Marcelo Pogolotti, pintura y revolución

Marcelo Pogolotti, pintura y revolución

Pogolotti fue uno de nuestros grandes renovadores, a tal punto que puede ser considerado legítimamente como un anticipador de los logros estéticos fraguados con posterioridad en la visualidad artística cubana de proyección universal.

Con una obra rica en temas nunca antes tratados, abordados desde una aparente frialdad y una estudiada distancia, detrás de las cuales se hizo evidente el compromiso del artista con su firme creencia en las urgencias de la transformación social, y con la inclusión de sectores entonces marginados del mundo de la iconografía cubana, el legado de Pogolotti deviene indispensable en el conocimiento de una marca plástica identitaria, espejo de preocupaciones cívicas, éticas, políticas y estéticas.

Tras una infancia entre Cuba e Italia, estudios de pintura y dibujo en The Art Students League, de Nueva York, y de Filosofía y Letras en La Sorbona de París, su obra comenzó a crecer en contacto con el movimiento futurista italiano, encabezado por Marinetti, antes de que este se dejara seducir por la ideología fascista; con el conocimiento de los surrealistas y los dadaístas, con la inmersión en las formas abstractas, de tal modo que puede calificársele como un precursor de una corriente pictórica que solo tomaría cuerpo en nuestro país muchos años después con la irrupción del grupo Los Once.

Pero como afirma el crítico y museólogo Ramón Vázquez, "uno de los ejercicios más interesantes al acercarnos a este artista es la comprobación de la manera en que se enfrenta, fascinado pero al mismo tiempo tomando sus distancias críticas, al despliegue del vanguardismo".

En efecto, a partir de un conocimiento profundo de la realidad social de su país y del mundo, y de una lucidez intelectual acompañada de una visión política que lo llevó a desarrollar una sensibilidad revolucionaria, Pogolotti fue quizá el primero —y en esto es un paradigma— de los pintores cubanos de la primera vanguardia en resolver orgánicamente la aspiración de plasmar un contenido ideológico renovador en formulaciones artísticas rigurosas y a la vez transgresoras y adelantadas.

La fragmentación de elementos que integran sus obras, sobre todo las de la década de los 30 como El muelle y Paisaje cubano, que describen vivencias de las crudas desigualdades sociales existentes en la Isla tanto en la ciudad como en el campo, a modo de secuencias fílmicas, ejemplifican el sentido de su pintura.

De él dijo Carpentier en 1931 que era "el pintor de técnica e ideas más avanzadas que haya producido nuestro país hasta ahora". Y Guy Pérez Cisneros, atendiendo a su realización estética, expresó que "toda forma es precisa en su obra.

Solo pintó algo más de diez años, pues una enfermedad visual le impidió continuar su oficio artístico mas no el intelectual, ya que se consagró a la literatura y periodismo con páginas de excelencia.

Pero ese tiempo en la pintura fue tan pródigo que ya nunca más podremos prescindir de Pogolotti como uno de nuestros máximos artistas de todos los tiempos.

Tomado de Granma

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