Claudia Apablaza: El tema de la mujer está presente desde el primer libro que publiqué en mi vida

Por Dayana Mesa Giralt

Foto: Lorena Palavecino

La narradora y editora chilena Claudia Apablaza (Rancagua, 1978) participó como jurado en el Premio Literario Casa de las Américas 2022, en la categoría de novela. Compartió la responsabilidad de valorar los textos concursantes junto con los narradores Dazra Novak (Cuba), Mayra Montero (Puerto Rico) y Santiago Vizcaíno (Ecuador). Los organizadores del evento la presentarían al público cubano, fundamentalmente, de esta forma:  

“Realizó una Maestría en Literatura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, con una tesis sobre narradoras chilenas contemporáneas, y realizó estudios de Escritura Creativa en la Universidad Autónoma de Barcelona. En 2005 recibió el premio de cuentos de la revista Paula, y en 2013 su novela Goo y el amor mereció el Premio Alba de narrativa para autores de Latinoamérica y el Caribe menores de cuarenta años. Es autora, además, de las novelas Diario de las especies (2008), EME/A (2010) y Diario de quedar embarazada (2017), así como de los libros de cuentos Autoformato (2006), Siempre te creíste la Virginia Woolf (2011), y Todos piensan que soy un faquir (2013). Volúmenes suyos han sido publicados en Chile, Cuba, España, Italia, México, Perú, Venezuela y los Estados Unidos. Es fundadora y coordinadora editorial de Los libros de la Mujer Rota, editorial feminista que publica narrativa y ensayo, chileno y extranjero”.

Su formación es como psicóloga, pero desde muy joven empezó a escribir para después entrar de lleno en el escenario literario, pues ha ganado importantes premios internacionales. ¿Cuánto de la Claudia psicóloga está presente en sus narraciones o acaso en la caracterización de los personajes, en ese acercamiento a lo más íntimo y vivencial de los seres humanos?

Estudiar Psicología fue esencial para introducirme en el camino del psicoanálisis. Si no hubiese estudiado esa carrera tal vez nunca me habría enfocado de lleno en ese saber que cruza mi mirada acerca de lo literario y el lenguaje. Para tener un punto de vista crítico frente a la versión hegemónica de la construcción de las identidades y el tejido social y cultural, que gracias al psicoanálisis puedes desmontar y analizar sin concesiones. También, y obviamente, el psicoanálisis ha sido importante en mi vida en tanto proceso personal de cuestionamiento y digámoslo, una suerte de “sanación” frente a esos sistemas opresivos que siempre están ahí, acechando desde distintos flancos.

Usted ha afirmado que le gusta encontrar la literatura en las redes, ¿será así para sus colegas o cree que el universo digital cambió las concepciones de la creación escritural? ¿Desde su experiencia, hay temas más interesantes en las redes que en la vida fuera de ellas?

Creo que eso lo dije particularmente cuando estaba escribiendo las novelas Diario de las especies y Goo y el amor, que como paisaje estaban de fondo las redes y el mundo virtual, pero no podría hacerlo extensivo para todos mis libros, porque en cada uno de ellos trabajo con premisas e ideas distintas.

El tema de la mujer en el mundo actual es recurrente en sus publicaciones, y es objeto de diversas interpretaciones a lo largo de su obra literaria. ¿Dio paso esto a la fundación de la editorial Los Libros de la Mujer Rota? ¿Cómo ha ido creciendo esta experiencia?

El tema de la mujer está presente desde el primer cuento del primer libro que publiqué en mi vida, el libro de cuentos Autoformato, del año 2005, publicado por Lom Ediciones; y es un tema que cruza y cruzará mi escritura siempre y también mi trabajo como editora e investigadora. Está todo relacionado. No sé si una cosa de paso a otra, se complementan.

El cuento que abre ese libro se llama Las diez víctimas de Nasón e indaga en las mujeres que no han podido publicar en vida porque el campo cultural está liderado por hombres y hacen imposible que salgan a la luz ciertas publicaciones. Le tengo mucho cariño a ese texto porque es la base de mi escritura y mi trabajo literario. En él, un hombre llamado Nasón, quiere vengar el que su mujer escritora, ya muerta, nunca pudo publicar en vida, entonces, genera un plan macabro para reunir en su casa a las réplicas de otras escritoras famosas. Entonces, le pide a su ayudante que busque en Santiago a las réplicas de Simone de Beauvoir, Silvina Ocampo, Diamela Eltit, Virginia Woolf, Gabriela Mistral, entre otras y las invite a una gran fiesta que realizará en su hogar.

En una reciente entrevista en la Feria del Libro del Bicentenario, en Miraflores, usted comentaba que, a pesar de las dificultades, es algo primordial apoyar la cultura. En este sentido, ¿cree usted que el Premio Literario Casa de las Américas es un ejemplo de ello, si se tiene en cuenta su permanencia en el tiempo y lo que ha significado para los escritores del continente?

Creo que el premio Casa de las Américas es un premio de vital importancia en el panorama de publicaciones en América Latina, y que se ha mantenido pese a muchas adversidades. Es además un premio que tiene una mirada crítica y política, un premio que no está pendiente de modas ni del mercado editorial. Se mantiene fiel a los principios de su fundación.

Compártanos sobre cuáles proyectos literarios mueven la mente de Claudia Apablaza.

Este año estoy en una estancia doctoral en la Universidad Complutense de Madrid, donde vine a terminar mi tesis doctoral acerca de narradoras chilenas contemporáneas y el nuevo panorama de publicaciones que emergen en el contexto de los últimos movimientos feministas de la última década. Además, estoy revisando dos libros que espero publicar entre este año y el 2023. La novela La siembra de nubes y un pequeño libro de ensayo autobiográfico Historia de mi lengua.

Ser jurado, ¿cuánto puede cambiar su visión del Premio, y específicamente, de la narrativa que se escribe en el continente?

Ha sido de vital importancia participar como jurado del Casa de las Américas, en tanto me ha posibilitado dialogar con otros escritores y escritoras latinoamericanas en relación a lo que se está escribiendo en la actualidad en Latinoamérica, me ha posibilitado aprender mucho de sus puntos de vista y llegar a consensos en base a esos intensos diálogos que sostuvimos frente a cada una de las novelas que llegaron. No ha cambiado mi versión del premio, creo que siempre he tenido una muy buena apreciación del mismo, en tanto es una instancia crítica y política de enfrentarse a lo literario.

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