Año dieciséis después de Hiroshima (Parte II)

Por: Edmundo Desnoes

Segunda parte de un texto publicado para la sección Cine en el número 97 de Lunes de Revolución (1961).

Escena de la película Hiroshima, mi amor. Foto tomada de Internet

En el primer retroceso se asocia claramente la mano del japonés con la del alemán muerto. Ella le mira la mano mientras duerme y piensa en el alemán. Luego le explica su vida al japonés. la actriz atraviesa un bosque montada en su bicicleta. Corre a encontrarse con su amante alemán. Se encuentran en lugares apartados, en ruinas, en casas abandonadas donde nadie los verá.

El amante alemán muere al finalizar la II Guerra Mundial. Muere-un francotirador le dispara desde un balcón-en el lugar donde se habían citado por última vez. Planeaban huir juntos a Baviera. Liberada Francia, a ella le cortan el cabello por haber colaborado con los alemanes. La familia, avergonzada, la encierra en un sótano hasta que le crezca el pelo. Allí araña las paredes hasta que las manos le sangran: “Me gusta la sangre desde que probé la tuya”.

Todo esto se lo cuenta ella pensando que abandonará Hiroshima al día siguiente. Tiene que abandonar a su nuevo amante porque los amores profundos deben ser imposibles. Están sentados bebiendo en un bar. Allí se produce la síntesis de los dos amantes de Emmanuella Riva. Ella comienza a hablarle como si él fuera el soldado muerto: “Qué joven fui un día, muerta de amor por ti. Te llamo: tu nombre alemán. Mi amor muerto es una deshonra para Francia”.

Él la abofetea para que salga del trance o porque no quiere que ella lo confunda con otro hombre. Desesperado, le pregunta: “Tu marido, ¿conoce él esta historia?” Cuando ella le dice que no, él se alegra: “Entonces, solo yo la sé”

Caminan por la ciudad. Se meten en una estación de autobuses. Se oye la voz de un locutor anunciando la salida de los autobuses. La cámara entonces retrocede a Nevers y la voz continúa hablando en japonés mientras recorremos la apacible campiña francesa. Son dos mundos separados por la historia y las experiencias.

Ella reconoce que acabará olvidándolo. “Te olvidaré. Ya empiezo a olvidarte. Mira cómo te olvido”. No quiere olvidarse de su amante muerto, no quiere olvidarse de Hiroshima: “Deseo tener una memoria inconsolable”.

Pero olvida. Y todo continúa como declaró al principio: “Las mujeres darán a luz niños monstruosos, pero la vida continuará. Los hombres corren el riesgo de quedar estériles, pero todo continúa”.

Lo último que se dice: “Tú eres Nevers”. “Tú eres Hiroshima”.

Aquí tenemos que hablar también de la reacción del público. El crítico debe estar atento tanto a la película como a la reacción del espectador. Hay que reconocer que Hiroshima, mi amor aburre o confunde a la mayoría de las personas. Educadas dentro del cine convencional norteamericano, donde todo está explicado para garantizar la comprensión de niños de 12 años, esta película francesa rechaza al espectador medio. Los retrocesos de la trama al pasado, la acción basada en la atmósfera de una escena más que en el movimiento de la trama, los diálogos intelectuales cargados de sutilezas e implicaciones simbólicas-todo esto es natural que deje a la mayoría de los espectadores en la luna.

Esto hay que reconocerlo. Durante la proyección la gente se levantaba y se iba. A nuestro lado un hombre le dijo a su mujer: “Vámonos, chica, esto es un paquete. Nos embarcaron. Anda, vámonos”. Muchas personas se fueron antes de que apareciera FIN en la pantalla. En la escena final el amante sigue a la amada mientras ella camina sola por las calles; cada vez que este entraba en el cuadro, alguien comentaba en alta voz: “Ahí viene la sombra”.

El público no tiene la culpa de esto. La culpa la tiene el atraso cultural en que ha vivido nuestro pueblo durante 57 años de república dependiente. Aquí nadie leía, aquí nadie podía pensar, porque leer o pensar está prohibido en todas las colonias. En Francia, por ejemplo, cualquier adolescente de trece o catorce años ya se ha leído varias novelas de Víctor Hugo o Balzac. Yo creo que en los dos años de Revolución se ha leído más en Cuba que durante el autenticismo y la dictadura reunidos.

Antes de encargarle el guión a Marguerite Duras, Resnais se lo pidió a Francois Sagan. Esta no pudo aceptar. Nos alegramos. La Sagan jamás hubiese podido lograr la intensidad del guión de Hiroshima. El guión, en realidad, es una colaboración entre Resnais y Duras. El director le pidió a la novelista que escribiera todo lo que supiera de los protagonistas, que él escogería después los elementos cinematográficos. Duras escribió una biografía exhaustiva de los personajes y de todo ese material salió el guión definitivo.

Hiroshima destruye el concepto de que la literatura y el cine son incompatibles: Hiroshima es literatura y es cine. Incorpora la literatura al cine. Los diálogos son un comentario literario a las imágenes. Se complementan sin entrar en conflicto.

Lo único que nos pareció un poco disonante en Hiroshima es la secuencia del museo de Hiroshima. La visita al museo nos pareció muy convencional y fuera del estilo fotográfico del resto de la película. No tiene la misma atmósfera concentrada. Cuando se ven las escaleras del museo en diferentes planos uno se pregunta: “¿Y eso para qué? ¿Por qué no hay personas subiendo las escaleras si adentro el museo está lleno?” La fotografía de la exposición no tiene ningún ángulo íntimo que saque la fotografía del ámbito del documental corriente y moliente. Esta escena comienza a mejorar a partir de la toma de la Plaza de la Paz donde ella dice: “Diez mil grados sobre la Plaza de la Paz. La temperatura del sol sobre la Plaza de la Paz”.

Un detalle que nos hizo sonreír: en los letreros en español hay un momento en que él la llama “golfilla de Nevers”. El traductor seguro que era un español. Es un detalle tonto, pero en Cuba “golfilla” suena ridículo.

Alain Resnais es el director más completo de la Nueva Ola. Hasta podríamos decir que trasciende a la Nueva Ola. Es mayor que la mayoría de los otros directores, tiene 39 años. Además, siempre ha demostrado un interés profundo por las llagas de nuestro siglo. Los temas de sus cortometrajes anteriores: un campo de concentración alemán, la destrucción de la cultura africana por el europeo y el Guernica de Picasso. Hiroshima es su primer largometraje. En él se aparta del comercialismo fácil de la Nueva Ola. Aquí hay una preocupación seria por explicar la situación del hombre contemporáneo. Tan profunda es su intención que en algunos momentos de Hiroshima podríamos acusarlo de tomarse demasiado en serio.

Aparte de estas críticas banales todo lo demás nos parece perfecto. La actuación de Emmanuelle Riva es tan extraordinaria que no podemos imaginarnos a ninguna otra actriz substituyéndola en el papel. Todo encaja en su lugar. La película tiene unidad. Es un conjunto donde todo ocupa su lugar preciso.

Hiroshima, mi amor nos coloca sin contemplaciones en el centro de la crisis del hombre europeo y de su cultura. No presenta ninguna salida fácil al problema de la guerra y la comunicación entre los hombres. Es una película pesimista dominada por el peso de una historia llena de atrocidades y desprovista de soluciones fáciles. Nosotros en Cuba tenemos la historia por delante, los franceses sienten ya la historia como un peso muerto. Se encuentran en un callejón sin salida. El amor está amenazado por la destrucción nuclear. Esto lo expone Resnais con honestidad. Si fuera optimista, mentiría acerca de la situación sicológica del hombre francés.

Hiroshima tiene algo de laboratorio científico. Resnais trabaja con la honestidad intelectual de un hombre de ciencia. La película analiza algunos aspectos del hombre contemporáneo. El resultado no puede ser otra cosa que parcial. Las conclusiones generales solo se obtienen después de numerosos ensayos desde diferentes puntos de mira. Si la prueba se llevara a cabo en Cuba, si Cuba fuera nuestro horizonte, el resultado sería más positivo. En Francia, la disección tiene por fuerza ser pesimista.

Creemos que Resnais considera que la obligación del artista es expresar y analizar la realidad que lo envuelve. Los políticos y los filósofos probablemente pueden proponer medidas concretas para trascender y superar los conflictos humanos. Pero el artista cumple su obligación cuando revela una realidad sin hacer propaganda o dar soluciones fáciles. Resnais parece hablarnos por boca de la protagonista cuando afirma: “Yo tengo una idea, yo creo que uno aprende fijándose bien en las cosas”.

Por eso uno sale del cine convencido del absurdo de todo lo que separa a los hombres. Convencido de que una guerra nuclear sería la locura de nuestra civilización.

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