IV Salón de Arte Digital: visiones virtuales

IV Salón de Arte Digital: visiones virtuales

Sin embargo, las primeras propuestas del llamado arte digital en nuestro país datan de los años 80, conocidos como década prodigiosa o renacimiento cubano. Hacia 1987, con una computadora que hoy resulta muy rudimentaria, el grabador Luis Miguel Valdés, a la sazón profesor del Instituto Superior de Arte, trataba de extender sus experiencias con esa novedosa tecnología a estudiantes (en taller opcional) y a creadores ya graduados.

La vorágine y multitud de grupos artísticos surgidos entonces, en gran parte orientados hacia el uso de materiales pobres, a la interacción con el público; unido a la dependencia exigida por un medio tecnológico relativamente moroso y de difícil acceso, conspiraron en contra de un mayor arraigo de aquellos pininos, los cuales tampoco fueron alentados por el advenimiento del período especial y sus repercusiones en el ámbito artístico. Pero ya se perfilaba la identificación de algunos artistas con la computadora, a partir del uso que le darían.

El propio Luis Miguel, quien desde hace varios años reside en México, la utiliza ocasionalmente y la alterna con el grabado. Otros artistas, como Frémez y Frómeta, iniciados por Valdés en la digitalización de la imagen, recurren a ese medio para hacer bocetos de obras que plasmarán definitivamente sobre lienzo u otro soporte. Y aunque no menosprecian a la creación digital en tanto resultado artístico, para ellos el ordenador es fundamentalmente un recurso que les permite experimentar con mayores posibilidades, ahorro de tiempo y de materiales.

Para el considerado padre del arte digital en Cuba, esta reciente manifestación no tiene aún lenguaje propio, pues en su forma impresa remeda a otras expresiones plásticas tradicionales al imitar, a través del photoshop, los efectos cromáticos de la pintura; porque después las obras se cuelgan en las paredes, etc. Pero esta "nueva" expresión se enfrenta, como lo hicieron en sus inicios otras disciplinas de reproducción múltiple (el grabado y la fotografía), al conflicto ontológico de ser considerado arte o no; y al problema ético concerniente a la garantía en torno a la cantidad de ejemplares impresos.

En esta IV edición del Salón se mostraron diversas alternativas, no definidas por el soporte plano y condicionadas por el propio medio tecnológico: instalaciones, net art, obras interactivas, audiovisuales y de computación física. Estas pueden ser apreciadas hasta mediados de este mes en la Casa Benito Juárez, la Casa Simón Bolívar, la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, el Centro Cultural de España, el Museo Nacional de Bellas Artes (que acogen a la muestra internacional); el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau (donde se muestran las creaciones premiadas y la selección hecha por el más reciente jurado); el Convento de San Francisco de Asís (en el cual se exhiben las obras del resto de los participantes en el concurso, que tiene carácter nacional); el cine Charles Chaplin (espacio dedicado a la retrospectiva de Luis Miguel Valdés)...

Es muy dilatado el espectro de criterios en torno al "arte digital", según quedó sentado en el coloquio internacional del encuentro. Algunos artistas y teóricos se pronunciaron por extirparle el apellido y llamarle simplemente arte, que se hace con medios digitales. Para todos los participantes, la computadora no es sino una herramienta; pues la creatividad la aporta el artista. Claro, es un instrumento que deja su impronta. Conforme en la gráfica, la fotografía, etc., es posible identificar el procedimiento con que fueron realizadas, en el "arte digital" es también factible reconocer el photoshop, el 3D u otro programa computarizado. Pero el (buen) uso de uno o más de estos no solo expresa la complejidad en la realización de una obra que comúnmente se cree de fácil ejecución; sino que, además, evidencia un virtuosismo técnico en el cual no debe residir la mayor carga de artisticidad, si se pretende reivindicar al digital como arte, haciendo abstracción de su basamento tecnológico. Tal fue un punto de vista generalizado en las sesiones teóricas del IV Salón...

Es indudable que la digitalización, como medio y resultado, se va abriendo paso entre los más jóvenes, según atestigua el número de participantes y los galardones principales de esta convocatoria, obtenidos por Yoel Almaguer (en obra impresa) y Orlando Galloso (en obra no impresa, categoría hasta entonces inédita). Asímismo, resulta significativa la presencia de egresados de San Alejandro, una institución asociada de sólito al conservadurismo; y que ya cuenta, sin embargo, con una cátedra de "arte digital".

Y no es solo que la juventud cubana tenga, en general, más tiempo e ímpetus para la experimentación que artistas contemporáneos, pero de otras generaciones. Ella dispone, sobre todo, de más y mejores equipos para hacerlo; si bien no son aún suficientes. El paulatino desarrollo de la computación a lo largo del país y la celebración de salones de "arte digital" en varias provincias (de algún modo representados en esta edición), han expandido los alcances de un certamen que, desde sus dos presupuestos básicos: imaginación y belleza, y según expresión de su principal gestor (el poeta y cineasta Víctor Casaus), está abierto a "todo lo que amplíe fronteras, abra territorios para el talento y la creatividad

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