Arpilleras chilenas: documentos de narración, denuncia y memoria*

Por: Lisandra Aguilar y Silvia Llanes

Este 20 de septiembre se inauguró la muestra Hilos que narran hechos, un conjunto de arpilleras chilenas pertenecientes a los fondos de la Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría, en la Galería Carmen Montilla ubicada en La Habana Vieja, con la colaboración de la Embajada de Chile en Cuba.

La Colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría de la Casa de las Américas conserva en sus fondos una peculiar muestra de textiles del Arte Popular Latinoamericano y Caribeño, entre ellos se encuentra un conjunto de arpilleras chilenas[1], realizadas en el período de la dictadura pinochetista.

Estas piezas representan una fuente de conocimiento histórico de la década del 70, y de la circunstancia vivida en Chile en este momento. Fueron realizadas por mujeres que protestaban en silencio, visibilizando la agonía de los familiares de los desaparecidos y la lucha clandestina contra la dictadura, a través de hilos, telas, sacos y diversos recortes de materiales que permitieron narrar los hechos de esa triste realidad, convertidos en arpilleras portadoras de valor artístico y documental.

El ánimo creativo se concentró en bordar lo que vivían y las frases que decían, producto de la necesidad de expresar de alguna manera sus experiencias, con el objetivo de que las personas entendieran con facilidad, sin importar que las carencias de materiales se implicaran en la selección de los colores. En cada una de las arpilleras estaban plasmados los sentimientos de las bordadoras y estos eran representados según como se manifestaban.

Muestra Hilos que narran hechos, en la Galería Carmen Montilla

En documentos oficiales de donación de estas obras a la Casa de las Américas se hace referencia a temáticas reflejadas en las piezas, como por ejemplo en las obras La Noticia, El Miedo, la Búsqueda, El Fracaso, Necesitamos ayuda, Alguien habla por nosotros, Falta de solidaridad, La Muerte, Se creía que todo había terminado, entre otros.

Los mensajes de estas artistas populares representan una valiosa forma de expresión cultural que propicia relacionar y hacer nexos con otras manifestaciones artísticas que parten del mismo concepto a través de estructuras de viñetas y textos. 

En estos bordados se habla de un conocimiento transmitido por generaciones y aquella posibilidad de incorporar nuevos sentidos a sus formas y circuitos de creación.

A estas mujeres que bordaron, que realizaron las arpilleras y dejaron recogidas estas historias mezcladas en un arte popular, inocente y a la vez terrible, se les conoció como “las bordadoras de la vida y la muerte”.

A partir del 1974 las arpilleristas comienzan a organizarse en talleres auspiciados por la Vicaria de la Solidaridad y en 1976 había ya diez talleres de arpilleras, con un buen número de grupos de trabajo. Instituciones de la Iglesia Católica chilena colaboraron con la extensión y comercialización de estas arpilleras; las cuales se expusieron en varios países gracias a la gestión del Museo de la Solidaridad Salvador Allende y en 1977 fue exhibida la muestra Bordadoras de la vida y la muerte enla Casa de las Américas.

Los archivos de aquella muestra de 35 arpilleras, bordadas por mujeres de Santiago de Chile, y que se organizó gracias a la colaboración entre la Casa de las Américas y el Museo Internacional de la Resistencia Salvador Allende, resguardan los documentos que recuerdan a estas artistas populares y sus obras, “…cada una de ellas es mucho más que una tela bordada, es la vida y la muerte que se ha trasladado trozo a trozo y color a color a la tela…”.[2]

En estas arpilleras se habla de un conocimiento transmitido por generaciones y aquella posibilidad de incorporar nuevos sentidos a sus formas y circuitos de investigación y creación. Por ellos son “obras sin limitación en cuanto a la cantidad y utilizando materias primas provenientes de recursos renovables. La naturaleza especial de estas arpilleras se funda en sus características distintivas las cuales pueden ser utilitarias, estéticas, artísticas, creativas, culturales, decorativas, funcionales, simbólicas y significativas desde el punto de vista religioso o social” (UNESCO, 1997). La diversidad y riqueza de este trabajo en Chile, desarrolla un extensivo campo en las artes populares, en él amplía su participación, como expresión de identidad, patrimonio, creación y desarrollo cultural del país (CNCA, 2008).

El discurso de la arpillera es vivencial y testimonial, recogen y salvaguardan la memoria colectiva, narran la historia de las voces silenciadas a través del relato de mujeres que contaron con hilos y bordados la verdad de una época.


[1]    La técnica de las arpilleras consiste en utilizar fragmentos de tela y coserla, para crear motivos o historias, luego se cosen sobre otra tela y se colocan, montadas y cosidas sobre tela arpillera, de las que se fabricaban sacos para embolsar alimentos.

Las arpilleras chilenas son testimonios de las experiencias vividas por el pueblo chileno durante la dictadura pinochetista, que duró más de una década. Son documentos de narración, denuncia y memoria de una época y de la resistencia del pueblo chileno.

[2] Fragmento del texto de las palabras al catálogo de la muestra Las bordadoras de la vida y la muerte, Vestíbulo de la Casa de las Américas, 14 de enero de 1977.

* Palabras al catálogo de la exposición Hilos que narran hechos, Galería Carmen Montilla, La Habana Vieja, Cuba, septiembre 2022.

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