Augusto Blanca y Conrado Monier, maestros de juventudes

Por: Layda Ferrando

Unidos por la canción y el amor a la patria, Augusto Blanca y Conrado Monier son referentes cardinales en nuestra cultura. Así lo reconoció la Asociación Hermanos Saíz (AHS) la tarde del martes 18 de octubre, cuando entregó a los músicos el Premio Maestro de Juventudes en ceremonia oficial que se celebró en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Augusto Blanca, en su largo andar trovadoresco y teatral, ha nutrido a varias generaciones con savia que mixtura tradición y contemporaneidad. Fundador del Movimiento de la Nueva Trova —del cual estamos celebrando su aniversario cincuenta— se confiesa hijo de Miguel Matamoros, Sindo Garay, Manuel Corona…y sus cantares dan fe de esa continuidad.

Semejante amor también guía la vida y obra del maestro guantanamero Conrado Monier. Saxofonista, compositor y arreglista, lleva en sus genes el bolero, el son y el changüí y los ha sembrado para siempre en la música coral cubana. El imprescindible pedagogo ha regalado —con la humildad de los verdaderamente grandes (¡bien puesto lleva el nombre de Modesto!)— una obra colosal que no conoce fronteras.

Celebramos pues, la invitación de la AHS al Ensemble Vocal Luna para que, a través del canto coral, la trova se irguiera una vez más como metáfora de cubanía.

Dos versiones corales de Monier abrieron y cerraron la presentación: Santa Cecilia, de Manuel Corona y Este son homenaje, de Juan Almeida, con adaptación de la maestra Maribel Nodarse, directora de la agrupación femenina.

Regalo especial para Augusto Blanca fue la interpretación de Créeme, de su hermano Vicente Feliú, en versión coral de Eduardo Sarmientos. Un himno de compromiso que se identifica con la obra de los restantes colegas premiados: la bailarina, coreógrafa y directora Rosario Cárdenas; la ensayista y crítica Cira Romero; el artista de la plástica Joel Mateón Jover; la historiadora Francisca López Civeira; y el Premio Nacional de la Radio Rafael Valdés Barceló.

Vocal Luna, agrupación que festeja sus veinte años de creada, mostró su excelencia interpretativa y su alto vuelo profesional. Más allá de los detalles técnicos logrados —afinación, empaste, sonido limpio— fue contundente su comprensión y entrega al público de toda una gama de matices expresivos que convierten en filigranas estas joyas de la música coral.

¡El joven talento del Centro de la Música de Concierto hermanado con la Asociación Hermanos Saíz al servicio de la obra común: la cultura cubana!

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