Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad. Documentos

Por: Revista Casa de las Américas

Clausura de la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Foto: Archivo del Centro Fidel Castro

A propósito de la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), celebrada en La Habana entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967 y que fue presidida por Haydee Santamaría, la revista Casa de las Américas publicó en su número 45, correspondiente a los meses noviembre-diciembre de ese propio año, los siguientes documentos.

De la Declaración general de la primera conferencia latinoamericana de solidaridad

Nosotros, representantes de los pueblos de nuestra América, conscientes de las condiciones que existen en el continente, sabedores de la existencia de una estrategia común contrarrevolucionaria que dirige el imperialismo yanqui,

PROCLAMAMOS:

1. Que constituye un derecho y un deber de los pueblos de América Latina hacer la revolución.

2. Que le revolución en América Latina tiene sus más profundas raíces históricas en el movimiento de liberación contra el colonialismo europeo del siglo xix y contra el imperialismo en este siglo. La epopeya de Jos pueblos de América y las grandes lilallas de clase contra el imperialismo que han librado nuestros pueblos en las décadas anteriores constituyen la fuente de inspiración histórica del movimiento revolucionario latinoamericano.

3. Que el contenido esencial de la revolución en América Latina está dado por su enfrentamiento al imperialismo y a las oligarquías de burgueses y terratenientes. Consiguientemente, el carácter de la revolución es el de la lucha por la independencia nacional, la emancipación de las oligarquías y el camino so- «¡alista para su pleno desarrollo económico y social.

4. Que los principios del marxismo-leninismo orientan el movimiento revolucionario de América Latina.

5. Que la lucha revolucionaría armada constituye la línea fundamental de la revolución en América Latina.

6. Que todas las demás formas de lucha deben servir y no retrasar el desarrollo de la línea fundamental que es la lucha armada.

7. Que para la mayoría de los países del continente el problema de organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituye hoy la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario.

8. Que aquellos países en que esta tarea no está planteada de modo inmediato de todas formas han de considerarla como una perspectiva inevitable en el desarrollo de la lucha revolucionaria en su país.

9. Que a los pueblos de cada país y a sus vanguardias revolucionarias corresponderá la responsabilidad histórica de echar hacia adelante la revolución en cada uno de ellos.

10. Que la guerrilla como embrión de los ejércitos de liberación constituye el método más eficaz para iniciar y desarrollar la lucha revolucionaria en la mayoría de nuestros países.

11. Que la dirección de la revolución exige como un principio organizativo la existencia del mando unificado político y militar como garantía para su éxito.

12. Que la solidaridad más efectiva que pueden prestarse los movimientos revolucionarios entre sí, la constituye el desarrollo y culminación de la propia lucha en el seno de cada país.

13. Que la solidaridad con Cuba y la colaboración y cooperación con el movimiento revolucionario en armas constituyen un deber insoslayable de tipo internacional de todas las organizaciones antimperialistas del continente.

14. Que la Revolución Cubana como símbolo del triunfo del movimiento revolucionario armado, constituye la vanguardia del movimiento antimperialista latino americano. Los pueblos que desarrollan la lucha armada en la medida en que avanzan por ese camino, se sitúan también en la vanguardia.

15. Que los pueblos directamente colonizados por las metrópolis europeas o sujetos por dominación colonial directa a los Estados Unidos, en su camino para la liberación tienen como objetivo inmediato y fundamental, el luchar por la independencia y mantenerse vinculados a la lucha general del continente, como única forma de evitar ser absorbidos por el neocolonialismo norteamericano.

16. Que la Segunda Declaración de La Habana, recogiendo la hermosa y gloriosa tradición revolucionaria de los últimos 150 años de la historia de América, constituye un documento programático de la Revolución Latinoamericana que los pueblos de este continente durante los últimos cinco años han confirmado, profundizado, enriquecido y radicalizado.

17. Que los pueblos de América Latina no timen antagonismo con ningún otro pueblo del mundo y le extienden su mano fraternal al propio pueblo de los Estados Unidos, al que exhortan a luchar contra la política represiva de los monopolios imperialistas.

18. Que la lucha en América Latina fortalece sus vínculos de solidaridad con los pueblos de Asia y África y de los países socialistas, y con los trabajadores de los países capitalistas, especialmente con la población negra de los Estados Unidos que sufre a la vez la explotación de clase, la miseria, el desempleo, la discriminación racial y la negación de los más elementales derechos humanos y constituye una importante fuerza a considerar en el contexto de la lucha revolucionaria.

19. Que hemos aprobado los Estatutos y creado el Comité Permanente con sede en La Habana, de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, la que constituye la genuina representación de los pueblos de América Latina.

Nosotros, revolucionarios de nuestra América, la América al sur del Río Bravo, sucesores de los hombres que nos dieron la primera independencia, armados de una voluntad inquebrantable de luchar y de una orientación revolucionaria y científica y sin otra cosa que perder que las cadenas que nos oprimen,

AFIRMAMOS:

Que nuestra lucha constituye un aporte decisivo a la lucha histórica de la humanidad por librarse de la esclavitud y de la explotación.

EL DEBER DE TODO REVOLUCIONARIO ES HACER LA REVOLUCION.

Resolución sobre la penetración cultural e ideológica del imperialismo norteamericano en América Latina

—La política de penetración ideológica del imperialismo en el orden sociocultural forma parte de su estrategia continental y corresponde fielmente a los intereses del sistema de explotación que representa.

—Los imperialistas norteamericanos tratan de fortalecer y acrecentar cada vez más su influencia en los campos de la educación, la investigación científica, las artes, el movimiento obrero, campesino y estudiantil, para lo cual utilizan diversas formas de penetración, así como cuantiosos recursos financieros y técnicos.

—El dominio de los medios masivos de divulgación por el imperialismo y sus servidores, mantiene a las poblaciones latinoamericanas sometidas diariamente a una campaña sistemática que deforma la verdad y trata de introducir falsos valores políticos, morales y estéticos, contrarios a los intereses de nuestros pueblos.

—La invasión masiva de las diversas formas de la mal llamada cultura de masas: “cómics”, series de televisión, folletines radiales, etc., impone esquemas de información, gustos y modos de vida que no corresponden en forma alguna a nuestros países, y, por lo tanto, son una contribución importante a la deformación de la cultura nacional.

—Esto se complementa con la ofensiva editorial, que comprende desde el control de las grandes editoriales, el asedio de editoriales progresistas y el monopolio de la distribución continental, hasta la publicación en los Estados Unidos de libros de texto para las escuelas latinoamericanas y la subvención indirecta de editoriales universitarias.

—En el campo de la educación y la investigación científica, el imperialismo realiza también grandes esfuerzos tendientes a controlar y dirigir estas actividades, de acuerdo a sus intereses. Esto se manifiesta con evidencia en la enseñanza universitaria, que se pretende subordinar a las universidades norteamericanas; en los llamados planes de investigación sociológica, como el Camelot, Simpático, Numismático y en la acción «le los Cuerpos de Paz, que financiado y dirigidos desde los Estados Unidos, constituyen instrumentos de espionaje o intervención en los países latinoamericanos y tras su aparente labor científica o humanitaria, desarrollan una actividad contraria a los intereses nacionales.

—Debe tenerse en cuenta también la labor de penetración que realizan en las organizaciones estudiantiles y obreras, mediante subvenciones, seminarios para la preparación de dirigentes sindicales, etcétera.

—El imperialismo trata de deformar la heroica tradición histórica latinoamericana, pretendiendo alejar a los pueblos de todo sentimiento latinoamericano de amor y respeto a lo propio, y desvirtuando la tradición de sus luchas y la ejecutoria revolucionaria de sus grandes hombres, a fin de justificar históricamente la intervención y la tutela yanqui, con base a supuestas incapacidades de los pueblos latinoamericanos para dirigir sus destinos que son presentadas al mundo por la propaganda imperialista como símbolos degradantes de nuestros países.

—Muchos países de América Latina, poseedores de un rico acervo cultural autóctono, han visto esquilmados sus tesoros artísticos por el saqueo sistemático de los grandes centros arqueológicos y comunidades indígenas, mediante el traslado de piezas a colecciones privadas y museos norteamericanos, lo que constituye una pérdida irreparable para el patrimonio cultural nacional. También se desvirtúa el folklore mediante la adulteración de sus características, en aras de mayor aceptación en el mercado norteamericano y la producción en serie con fines comerciales.

—En los últimos años ha tomado proporciones alarmantes la emigración hacia Estados Unidos de personal de alta calificación científica y técnica, lo cual afecta con extraordinaria intensidad a los países latinoamericanos, que se ven privados de la capacidad creadora y experiencia del mismo, imprescindible a veces para los servicios más elementales a su población, tales como la educación, la salud pública, etc. La causa de este fenómeno hay que buscarla, no sólo en las condiciones de sub desarrollo imperante en nuestros países que ofrecen un medio poco propicio para el ejercicio de determinadas actividades científicas y técnicas, sino en la deliberada política seguida por los Estados Unidos tendiente a suplir en lo posible sus propias deficiencias con personal calificado pirateado a otros países.

—La reciente ofensiva del imperialismo norteamericano en el campo de la cultura, comprende como característica principal una nueva política hacia los intelectuales latinoamericanos, tendiente a neutralizarlos, dividirlos o ganarlos para su causa, usando para ello métodos más sutiles de persuasión y compromiso. Las instituciones y editoriales norteamericanas, que durante años ignoraron a nuestros escritores y artistas, muestran en los últimos años un inusitado interés hacia la intelectualidad latinoamericana. Se introducen en el sector de los intelectuales nuevas concepciones, como el llamado “alto diálogo” o la “coexistencia literaria”, refinados instrumentos del imperialismo y sus seguidores reformistas.

—El monopolio de la información por las agencias cablegráficas del imperialismo, unido al control de las plantas de radio, televisión y grandes empresas periodísticas por propietarios norteamericanos o sus servidores nacionales, trata do controlar la opinión pública, en complicidad con la Sociedad Interamericana de Prensa (SIPl, de larga historia como instrumento servil del imperialismo. Se utilizan muy especialmente plantas radiales de alcance continental, con las que tratan de difundir una imagen idílica del llamado ‘»modo de vida norteamericano», y realizan burdas campañas de calumnias contra la Revolución Cubana. Estas plantas ofrecen emisiones en diferentes idiomas europeos y americanos, sirven también de vehículo a diversas sectas religiosas, de origen norteamericano, que tienen su actividad dirigida fundamentalmente a las áreas campesinas más atrasadas de nuestros pueblos.

—Armas de la nueva táctica hacia los escritores y artistas, son las actividades culturales de la “Alianza para el Progreso”, la OEA, el llamado Congreso por la Libertad de la Cultura (con sus diversas máscaras, la más reciente de las cuales es el ILARI) y las distintas “Fundaciones” norteamericanas, tales como las Kellogg, Rockefeller, Ford, Guggenheim, Creole, que bajo el pretexto de “ayudas desinteresadas” para el desarrollo cultural de nuestros pueblos otorgan becas, organizan festivales o patrocinan concursos, con lo que tratan de convertir a estudiantes, científicos y artistas, en aliados o simples agentes del imperialismo, o comprometerlos por lo menos con un silencio cómplice c interesado frente a sus fechorías.

—El imperialismo norteamericano encuentra campo propicio para desarrollar su política en las condiciones existentes para los científicos, artistas y escritores en nuestros países, donde éstos carecen casi siempre de las facilidades mínimas para desarrollar y difundir sus obras. En estas circunstancias aparece la “mano salvadora” de las organizaciones norteamericanas, que, llenando el vacío de los inexistentes inoperantes organismos nacionales de cultura, extiende invitaciones aparentemente inofensivas, otorga premios y becas, ofrece traducciones y difusión de obras. El objetivo verdadero de estas actividades es lograr el compromiso, el aislamiento de cualquier acción política, la complicidad o el silencio.

—La situación antes expuesta no es más que el resultado de la explotación económica y la sumisión política a que están sometidos nuestros pueblos, no siendo precisamente los científicos, intelectuales, escritores y artistas los más afectados dentro de esta realidad. Por ello, sus luchas no pueden encaminarse a resolver esta situación en lo personal o sectorial, sino en relación con su pueblo todo, con cuyo sacrificio, sépanlo o no, se han formado, y al que representan intelectualmente.

—Es menester rechazar todas las medidas imperialistas encaminadas a resolver su status individual, mediante la creación y estímulo de grupos selectos a los que corrompe.

—Tales medidas tienden a convertirlos en acomodados sirvientes de la élite burguesa o directamente del propio imperialismo.

LA PRIMERA CONFERENCIA DE LA ORGANIZACION LATINOAMERICANA DE SOLIDARIDAD PROCLAMA QUE:

1. Las tareas de desenmascaramiento de la penetración cultural imperialista, así como las luchas parciales valientemente libradas por maestros, estudiantes, intelectuales, por importantes que aquéllas sean, no bastan a erradicar esa penetración, ya que, dados los poderosos medios de que dispone el imperialismo, y las incesantes metamorfosis de los instrumentos que utiliza, no será posible detener su penetración mientras los Estados Unidos detenten el poder político y económico, en connivencia con las oligarquías locales. Es menester rechazar todas las medidas imperialistas encaminadas a resolver su status individual, mediante la creación y estímulos de grupos selectos a los que corrompen en medio de un pueblo semianalfabeto y expoliado.

2. El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Esa revolución la hacen los pueblos, las grandes masas de explotados. Los trabajadores intelectuales son parte del pueblo, que les ha dado la posibilidad de alcanzar un nivel intelectual superior. Ello es un privilegio, pero sobre todo una responsabilidad que los lleva a identificarse con el destino revolucionario de nuestra América.

3. Los intelectuales no sólo tienen que prescindir, por supuesto, del vergonzoso abrigo de los instrumentos del imperialismo, para plantearse su destino revolucionario; ni sólo participar con sus obras, o con las que las circunstancias requieran, en la lucha por la liberación de los pueblos latinoamericanos; es necesario además que articulen los organismos idóneos mediante los cuales participar colectivamente, a escala continental, en el respaldo a la gran lucha de liberación que está en marcha, y que fue la aspiración de Simón Bolívar y José Martí, y es hoy la tarea de los hombres como Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara y de innumerables mártires, intelectuales revolucionarios, caídos en la lucha por esta causa.

—Tenemos el privilegio de ser contemporáneos de la mayor epopeya que habrán de vivir, que están viviendo ya, estas tierras mestizas que son nuestra patria mayor. Nadie querría ser sólo un testigo de esta hazaña, sino merecer un lugar, por humilde que sea, en las filas de los que construyen el futuro.

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