Celebremos el Día de África con mayor conocimiento sobre nuestros orígenes

Por Zuleica Romay Guerra

Barco negrero, Reynaldo López. Técnica mixta: acrílico, tinta y textura sobre lienzo.

El panafricanismo reconoce la existencia de vínculos culturales y espirituales entre los africanos nativos y sus descendientes dispersos por el mundo como resultado de la trata esclavista, los desplazamientos forzados y las migraciones acaecidas durante más de cinco siglos. Sus argumentos y propuestas de unidad y articulación política se asientan en la convicción de que los pueblos panafricanos están imbuidos por una conciencia trasnacional cuya forja es una historia de opresiones, luchas anticoloniales, solidaridades, diálogos interculturales y proyectos emancipatorios cada vez más interconectados.

Para el historiador, escritor, artista de la plástica y activista panafricanista Antumi Toasijé, Doctor en Historia, Cultura y Pensamiento y actual presidente del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica en España, el panafricanismo, en tanto ideología de la liberación física y política del continente africano y de su diáspora, aspira a “la recuperación cultural de África, a través, sobre todo, del rescate de un relato histórico autocentrado y empoderante, sin menoscabo de la participación en la construcción de sociedades actualizadas y avanzadas”. Tal es el hilo conductor de Africanidad: treinta temas de Historia, Política, Filosofía y Cultura de África y sus diásporas, un título de su autoría publicado por Wanáfrica Ediciones en 2020.

La mayor aportación de Africanidad… es la manera culta, amena y didáctica en que nos enfrenta, una y otra vez, a los estereotipos culturales impostados por el autoproclamado universalismo euroccidental. La lectura de sus doscientas y tantas páginas estimula reflexiones y discusiones introspectivas acerca de la pertinencia del adjetivo racializada/o; las diferencias conceptuales y metodológicas entre decolonialidad y panafricanismo; la historia de África antigua, sus culturas y regímenes políticos; la esclavitud en España y los territorios americanos apropiados por ella; y las luchas de los pueblos panafricanos contra el colonialismo y el neocolonialismo. Valoraciones sobre las literaturas, los proverbios, refranes y nombres del continente madre figuran entre los conocimientos descolonizadores que esta obra provee.

Para celebrar el Día de África con un mayor conocimiento sobre nuestros orígenes, reproducimos una versión del epílogo de Africanidad…, al que hemos adicionado algunas notas e ilustrado –gracias a la solidaridad de sus herederos– con imágenes de obras del arquitecto cubano y artista de la plástica Reinaldo López (1934-2014).

Epílogo: ¿Qué es la africanidad?

Todas las personas de ascendencia africana, aunque vivan en el Norte o en el Sur de América, el Caribe, o en cualquier otra parte del mundo, son africanas y forman parte de la nación africana.
Kwame Nkrumah

La africanidad es la cualidad sociocultural y político-reivindicativa de ser africanas y africanos, un sentimiento de pertenencia y vinculación compartido entre África y su diáspora en el mundo. Para entenderlo, hay que alejarse del mito de una cultura africana que solo existe en ese continente. África ha influido en el mundo y seguirá haciéndolo y esa identidad se reivindica por voluntad propia, como se afirma que dijo Kwame Nkrumah: “No soy africano por haber nacido en África, sino porque África nació en mí”.

También debemos romper con el mito de un África estática, con culturas que nunca cambian. La Africanidad es un concepto poliédrico y en permanente creación y discusión, una realidad del pasado, el presente y el futuro, con fuertes raíces, que también es cosmopolita e innovadora. Algunas de las definiciones básicas más extendidas en castellano sobre la africanidad son las siguientes:

Africanidad: Carácter genérico de los pueblos africanos.

Otra palabra similar: africanía, es definida como carácter o condición de africano, especialmente en el ámbito afroamericano. (Diccionario de la Real Academia Española).

Africanidad: Conjunto de rasgos que consideran características propias de lo africano. (Oxford Living Dictionaries).

  1. Condición o carácter de lo africano, sea del continente o de su diáspora en otras partes del mundo.
  2. Sentimiento de pertenencia a los pueblos africanos o a su diáspora. El estado cualidad de ser africano. (wiktionary.org)

Es por ello que, entendiendo el concepto de autorreparación comunitaria, es decir, la reparación que se produce en el seno de una comunidad sin intervención exterior, no es posible despojar a la afrodescendencia de su africanidad. Ella es africana y debe ser vista como tal por las personas nacidas en el continente africano porque de no serlo estarían aceptando los efectos de la agresión esclavista y colonial y, en cierto modo, reproduciéndolos. Este es el hecho que comprendieron tanto Nkrumah como Du Bois y otros filósofos y filósofas panafricanistas y africano-centrados[1].

Estructura, Reynaldo López. Técnica mixta: acrílico, tinta y texturas sobre lienzo

Entrar en detalles es más complejo. ¿Existen unas características definidas de la identidad africana? Se hace necesario apuntar que no hay una africanidad innata y mucho menos racial, sino que es una transmisión de prácticas, valores e ideas sociales; la africanidad, aun cuando no se le dé ese nombre, siempre es aprendida.

Podemos decir que las culturas y civilizaciones africanas presentan unos rasgos definitorios generalizados que son producto de sus interacciones dentro del continente, las cuales han sido mayores en intensidad y duración que las influencias recibidas desde fuera del mismo. Muchos son las autoras y los autores que han emprendido la tarea de definir ese carácter cultural africano. Ello puede resultar complejo y contraproducente, ya que gran parte de la definición de lo que somos viene de forma negativa, a través de las ideologías del racismo y del colonialismo, impuestas y extendidas por los pueblos europeos. Debido a lo anterior, hablaré aquí solo de lo que ha sido definido por autoras y autores africanos y afrodescendientes.

Haciendo un resumen de la mayoría de autoras y autores africano-centrados, existen una serie de características distintivas de la civilización africana, tal y como era vivida tradicionalmente. Algunas perviven tanto en África como en las diásporas; otras, se están modificando por influencia externa. Por ello es importante diferenciar el África tradicional del África contemporánea. Con ello no estoy diciendo que el África tradicional no viva en la contemporaneidad, sino que, conscientemente, rechaza determinados valores universalizados a la fuerza por Europa.

Para Cheik Anta Diop,[2] George G.M. James,[3] Théophile Obenga[4] o Molefi Kate Asante,[5] entre otros muchos autores, las primeras civilizaciones del mundo fueron creadas por personas africanas kamitas (melanodermas, de piel oscura). Esto incluye a las civilizaciones del Valle del Nilo, como Kemet (el antiguo Egipto), o Kush y Etiopía. La ingente información disponible sobre sus desarrollos puede ser puesta en relación con otras muchas culturas africanas, observándose en la mayoría de ellas una serie de puntos en común. Resumiré algunas de esas características:

Economía: salvo en el Este de África, el alto Nilo y determinadas zonas del Sahel las economías tradicionales eran más agrícolas que ganaderas. A diferencia de lo que ha sido transmitido en el imaginario, tal circunstancia determina que las culturas africanas sean mucho más sedentarias que nómadas. De ahí que la unidad básica de producción tradicional sea la aldea, en la que puede haber tanto tierras colectivas como privadas, o solo colectivas.

Gobierno: las sociedades africanas tradicionales son, en su mayoría, monarquías, existiendo realezas locales (mal denominadas jefaturas), grandes monarquías e imperios. En la mayor parte de estas comunidades las y los monarcas no cobraban impuestos, sino que sus ingresos provenían del comercio y de ciertas prerrogativas, por ejemplo, su función de jueces supremos y el monopolio sobre determinados recursos, como el oro. El sistema de sucesión en las monarquías de gran número de pueblos africanos era matrilineal, heredando la cabeza del gobierno el hermano menor, por vía materna, del anterior monarca y no su hijo, si bien en la actualidad el matrilinaje original se ha combinado con otros sistemas sucesorios. Otro elemento de gobierno tradicional muy extendido era el consejo de ancianos, que se reunía en la casa de la palabra, en el palacio real, o bajo un árbol sagrado, el lugar en que se dirimen las disputas y en el que todo el mundo tiene derecho a hablar.

Shango, Reynaldo López. Técnica mixta: acrílico y tinta sobre textil.

Familia: se sabe que en África se da importancia a la familia extensa, compuesta por varios grados de parentesco y varias generaciones. Menos conocido es que en la mayoría de ellas existe una familia de sangre y otra de vida, o espiritual, compuesta por hermanas, hermanos, madres, padres, hijas, hijos, tías, tíos, sobrinas y sobrinos no unidos por lazos de sangre, pero sí por promesas de vida o por ritos religiosos, lo cual contribuye a reforzar los lazos comunitarios más allá de la propia estirpe. Existe, asimismo, la posibilidad de poliginia en casi todas las sociedades tradicionales, y resultan comunes la dote femenina y el divorcio. La sociedad se organiza por factores genéticos –no tanto de clase social– y se reconocen, por tanto, divisiones por sexos, grupos de edad y clanes (grandes agrupamientos familiares). Destaca el respeto por las personas mayores y se considera que la crianza de los niños corresponde a todos los miembros de la comunidad, no solo a sus familiares directos.

Comunitarismo: El concepto del Ubuntu, un término Nguni,[6] resulta afín, con diferentes nombres, a varias sociedades africanas. Implica la idea de existir junto a las y los demás, de que todo lo que uno hace afecta a la comunidad y viceversa. Esto no implica desconocimiento de la individualidad, sino que la persona no puede actuar de un modo que rompa la armonía y cooperación mutua dentro del grupo. Ubuntu incluye la solidaridad económica, o sea, el individuo tiene que revertir en la comunidad; si no es generosa, se suele considerar presa de un ente maligno. En las sociedades africanas tradicionales se confiere gran importancia a la hospitalidad. Incluso, los extranjeros visitantes eran elegidos por su imparcialidad para dirimir juicios, oportunidad que, lamentablemente, fue aprovechada por los colonos para establecer su autoridad con mayor facilidad

Armonía: el magara es una noción de la filosofía bantú. Se trata de una fuerza interior que poseen todos los seres animados y que les provee de felicidad. Esa fuerza debe ser respetada; por tanto, si alguien comete un crimen o delito, se estima que ha atacado el magara de la o las víctimas. Debido a ello, con frecuencia las sentencias de los juicios consideraban el daño subjetivo producido, sin atenerse a una regla fija. El Maat, a su vez, tiene relación con lo anterior; es un concepto kemítico (egipcio antiguo) que simboliza la armonía del universo, a la que toda persona y toda sociedad debe aspirar. El equilibrio universal entre el Ser Humano y el cosmos se alcanza evitando dañar a otros seres vivos, o trastocar el mundo.

Espiritualidad: prácticamente todas las culturas y civilizaciones africanas son teístas, es decir, creen en uno o varios dioses, pero observan una jerarquía en la que hay un dios o espíritu supremo, a menudo hermafrodita. Las religiones tradicionales africanas fueron negativamente designadas por los colonos como animistas, pues estos no lograron entender que el culto a objetos –como las esculturas sagradas– no era tal, sino que estas son un vehículo de intersección ante las diosas y los dioses. La religión es iniciática, un sistema de superación interno en el que la persona pasa por diferentes etapas de autorreconocimiento. Prácticamente en todas las culturas africanas se cree en una vida en el más allá, similar a la terrenal, pero en la cual las personas son inmortales y viven sin grandes sufrimientos: la aldea de los muertos, con la cual es posible comunicarse siguiendo rituales específicos. La cuasi totalidad de las culturas africanas entierran a sus muertos, no los incineran o exponen.

Arte: destaca el mayor interés por la escultura que por otras artes plásticas. Las modificaciones corporales, escarificaciones y los diferentes tipos de peinados tienen significados que suelen trascender lo puramente estético. Se otorga, asimismo, una importancia central a la música y la danza. La escala musical más común es la pentatónica (de cinco notas), la cual, llevada por las personas secuestradas y esclavizadas a Abya Yala, se convierte en la denominada “blue note”, del jazz, el blues, el soul y tantos otros géneros musicales afro.


[1] Para este autor, “africano-centrado” significa que la perspectiva narrativa es autóctona, o sea, hay un definido propósito de aprehender la realidad desde la experiencia histórica de los pueblos africanos y sus diásporas. 

[2] Cheikh Anta Diop (1923-1986), físico de formación, nacido en Senegal, cuya dedicación a la investigación científica del devenir de África le convirtió en relevante historiador, filósofo y antropólogo. Su visión de ese continente como entidad histórica comparable a Europa, y su argumento sobre la maternidad egipcia y, por tanto, africana, del mundo griego, comenzaron a construirse en Naciones negras y cultura (1954), libro que ofrece basamento al conjunto de su obra.

[3] George Granville Monah James (1893-1956), historiador guyanés-estadounidense. Su libro, Stolen Legacy: Greek Philosophy is Stolen Egyptian Philosophy –también publicado en 1954–, se propuso fundamentar que la filosofía y la religión griegas se originaron en el antiguo Egipto.

[4] Théophile Obenga (1936), egiptólogo, historiador y lingüista, reconocido como Profesor Emérito por el Centro de Estudios Africanos de la Universidad Estatal de San Francisco.  Es considerado uno de los más importantes continuadores de la perspectiva afrocentrada de Diop. 

[5] Molefi Kete Asante (1942), filósofo y profesor estadounidense, nombrado al nacer Arthur Lee Smith Jr. Es conocido por sus textos sobre afrocentrismo, un movimiento intelectual con apreciable influencia en las ciencias políticas, la historia de África, la sociología, los estudios de comunicación y el trabajo social.  Editor fundador de Journal of Black Studies desde 1970, también preside el Instituto Molefi Kete Asante de Estudios Afrocéntricos, sito en Filadelfia, Estados Unidos.

[6] Denominación otorgada a las lenguas bantúes habladas en el sudeste de África, sobre todo, en los territorios ocupados por Sudáfrica, Zimbawe, SuazilandiaLesoto y Mozambique. Este grupo lingüístico incluye diferentes variantes de zulú, xhosa, swazi, thembu, mfengu y ndebele, entre otros idiomas africanos.

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