
Nuevo documental americano
Fecha Jueves, 29 de Enero del 2004 (15:11:21) Tema Cine
En los últimos tiempos, al menos en EE UU, la gente está muy asustada y le da vueltas a temas como el terrorismo y la violencia. A su vez, existen una serie de movimientos a favor del cambio social. Todos estos asuntos están muy candentes. The Wheater Underground trata sobre todo esto de un modo indirecto. Yo quería hablar sobre lo que está pasando ahora mismo pero usé una vieja historia para hacerlo. Puede que éste sea el motivo por el que a los espectadores les gusta la película; al salir del cine pueden exclamar: ¡Oh, dios mío, ahora está ocurriendo exactamente lo mismo!
El coloso en llamas
Sam Green, profesor de la Universidad de San Francisco, cuenta en The Weather Underground la historia de la facción armada del movimiento estudiantil estadounidense contra la guerra de Vietnam. Más allá de la descripción de acciones concretas, la película se esfuerza por explicar el contexto de la época: tanto la carnicería vietnamita como la colisión entre las autoridades (Nixon, el FBI, el Ejército) y los movimientos sociales (Panteras Negras, estudiantes, hippies).
"¿Que por qué a la gente joven no le suena este tema? Quizás porque la visión que la historia ofrece sobre los sesenta es bastante esquemática: había una guerra; había gente que estaba en contra; todos eran hippies; se acabó la guerra; y llegó la música disco. No, no se trata de una conspiración. El capitalismo funciona así. Elimina las cosas complejas simplificándolas” (Sam Green, durante el encuentro con el público posterior a la proyección de su película).
En alguna entrevista has declarado que cuando a finales de los noventa empezasteis a preparar The Weather Underground, no parecía factible que le pudiera interesar a mucha gente. Tras el éxito alcanzado, ¿cuáles crees que son las causas de que a los espectadores les guste tu película?
En los últimos tiempos, al menos en EE UU, la gente está muy asustada y le da vueltas a temas como el terrorismo y la violencia. A su vez, existen una serie de movimientos a favor del cambio social. Todos estos asuntos están muy candentes. The Wheater Underground trata sobre todo esto de un modo indirecto. Yo quería hablar sobre lo que está pasando ahora mismo pero usé una vieja historia para hacerlo. Puede que éste sea el motivo por el que a los espectadores les gusta la película; al salir del cine pueden exclamar: ¡Oh, dios mío, ahora está ocurriendo exactamente lo mismo!
Durante tu encuentro de ayer con el público hablaste sobre la existencia de una nueva generación de documentalistas de izquierdas que surgen como respuesta a los acontecimientos políticos que se viven actualmente en tu país. ¿Dirías que algo de esto se empezó a gestar tras las protestas contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle en 1999?
Creo que ya se estaba gestando antes de Seattle pero esa fue la primera vez que muchos estadounidenses comenzaron a dudar de la bondad de la OMC, gracias a que las manifestaciones estuvieron en la primera plana de todos los periódicos. Fue una gran noticia. Todo el mundo vio a los manifestantes.
Sin embargo, la prensa ha dejado de cubrir estas protestas. Las recientes acciones contra la cumbre sobre el ALCA en Miami no aparecieron por ningún lado. Así funcionan los medios de comunicación: en condiciones normales no muestran esta clase de acontecimientos. La única manera de llamar su atención es pillarles por sorpresa y Seattle fue una gran sorpresa. Lo de Génova tuvo su repercusión, pero a un nivel distorsionado y demencial. Seattle fue el principio de algo, hizo politizarse a mucha gente.
También comentaste ayer que te sorprendió favorablemente ver algunas de las imágenes de la época sobre la guerra de Vietnam o el modo en el que los telediarios cubrían las acciones de los weathermen underground, si se comparan con las informaciones sobre la guerra o el terrorismo que ofrecen actualmente los medios de comunicación. Este tema parece ser una de las principales preocupaciones de tus colegas documentalistas. ¿Crees que en los últimos tiempos se ha producido una toma de conciencia respecto a la verdadera importancia de este asunto?
Me parece que casi todo el mundo entiende ahora que los media dan forma a la manera en que vemos el mundo y nos vemos a nosotros mismos. En EE UU los medios de comunicación se han convertido en el coto de un grupo cada vez más reducido de personas. La gente ha comenzado a darse cuenta de que es importante crear medios alternativos.
Indymedia sería un buen ejemplo de esto; obviamente, su creación fue posible gracias a la aparición de Internet y los avances tecnológicos pero también a que la gente advirtió que no puedes depender de los medios convencionales si quieres obtener información. Es muy importante crear tus propios medios. En cierto modo, Indymedia es similar a la nueva ola de documentales que vemos en EE UU. Mira los temas que toca una película como Bowling for Columbine: uno no puede hablar sobre esas cosas en los medios mainstream, pero sí en los alternativos. Los documentales son herramientas útiles para sacar ciertos asuntos a la luz pública. Eso es lo que me gusta del documental.
Uno de los aspectos que más me han chocado de tu película es el lenguaje utilizado por los activistas. Una jerga en la que se funden la política y la contracultura, la acción directa con la marihuana, las orgías, o lo que se ponga por delante. Visto desde la perspectiva actual es inevitable que provoque cierta hilaridad. No obstante, dejando a un lado las declaraciones altisonantes, en esa época se produjo un gran trasvase de personal desde las filas de la contracultura a las del activismo político puro y duro. ¿Crees que la música es una buena vía de acceso a la política?
Sí, y estoy completamente de acuerdo con lo que has dicho. Cuando era más joven pasé una temporada en la que estaba frustrado con la política porque me parecía sumamente aburrida. De lo que se trata es de intentar ganarte a la gente hacia tu posición, de hacer apetecibles ciertas ideas. Y la cultura es un buen medio. Es cierto que algunas de las declaraciones de los weathermen underground parecen un poco ridículas pero me encanta el argot que usaban: expresiones como “the pigs” (los cerdos) para referirse a la policía. No lo puedo evitar, me hacen reír... aunque, sí, en ocasiones, casi me da también un poco de vergüenza. Pero ese es el motivo por el que me gusta esta historia.
La gente se puede enganchar, incluso aquellos a los que no les interesa la política.
Es interesante, es dramática. Los jóvenes entienden las conexiones entre cultura y política. Me refiero a cosas como descargar música de Internet. ¿Sabes a qué me refiero? Solo quieren música gratis pero eso se convierte en un asunto político por el modo en que la cultura y la política están conectadas.
Durante la proyección en el festival del documental Horns and Halos, el director Michael Galinsky sorprendió a mucha gente al asegurar que le parecían más interesantes los libros que las películas de Michael Moore, porque la gente tiende a olvidar los documentales nada más salir de la sala de proyección mientras que la información que aparece en los libros se retiene más tiempo. ¿Estás de acuerdo?
Pues no sé si estoy muy de acuerdo. Lo que me gusta de las películas es que pueden llegar a ser muy conmovedoras. Esa mezcla de imágenes, sonido y música es un tipo de poesía que funciona a un nivel muy profundo. Obviamente los libros son otra historia. Proporcionan buena información y se puede aprender un montón de cosas pero no te conmueven del mismo modo que una película. Me gustan las películas. Y no me cabe duda de que se trata de un medio muy poderoso. Cómo entender si no El triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl. No se trata de un libro y, sin embargo, nadie dudaría que hizo cambiar a mucha gente...
Hablando de Bowling for Columbine, imagino que a raíz de su éxito han empezado a aparecer productores decididos a arriesgar su dinero para financiar proyectos como el tuyo.
Sí, definitivamente, porque se han dado cuenta que pueden hacer toneladas de dinero. Antes de Bowling for Columbine era muy difícil que un documental se estrenara en los cines estadounidenses. Ahora está sucediendo. Mi película ha estado pasándose en las pantallas de todo el país desde junio. Y ahí sigue. Las cosas han cambiando un montón gracias a Bowling for Columbine y eso me hace feliz.
¿Crees que tu documental se estrenará comercialmente en nuestras pantallas?
No lo sé. No entiendo el modo en que funcionan estas cosas en este país y tampoco tengo mucho tiempo para enterarme. Pero no sería raro que lo pusieran algún día por televisión porque tanto la BBC como otras cadenas europeas lo han comprado. Pero si alguien quiere ponerse en contacto conmigo para proyectarlo estaré encantado de colaborar. No me importa que se trate de un pequeño grupo o que no tengan un duro.
El estado de las cosas
Si el instante en que vivimos no es un espejismo, si dentro de unos años todavía alguien se preocupa por saber cuál fue el momento simbólico en el que el documental dejó de ser el hermano pobre del cine de ficción, es posible que se mencione el año 2002, cuando el Festival de Cannes decidió incluir por primera vez en su historia un documental –Bowling for Columbine– en su sección oficial. Sin embargo, a juzgar por el ciclo visto en Gijón, que viajará a las filmotecas valenciana y coruñesa, parece inútil confrontar el cine de ficción con el cine documental.
El Nuevo Documental Americano (NDA) no está aquí para suplir la supuesta falta de compromiso con la realidad del cine de ficción sino, más bien, el excesivo compromiso con la ficción del periodismo actual. En ningún caso puede considerarse casual que en la mayoría de los catorce documentales del ciclo se haga referencia de un modo más o menos velado a la manera en que los medios de comunicación distorsionan la realidad, ya sea la de los adolescentes (Chain Camera), la de los vagabundos que viven en los trenes de carga (Long Gone), la del biógrafo no autorizado de George Bush (Horns and Halos), la del sindicalismo (An Injury to One), o la del FMI (Life and Debt).
El NDA, con su mezcla de denuncia política y certeza de que la única manera de llegar a la verdad es a través del desmenuzamiento de una realidad compleja, parece ocupar ahora el vacío que ha dejado el periodismo tras su renuncia a controlar los abusos de poder. Así, todos los directores que asistieron a los encuentros con el público se mostraron de acuerdo en que, en palabras de Michael Galinsky (Horns and Halos), "actualmente hay una fuerte corriente de películas políticas en Estados Unidos que plantean qué hacer para que la gente reflexione sobre la cultura, la política y los medios de comunicación".
Ahora bien, ¿cuáles serían las causas de esta proliferación? Según Sam Green, “la mayoría de los documentalistas son de izquierdas y están preocupados por lo mal que está la situación en nuestro país. Por eso se ha disparado el número de documentales de este tipo”. Por su parte, Vicente Franco (Daugther from Danang) matizó esta opinión para acabar llegando a otra de esas conclusiones que todo el mundo comparte: “Esto no es nuevo. El documental siempre ha sido crítico.
Precisamente, esta es una de las razones de que se haya visto relegado históricamente. Su visión de la realidad siempre ha sido más profunda que la del telediario. Si ahora está teniendo más importancia es gracias al éxito de público de Bowling for Columbine, que ha propiciado que los cines asuman riesgos que antes no asumían”.
Respecto a los métodos: tanto Long Gone, siete años de rodaje siguiendo la pista de un grupo de vagabundos, como Stevie, años y años rodando la evolución de un joven inadaptado y vapuleado que acabará en chirona acusado de abuso de menores, o Daugther from Danang, la rocambolesca historia una niña vietnamita regalada en adopción a una familia americana tras el fin de la guerra, son espléndidos ejemplos del cómo-es-posible-que-sea-todo-tan-natural-habiendo-una-cámara-delante.
De todos modos, para no volverse loco con la idea de que para llegar a La Verdad es imprescindible estar todo el santo día con la cámara enchufada hacia la calle, conviene detenerse a analizar el que posiblemente sea el mejor documental hecho en los últimos años: An Injury to One, de Travis Wilkerson, una pequeña obra de orfebrería que eleva el cine de agitación hasta cotas raras veces vislumbradas.
Se trata de la historia secreta de una huelga minera ocurrida en 1917 en Butte (Montana), población responsable del 10% de la producción mundial de cobre durante los años de la Primera Guerra Mundial. Tan secreta que no existen ni testigos que entrevistar ni (apenas) material gráfico al respecto, lo que no es óbice para que Wilkerson monte una memorable narración histórica de cincuenta y dos minutos que incluye el ascenso y destrucción del sindicalismo radical en EE UU, la Caza de Brujas, las consecuencias actuales de todo ello y lo que te rondaré morena, a base de combinar con sensibilidad vanguardista un escaso número de fotos, algunas imágenes de archivo, portadas de periódico, eslóganes, letras de canciones mineras tradicionales y la música de William Oldham y Jim O’Rourke. Muy emocionante. No es fácil explicar por qué. Hay que verlo para creerlo.
Tomado de Rebelión
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