Entrevista a Haydee Santamaría sobre OLAS

Por: Revista Casa de las Américas

Haydee Santamaría presidió la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (Olas), celebrada en La Habana entre el 31 de julio y el 10 de agosto de 1967, por ello la entrevistó la revista Casa de las Américas y publicó sus palabras en el número 45, noviembre-diciembre, 1967.

Clausura de la Conferencia de la OLAS. Foto: Revista Bohemia

¿Qué resultados inmediatos cabe esperar de esta reunión de la Olas?

Eso de resultados inmediatos es un poco limitado: lo primero es que la conferencia se celebró en un país donde todo hacía indicar que era imposible celebrarla, y se celebró con todas las representaciones que componían los Comités Nacionales de cada país.

Eso es importante que se diga, porque muchas veces han preguntado cuántas organizaciones vinieron, cuántos Partidos vinieron y cuántos no vinieron. Y es importante que hayan venido todos los que componían el Comité Nacional de cada país. Solo dejaron de asistir dos organizaciones que pertenecían al Comité Nacional de sus respectivos países: uno es el Partido Comunista de Argentina y el otro es el Partido Comunista Brasileño. A excepción de esos dos Partidos, que pertenecían respectivamente al Comité Nacional de Argentina y al Comité Nacional de Brasil, estuvieron presentes todas las organizaciones que componían los Comités Nacionales de cada país.

Hacer una conferencia con la presencia de todas las organizaciones es ya una cosa positiva, porque es un tremendo golpe al imperialismo y al bloqueo, y se ve con ello que cuando se reúnen las fuerzas se puede hacer todo lo que se quiere.

¿A qué se debe la no participación de esos partidos que usted ha mencionado?

Hasta este momento no tenemos noticias de por qué no vinieron. Sobre el Partido argentino leímos que no se le invitó, pero naturalmente esto no tiene validez, porque eso fue en un cable de la Ap o la Upi, y nosotros no le damos validez a ese tipo de cable. En esos cables decían que a ellos no se les invitó. A ellos se les invitó, porque pertenecían al Comité Nacional; y sabemos que la invitación llegó. Desconocemos por qué no vinieron.

La conferencia se celebró bajo la advocación de Simón Bolívar y eligió como Presidente de Honor al comandante Ernesto Che Guevara. Nos gustaría que usted comentara estos hechos simbólicos.

Hay hechos simbólicos, a mi juicio, que más que símbolos son vida. Si Simón Bolívar guio esta conferencia es porque fue continental, fue una conferencia de todas las fuerzas de izquierda, de todas las fuerzas antimperialistas y nadie mejor que Simón Bolívar podía guiar una conferencia así, estar junto a nosotros: Simón Bolívar tiene hoy más vigencia que nunca. Era una conferencia continental, de este Continente, de nuestra América, y ahí estaba Simón Bolívar en su América.

Lo del Che fue algo inesperado. No fuimos los cubanos quienes propusimos que el Che fuera Presidente de Honor de la Conferencia; fueron otras delegaciones, otros compañeros. Y naturalmente, se sabe cómo fue acogido esto por nosotros los cubanos. Y cuando la Conferencia en pleno, por aclamación, escogió al Che como Presidente de Honor, también eso significó que el Che, en cualquier parte que se encuentre, continúa lo que Simón Bolívar empezó.

Después, en la clausura, el Che presidía con su fotografía, y eso inclusive surgió después que el Che fue escogido como Presidente de Honor de la Conferencia. Pensamos que si era Presidente de Honor de la Conferencia, podía estar también en la clausura con su fotografía.

Ya le digo, no fuimos los cubanos los que lo escogimos. Nos sentimos muy honrados, aunque el Che no sea cubano, porque el Che es más que cubano y más que argentino: sencillamente, el Che y Simón Bolívar están indestructiblemente unidos.

¿Cómo se espera que reaccione el imperialismo a esta reunión de la Olas?

Eso es una sorpresa, aunque estamos preparados para todas las sorpresas. El imperialismo tiene que reaccionar como reacciona el imperialismo, como lo que es el imperialismo. ¿Qué es el imperialismo? Pues así reacciona: como imperialismo. ¿Cómo reaccionan los gorilas? Como satélites de los imperialistas que son. Todos conocen por los cables, por todo cuanto se dice, cómo van a reaccionar, y también sabemos que pueden reaccionar de mil formas. Ahora, de mil formas estamos esperándolos también.

Reaccionarán con represiones tremendas; tal vez no contra nuestro pueblo, sino contra otros pueblos. Ojalá que sea contra nosotros, porque nosotros nunca rehuimos una responsabilidad, y tal vez estemos más preparados para esperar esa represión que otros pueblos. Pero como los imperialistas también son cobardes y más que cobardes, reaccionarán con represión en otros pueblos donde hay algo peor que un imperialista: hay un gorila, que es peor que un imperialista, porque ni llega a ser un imperialista. Pero sabemos que esas represiones solo conducen a algo que los imperialistas no quieren, que es la lucha de verdad contra el imperialismo. Mientras más represión existe en un pueblo, más fuerza tiene la lucha, más grande será la lucha, y donde no exista la lucha, con esa represión se hará la lucha. Así que, como quiera que reaccionen, peor para los imperialistas. Si reaccionan con represión, peor para ellos, porque adelantarán la lucha; y si reaccionan con la llamada «democracia representativa», peor para ellos, porque desenmascararemos esa «democracia representativa».

Los imperialistas aquí tienen todo que perder y nada que ganar. En cambio, nosotros, los que dimos la Conferencia, los que asistimos a la Conferencia, tenemos todo que ganar y nada que perder.

¿Se han sentido satisfechos los Partidos Comunistas latinoamericanos con esta Conferencia de la Olas?

En primer lugar, esta no fue una reunión de Partidos, aunque sí podemos decir que sobre el hecho de que los Partidos Comunistas son los únicos marxistas-leninistas, esta Conferencia dio un paso adelante. Para ser marxista-leninista no hay que militar en un Partido Comunista.

Esta Conferencia se proclamó marxista-leninista y sin embargo no era una conferencia ni un congreso de Partidos. Por unanimidad, en la declaración general, se dijo que la Conferencia era marxista-leninista. Eso quiere decir que para ser marxista-leninista ya no hay que militar dentro de un Partido Comunista. Tomando el caso de Cuba, pudiéramos decir: ¿cuántos marxistas-leninistas hay en Cuba? Todos los que no son contrarrevolucionarios, y sabemos que hay muy pocos contrarrevolucionarios; en cambio, no todo nuestro pueblo milita en el Partido, y sí es marxista-leninista.

Muchas de las organizaciones que vinieron aquí se consideran marxistas-leninistas y no militan en un Partido Comunista. Así que también, a mi juicio, es una cosa muy importante que no haya que militar exactamente en un Partido Comunista para ser marxista leninista.

Esta Conferencia se proclamó marxista-leninista, y creo que es la primera conferencia que se da en cualquier parte del mundo donde no solo van Partidos Comunistas y todos los que van a ella se consideran marxistas-leninistas.

Sobre si se han sentido satisfechos los Partidos Comunistas latinoamericanos, eso es generalizar. Nosotros creemos que algunos pueden haberse sentido satisfechos y otros no.

Motivos: que hay algunos Partidos Comunistas latinoamericanos que a lo mejor tienen más comprensión del Gobierno de ese país, sea un Gobierno de «democracia representativa» o un gorila, que de las izquierdas de su país.

Muchas veces los Partidos Comunistas hablan de vanguardia, dicen que deben ser la vanguardia de su país, y en esta Conferencia quedó bien claro que la vanguardia de los pueblos eran los que luchaban con la expresión más alta de lucha que existe, que es la lucha armada; aunque ello no quiere decir que no se pueda luchar con todas las formas de lucha, pero si en un país se lucha con todas las formas de lucha y hay quien lucha con las armas en la mano, ese es la vanguardia de ese país. Tal vez algunos Partidos Comunistas no están de acuerdo con esto, pero eso salió en la Conferencia.

La vanguardia de un país está en el pueblo, pero ese pueblo tiene que estar dirigido por alguien. Y la expresión más alta de lucha –lo dijo Lenin– es la lucha armada. Si en un país se lucha con esa expresión más alta de lucha, quien lo hace es la vanguardia de ese país.

En otros países no se lucha todavía con las armas en la mano, y hay que ver quién es la vanguardia: pues el que primero logre las condiciones para ir a esa forma de lucha necesaria en nuestro Continente.

Algunos órganos de prensa comunistas, ya no solo de la América Latina, sino también de Europa, han expresado que la Olas no es ortodoxa, o que es abiertamente heterodoxa. Se referían a que la Conferencia, o la organización, no es una verdadera organización marxista-leninista; la acusaban de que participaban en ella grupúsculos de diversas tendencias dentro del socialismo e incluso fuera del socialismo, desde el trotskismo hasta el anarquismo. ¿Qué piensa usted de esto?

Yo no sé si habrá podido venir a esta Conferencia alguien que personalmente fuera anarquista o trotskista. Ahora, como organización, no vino nadie a esta conferencia en calidad de tal.

Pero, de todas maneras, eso de que se sea marxista-leninista no es para ser decidido por el órgano oficial de un Partido Comunista. Porque si Marx y Lenin necesitaron años para decir qué era marxismo-leninismo –y eran Marx y Lenin–, ¿quién puede decirle a un director de periódico, a unos cuantos días de la Conferencia, si esta Conferencia fue marxista-leninista o no fue marxista-leninista?

Esta Conferencia será marxista-leninista o no será marxista-leninista; eso está por decir. Porque cuando algo se hace, cuando una cosa se celebra, sea una conferencia de este u otro tipo, no se puede en ese momento decir si es marxista-leninista, sino lo que siga a la conferencia: cómo viva esa organización, cómo quede después y siga viviendo y se siga pronunciando esa organización; lo que quede de vida después es lo que puede ser marxista-leninista.

Porque podrá haber un congreso de partidos, donde nada más que se hable de marxismo-leninismo, donde nada más que se lleven los textos y se reciten los textos del marxismo-leninismo, y cuando se salga de ese congreso, murió el congreso, y yo quisiera saber si el marxismo-leninismo puede morir. Cuando algo muere ya no es marxismo-leninismo.

Lo primero que hay que saber, para saber si esto es marxista-leninista, es si después de esta Conferencia va a quedar un organismo que tenga vida, y que esa vida sea marxista-leninista. Y esto ni lo pueden decir ellos ni nosotros.

Deseamos que tenga vida y creemos que así ocurrirá. Y que esa vida sea dentro del marxismo-leninismo. Lo deseamos y tenemos casi la seguridad de que será así; pero hasta donde se puede asegurar algo.

Ahora, lo que sí puedo decir es que no se es marxista-leninista porque se discuta un texto y después aquella discusión muera. El marxismo-leninismo es la vida. Esta Conferencia tengo casi la plena seguridad de que el organismo que queda seguirá teniendo vida. Y algo que tenga vida, y algo que radique en Cuba, no podrá ser nada más que marxista-leninista.

Como usted sabe –como sabemos todos–, un brillante y valiente pensador francés, Régis Debray, se encuentra en estos momentos preso en una cárcel de Bolivia, y sobre él no pesa otra acusación que el haber escrito un libro de gran importancia: ¿Revolución en la Revolución?, en que se exponen puntos de vista muy cercanos a los que se discutieron y aprobaron en esta Conferencia de la Olas. ¿Qué podría usted decirnos sobre esto?

En primer lugar, yo no acepto que Régis Debray esté preso. A mi juicio Régis Debray está más libre, mucho más libre, que muchos que pasean por las calles de París. ¿Cuántos no desearíamos estar desempeñando el papel de Régis Debray hoy? ¿Es que la libertad se mide porque uno esté entre rejas o porque se sea libre de verdad? Tal vez Régis sea hoy más libre que nunca en su vida lo fue, porque entrar en la historia ya es ser libre y ya Régis entró en la historia, no solamente de su patria, sino en la historia de la patria de Bolívar y de Martí; porque tal vez uno de los europeos que no solamente descubrieron a este Continente, sino conocieron a este Continente, es Régis, porque a la gran mayoría de los europeos les pasa igual que a los que nos descubrieron: descubren este Continente, pero no conocen este Continente. ¡Y Régis lo descubrió y lo conoce y lo ama!

Y por eso, si lo descubre, conoce y ama, y entre rejas es más libre que todos los que lo tienen esposado, ¿cómo va a decirse que Régis está preso? ¿De quién? ¿De los pueblos? ¿De los que lo critican, aunque se llamen y se digan marxistas-leninistas? ¿De los guerrilleros que combaten? ¿De los mártires, de los héroes, de Bolívar, de Martí? ¡Régis es libre porque ya los pueblos, los que luchan, le han dado la absolución, lo han puesto en libertad!

Así que me molesta cada vez que me dicen que Régis está preso. Prefiero estar presa como Régis y ser libre como Régis, a considerarse libre y estar preso por un puestecito, por un sueldecito, o porque mamá y papá no sufran; porque tal vez Régis ame más a su patria que muchos franceses, ame más a su madre que muchos hijos, porque nada más que los valientes hacen lo que hizo Régis y están donde está Régis, y los valientes saben querer más que los cobardes. Aunque en la conferencia se habló poco de Régis, no fue porque no quisimos, sino porque con lo que pudiéramos hablar tal vez pudiéramos hacerle algún daño –no daño a él–, podrían involucrarlo con algo con lo que él no tuvo que ver, con esta Conferencia. Y lo que él tuvo o no tuvo que ver él lo ha dicho y lo dirá, y ha retado más de una vez al Gobierno y al gorila de ese país a que diga todo lo que él ha dicho –y al único que le corresponde hablar es a él–; y por eso en esta Conferencia solo se habló de Régis para pedir su excarcelación en calidad de corresponsal de guerrillas, aunque creo que todos los que amamos la libertad y todos los que sí sabemos que Régis está libre, pensamos constantemente en él.

Personalmente, se sabe bien lo que significa para esta Casa de las Américas Régis, ya que él trabajó aquí, fue uno de los lugares en los que trabajó; su libro lo editó esta Casa de las Américas y es mucho orgullo para todos los que trabajamos aquí que Régis haya trabajado entre nosotros.

¿Cómo considera usted el vínculo que a través de Stokely Carmichael se ha establecido entre las luchas de los negros norteamericanos y las luchas de los pueblos del Tercer Mundo?

Algo grandioso. Cuando oíamos hablar a Carmichael venía a nuestro pensamiento Martí. Empezamos a pensar en lo que Martí escribió; y después de la Conferencia fuimos una vez más en busca de eso, y encontramos la similitud con Martí.

En definitiva, los negros norteamericanos están luchando por los explotados, por los más explotados. En Estados Unidos los más explotados, los discriminados, son los negros: como en nuestra América son los indios, los mestizos, los campesinos, los obreros. Ya Martí lo había escrito: «el blanco del país, antes que verse dominado por el negro o mezclarse con él de hembra o varón, decide exterminarlo, espantarlo, echarlo de la comarca, como al zorro». Al negarse a este horror, los negros norteamericanos, efectivamente, forman parte fundamental de nuestro tercer mundo antimperialista, como lo expresó brillante y valientemente Carmichael.

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