Teatro Sobrevento, entre lo profundo y cambiante

Por: Dayana Mesa Giralt

Fotos: Sabrina Molina Lunar, estudiante de Letras de la Universidad de La Habana

El actor, dramaturgo y productor Luiz André Cherubini y la actriz Sandra Vargas, ambos directores de Teatro Sobrevento

Como un encuentro sagrado en el que cada vez menos les interesa mostrar grandes espectáculos sino funciones participantes, donde público y actores conecten profundamente con el contenido de las obras, catalogaron los actores y directores brasileños Luiz André Cherubini y Sandra Vargas, el trabajo del grupo Sobrevento en casi treinta seis años de recorrido escénico.

El amor por las tablas los llevó a estudiar esa carrera en la universidad, donde ambos eligieron formar un proyecto de vida tanto en lo personal como en lo profesional; en una época donde el teatro era presentado como un espacio de relación jerárquica y el teatro de títeres, una especialidad donde se limitaba o reducían las oportunidades para los actores y actrices.

Pese a las brechas encontradas en el camino y la influencia ejercida por la crítica especializada, el grupo Sobrevento impulsó el teatro de títeres -y lo hace hasta hoy- entendiéndolo como un lenguaje grande (que incluye la animación, los objetos, las máscaras) y una herramienta al servicio de la puesta en escena; explicaron durante una charla que tuvo lugar en la sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, como parte de las primeras acciones de la programación del Encuentro Internacional Retablo Abierto 2023 (EIRA), que se celebrará hasta el 25 de enero en la ciudad de Matanzas.

La pareja significó que la compañía de teatro ha desarrollado un proyecto de trabajo que, en sus primeras tres décadas, les permitió realizar como promedio 118 funciones al año, y recorrer más de 250 ciudades de veinte países. Con esas largas giras pudieron sostenerse económicamente y defender su idea del teatro. 

“Ha sido una vida de hacer teatro y presentarnos con nuestros títeres porque los amamos, todo el tiempo, en muchos lugares y situaciones. Tantos en espacios grandes, pequeños, y en lugares muy nobles y pobres”, subrayó el también dramaturgo y productor Luiz A. Cherubini.

En los últimos cuarenta o cincuenta años en Brasil el teatro de títeres siempre ha sido una búsqueda para romper fronteras, reconocieron los artistas. Y es tal vez por ello que la propuesta, la estética de Sobrevento en ocasiones es muy popular y en otras erudita o vanguardista; por el carácter vivo de la propia cultura, “la influencia negra, la mezcla de elementos tradicionales, el sincretismo, los rituales”, insistió Cherubini.

“Por eso también en nuestro teatro tratamos de crear encuentros diferentes con el público, y para hacerlo cambiamos constantemente los espacios, las técnicas de animación, los lenguajes, las búsquedas, los deseos… Cada vez queremos decir algo diferente”, detalló Sandra Vargas.

Desde que surgió Sobrevento buscaron relacionarse con grupos extranjeros para profundizar el conocimiento sobre otras técnicas y cambiar las referencias y la mirada del público en relación con los títeres. Asimismo, han permanecido con las puertas abiertas a todo tipo de saberes y a los jóvenes que llegan con nuevas inquietudes y maneras de entender el hecho teatral.

El conversatorio también sirvió para mostrar imágenes y fragmentos de videos de algunas obras del repertorio del grupo; lo que permitió apreciar a los integrantes de Sobrevento en sus primeros años ejecutando títeres a varias manos, actuando en el escenario con figuras de papel o en la calle acompañados de escenografías de grandes dimensiones y soportes varios que les ayudaban en la manipulación de los muñecos.

Se catalogaron como virtuosísticos y laboriosos a la hora de montar sus obras. Ello los ha llevado tomarse hasta dos años para preparar el montaje de una puesta, entre el estudio profundo de una determinada técnica -teatro de sombras, guantes chinos, marionetas, etc.- y los recursos dramatúrgicos que justificarán los elementos escenográficos.

“Cada técnica, cada manera de estructurar el títere genera cambios de posibilidades, no solamente en los movimientos del títere sino en todo lo que quieres decir”, comentó Cherubini.

De su inquietud por abordar otras estéticas la actriz Sandra Vargas explicó que hace algún tiempo también cambiaron la animación por el teatro de objeto documental, para crear imágenes con las piezas, metáforas y guiar a los espectadores por la historia que hay detrás de cada objeto y que es útil para escenificar el cambio de destino de los personajes.

Ahora mismo trabajamos para un público reducido, que involucra también a las primeras infancias, donde actores y público están a un mismo nivel. No creemos más en ese teatro que nos coloca en un lugar superior frente a los adultos o los niños que asisten, al contrario, queremos escuchar las reacciones de los bebés y ver en su mirada ese sentido profundo y sagrado de nuestro trabajo; fueron algunas de las ideas finales compartidas por los actores brasileros.

También insistieron en la importancia de la cultura como forma de resistencia y de identificación “después del invierno terrible que provocó el gobierno de Bolsonaro” en su país.

A pedido del público comentaron, a su vez, sobre su trabajo en los barrios, las políticas culturales que benefician a los grupos de teatro en Brasil, y brindaron detalles sobre el funcionamiento de la compañía.

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