Carole Boyce Davies: Es imprescindible la diversidad en los espacios de poder para tener un mundo más equitativo

Por Sandra Marta Paul

La charla con la Dra. Carole Boyce Davies titulada “Nuevos abordajes y debates sobre la historia y las culturas afrodescendientes en Cuba y los Estados Unidos”, que organizó en los primeros días del mes de junio el Programa de Estudios sobre Afroamérica de la Casa de las América, sirvió como antecedente de esta conversación.

Tras el encuentro en la sala Manuel Galich, la especialista en estudios africanos y afrodiaspóricos, quien por esos días realizaba una breve estancia en Cuba como profesora invitada de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana, respondió algunas preguntas para La Ventana.

¿Qué importancia usted le confiere en las sociedades actuales a la presencia y representatividad de las personas negras en espacios de poder como solución a los problemas discriminatorios? ¿Cómo ve este asunto en los Estados Unidos? ¿Cómo lo ve en Cuba?

Lo primero que debemos tener en cuenta es si estamos viviendo en un mundo donde son los hombres, los hombres blancos, los que tienen el poder; o si estamos en un mundo donde es posible conferirle poder a otros actores sociales como los hombres de color, las mujeres negras, las mujeres en general. La pregunta, a mi juicio, es cómo está distribuido el poder entre los distintos estratos de la población. Eso es imprescindible, esa diversidad en los espacios de poder, para que podamos tener un mundo más equitativo y equilibrado.

Son muy pocos los países donde ves mujeres en cargos decisorios. En mi experiencia he visto que en países como Liberia y Tanzania existe cierta representatividad en el caso de las mujeres, aunque no es posible aún hablar de equidad en ese sentido.

Todo esto es necesario para que seamos personas más íntegras y vivamos en sociedades más justas. Esa es mi respuesta en cuanto a Estados Unidos y el mundo, la respuesta sobre Cuba la tienen ustedes.

Si revisamos la larga lista de crímenes por motivos raciales que han tenido lugar en fechas recientes en los Estados Unidos cabría preguntarse, ¿Se necesita una nueva lucha por los derechos civiles en el país? ¿El movimiento Black Lives Matter puede entenderse como eso?

En cuanto al tema de la violencia con armas de fuego en Estados Unidos, ocurre algo que no sucede en ninguna otra parte del mundo. Me refiero al debate sobre si las personas deben tener acceso o no a armas de fuego de cualquier calibre.

Existe una fuerte discusión hoy sobre ese tema en los Estados Unidos, con personas convencidas del beneficio de portar armas de asalto, por ejemplo. Ese es un absurdo que no se da en ninguna otra sociedad. Entonces, todos los demás temas relacionados con la violencia están marcados, están relacionados con ese tema.

En el caso de los afroamericanos es un desafío aún mayor porque, por ejemplo, tenemos una vicepresidenta que supuestamente representa a los afrodescendientes, pero que no tiene en su agenda las agresiones continuas a los negros.

Usted ha trabajado los aspectos comunes de la negritud a nivel global. ¿Qué posibilidades reales percibe para posicionar en los imaginarios sociales una mirada integral y emancipadora sobre el racismo y la discriminación? Esa historia contada por las víctimas y no por el cazador.

Ese enfoque de la historia debe ser, cada vez más, de conocimiento público. Desde hace casi veinte años estamos comprometidos con este trabajo. Toda una generación de investigadores ha sido «contaminada» con estos enfoques. Es algo que ha ido ganando espacio, muy lentamente, pero que ha ido abriendo una brecha importante. La academia y el activismo reconocen y abrazan este conocimiento de nuevo tipo.

Usted trajo a la Casa de las Américas un regalo muy especial para donarlo a la biblioteca. Un ejemplar de la más reciente edición de A la izquierda de Carlos Marx. La vida política de Claudia Jones. A su juicio, ¿logrará ser el marxismo una herramienta eficaz para desmontar el racismo y la discriminación racial?

Cuba es un ejemplo de eso ahora mismo. Creo que el primer punto es cuestionarnos cómo construir un sistema político que genere mayor libertad. El capitalismo para muchos, entre ellos los afrodescendientes, se entiende como un sistema que genera bienestar económico en lo individual y no lo perciben como un sistema político estrechamente ligado a la esclavitud y la discriminación.

El capitalismo se basó desde sus inicios en la discriminación y la exclusión, en la explotación de los negros. El marxismo ofrece herramientas para entender esto, es posible constatarlo en el libro sobre Claudia Jones.

¿En qué se basa la afirmación que usted ha manejado en varias ocasiones, de que, si la mujer negra avanza, lo harán también los negros en general, la comunidad inmediata y la sociedad?

Esa es una tesis de Claudia Jones, no mía. Claudia entendió que las mujeres negras tienen que hacerse cargo de la familia, de los niños, del hogar. Las mujeres cargan con la peor parte de la discriminación.

Con una mirada esencialmente marxista Claudia tenía muy claro que la mujer debía lidiar con los prejuicios, con la violencia intrafamiliar, con toda la carga doméstica por la que no recibe remuneración alguna. Entonces si ellas avanzan, si logran crecimiento y bienestar la comunidad negra también lo hará.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.