Viva el estallido cultural (+Boletín «En Conjunto»)

Por: Aimelys Díaz Rodríguez

Tres grupos colombianos llegaron a la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas. Desde el hermoso pueblo de El Carmen de Viboral, Teatro Tespys, FarZantes y Teatro Estudio compartieron un espacio de diálogo en torno a sus prácticas escénicas de acción comunitaria y las redes que tejen entre ellos. Recuerdo hace cuatro años compartimos con Teatro Tespys, llegado con su director Kamber Betancur al frente, para mostrar la puesta Lunático como parte de la Bienal de Teatro Unicornio. En esta ocasión, el grupo nuevamente invitado al evento mostró Caminorrial, montaje destinado al público infantil. Como dos “hijos” teatrales de Kamber y de Tespys, los grupos FarZantes y Teatro Estudio también llegaron a la Bienal Unicornio 2022. Titulado El común, el montaje de FarZantes se inspira en el legado del sacerdote guerrillero Camilo Torres, a propósito del cual Vivian Martínez Tabares, directora de Teatro de la Casa de las Américas, evocó la puesta en escena Camilo de Teatro La Candelaria presentado en Mayo Teatral 2016. ¿Cómo dialogar con esta figura tan importante en el imaginario colombiano? Fue una de las preguntas que se hicieron los farzantes, y como respuesta incluyeron en su montaje las vidas de habitantes comunes y a la vez extraordinarios de El Carmen de Viboral. Por su parte, el actor y director Carlos Andrés Soto, al frente de Teatro Estudio comentó sobre el concurso de dramaturgia local que conciben desde su grupo y destacó la relevancia que le otorgan a las obras propias, “de las cinco que tenemos, solo El Monte Calvo es de otro autor, Jairo Aníbal Niño”, concluyó. Precisamente El Monte Calvo fue la pieza que trajeron a la Bienal y que presentaron en la Sala Manuel Galich.

Temas como la necesidad de una gestión para mover las obras y la creación de redes como Carmentea (Red Carmelitana de Teatro), que aúna a las agrupaciones de El Carmen de Viboral y el Movimiento Gato (Grupos Amigos de Teatro del Oriente), que engloba a colectivos del oriente antioqueño, evidencian la fuerza de la acción teatral en esa zona colombiana. Pienso que otro punto muy importante fue la necesidad de una cultura de teatro de grupo en la cual sean respetadas las diferencias, que las prácticas se traduzcan en espacios de convivencia para encontrar una nueva noción de colectividad.

Foto: Jorge Luis Baños

Luego de ese fructífero diálogo, el público asistente pudo ver una de las piezas más representadas de la escena colombiana desde su escritura en los 60 por el importante creador Jairo Aníbal Niño. Su impronta no solo estuvo dada en la literatura, también en la dramaturgia, pues fue director del taller de dramaturgia del Teatro Libre de Bogotá. Estrenada por el Teatro de la Universidad Libre en 1966, El Monte Calvo muestra la zozobra de tres personajes: Sebastián, un veterano-mendigo de guerra, el músico mendigo Canuto y un sargento que se cree coronel. Sobre un escenario cubierto de papeles escritos (facturas, notas de periódicos, papel reciclable) transcurre el diálogo de estos seres perdidos en un no-tiempo, donde el frío invade las entrañas. Sebastián es un pordiosero que perdió un brazo en la Guerra de Corea y Canuto, un expayaso que sueña con un plato de comida, y que no entiende la lucha de Sebastián. Ambos comparten la miseria de la calle y evocan su pasado.

La defensa de los ideales de Sebastián se une a la frustración de Canuto en el juego teatral que rodea a estos personajes enajenados de la realidad. La mezcla de lo real con lo irreal, lo posible y lo imposible recrean una escena farsesca que distorsiona la realidad. El blanco como símbolo de paz invade la escena y los propios cuerpos de los actores desde el vestuario y la máscara creada por el maquillaje que evoca la imagen del payaso blanco. “Tienen miedo a lo que llaman psicosis de guerra”, afirma Sebastián y desde el micromundo donde permanecen, imaginan realidades ya vividas. Con un mínimo de escenografía ―en el diálogo previo Carlos Soto afirmó la idea de que sus obras “tenían que caber en una maleta y viajar en un taxi” ―, surgen escenas como la del viaje por el mar, la de los aviones de guerra volando o la del acto circense de Canuto. Figuras de papel, barquitos, aviones y origamis como un elefante, una bailarina, recrean imágenes poéticas que contrastan con la aridez del entorno de estos seres.

Foto: Jorge Luis Baños

La espera de la llegada del sargento que delira con ser coronel, se torna en una reflexión sobre lo absurdo que resulta el conflicto armado, antes las preguntas ingenuas de uno. El sentido lúdico invade la escena de Monte Calvo que parodia los estragos causados por la guerra, desde la locura hasta la mutilación de la propia vida. La tríada de los actores Carlos Soto, Santiago Montoya Restrepo y Elkin García Arcila, logran un ritmo ágil sobre la escena en esa caricaturización de la realidad.

Cuando los escuché y pude ver su trabajo, me percaté de cuán importante es el logro de ese estallido cultural y de la paz, que escuché gritar en el mensaje que, por iniciativa de Vivian Martínez Tabares, todos entonaron y enviaron vía whatsApp a Patricia Ariza, actriz, directora, activista social y actual Ministra de Cultura de Colombia, en respuesta a uno enviado por ella describiendo el momento cultural que vive el país. Gracias a estos teatristas, dueños de un quehacer comunitario en su región importante de reconocer.

Tomado del Boletín En Conjunto, n. 11, noviembre 2022

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