es de fluir, de errar sin culpa. No tenemos por qué acertar. No trabajamos con lo cernido, con lo que es igual, con lo que quedó de la criba, trabajamos con lo que se escapó de la molienda, con lo diferente, fueron algunas de las claves que compartió sobre su manera de entender el proceso creativo.

Asimismo, llamó la atención sobre el segundo paso que considera fundamental, corregir. Un proceso que comenzó a asumir desde niño, cuando en los primeros años de estudiante la maestra lo hacía tener dos cuadernos, uno para escribir y el otro para pasar corregido todo lo escrito.

El teatro se corrige en voz alta, hay que darle bola al sonido, no hay que temerle al proceso, equivocarse es una palabra hermosa, recomendó.

Confesó, igualmente, que de noche cuando se sienta a escribir se siente como un rey, pletórico, confía en cada una de las ideas que le vienen a la cabeza, mientras en la mañana se convierte en un lúcido corregidor, como los que antaño acotaban desde este lado del mundo los sueños desbordados de los reyes europeos.

Adentro mío viven los dos, cohabitan los dos, se matan de amor y se rechazan de manera imposible, pero hay que saber soltar, aunque siempre nos cueste sacar algo de lo que habíamos escrito, manifestó.

De forma diáfana y sencilla explicó cómo logra procesar en sus obras posturas ideológicas en conflicto y ponerlas a dialogar de manera coherente y provechosa para el espectador.

Como dijera Vivian Martínez Tabares, directora de Teatro de la Casa de las Américas, resulta evidente que la creación dramatúrgica de Mauricio termina sobre la escena, en franco diálogo con las variables que confluyen allí.

Sobre esto Kartun dio una última clave: “a error técnico resolución poética”. Para explicarlo mejor recurrió a una anécdota de la puesta en escena de una de sus obras, cuando una de sus actrices se fracturó una pierna y asumió su papel sentada en una silla de ruedas, algo que no estaba previsto en la historia. Poco a poco, el resto del elenco transformó el espacio inconscientemente para que la silla se moviera de un lugar a otro del escenario sin problemas, acudieron a la alusión como recurso para referirse al personaje de la actriz, como si siempre se hubiera trasladado de esa forma y en ello subyaciera la justificación para su proceder. Todo el equipo incorporó tan bien esta necesidad, que cuando la actriz se restableció decidió seguir usando el artefacto por su valor dramatúrgico. Para mayor confirmación la crítica especializada entendió el uso de este recurso como una metáfora de la clase social a la que pertenecía el personaje, como una especie de revelación de su esencia. Y esto terminó de convencer a Kartun de lo acertado de utilizar la silla de ruedas en la obra.  

“A error técnico resolución poética”, reiteró.

Antes de terminar la conferencia volvió a insistir sobre su procedimiento de trabajo: no temerle al fracaso, conseguir convertirlo en perla, corregir, fluir, correr por encima del material una y otra vez para que en algún momento nazca algo nuevo a partir de ese conocimiento exhaustivo, prender al espectador, sorprenderlo, aprovechar la energía de la mirada del otro.

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