Claudio Rivera: Traer mi teatro a La Habana es devolver todo lo que Cuba me dio

Por Sandra Marta Paul y Sheyla Valladares

Claudio Rivera (primer plano) junto a Rubén Darío Salazar, director de Teatro de Las Estaciones (Cuba)

Guloya es un nombre que suena sabroso. Aún sin saber qué significa nos remite a la idea de un plato delicioso, preparado con mucha sazón y de aroma irresistible. En eso pensaba cuando Claudio Rivera, reconocido actor, dramaturgo y director de teatro dominicano, explicaba de dónde le viene el nombre a su compañía.

En realidad, nada tiene que ver Guloya con cuestiones gastronómicas, pero convoca y atrae con sus propuestas porque no esconde su esencia criolla. Todo lo contrario, la pone a dialogar con textos venidos de otras latitudes y el resultado habla por sí solo.

Vale recordar que se trata de una organización artística sin fines de lucro que ha logrado colocarse como referente del teatro dominicano en los últimos 23 años de trabajo ininterrumpido. La labor de Claudio Rivera, su director, quien es egresado del Instituto Superior de Arte de Cuba, ISA (en la actualidad Universidad de las Artes), ha recibido alrededor de 15 nominaciones a los premios Casandra y Soberano en las categorías de producción y dirección teatral. Guloya ha llevado el teatro dominicano a escenarios de Europa, Estados Unidos y América Latina

Teatro Guloya trajo a Mayo Teatral 2022 la obra Platero y yo

¿Cómo surge Guloya?

Guloya surge en 1991 como una iniciativa de gente joven que queríamos consagrarnos al teatro de alguna manera. Éramos varios, pero cada quién luego tomó su camino y la idea del grupo se desarrolló entorno a Viena (González) y a mí.

Nosotros desde un principio tuvimos claro que queríamos hacer un tributo a la cultura popular y que la teatralidad tuviera que ver con esos saberes ancestrales que muchas veces las academias ni contemplan ni validan.

El caso del nombre Guloya es un tributo a una danza popular que se hace en las calles, en el Este de nuestro país, que proviene de las Antillas Menores. Este es un lugar donde hay mucha música, con movimientos muy coreografiados, muy codificados, con una música y un vestuario muy distintivos. Yo soy del Este y me identifico mucho con todo eso. El Guloya tiene muchas formas de interpretarse. Entre las representaciones principales había un personaje que se llamaba el Good lawyer. Una reminiscencia del inglés de las Antillas Menores que es como decir «el buen abogado». Pues este personaje sale irónicamente a ser parte de la puesta en escena y chantajea al público a cambio de una bebida que se llama guabaverry y si no lo recibía cantaba las intimidades de las personas. Un chantaje que al parecer la gente pagaba gustosa (risas). Pues, Guloya se llamaba a todas esas danzas, algunas de las cuales se han ido perdiendo en el tiempo. Nosotros sentimos la necesidad de dialogar con esa tradición.

¿Cómo se da la oportunidad de venir a estudiar a La Habana?

Todo eso fue fortuito, yo estudiaba Economía en una universidad privada y llegaron unas becas para estudiar en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. No había ni siquiera relaciones diplomáticas entre los dos países. Todo se desarrollaba a través de una persona que promocionaba de manera voluntaria esas becas. Yo dije que hacía teatro, no cine y si venía algo para teatro, pues que me avisaran. Y así pasó justo un año. después vino una posibilidad para audicionar, para concursar por una plaza en la licenciatura en Teatro aquí en el ISA. Vine, eso fue en el año 90 y aquí me quedé.

Pasé las pruebas del ISA y me quedé a estudiar. Mi vida cambió de manera radical, porque esta es una isla que se piensa isla, que se sabe isla y donde el mar significa todo. Una puerta al infinito y una fuente de padecimientos, y ustedes están conscientes de eso y han dialogado creativamente con eso.

Por otra parte, la Revolución ha permitido sistematizar un pensamiento entorno a la condición de isla y alrededor de la cultura popular cubana. Además, la Casa de las Américas se ha convertido en un puente para todo lo que es Latinoamérica y el ejercicio consciente de la investigación y la reflexión sobre las realidades de esta zona del mundo.

Pues, la primera vez llego a Cuba de forma fortuita. Luego fui tomando conciencia de la tremenda posibilidad de nutrirme de esos caminos para el pensamiento, la investigación y la reflexión. El ISA y la Casa de las Américas han cultivado todo eso a través del tiempo.

Yo estoy eternamente agradecido de que haya sido así. Guloya ha ido fortaleciendo su discurso teatral en la medida en que ha ido afirmándose en los caminos que Cuba nos abrió desde la academia.

Mientras escuchaba su intervención durante el desmontaje escénico de la obra Platero y yo que trajo a Mayo Teatral 2022, he notado que en varias ocasiones se refirió a la importancia en su vida de Teatro Buendía y Flora Lauten.

No puedo dejar de mencionarlos. Tuve varios maestros indispensables. Vicente Revuelta nos recibió en aquel primer año de la carrera y luego por inquietudes personales y sensibilidades compartidas Flora nos abrió las puertas de Buendía y por varios años estuvimos asistiendo a sus procesos de investigación y bebiendo de esa fuente, de cómo construir la teatralidad desde la cubanía. Eso para mí es Buendía. Flora, Vicente, Raquel… son y eran personas muy sabias, muy rigurosas, sensibles, exquisitas y nos compartieron sus procedimientos, sus estrategias de creación y nosotros las hemos extrapolado a nuestros propios procesos, anclados en la cultura dominicana.

Si buscamos en el repertorio de Guloya en estas más de tres décadas de trabajo incesante, encontramos obras como Platero y yo, Otelo, Nuestra Señora de Las Nubes, La vida es sueño, Frankenstein, que pertenecen a la literatura universal y, sin embargo, las han tomado para desde ellas también hablar de la cultura popular dominicana y de lo que los distingue como pueblo. Háblame un poco de cómo desarrollan este proceso de relectura.

Independientemente de que la obra sea un clásico escrito por Chéjov (lo hemos hecho con Otelo, con Platero, con La vida es un sueño) nosotros siempre tratamos de crear algo híbrido. Primero respetamos la estructura dramática del texto para luego revisarla o hibridarla con referentes de la cultura popular dominicana que maticen o tiñan con un color local, que tenga que ver con nuestras esencias.

En nuestro Platero…, por ejemplo, la gente va a encontrar las metáforas bellas de Juan Ramón, pero mezcladas con juegos tradicionales, con formas y pregones nuestros, vernáculos.  Esa ha sido esa la apuesta nuestra, que la gente reconozca en un texto clásico, la voz propia y particular de nuestra isla.

Guloya se distingue por su defensa a ultranza del teatro, de la cultura popular dominicana, aun en las condiciones más adversas, pero también por encarar todos los proyectos creativos desde la familia. ¿Cómo es trabajar con su esposa y su hijo?

Bueno, es una bendición y ha sido una salvación a través del tiempo. Nosotros, a diferencia de Cuba, no tenemos una estructura estatal que sostenga el esfuerzo del creador. Ustedes tienen un Consejo Nacional de las Artes Escénicas, tienen el ISA, la Casa del Joven Creador, la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Tienen una serie de instituciones que sostienen a nivel infraestructural y de acompañamiento metodológico, incluso, las propuestas de los artistas. En nuestro país eso no existe, siempre estamos tratando de que se instaure ese sostén, de que se reconozca. Hay esfuerzos que merece la pena reconocer, pero son muy parciales y limitados. Entonces, perdurar y tener permanencia a través del tiempo es muy incierto.

Puede haber el mayor talento del mundo y la mayor consagración, pero si no hay una estructura que acompañe todo eso, una estructura del Estado que proteja al artista es una cosa que nace casi muerta. Entonces nosotros hemos encontrado el refugio de la familia. Afortunadamente, Viena (González) es una artista muy comprometida, coincidimos en muchas cosas, en cosas esenciales y a nuestros hijos los hemos enamorado con el teatro. Han aprendido a hacerse personas a través del juego teatral. Luego la vida dirá si encuentran otros caminos, pero hemos podido desde la familia encontrar un nicho para el teatro y unir nuestros hilos desde el amor.

¿Qué esperan del reencuentro con el público cubano?

Nosotros aspiramos siempre, y Cuba no es una excepción, a cautivar al público. Que la gente se sienta tocada en su sensibilidad, que la gente se sienta significada por el teatro. Que disfruten cómo el teatro les abre las puertas a un mundo mejor. Esperamos sea un acto de devolución de todo lo que Cuba nos ha dado.

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