Andy Gamboa: El teatro siempre será una herramienta para hablar de lo que nos duele

Por Sandra Marta Paul

Andy Gamboa en el unipersonal Memoria de Pichón

El actor costarricense Andy Gamboa Arguedas es un creador muy joven aún, quizás por eso impresiona tanto su serenidad para lidiar con el dolor y las marcas que lleva consigo. Tiene 39 años y es el tercero de seis hermanos. Cuando cuenta su historia familiar nos queda claro que su obra, estremecedora ya de por sí, narra solo una parte de todo lo que le ha tocado vivir. Con dos Premios Nacionales de Cultura a sus espaldas, entre otros reconocimientos, Andy escribe con mano firme su página en la historia de las artes escénicas de su país.

Sobre Memorias de Pichón, propuesta con la que llegó a la oncena edición de Mayo Teatral, la crítica en su país afirma que “si usted quiere ser complacido con una obra teatral no vaya a verla, si quiere disfrutar y entretenerse no vaya, pero si quiere ser transformado entonces asista”.

Ese es el riesgo que corre el espectador ante esta puesta, porque su autor ha puesto cosas muy entrañables en función de la creación artística, del crecimiento emocional de aquellos que, como él, necesitan sanar y seguir adelante.

¿Con qué expectativas llegaste a Cuba y qué suerte crees que correrá tu propuesta en estas tierras?

A una oportunidad como esta siempre llegas con muchas expectativas.  ¡Imagínate! Pero la realidad las ha superado. Que yo pudiera llegar a La Habana ha sido gracias al esfuerzo de instituciones culturales en mi país y también en Cuba. Y aquí me he encontrado con una riqueza tremenda en la variedad de propuestas asistentes al evento. Disfrutar cada puesta me ha enriquecido mucho porque uno como creador confronta su obra con todas estas ideas diferentes, diversas, con distintos tonos a la hora de narrar y concebir las historias. Esa diversidad me ha nutrido y me ha impresionado mucho. Tú como creador, pues revisas todo lo que estás haciendo. Hay herramientas escénicas y fórmulas narrativas que te las «robas». Se estimula el proceso creativo. Otra cosa que considero principal es constatar que se sigue haciendo teatro, un teatro fuerte e interesante en todos los confines del continente, mucho más allá de los espacios inmediatos donde habito como creador. Al finalizar una de las funciones que hemos hecho de Memorias de Pichón, aquí en Cuba, una joven se me acercó para decirme que ella había conectado mucho con la historia porque tenía muchos puntos de contacto con su propia vida, con su infancia. Soy sincero si te digo que ya por esa sola espectadora valió la pena haber venido a Cuba, a Mayo Teatral.

Desde acá no siempre es posible hacerse una idea de cómo es el contexto para la creación teatral en distintos escenarios de América Latina. ¿En qué condiciones se hace teatro en Costa Rica hoy? ¿A qué se enfrenta un creador como tú para llevar adelante su obra?

Tengo que reconocer que existe un esfuerzo cada vez mayor del Ministerio de Cultura de mi país por apoyar a los creadores. Existe, incluso, un sistema de becas y patrocinio o algo similar. Es decir, que tú como creador encuentras apoyo económico para la producción y promoción de tus obras. Sin embargo, también existe un grupo de artistas que hacemos teatro con las uñas. Yo soy de estos últimos. En mi caso surge la obra de una inquietud, de un malestar, de un conflicto. A partir de ahí le voy dando forma y luego es que la propongo, la ofrezco, la vendo a las instituciones culturales. Me parece que es más honesto de esa manera, pero no siempre ocurre así. Hay un trabajo efervescente desde lo independiente y el Ministerio de Cultura apoya a muchos de estos proyectos, pero también existen otros desarrollándose al margen de eso. Yo siento que ese apoyo institucional es bueno, es importante y ojalá que se mantenga y crezca.

En varias ocasiones has afirmado que el unipersonal Memorias de Pichón salda una especie de «deuda» con tu padre y tu infancia. Luego del tiempo que has mantenido la obra en escena (estrenada en 2018) ¿Sientes que lograste reconciliarte con esa parte de tu historia personal? ¿Este ejercicio teatral ha resultado eficaz desde el punto de vista terapéutico para ti?

Eso es algo que he logrado poco a poco. Ese proceso de sanar. Es algo que se logra en cada función. Un proceso en el que me han acompañado mis allegados, mi familia.   Nosotros hemos logrado, a partir de todo lo que nos ha ocurrido con la obra, hemos logrado comunicarnos mejor en la familia. Hemos conseguido hablar sin tabúes de temas que siempre fueron complicados y dolorosos para nosotros. Ya soy capaz de visitar a mi padre en prisión. Puedo hablar con él y mirar al pasado de otra manera. Pero eso es un ejercicio curativo y de crecimiento que se da en cada función. Nos hemos transformado todos porque, a fin de cuentas, la obra es un canto al amor. Y todo eso ha ocurrido porque nos hemos involucrado en esta experiencia de manera consciente, participativa, militante en función de la vida.

En otros escenarios, durante la puesta en escena de Memorias de Pichón, has invitado al espectador a poner sobre el tablado una frase alegórica a su propio padre (con la sugerente posibilidad de colocarla a cualquier altura sobre la pared) ¿Te interesa de algún modo que el público inicie con esta experiencia una búsqueda que puede llegar a ser dolorosa y conflictiva con sus propios orígenes? ¿Buscas iniciar alguna experiencia de transformación en tu público?

En Memoria de Pichón se le da al público la oportunidad, se le provoca para que conecte el conflicto que está en escena con su propia historia personal. En la obra hago varios guiños para que cada quien asocie lo que está viendo con sus propios recuerdos de la infancia.

Otro de los recursos para que esto ocurra es que hay mucho rompimiento de la cuarta pared. El personaje dialoga con el público y en ocasiones lo interpela. La idea de que los espectadores coloquen una frase alegórica a su padre en las paredes del teatro al llegar, es uno de los tantos guiños que utilizamos para que los conecten con sus propios conflictos existenciales, el primer paso para una transformación.

Esta idea de las frases en la pared no pudimos materializarla aquí, en La Habana, pues la compañía que se presentaba en la sala de teatro detrás de mí también necesitaba utilizar esos muros para algo específico en su escenografía, pero eso no resultó un problema porque como te decía hay muchas provocaciones en toda la obra.

Lo importante para mí es que las personas se enfrenten a sus miedos, a sus demonios, a su dolor. Quiero que busquen a esos familiares con los que no se comunican, aquellos a los que mantienen en una zona oscura de sus recuerdos y sus vidas. Se trata de hacer un profundo examen de conciencia y que no seas el mismo después de ver la obra.

La crítica e investigadora teatral cubana Vivian Martínez Tabares afirmó en 2019 que tu espectáculo es un acto de exorcismo y un alegato de defensa a una masculinidad alternativa. Por otra parte, en la dupla artística que has desarrollado con el bailarín Fabio Pérez, tratas en otras obras el tema de los derechos humanos y el matrimonio igualitario en Costa Rica.¿Cuánto puede contribuir el teatro contemporáneo a visibilizar y propiciar el debate social de estos temas, que muchos pueden considerar agotados en cuanto a los discursos reivindicativos?

El teatro siempre va a ser una herramienta para hablar de lo que nos atañe. Si hay personas que todavía sufren conflictos relacionados con la identidad de género o la orientación sexual. ¿Por qué no seguir hablando de estos temas? Si todavía hay personas que sufren y se sienten discriminados por esta o cualquier otra cuestión, por qué el teatro no debe seguir tratándolos, aunque muchas otros sientan que se trata de temas ya suficientemente debatidos. Además, creo que resulta cruel que un actor con inquietudes personales alrededor de estos temas o de cualquier otro, se limite de seguir abordándolos. El teatro es una necesidad, un modo de expresión, de existir y todos los temas caben ahí. Yo creo que el teatro puede ayudar a abrir muchas heridas para luego poder drenarlas de forma adecuada, para que se afronten los conflictos en toda su crudeza. Para eso los actores ponemos a disposición todos los recursos personales, para estremecer.

Varios críticos han destacado entre los valores de Memorias de Pichón el uso minimalista de los recursos escénicos. ¿Es esta una apuesta permanente en tu obra o podemos encontrarte también a gusto en un escenario abarrotado de efectos y enseres?

En esencia y en primer lugar soy actor, me gusta actuar. Y los actores sentimos la necesidad de comunicarnos a través de la escena aun cuando no contemos con un despliegue escenográfico amplio. Puedes tener una obra con un buen presupuesto, con mucha plata para escenografía, diseño de luces y todo lo demás, pero ¿qué pasa si la actuación es deficiente, si no comunica? No importa cuán suntuoso sea todo eso que te rodea, al final lo definitorio es el trabajo del actor. ¿Cuál es la mejor manera de lograr dramaturgia, de lograr atmósfera si no es con tu voz y con tus movimientos, con tus capacidades escénicas?

 Si tengo la posibilidad de usar una escenografía amplia pues la uso, que bien. Pero si me falta eso no me puedo amilanar. Me gustaría un escenario bonito, unas luces impecables, un vestuario bonito, pero eso no es lo que hace la obra.

El personaje para vivir su situación no necesita de una escenografía. No te la va a exigir para conectar con el público. Por otra parte, si quieres que tu espectáculo pueda mostrarse en distintos lugares, en los tiempos tan difíciles que estamos viviendo pues es muchísimo más funcional un espectáculo sencillo, que se pueda trasladar, que quepa en un pequeño bolso si se quiere.

¿Qué otros desvelos artísticos te inquietan para el futuro más inmediato?

Si eres autor nunca te estás quieto (risas), al menos yo nunca lo estoy. Ahora mismo me voy de esta temporada de Mayo Teatral con muchas ideas. Me voy fascinado con la posibilidad de cantar, de bailar y nutrir al teatro con todo aquello de lo que el arte dispone. Me encantó lo que he visto del teatro cubano. Sobre todo, esos otros niveles de participación con el público que me han motivado mucho.

Ahora mismo me regreso con todo ese arsenal de experiencias a casa, además quiero retomar el trabajo en la trilogía Como en un principio, integrada por las obras Autopsia de sirena, Memoria de Pichón y En nombre de la mula. Interrumpí el trabajo con la obra En nombre de la mula para desarrollar otras ideas. Pues ahora me interesa terminar, cerrar el desarrollo de esta trilogía que aborda la historia y los orígenes de mi familia.

Tuvimos que interrumpir el diálogo por la vorágine de su apretada agenda en la Habana. Por suerte, alcanzó el tiempo para todas las preguntas. De Mayo Teatral Andy había aprovechado todo, ávido de la energía irradiada en todas direcciones en esta temporada artística.  Casi de pie y sonriendo respondió a mi última pregunta. ¿Qué te llevas de la Habana? ¿Qué elegirías si pudieras llevarte una sola cosa?

Su gente, sin duda alguna me llevaría a su gente.

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