Puerta cerrada

Por: María Luisa Bombal

Proponemos en la nueva sección Escritores latinoamericanos y el séptimo arte el texto «Puerta cerrada», escrito por María Luisa Bombal y que fue publicado en Sur (en la sección “Cine”), en el número 53, febrero de 1939.

“Hay que entrar en el juego; la gente no sabe entrar en el juego” protesta Jorge Luis Borges cuando le oponen reticencias o sonrisas incrédulas a alguna ingeniosa construcción imaginativa porque no descansa sobre ciertos puntales lógicos, tan arbitrarios como ineptos, en que la mayoría de las personas se empecinan en apoyarse.

Entrar en el juego. Habría aquí motivo para una serie de reflexiones trascendentales; por ejemplo: que el grueso público no quiere entrar nunca en el juego de la poesía; que las mujeres no quieren arriesgarse nunca en el juego del amor; que media humanidad se resiste a aceptar el juego de la vida, etc. Pero quiero hablar de un juego mucho más accesible, de un juego popular y cotidiano: el del cinematógrafo.

“¡Qué inverosímil, qué cursi!”. Con estos reproches el público y hasta los críticos acogen películas cuyos méritos debieran ser juzgados precisamente en base a lo inverosímil y lo cursi. Y luego de haber hecho su reparo, unos y otros se sienten en paz con la inteligencia y el buen gusto.

Es posible, sin embargo, que esté calumniando un tanto al público y a la crítica. Mal puede el público y la crítica entrar en el juego cuando, por lo general, los argumentistas y los directores de las películas en cuestión tampoco aciertan a entrar en el juego. Son tan ingenuos que aun tratando un asunto ingenuo desdeñan ser enteramente ingenuos, son tan cursis que no se atreven a complacerse en lo cursi de miedo, sin duda, de mostrar hasta qué punto son congénitamente cursis. Y es por esta razón que casi todos los melodramas cinematográficos son ineficaces; porque sus propios autores, directores (y a menudo hasta los actores) desconocen el sentido y la gracia del melodrama.

Luis Saslavsky, argumentista y director admirable de Puerta cerrada, ha sabido entrar de lleno en el juego, y junto con él sus colaboradores. Todos han entrado en el juego con entusiasmo, con elegancia, con una sonrisa entre burlona y tierna y con una gran probidad artística. Resultado: Puerta cerrada es probablemente el mejor film argentino que se haya realizado hasta la fecha, y un film perfecto en su género dentro de la cinematografía mundial.

Nada de trampas ni de temores en el argumento. Puerta cerrada es el perfecto y eterno melodrama con sus tradicionales situaciones y sus tradicionales personajes. La actriz que sacrifica su carrera al amor, el hijo veleidoso y bohemio cuya “mesalliance” reprueba la clásica familia aristócrata. Hay idilio, miseria, cartas interceptadas, crimen, cárcel, 20 años de cárcel para una inocente. Y luego, malentendidos, y un sublime sacrificio de madre, y finalmente la puerta cerrada de la casa señorial que se abre…demasiado tarde.

Luis Saslavsky ha puesto tanta habilidad, gusto y medida (medida, no afectada ni intempestiva sobriedad) en la realización (dirección, fotografía, música y decorados); el diálogo se desarrolla con tanta inteligencia y certera psicología dentro de la arbitraria psicología propia del género, el ambiente es tan netamente característico (por primera vez en un film argentino los personajes hablan como argentinos, por primera vez los malevos y las viejas tías de la honorable familia criolla, y la dueña del inquilinato que reclama sus seis meses atrasados de alquiler, no parecen disfrazados, tienen frases, actitudes y vestimenta auténticas) que todas las situaciones sin excepción adquieren realidad, conmueven, emocionan como hechos reales.

Hasta los más mínimos detalles me parecen un acierto en este film, porque me gusta que se encare con seriedad y convencionalismo lo convencional. Me gusta que llueva contra los ventanales del atelier-buhardilla de la pareja enamorada, me gusta la huida de los hermanos después del crimen (ella arrastrando una cola de encajes y llevando al hijo pequeño en los brazos) perseguidos por los policías de a caballo, en la noche tormentosa. Y nada más lindamente teatral que esa salida de una reclusa a quien entregan la ropa con que ingresó, y que sale a errar por el Buenos Aires de hoy con su vestimenta de fin de siglo. Y poético, sí, poético convencional pero poético, el detalle del muchacho ciego que en el cafetín de bajos fondos se pone a tocar Claro de Luna de Beethoven a la hora en que se dispersa en retirada la gente del hampa.

¡Y Libertad Lamarque! Alguna vez la vimos trabajar en películas nacionales; y si nos sedujo su clara voz con pájaros, llena de juventud y de agua fresca, nunca pudimos apreciar su extraordinario temperamento dramático. Es en Puerta cerrada que la vemos actuar y moverse por primera vez con soltura, gracia y dignidad. Otro triunfo de Luis Saslavsky este de habernos descubierto (dirigiéndola) a una verdadera actriz, por fin. A una actriz patética de humildad, de emoción contenida, a una actriz más expresiva y más inteligente, no tengo miedo de escribirlo, que muchas de las grandes figuras de la pantalla.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.