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1568
Nace en la ciudad de Guadalajara, Bernardo de Balbuena, quien se distinguirá como teólogo y el primer poeta genuinamente mexicano.

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Nace en Zacatecas el seminarista y distinguido literato mexicano Francisco García Salinas.

1787
Nace en La Habana el presbítero, patriota, pedagogo y ensayista cubano Félix Varela y Morales. Considerado el más notable exponente de las ideas independentistas en la primera mitad del siglo XIX. Su obra justifica plenamente que en Cuba se le llame "el primero que nos enseñó a pensar". Muere en La Florida el 25 de febrero de 1853.

1848
Sale a la luz el periódico El Álbum Cubano, de literatura, ciencias y artes.

1848
Nace el periodista cubano Diego Vicente Tejera. Muere en La Habana el 6 de noviembre de 1903.

1851
Por aclamación, la Academia Española admite entre sus miembros al sabio filólogo y gramático chileno Andrés Bello.

1865
Muere Francisco Manuel da Silva, compositor brasileño.

1911
Nace Jorge Negrete, cantante y actor mexicano.

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Nace en Durango, el novelista y escritor mexicano José Revueltas.

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Nace en La Habana el pianista, arreglista, compositor y director cubano Humberto Suárez. Autor de las canciones Yo no se qué pasa contigo, Sombras y más sombras, Atardecer, y la más conocida, Con mi corazón te espero.

1991
Muere el actor cubano Germán Pinelli. Locutor por excelencia, animador de programas radiales y televisivos, artista de los cuatro medios: cine teatro, radio y televisión. Pianista y cantante de variedades. Maestro de maestros. Nació en la Habana el 15 de diciembre de 1907.



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Opiniones: Existencialismo y libertad en Sartre
Enviado el Jueves, 11 de Agosto del 2005 (14:33:06)
Nuestra América Recordar a Sartre por estos días aniversarios suyos, de muerto 25 y de nacimiento 100, nos ha puesto en el aprieto de exponer algo nuevo. Pues bien, la verdad es que es muy poco lo novedoso sobre este tema, salvo el sinnúmero de anécdotas, chismes, apresurados detallitos de infidencias, agregados al torrencial reguero de amigas secretas y cartas amorosas que han venido apareciendo y que en la prensa sensacionalista son comidilla favorita y surtidor envidiable de tirajes generosos.

por Germán Uribe

Si hemos definido la situación del hombre como una elección libre,
sin excusas y sin ayuda,
todo hombre que se refugia detrás de la excusa de sus pasiones,
todo hombre que inventa un determinismo,
es un hombre de mala fe.
Sartre

Alguien decía que al existencialismo no se le podía definir. Pero, ¿es que a algo en este mundo se le puede definir? Tome usted cualquier concepto, cualquier idea, cualquier supuesta definición, y se encontrará que sobre ella se posan innumerables interpretaciones. Cada vez que escucho una definición, y luego de tomarla con algún beneficio de inventario para no frustrarme, la recibo como una aproximación a su contenido, pues me estoy concediendo así un privilegio en la búsqueda de mi verdad. De ahí que lo que se pueda decir sobre el existencialismo, del cual hay numerosas inferencias, no deja de ser una mera cercanía a su real significado.

Hace ya muchos años, específicamente el 2 de noviembre de 1986, tuve oportunidad de referirme ampliamente en Lecturas Dominicales de El Tiempo a la biografía de Sartre que Annie Cohen-Solal acababa de publicar en Gallimard con motivo de conmemorarse entonces cinco años de su muerte.

Pero hace poco, y luego de la decantación minuciosa de tantos años y de un inflexible filtro crítico sobre todo lo sartriano, he vuelto a las páginas de esa portentosa obra que, bien es sabido, supera cualitativa y cuantitativamente la abundante literatura biográfica que sobre él se ha escrito en los últimos treinta o cuarenta años. Y me confieso aquí un tanto injusto cuando dejo voluntariamente de lado la otra monumental e inteligente pero maliciosa biografía, la de Bernard-Henri Lévy, El siglo de Sartre.

El sólo recordar a Sartre por estos días aniversarios suyos, de muerto 25 y de nacimiento 100, nos ha puesto en el aprieto, ya lo he dicho en diversos medios, de exponer algo nuevo. Pues bien, la verdad es que es muy poco lo novedoso sobre este tema ―o lo nuevo, mejor―, salvo el sinnúmero de anécdotas, chismes, apresurados detallitos de infidencias, agregados al torrencial reguero de amigas secretas y cartas amorosas que, con o sin el visto bueno que dejara Simone de Beauvoir después de muerta, han venido apareciendo y que en la prensa sensacionalista son comidilla favorita y surtidor envidiable de tirajes generosos.

Sólo Arlette Elkaïm, la argelina hija adoptiva de Sartre y su heredera universal, nos ha aportado material serio al desempolvar y publicar desde la obra póstuma del gran filósofo de nuestro siglo, hasta los Cuadernos de Guerra, el segundo tomo de la Crítica de la Razón Dialéctica, los Cahiers pour une morale, y de acuerdo a lo que nos informara Joaquín Vallejo Arbeláez en su oportunidad, Verité et existence. Entonces hemos resuelto abordar esta vez al filósofo con algo que sí nos parece realmente nuevo, es decir, darle acceso al lector masivo, a los estudiantes y legos, al pensamiento medular de la obra de Sartre: el existencialismo y su contenido de libertad social e individual. Por ello, como lo hice anteriormente con la mirada del otro, he resuelto simplificarlo de la siguiente manera:

De la angustia individual al compromiso social

El hombre no es causa de su propia existencia; viene de la nada y en esas condiciones el hecho escueto de existir es absurdo. Ahora bien, como la existencia, que es la consciencia de la vida, precede a la esencia, o sea que el hombre existe antes de ser, la personalidad de un individuo, es decir, su esencia, no se constituye para él en un destino ya que la vida en sí es una contingencia y procede de una sucesión de escogencias libres. El hombre, pues, está condenado a ser libre, lo que se le revierte en angustia metafísica obligándolo a escoger sin razones suficientes y a decidir al arbitrio sobre su vida.

Pero para encontrar sus valores fundamentales y para que éstos sean históricos, debe asumir acciones de compromiso y responsabilidad. Ser, es escogerse en libertad para un compromiso. La actividad humana es libre y esa autonomía de elección que le otorga su libertad no depende de leyes objetivas por lo que entonces, como lo afirma Sartre, el hombre es lo que él hace de sí mismo, o mejor aún, para la realidad humana ser es elegirse, siendo el hombre, él mismo, el único responsable de su ser.

El objeto del existencialismo es el hombre atrapado en la realidad y se constituye en una filosofía del hombre y para el hombre, contra las filosofías de la razón y de las ideas. Sartre, entonces, es de suponer, por lo absurda y ambigua que le parecía la existencia, y sabiendo que no siendo regalada conlleva la carga adicional de que es un proyecto, requiere y demanda que a la existencia se la legitime en la praxis haciéndose cada cual libre en la responsabilidad de sus actos y, en consecuencia, reconociéndose en ellos.

Hay una buena ilustración al respecto de la esencia del existencialismo como explorador del elemento libertad en la condición humana:

La existencia establece el valor de cada realidad individual, cuyo origen ya no es el pensamiento sino la libertad, pero una libertad absoluta que no está ligada a nada que la determine. Cuando algún filósofo existencialista afirma que "la existencia precede a la esencia", lo que quiere decir es que el ser humano no tiene una naturaleza o esencia que oriente su libertad sino que es esa libertad la que le hace ser.

Sartre racionaliza la libertad individual a través de la escogencia y el compromiso. Una vida sin compromiso es una vida desarraigada, afirma, lo que le permitiría al hombre convertirse en ser histórico y, de paso, así lo quiso, no solamente haría del existencialismo un humanismo, sino que eventualmente podría llegar a fusionarlo con el marxismo, como se lo propuso en la Crítica de la Razón Dialéctica. Falta desde luego por conocerse el resultado del juicio de la historia, que dirá si estos relevantes planteamientos no alcanzaron ni alcanzarán más puntos que los que consiguió con él, o su desarrollo aún es pertinente para una sociedad como la nuestra, que en medio de la globalización frenética y la cosificación individual, todavía está compuesta de hombres asustados e indecisos.

Cabe destacar también, que el egoísmo y el desfachatado individualismo del que se acusa tan reiterada y agriamente al existencialismo sartriano, se derrumba todo cuando llegamos a comprender plenamente que lo que Sartre proponía era que, al elegirse el hombre a sí mismo dentro de la libertad, estaba implicada en esa elección la libertad de todos los hombres, y que la libertad individual es también un compromiso social, como la asumió él en vida con tanta beligerancia y lucidez.

Por último, cómo pasar por alto una formidable síntesis de este tema de la libertad en el existencialismo que acabo de leer en la Internet, desafortunadamente sin firma, y que me ayuda con lujo de detalles a refrendar mi insistencia en señalar la profundización sobre la libertad como el más valioso de los múltiples aportes de la filosofía sartriana al estudio de los seres humanos. Dice el estudioso internauta:

    La reivindicación sartriana de la libertad es tan radical que le lleva a negar cualquier género de determinismo. No cree en el determinismo teológico, ni biológico ni social: ni Dios nos ha dado un destino irremediable, ni la Naturaleza ni la sociedad determinan absolutamente nuestras posibilidades, nuestra conducta. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos. Los fines que perseguimos no nos vienen dados ni del exterior ni del interior, de una supuesta naturaleza, es nuestra libertad la que los elige.

    Como dice en “El existencialismo es un humanismo”, no se nace héroe o cobarde, al héroe siempre le es posible dejar de serlo, como al cobarde superar su condición. Estamos condenados a ser libres: condenados porque no nos hemos dado a nosotros mismos la libertad, no nos hemos creado, no somos libres de dejar de ser libres. Aunque todo hombre está en una situación, nunca ella le determina, antes bien, la libertad se presenta como el modo de enfrentarse a la situación (al entorno, el prójimo, el pasado). Ni siquiera los valores, la ética, se presentan como un límite de la libertad, pues en realidad, dice Sartre, los valores no existen antes de que nosotros los queramos, no existen los valores como realidades independientes de nuestra voluntad, los valores morales los crea nuestra determinación de hacer real tal o cual estado de cosas. Al escoger unos valores en vez de otros, la voluntad les da realidad. La libertad se refiere a los actos y voliciones particulares, pero más aún a la elección del perfil básico de mí mismo, del proyecto fundamental de mi existencia, proyecto que se realiza con las voliciones particulares.

Esta idea sartriana tiene dos importantes consecuencias: hace al hombre radicalmente responsable: no tenemos excusas, lo que somos es una consecuencia de nuestra propia libertad de elección; somos responsables de nosotros mismos, pero también del resto de la humanidad; lo que trae consigo el sentimiento de angustia y, en los casos de huida de la responsabilidad, la conducta de mala fe; hace del existencialismo una filosofía de la acción: de forma un tanto paradójica el existencialismo se presenta como una filosofía optimista; paradójica puesto que parecería que al declarar el carácter absurdo de la vida, al ser el hombre “una pasión inútil”, podría fomentar la pasividad, la quietud, pero dado que el hombre es lo que él mismo se ha hecho, dado que se declara que cada hombre es la suma de sus actos y nada más, nos incita a la acción, a ser más de lo que somos: no existe ningún ser que nos haya creado y que dirija nuestra conducta de uno u otro modo.

Finalizando, pues, quiero decir que no ignoro la copiosa tinta regada por estos meses en la prensa mundial alrededor de Sartre y sus aniversarios. Que he leído y repasado múltiples artículos, numerosos de ellos felices en la contradictoria tarea de aprovechar la ocasión no tanto para registrar con objetividad la vida y la obra del filósofo francés, como para, de manera necia y fraudulenta y en un afán publicitario que no logro entender, comer del muerto recapitulando aquellas putrefactas sobras detractoras de hace más de cuarenta años. Y sin sonrojarse.

Pero por fortuna, también son numerosos los escritores e intelectuales serios y honestos que en alemán, inglés, francés, portugués, italiano, español, etc., han venido recordando a Sartre con ojo crítico y severo, pero generoso y fiel a lo que fue y significó para su tiempo. Que sea, entonces, esta rápida referencia al concepto de libertad en el existencialismo sartriano, lo que se constituya en el homenaje que con motivo del centenario de su nacimiento, hoy y a título personal, he querido rendirle.


 
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Re: Existencialismo y libertad en Sartre (Puntuación 0)
por Anónimo el Miércoles, 17 de Agosto del 2005 (7:34:12)
Emocionante y aleccionadora la lectura de este artículo. Como los grandes, profundo y sencillo


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Re: Existencialismo y libertad en Sartre (Puntuación 0)
por Anónimo el Lunes, 21 de Abril del 2008 (20:54:38)
Nunca es tarde para expresar la opinion. he aqui la mia: genial!! la manera en que se estructura la filosofía de Sartre me parece exquisita y envolvente. Creo que es la mejor aproximación de la definición del existencialismo que he visto. Dado las profundidades de su pensar, la de Sartre, es un modo compacto sencillo pero contundente de explicar su filosofía. Viviana H.


[ Responder a esto ]


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