A José Alfonso Soteno en sus 80 años. El Árbol sigue en la Casa…

Por: Amanda Echevarría Silva

El maestro Alfonso Soteno ante su creación en la sala Che Guevara de la Casa de las Américas

En el año 1974 un joven treintañero preparaba para el Concurso Nacional de Árboles de la Vida, convocado por el entonces presidente mexicano Luis Echeverría, una pieza que sería inolvidable tanto por su calidad estética y simbólica como por el esfuerzo de seis meses para conseguirla dadas sus dimensiones colosales (seis metros de alto y dos toneladas de peso). El resultado no fue solo el merecido premio mayor, sino también el asombro y la identificación con la obra que inmediatamente sintieron los integrantes de una delegación cubana que se encontraba a mediados de abril de 1975 celebrando en tierras mexicanas una Jornada Cultural dedicada a la Isla. Aquel grupo, representado por Berlamino Castilla, Haydee Santamaría, José Antonio Portuondo, Santiago Álvarez y Alicia Alonso; supo ver en el Árbol de la Vida de José Alfonso Soteno Fernández, la misma esencia de la Casa de las Américas, institución que ya contaba con singular prestigio y cuya naturaleza era y es proyección –al igual que el Árbol- de la cultura latinoamericana y caribeña. Inmediatamente expresaron su deseo de compartir con los cubanos la obra de un exponente de la artesanía metepequense, muestra del universo cultural mexicano y un ejemplo de patrimonio familiar, local y humano capaz de resistir el paso de los años y la propia vida.

En la obra de mil seiscientas sesenta y tres piezas cerámicas de vivísimos rojos, azules y dorados, compuestas alrededor de tres núcleos fundamentales, coexisten historias, voces, mitos y tradiciones imposibles de cuantificar, nucleados alrededor de Tlanchana, mítica sirena y señora de la laguna de Metepec. Su concepción responde a una tradición de artesanos alfareros a la que el joven Soteno pertenece por derecho de cuna, pues su madre Modesta Fernández, descendiente de una larga familia de expertos en la alfarería, se encargó de trasmitir esos conocimientos. Los hijos Mónico, Manuel y Alfonso fueron los que se dedicaron a ensanchar el legado familiar. En este sentido, Alfonso ha desarrollado con extraordinaria maestría la elaboración de los Árboles de la Vida, expresión de la alfarería metepequense y del arte popular mexicano, en sentido general. Los símbolos de la “vida”, lo que fecunda, el hombre y su destino en la tierra, se filtran en estas creaciones desde diversas maneras de entenderla y expresarla, pues sus representaciones pueden ser infinitas como la imaginación.

Para Soteno los motivos marítimos eran una novedad en el momento de realizar el majestuoso árbol que luego sería donado a Cuba, pues como confesaría años más tarde durante el proceso de elaboración todavía no conocía el mar. Pero su intuición natural junto con su talento creador le permitió percibir en las imágenes, los colores y signos marinos el impulso vital que atraviesa este tipo de obras y a las tierras americanas. Y es así, como cargado de vida, de tiempo y sensibilidad; el Árbol se abrió paso por las paredes de la Casa, donde quería como arte vivo, seguir respirando y construyendo memorias como testigo y símbolo de los encuentros entre los escritores y artistas de América Latina y el Caribe.

En 1975 las relaciones entre Cuba y México se reafirmaron por las mutuas Jornadas Culturales que ambos países se dedicaron ese año, y que tuvieron como punto culminante el impresionante regalo hecho por el presidente Echevarría, obra que merecía mostrarse como muestra de hermandad y solidaridad en la principal sala de la Casa de las Américas bautizada con el nombre del Che Guevara. Desde ese instante, hace ya 48 años, los lazos creados entre México y Cuba han trascendido, como dan muestras tantas anécdotas, artículos, encuentros y fotografías. El Árbol y la Casa han convivido. Son una sola esencia, refugio y sombra, familia y libertad. Y lo mejor, en su presencia se han realizado los más hermosos pactos entre hombres y mujeres comprometidos con la creación artística y el pensamiento emancipadores. 

José Alfonso Soteno Fernández es el padre de una obra más grande de lo que pudo imaginar. A su llegada a los ochenta años debemos decir que también su Árbol de la Vida, como el creador, ha reunido experiencias, alegrías y nostalgias, no pocas historias de fraternales encuentros, desde su sitio de honor en la Casa habanera frente al mar. Durante todos estos años, la Casa de las Américas ha tratado de retribuir el gesto generoso de los amigos mexicanos, ha cuidado su obra y la ha situado en el imaginario colectivo de intelectuales, escritores, artistas, estudiantes, músicos, pensadores, vidas latinoamericanas y del mundo. El Árbol ha sido parte fundamental de la escenografía del Premio Literario Casa de las Américas, de eventos como Mayo Teatral, del Premio de Composición o de Musicología; de conciertos de cantores de todo el Continente, de intercambios entre editores de revistas culturales, educadores populares, …ha visto pasar a sus observadores, observándolos. En palabras de Vivian Martínez Tabares: “…el Árbol ha sido testigo de una coherente y sistemática acción descolonizadora, con cuyo quehacer de cada día hemos aprendido a sentirnos más latinoamericanos y caribeños, miembros plenos de una patria mayor”.

Haydee Santamaría, presidenta fundadora de la Casa de las Américas, y el presidente de México, Luis Echeverría. Foto: Archivo de la Casa de las Américas

Durante la inauguración de la mencionada jornada cultural dedicada a Cuba en 1975 y que tantas satisfacciones produjo, Haydee Santamaría expresó: “Cuba no vuelve a México como un extraño, porque somos un pedazo de la América Nuestra”. Una afirmación que se ha mantenido a lo largo del tiempo de forma invariable, múltiples han sido las entregas que ambas naciones se han hecho, en especial los vínculos establecidos por la Casa con los escritores y artistas de ese país. Por eso, cuando en el 2009 la Casa cumplía cincuenta años de fundada, el homenaje preparado en tierras aztecas agasajó igualmente a la institución y al maestro Soteno, quien rememoró la inmensa alegría de las personalidades cubanas al saber que su Árbol estaría en la Casa de las Américas. Un año más tarde, en 2010, el destacado artesano, cuyas piezas se conservan en instituciones, galerías y colecciones privadas de todo el mundo, al recibir la Medalla Haydee Santamaría de manos de Roberto Fernández Retamar en la misma sala donde se levanta imponente su creación de singular iconografía, declaró convencido que era el homenaje “más grande que he recibido en mi carrera”.

Celebramos los 80 años de vida del maestro José Alfonso Soteno, de cuyas manos artesanas naciera la creación hermosa que es símbolo de la Casa de las Américas.

El maestro José Alfonso Soteno recibió en 2010 la Medalla Haydee Santamaría de manos del presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar
El maestro Alfonso Soteno junto a integrantes de su familia en la Casa de las Américas en 2010. Foto: Archivo de la Casa de las Américas

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