Javier Núñez: “Me gusta ver los personajes echados a andar en la posibilidad de reconstrucción de los vínculos, más allá de si lo logran o no”

Por: Norman Petrich

Foto tomada de Página 12

Si bien Javier Núñez ya tenía una obra literaria constituida, el hecho de recibir en el 2022 el premio Casa de las Américas que otorga la prestigiosa institución cubana, le hizo dar un salto que llamó la atención a aquellos que no tenían registro de la calidad narrativa de este escritor oriundo de la ciudad de Rosario. El galardón le fue concedido por el “buen pulso narrativo, gran manejo de los diálogos en tono cinematográfico” de la historia de dos mujeres «que resisten a una realidad áspera y cruel», indicó el jurado.

Núñez nació en 1976 y sus primeras armas las hizo en la revista literaria Ciudad Gótica, como ilustrador y narrador. En 2009 publicó su primer libro de relatos, La risa de los pájaros, iniciando una sólida carrera literaria que le valió la edición, entre otros títulos, de Praga de noche, La doble ausencia (ganadora del premio latinoamericano Sergio Galindo), La feroz belleza del mundo, Después del fuego y Postales de un mapa imposible. Con respecto a Hija de nadie, la novela premiada, supo indicar que “Es una novela rara, porque me alejo de lo que venía haciendo en las anteriores, para acercarme de algún modo a la literatura de género”. “Es una novela distópica que entrecruza géneros con algunas cosas de relato de aventurasPaga de algún modo, quizás, deudas que tengo con lecturas de formación con esas novelas de aventuras y con las historietas».

«Es una especie de western gaucho en un universo posapocalíptico, donde hay una ciudad de eje hipermecanizada, y el resto de la tierra es una especie de desierto. Un contrabandista tiene que escoltar a dos mujeres a través de la pampa larga para llegar a las tierras patagónicas. Diría que es un texto crudo, violento, con el destino miserable del gaucho en el territorio salvaje que la circunda, como si la historia fuera cíclica». Fractura, el suplemento literario de la AGENCIA PACO URONDO, conversó con él sobre el premio y el pulso que encuentra a la hora de escribir.

¿Caíste en la cuenta que ganaste el mismo premio que David Viñas, Humberto Constantini y Paola Kaufman, entre otros?

Cada vez que surgen las cuestiones que tienen que ver con ponerme, de alguna manera, compartiendo esos podios imaginarios con esos nombres me siento, probablemente, un intruso. Trato de hacerme a la idea, aunque la respuesta concreta sería que sigo sin caer. Me siento contento de estar ocupando ese lugar, pero el repaso de esos nombres todavía me intimida.

Arrancaste ilustrando, luego publicaste unos cuentos para después meterte de lleno en las novelas. ¿Fue un proceso necesario, sentiste que podías ir sumando cosas?

Yo empecé ilustrando en la revista Ciudad Gótica, probablemente porque era lo que llevaba más tiempo haciendo en mi proceso de aprendizaje en la adolescencia, pero también ya escribía en esa época. De algún modo me orientó hacia lo que yo pensaba que podía hacer de la mejor manera. La ilustración es algo que dejé en su momento porque sentí que no estaba capacitado como para seguir adelante con eso, no porque no me gustara. Paralelamente, empecé a descubrir nuevas posibilidades y lugares en la escritura que, con el tiempo, se fueron expandiendo. Del cuento pasé a la novela… me llevó un tiempo el pasaje a la novela, pero cuando escribí la primera que fue finalista de un concurso de Emecé acá, después ganó un primer premio en México, todo eso me permitió confiar o creer en la escritura de la novela, algo que particularmente me atrae. Me sigue gustando el género del cuento, pero tengo como una debilidad por la novela. Creo que me siento más a gusto, como nadando en aguas más familiares.

Si bien todas tus novelas están ambientadas de manera diferente, hay algo que marcó Beatriz Vignoli y es que todas tienen el nexo que las atraviesa apuntalados por los vínculos, pérdidas y encuentros ¿Lo ves así?

Sí, totalmente. Tengo la idea de que uno, como escritor, muchas veces tiene una serie de cuestiones… No sé si todos los escritores, siento que particularmente abracé una serie de temas que son los que, de algún modo, me obsesionan. Las novelas giran muchas veces (y muchos de los cuentos, también) en torno a esos temas. Que tienen que ver fundamentalmente con los vínculos humanos y las posibilidades de esos vínculos. Muchas veces tienen que ver con las ausencias y con los personajes, de alguna manera, puestos en el descubrir qué hacen ahora con lo que la vida hizo de ellos. Entonces, lo que aparece en las novelas tiene que ver con este restablecimiento de vínculos. A veces relacionados con su propio pasado o con familiares o con otras personas (relaciones de parejas, relaciones de todo tipo, pero que tienen que ver con los vínculos humanos) y aparecen independientemente del género de la novela. Pueden aparecer en un western futurista o en una novela realista y lo que se sostiene ahí tiene que ver con ese tratamiento de la búsqueda, del vínculo y de cómo se relacionan los personajes en esos puntos. Si al final se reestablecen o desaparecen, me parece que ya es algo secundario. Lo que me gusta mucho tiene que ver con los personajes echados a andar en la posibilidad de reconstrucción de esos vínculos, más allá de si lo logran o no. En Después del fuego y por qué no, también en La doble ausencia, los finales y lo que consiguen no es tanto lo que ellos esperaban, pero aparece una búsqueda que se plantean y cómo ese camino los transforma.

También hay disparadores, o llamémosle hechos fortuitos, que proyectan esa búsqueda de los personajes…

Una de las cosas que me gusta mucho de, esto que hablábamos antes, por qué me siento más cómodo, por qué me atrae más la novela, tiene que ver con estas posibilidades de contar múltiples historias que me sacan (a lo mejor) de la linealidad del tipo de cuento que yo hacía. La novela me permite ir abriendo cajas chinas, donde van apareciendo, dentro de la historia principal, pequeñas historias que me permiten ir hablando de los personajes y de cómo la vida los fue transformando. Y de algún modo plantear esta idea, ahora que está en boga la cuestión del multiverso, de narrar una de las vidas que estos personajes tienen, planteando y mostrando que pudo tener otra, que pudo ser otro totalmente diferente. Abrirle ese terreno también al lector de preguntarse, como muchas veces nos pasa a todos, de las infinitas posibilidades que podrían haber modificado una decisión que tomamos en un momento determinado. Y cuando la toman, los caminos que se le abren, posibilitando esas historias que trato de contar.

Foto tomada de Agencia Paco Urondo

Siempre se relanza la polémica si existe una literatura federal. Pero en Rosario existe algo particular: que a pesar de contar con renombrados narradores en su historia, los poetas como que copan la parada. En estos últimos años, vos, Marcelo Britos, Melina Torres, pusieron a la narrativa rosarina de nuevo sobre el tapete. ¿Existe eso? ¿Existe una narrativa rosarina?

Que existe una narrativa que se hace desde Rosario, no cabe ninguna duda. Que tiene características particulares, porque uno está configurado, conformado por el entorno, por el lugar donde creció, todo ese tipo de cuestiones. No creo que haya características propias de la narrativa o de los que la hacemos en este momento que sea exclusiva, representativa de la región. No estoy seguro en ese punto. Sí creo que existe mirándola desde el lugar que se produce obras de relevancia y que trascienden. Marcelo ha ganado premios internacionales, Netflix ha tomado los escritos de Melina para guionar producciones. Y hay otros casos, como Pablo Colacrai, que fue finalista del premio de cuentos Gabriel García Márquez. Es algo que señala que se están haciendo cosas importantes y trascendentes en esta localidad. Insisto, si vos tomás todas esas obras y tratás de encontrar una característica que las una… es difícil. No sé, tampoco, si podemos encontrarles esas características a otras literaturas regionales. 

¿Cómo viene la edición de Hija de nadie, el libro premiado?

Ya cerramos lo que tiene que ver con las pruebas de galera, o por lo menos en la última lectura. La idea es que se presente cuando se anuncie el premio ganador del año siguiente, en enero del 2023. Seguramente estará listo antes, pero se va a presentar en ese momento en Cuba. No tengo previsto, todavía, ediciones o coediciones acá en Argentina. Esperemos aparezca, para mí es necesario el vínculo de la novela con los lectores de donde soy.

Mientras tanto, está a punto de salir otra novela…

No tenemos fecha concreta, pero estaría saliendo el mes que viene, más o menos, La música de las cosas perdidas, una road novel, una novela de viaje. Es una coedición entre la UNR y Eduvim. En el caso de esta última, ya había editado con ellos La doble ausencia y Tríptico. Con la UNR tengo relación desde hace tiempo con el director actual, Nicolás Manzi. Ya la tenía acordada antes del premio; como hablábamos antes, también se trata sobre vínculos humanos. Un tipo que viaja con un nieto al que acaba de conocer, de 14 años, en busca de una hija con la que perdió contacto hace mucho tiempo. Es la hija de él y la madre del chico, quien fue abandonado mucho tiempo atrás y viajan en busca de esa madre ausente. Madre e hija ausente. Y se va estableciendo el vínculo entre el abuelo y el nieto.

Publicás muchos textos en contratapa de Rosario/12 ¿Eso es un relax, algo que te permite otro lenguaje que el usado en las novelas y en los cuentos, o es algo que va por la misma línea?

Va por una línea diferente. En primer lugar fue un descubrimiento. Necesario. Encontrar el tono para ese tipo de contratapa. No lo tomé nunca como un relax porque hay tensión, porque tenés un plazo de entrega, porque la necesidad de encontrar el tema sobre el cual quiero escribir o hablar en un momento determinado es una búsqueda que genera inquietudes. El proceso de aprendizaje fue algo muy rico, me permitió encontrar una voz diferente a la voz de los narradores de la novela o el cuento en el que, de algún modo, establecía un vínculo más directo con el lector. Con otro tipo de devolución a través de las redes o los contactos del diario. Ese narrador diferente, el de las contratapas, se permitía hablar de diferentes temas con los lectores.

¿Cuánto tuvo que ver tu padre, Carlos, en esta relación de la escritura y el diario, si es que la tuvo?

En este punto en particular, diría que no. Más bien fue un proceso de necesidad porque empecé a escribir contratapas después de haber publicado el primer libro de cuentos y me invitaron a publicar en el diario. Como tenía algunos textos cortos que encajaban en el formato, publiqué un par. Eso se me empezó a agotar muy rápido, no podía escribir un cuento para la contratapa a cada rato. Además, lo sentía como fuera de registro al cuento, en ese lugar del diario. A mí me pasaba, hay cuentos que aparecen allí y muchos están buenísimos. Pero yo los sentía como fuera de registro y empecé a buscar la posibilidad de construir una voz y un registro propio que me permitiera, desde ese espacio, contar algo en particular. Son textos híbridos, cruzan la narración de una historia que tiene que ver conmigo o con algún tercero, con cuestiones de reflexión. Juego un poquito con cuestiones que, a lo mejor, alguno podría decir que pertenecen más al género del ensayo. Voy cruzando ese tipo de cosas para lograr un pequeño artefacto al que todavía no le encuentro una definición exacta. El último libro que salió publicado hace poco, El pulso secreto de las cosas, es una recopilación de esas contratapas y de algún modo sostiene esa idea del género híbrido, en ese formato queda mejor plasmada la idea de que si bien fueron textos nacidos en el momento, también tenían la intención de poder funcionar, posteriormente, como un todo.   

Tomado de Agencia Paco Urondo 

          

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