«El siglo de las luces», otro modo de leer y sentir el Caribe

Por: Sandra Marta Paul y S. V. Quevedo

Cuando el pasado 24 de noviembre se realizó en la Casa de las Américas el panel «El siglo de las luces: novela latinoamericana y caribeña», la misma fecha en la que sesenta años antes viera la luz la primera edición de esta obra, sino que Rafael Rodríguez Beltrán, vicepresidente de la Fundación Alejo Carpentier; Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, y Zuleica Romay, directora del Programa de Estudios sobre Afroamérica de la propia institución, compartieron lecturas actualizadas y complejas de esta novela de Alejo Carpentier.

Jorge Fornet explicó que es totalmente pertinente celebrar desde la Casa este aniversario de la primera edición de la novela por su altísimo valor artístico y también por la importancia de visualizarla como una novela latinoamericana, aún desde su universalidad. Además, destacó la significación de su autor para la Casa de las Américas y para la cultura cubana en general.

Rememoró cómo Carpentier estuvo vinculado a la redacción de las bases del Premio Literario Casa de las Américas y, además, integró el jurado en los años 1960, 1963, 1966 y 1969. Durante aquellos años, subrayó Fornet, nadie integró el jurado en tantas ocasiones, expresión de una estrecha colaboración con la Casa.

Alejo fue uno de los primeros autores cubanos publicados por la institución y la propia Haydee Santamaría, presidenta de la Casa, viajó a España para el recibimiento por parte del escritor del Premio Cervantes en 1977. Asimismo, Carpentier, durante su labor como Consejero Cultural de Cuba en París, se consagró a la búsqueda y recopilación de cuanta publicación valiosa estuviera a su alcance para enviarla a los archivos de la Casa de las Américas.

En su intervención, Rafael Rodríguez Beltrán interpeló a la audiencia sobre los desafíos de leer una novela, una de las más importantes escritas en el pasado siglo no solo en el contexto latinoamericano sino a nivel mundial, desde los códigos de la actualidad.

Destacó las particularidades de la nueva edición cubana de la obra, en la que se eliminan las erratas acumuladas en sucesivas reimpresiones y se añade un amplio cuerpo de notas referenciales para los lectores.

A su juicio, se trata de una obra eterna y afirmó además que, como bien se dice en la novela, «las palabras no caen en el vacío porque nadie está exento de vivir en el período histórico en el que le tocó y hacer algo al respecto (…) todo el mundo puede y debe hacer algo».

Rodríguez Bernal destacó en el en encuentro que la universalidad del texto se constata también en el sorprendente número de ediciones en idioma español y de traducciones que ostenta, incluso en lenguas sumamente alejados de nuestra cultura, así como la abundante bibliografía pasiva o secundaria (reseñas, estudios, tesis) que ha generado en estos sesenta años.

Por su parte, Zuleica Romay se refirió, como parte de su participación en el panel, a las diferentes lecturas hechas de El siglo de las luces tanto por la crítica como por los editores a lo largo del tiempo, basándose, fundamentalmente, en las ediciones en español disponibles en la biblioteca de la Casa de las Américas. Al respecto, dijo que pudo confirmar que la mayoría de las lecturas refieren a la influencia, al impacto, al eco de la Revolución francesa en el Caribe, como si los sucesos que empiezan a darse en el Caribe a partir de 1791 fueran apenas un reflejo mecánico de lo que estaba ocurriendo en el mundo.

La obra es una reinterpretación de como aconteció esa revolución, pero mirando desde esta orilla del mundo, subrayó. Asimismo, llamó a no quedarnos solo en la noción de influencia porque estaríamos suscribiendo esa lectura incompleta de una novela que persiste en el empeño de historiar la rebeldía, las insubordinaciones, las actitudes contestarias, las confrontaciones y los enfrentamientos de los entonces emancipados por la Revolución francesa y esclavizados en su nueva condición de obreros agrícolas.

Subrayó que los juicios de valor hechos sobre la Revolución francesa en el siglo XIX fueron hechos por los colonialistas, desde las posturas del poder actuante. En este sentido, apuntaría más adelante que “el colonialismo no solo se ocupa de esclavizar las mentes y los cuerpos de las personas también de silenciar las voces discordantes”.

Señaló que “la Revolución haitiana no tuvo intelectuales que crearan los basamentos ideológicos de la Revolución, que explicaran su orientación política, que le dieran alguna articulación teórica a aquello. Tuvo unos líderes políticos que eran hombres formados, impregnados de la cultura dominante que supieron usarla en su provecho, que supieron desde esa condición, intelectualizar el nuevo estado que querían crear y reflejarlo en dos constituciones, pero lo cierto es que los intelectuales de la Revolución haitiana nacen después que la república está constituida”.     

A su juicio, Carpentier forma parte de esa primera generación de caribeños nacidos a principio del siglo XX que se deciden a interpretar de otra manera la Revolución haitiana, a contar esa historia, a hablar de sus líderes y a argumentar por qué no fue un simple calco de la Revolución francesa.  

El siglo de las luces es un ejercicio muy “carpenteriano” de subvertir la historia cómo ha sido contada y de volverla a reconstruir desde las mentes de las personas que han sido oprimidas, con la diferencia de que aquí no está hablando de los hombres y mujeres que se insubordinaron sino de qué pasó con la Revolución francesa cuando llegó al Caribe, puntualizó.

La novela denuncia constantemente lo que sentía la población de Cayena Guadalupe y Surinam con respecto al cambio de una esclavitud por otra, a partir de las descripciones y comentarios del autor o de los propios personajes, que, en el caso de Carpentier, de alguna manera están siendo oprimidos por el poder, son personajes subalternos aunque sean blancos, subrayó.

María Elena Salgado, vicepresidenta primera de la Casa de las Américas, y Jaime Gómez Triana, vicepresidente de la institución, participan como parte del público que se reunió en la sala Manuel Galich

La especialista afirmó que en la novela se asiste al deterioro del ideal y de la propuesta liberadora que hizo la Revolución francesa en tanto revolución burguesa.

Sobre la presencia del Caribe en la obra, destacó que está presente desde la descripción que hace Carlos desde el barco de la ciudad de La Habana, a la cual dota de texturas y colores que la humanizan, pero ello va a estar presente no solo en la descripción de los paisajes sino en la inserción de prácticas culturales que son distintivas del Caribe.  

Zuleica Romay, al concluir su presentación, expresó que quiere imaginar que todas las veces que Carpentier se sentó a narrar revoluciones lo hizo pensando que el origen de todo no fue la Revolución francesa sino la Revolución de Haití.

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