Rompiendo los moldes míticos de lo femenino

Rompiendo los moldes míticos de lo femenino

En ambas novelas, Cristina García se caracteriza por deconstruir los tradicionales mitos patriarcales en torno a lo femenino que han sometido, y todavía someten, por tradición a la mujer latinoamericana a rígidos papeles en el ámbito de la comunidad y de la familia. Concretamente, esta escritora lleva a cabo la deconstrucción de uno de los mitos más ampliamente conocidos en las sociedades latinoamericanas: el del marianismo.

El marianismo define el papel ideal de la mujer tomando como modelo de perfección la Virgen María. De este modo, se concibe a la mujer como un ser sacrificado, sumiso y casto cuya misión es dar todo sin recibir nada a cambio, viviendo, tanto literalmente como metafóricamente, a la sombra del hombre (padre, marido, hijo) y de la familia.

Sin embargo, esta novelista abiertamente expresa su rechazo ante tal construcción mítica de lo femenino al crear en sus obras una amplia galería de personajes femeninos que no terminan de encajar en ninguno de esos roles, retando así los esquemas patriarcales de la sociedad en la que viven. Cristina García nos presenta personajes femeninos sensibles y luchadores. Construye mujeres tremendas, cuya fuerte pasión e individualismo interfieren en el desarrollo de sus papeles sociales y familiares, de modo que transgreden las normas elementales asignadas a la mujer, a la madre, a la esposa y a la hija. Estas mujeres, lejos de encarnar la perfecta marianista, violan, en su mayoría, los principios básicos de dicho mito: la maternidad, el matrimonio y la domesticidad tradicional entre otros, lo cual las aliena y desplaza de la sociedad.

Por consiguiente, el principal objetivo de esta ponencia es analizar cómo esta afamada novelista latina cuestiona el mito del marianismo al mismo tiempo que lleva a cabo una reformulación de lo femenino al presentarnos una serie de mujeres caracterizadas por su individualidad que se resisten a la tipificación. Son mujeres quienes acogen con los brazos abiertos la actividad política y mercantil, la creatividad artística al igual que las religiones sincréticas como instrumentos para poder romper con las convenciones de género y así poder definirse como seres femeninos independientes.

Con el fin de llevar a cabo dicho propósito es fundamental comenzar este ensayo con la definición de ‘marianismo’. Muchas son las definiciones que circulan sobre este mito, aunque quizás una de las mejores, por su precisión y concisión, es la ofrecida por dos sicoterapeutas latinas, Rosa M. Gil y Carmen Inoa Vázquez, y recogida en su obra, The Maria Paradox (1996), en la que analizan el papel tradicional que la mujer latinoamericana supuestamente debe desempeñar en su cultura:

El marianismo define el papel ideal de la mujer ¡Y qué ambicioso papel es éste, al tomar como modelo de perfección la mismísima Virgen María! El marianismo versa sobre la obligación sagrada, la abnegación, y la castidad. Sobre proporcionar atención y placer, sin recibirlos. Sobre vivir a la sombra... de tus hombres... de tus hijos, y de tu familia. Aparte de engendrar a los niños, la marianista tiene mucho en común con una monja de convento... pero la orden en la que entra es el matrimonio, y su novio no es Cristo sino un hombre demasiado real que instantáneamente se convierte en su único objeto de devoción durante el resto de su vida.

¿Y cuál es la recompensa terrenal por esta completa entrega de una misma, por ser una marianista?... Le permite a la mujer un nivel de protección como esposa y mujer, le otorga cierto poder y mucho respeto conjuntamente con una vida desprovista de soledad y necesidad (nota 1) (7).

Una vez definido el mito en cuestión, procedamos pues al análisis de cómo Cristina García abiertamente lo deconstruye desbancando su validez. Para ello nos basaremos, en primer lugar, en su novela Dreaming in Cuban, para después proceder al análisis de su última obra. De este modo, seremos capaces de apreciar una evidente continuidad en el intento de esta autora de desbancar el mito marianista a través de su narrativa.

En Dreaming in Cuban, García nos presenta toda una galería de personajes femeninos que se resisten a acomodarse a los papeles convencionales de género que supuestamente les corresponden por el simple hecho de haber nacido mujer. En ella, García narra la historia de tres generaciones de mujeres de una familia cubana que aparece dividida por ideología política, además de por serios problemas emocionales entre madres e hijas. La novela concretamente se centra en las vidas de una madre (Celia), sus dos hijas (Lourdes y Felicia) y la nieta de Celia e hija de Lourdes (Pilar). Pero mientras Celia y Felicia permanecen en Cuba, Lourdes y Pilar viven como exiliadas en Nueva York. Sin embargo, a pesar de sus diferencias, tanto políticas como emocionales, lo que une a estas pasionales mujeres, al igual que ocurre en The Agüero Sisters, es el hecho de que, de una forma o de otra, dejan mucho que desear a la hora de acatar todos esos requisitos que, según el marianismo, ser una mujer entraña.

El primer personaje con el que el lector se encuentra al abrir el libro es Celia, la matriarca del clan del Pino, quien no acaba de encajar en una sociedad que otorga innumerables privilegios al hombre pero que, sin embargo, a ella la encasilla en un papel culturalmente predeterminado y represivo. Pero como acertadamente apunta la crítica Kimberle S. López, “este rechazo de los roles convencionales el cual pasa al resto de] las mujeres de la familia del Pino parece tener su origen en la tía Alicia (nota 2)” (36), la independiente tía abuela quien se ocupó de criar a Celia.

Desde un primer momento, se nos presenta como una mujer que es “...conocida por su arte culinario y su iconoclastia (nota 3)” (92), siendo, particularmente, lo último de extrema relevancia para nuestros intereses ya que ello implica que la Tía Alicia es famosa por arremeter contra toda una serie de principios establecidos como claramente queda reflejado en el “no [acudir] a misa y [ridiculizar] a aquellos que sí lo hacían (nota 4)” (93). De una mujer así no cabe esperar que hubiera criado a Celia de otra forma: de acuerdo con sus criterios y no los impuestos por la sociedad. De este modo, “Tía Alicia la llevaba a los museos, a conciertos... [y] al cine (nota 5)” (93), además de enseñarle a tocar el piano, lo cual le permitió a Celia ver las cosas por sí misma, no dejando que otros impusieran la visión o ideas que debería tener. Por lo tanto, no es de extrañar que tal inusual crianza para una niña en los años veinte influyera en Celia, y que podamos deducir que “claramente el espíritu independiente” que Celia mostrará a lo largo de toda su vida “refleja la influencia de su Tía-Abuela Alicia (nota 6)” (López 36).

Siendo todavía una veinteañera, Celia se enamora perdidamente de Gustavo, un abogado español, cuyo buen porte, modales y atenciones ella confunde con verdadero amor, dejándose arrastrar por la pasión que siente, y así se lanza a un romance prohibido e ilícito, pues Gustavo está casado; hecho que Celia también conoce. Por lo tanto, el comportamiento de Celia no deja lugar a dudas sobre su rechazo al voto de castidad que el marianismo exige a ultranza.

Su romance acaba bruscamente cuando Gustavo regresa a su tierra natal y a su familia, lo que la deja completamente desolada y obsesionada durante el resto de su vida por dicho amor. Su actitud revela que Celia no acaba de “comprender las reglas del juego (nota 7)” (Viera 155) de la sociedad patriarcal. El crítico Joseph Viera considera que “Celia es absurdamente ingenua al haber creído alguna vez que Gustavo abandonaría su tierra... y esposa por lo que ella puede sólo haberse convertido” en una sociedad patriarcal fuertemente represiva “después de entregarse de lleno a una aventura amorosa: una... prostituta (nota 8)” (154), ya que, según los cánones del marianismo, para ser una buena mujer, una mujer debe ser virgen cuando contrae matrimonio; la virginidad es un asunto de honor que una vez perdida es motivo de vergüenza.

Finalmente, acaba casándose con Jorge del Pino, pero la institución tradicional del matrimonio no la convierte en esa marianista que la sociedad demanda. Por el contrario, su espíritu indomable e independiente sigue latente, y así lo demuestra al escribirle secretamente a Gustavo durante un cuarto de siglo haciéndole partícipe de sus sentimientos y pensamientos más íntimos, que su propio marido desconoce, aunque Gustavo nunca tiene conocimiento de ello ya que Celia nunca envía lo que escribe. Dichas cartas claramente constituyen un cauce de expresión del espíritu inquieto de Celia. Por lo tanto, es obvio que Celia, durante la mayor parte de su vida, “se mantiene en el adulterio, aun cuando éste se base en la imaginación y en el deseo” (Alonso 233).

Sin embargo, Celia no sólo viola los principios del matrimonio y de la domesticidad tradicional al seguir pensando en Gustavo sino que también transgrede uno de los pilares básicos del marianismo: la maternidad, al recibir la noticia de su embarazo como una desgracia más que una bendición. Atrapada por una maternidad no deseada, Celia sólo puede pensar en las posibles consecuencias para su vida, lo que demuestra cómo Celia antepone su felicidad a cualquier tipo de abnegación que la sociedad demande, rechazando de este modo el papel de mujer abnegada que el marianismo ensalza. Por todo ello, Celia ansía tener un hijo varón ya que “si tuviera un hijo, podría abandonar a Jorge y navegar hasta España (nota 9)” (42) para ver a Gustavo, puesto que un varón crecería con toda clase de privilegios en una sociedad en la que las mujeres son las que sufren las limitaciones.

Pero las esperanzas de escapar de su matrimonio se ven totalmente anuladas con el nacimiento de una niña, Lourdes, a quien entrega a su marido rechazando cualquier tipo de responsabilidad ante ella. Tal atrevimiento es duramente castigado por Jorge al internarla en un manicomio durante casi dos años. Una medida de acción bastante frecuente como queda explícitamente de manifiesto en la siguiente cita:

Showalter... demuestra cómo el calificativo de enfermedad mental se ha usado para oprimir a las mujeres que atentaban con romper la domesticidad de una feminidad estrechamente definida, y cómo las ‘curas’ han buscado generalmente reforzar los roles tradicionales de género... una cura consistente en domar el espíritu o en debilitar la voluntad a través de... terapia de electroshock, drogas, e incluso cirugía hasta que la paciente se convierte en dócil (nota 10) (López 35).

Y eso es precisamente lo que le ocurre a Celia: los doctores “le queman el cráneo con procedimientos (nota 11)” (51) ya que Jorge “quería castigarla,... domarla (nota 12)” (195). Sin embargo, a pesar de la tortura a la que es sometida, Celia, rebelde nata, no se resiste a doblegarse y así, cuando Jorge no está, todavía le quedan fuerzas para tocar la inquietante música del Debussy (que los doctores le habían prohibido), “manten[iendo] y conten[iendo así] la pasión de su juventud, pero sin permitir que la consuma (nota 13)” (Gilles 26).

Al final de su vida, Celia finalmente es capaz de dar riendas sueltas a su espíritu independiente (que durante tanto tiempo supuso una gran amenaza para el sistema social) gracias a la llegada en 1959 de un nuevo sistema político que permite a las mujeres una mayor libertad y acceso a actividades tradicionalmente consideradas como masculinas. A partir de entonces, Celia se involucra activamente en el nuevo régimen político cortando caña de azúcar, vigilando la costa e incluso ejerciendo de juez popular condenando la infidelidad de hombres casados y, así asegurándose que haya igualdad entre los sexos; hechos completamente impensables unos años atrás. En este caso, Celia no estará nunca más bajo la sombra del hombre (como el mito marianista requiere) sino que a su mismo nivel e incluso sobre él. La Revolución le otorga a Celia unos de los mayores dones por los que luchó toda su vida y por lo que fue severamente castigada: el poder desarrollar su propia identidad femenina sin que nadie se la impusiera.

La primogénita de Celia, Lourdes, al igual que su madre, también se resiste a aceptar ciertos papeles de género convencionales. En Cuba, se niega a obedecer a su suegra, decorando su casa como le place y no como Doña Zaida quiere, rompiendo la creencia marianista de que “venerar a la madre de él [forma] parte de ser una buena esposa (nota 14)” (83). Por otro lado, es ella la que sale a defender sus tierras mientras que su marido, Rufino, no sabe qué hacer, claramente usurpando la posición del patriarca.

Una vez en Estados Unidos, Lourdes, se convierte en una exitosa empresaria capitalista lo que la lleva a tomar las riendas de la familia y a adquirir el papel de cabeza de familia, alimentando con su dinero tanto a su marido como a su hija, contradiciendo de este modo el precepto marianista por el cual la mujer debe siempre permanecer en un segundo plano bajo la sombra del hombre. Pero Lourdes también usurpa muchos otros de los roles y comportamientos que tradicionalmente se han asociado a los hombres.

Por una parte, ejerce un rol tan masculino como el de ser guardián nocturno en una patrulla de barrio (lo que se asemeja a la actividad de vigía de Celia) en la que participa activamente y, por otro lado, se convierte en un ser sexualmente muy activo (contrarrestando el decoro, la castidad y pasividad de la mujer marianista) hasta el extremo de que cuando ella quiere sexo (lo cual ocurre con bastante frecuencia), “requiere a su marido tirando vigorosamente de una campana de barco (nota 15)”, convirtiéndole así en un ser-objeto rendido a sus pies. Esta inversión de papeles claramente nos recuerda el mito griego del “mundo al revés” (Curtius 143) donde todos los órdenes establecidos se invierten. En definitiva, Lourdes desafía el mito marianista al no dejar doblegarse y hacer lo que otros quieran, lo cual le permite desarrollar su propia identidad individual.

Felicia, la segunda hija de Celia, es uno de los personajes más interesantes que habitan Dreaming in Cuban, y sobre la que habría mucho que comentar, aunque lo que la caracteriza fundamentalmente es el hecho de romper con casi todas las convenciones habidas y por haber sobre el concepto tradicional de mujer. De ahí que se la pueda definir como una amalgama de todo aquello que una mujer cubana blanca de clase media no debiera ni siquiera pensar en hacer.

Felicia, como su madre también hiciera, se entrega sexualmente antes del matrimonio, por lo que pasa a ser considerada una mera prostituta. Pero, conjuntamente con ello, la vida de Felicia es una sucesión interminable de desafíos a los modelos femeninos tradicionales ya que se queda embarazada antes del matrimonio, se casa con Hugo (una persona de raza negra y clase inferior que la maltrata brutalmente), intenta quemarlo vivo, se divorcia de él, descuida el cuidado de sus tres hijos, mata a su tercer marido y finalmente, rechaza el catolicismo para abrazar la santería y participar en sus ritos, para luego convertirse en una santera poco antes de morir. Todos ellos constituyen sucesivos actos de rebelión que conllevan la progresiva alienación de Felicia ante la sociedad en la que vive; de ahí que sea un personaje “culturalmente liminal (nota 16)” (Marerro 154).

Quizás el acto de prender fuego a su primer marido, desfigurando su cara y manos, es el de mayor relevancia para este ensayo puesto que supone un ataque directo al marianismo. Felicia cansada de soportar los abusos de Hugo se niega a acatar “el eslogan marianista... de que las mujeres son capaces de soportar todo tipo de sufrimiento (nota 17)” (Gil y Vázquez 81) y de anteponer la unidad de su familia a todo. Como era de esperar, su acto de rebeldía se cubre con la etiqueta de locura (aún más en este caso por su condición sifilítica) aunque, paradójicamente, ella lo describe como uno de los momentos de mayor claridad en su vida.

Asimismo, el asesinato de su tercer y último marido al arrojarlo de una montaña rusa es una prueba más de que “Felicia es incapaz de existir en el ámbito de los papeles femeninos tradicionales, aún cuando casada con un ‘buen’ hombre (nota 18)” (Viera 208) como Otto era. Su muerte deja entrever que no había lugar alguno para una mujer como ella en la sociedad cubana. Según la propia autora, Felicia es una mujer inquieta “quien siempre estuvo a la búsqueda de algo [para] dar significado a su vida (nota 19)” (“A Fish Swims in My Lung” 67).

Pilar Puente, miembro de la tercera generación de las mujeres del Pino, nacida en Cuba pero criada en Nueva York, al igual que su abuela, madre y tía, también se caracteriza por su rebeldía y desdén ante los cánones femeninos establecidos. Así se burla de las estrictas ideas de su madre, de la religión católica y las monjas del colegio católico del que se le expulsa por sus ideas herejes e incluso cuestiona la historia oficial; lo que constituye una evidente muestra de su rotunda negativa a la idea de sumisión y docilidad. Por supuesto, practica el sexo con su novio, y rechaza la idea de familia (tan crucial para el mito marianista) como incompatible con la posibilidad de desarrollar su propia individualidad: “La familia es contraria al individuo (nota 20)” (134). Es decir, Pilar antepone sus intereses individuales a la familia rechazando la idea marianista de pensar primero en los demás del grupo familiar antes de en sí misma. Por consiguiente, el papel de mujer abnegada y sacrificada parece estar muy lejos de encajar con la personalidad de Pilar.

Lógicamente sus constantes desafíos a los esquemas femeninos tradicionales conlleva que el fantasma de la locura ronde sobre su persona con el fin de restar importancia a su comportamiento rebelde. De este modo, Lourdes lleva a Pilar a un psicoanalista convencida de que algo raro le ocurre a su hija. Pero, la locura de Pilar no es otra que el intentar afirmar su individualidad frente a una sociedad conservadora que se resiste a que transgreda los principios básicos de lo que ser mujer supone.

Su espíritu inquieto sólo encuentra cobijo en la expresión artística a través de la pintura y la música; dos artes que le permiten expresar su yo más íntimo, y que la sociedad no ve con buenos ojos como profesión para una señorita. En definitiva, su comportamiento es un claro exponente de que Pilar no acepta ideas preconcebidas de nadie sino que prefiere crearse las suyas propias. De ahí que pinte para el asombro de todos una imagen punk de la Estatua de la Libertad, que es como ella la ve.

En la segunda novela de Cristina García, The Agüero Sisters, los patrones de rebelión parecen repetirse estableciéndose múltiples paralelos entre una novela y otra; un claro indicativo de que la autora persiste en su afán de cuestionar la validez del mito marianista para así desbancarlo a través de su narrativa. Esta obra, una vez más, se centra en la historia de una familia, en este caso la de los Agüero, y en la vida de unas hermanas, Constancia y Reina que viven separadas en Nueva York y La Habana respectivamente.

Reina, como Celia, es fuerte, pasional y en muchos aspectos viril. Pero Reina es un personaje único e irrepetible que eclipsa a cualquiera de los otros creados por García. Reina en sí constituye una ruptura de los moldes míticos de lo femenino, cualquier actividad que realice constituye un desafío a los cánones tradicionales como ocurriera con Felicia. Sin embargo, a diferencia de ella, Reina vive en un completo equilibrio y así, se convierte en “el personaje más equilibrado de la cubana [que] sabe gozar la vida y abraza[r] la libertad en toda su extensión” (Alonso 235).

Reina es, en definitiva, la antítesis de la propuesta de mujer del marianismo. Se queda embarazada siendo todavía una adolescente, nunca se casa y considera que “ninguna mujer que valga la pena puede permanecer casada durante mucho tiempo (nota 21)” (206). En La Habana vive una aventura desde hace más de un cuarto de siglo con un hombre casado, quien es incapaz de resistirse a sus encantos. Es una mujer impresionante y exuberante que emana sensualidad por todo su cuerpo y que no deja inmunes a todos aquellos que la conocen bien sean hombres o mujeres; lo que explica el alboroto que se crea cada vez que sale a caminar por la calle. Considera “la fidelidad sexual [como] un concepto absurdo (nota 22)” (232) y así en Miami utiliza a los hombres a su antojo para “una o dos noches de diversión en el mejor de los casos (nota 23)” (196). Como mujer segura de sí misma, ella es la que tiene el poder en sus relaciones, rechazando y aceptando a los hombres como bien le parece. Disfruta de su sexualidad plenamente sin reparos ni remordimientos. Hasta aquí parece que estemos hablando más bien del comportamiento de un hombre que el asociado por tradición a la mujer.

Sus trabajos (típicamente masculinos) como experta electricista en Cuba y como mecánica en Miami también corroboran dicha idea. Contradiciendo todas las creencias de la fragilidad y debilidad del género femenino expuestas por el marianismo, Reina desplaza pesadas cargas, acomete con éxito trabajos de difícil reparación y, por supuesto, no permite que nadie le lleve su increíblemente pesada caja de herramientas, lo que le ha llevado a ganarse el calificativo de “Compañera Amazona” (8). Por lo tanto, Reina parece ser, en su totalidad, la encarnación del mundo al revés puesto que su comportamiento y forma de ser encajan en mayor medida en el papel masculino tradicional más que en el femenino.

Por otra parte, su propia madre, Blanca Mestre, también desafía el mito marianista a su manera, intentando vivir una vida totalmente inconcebible para una mujer en la sociedad cubana de los años treinta y cuarenta, y por ello, es duramente castigada, como ninguna otra de las mujeres de García, puesto que paga su atrevimiento con su propia muerte al ser brutalmente asesinada por su marido.

Blanca (bióloga de profesión; hecho no muy común para una señorita en aquellos tiempos) se resiste a quedarse en casa, mermada y reducida al papel de esposa y ama de casa, como su marido desea y el mito marianista le exige. Atrapada por una maternidad no deseada, al igual que le ocurriera a Celia, Blanca acaba por detestar a su marido, conjuntamente con su estado de buena esperanza que le impide desarrollar su carrera científica, puesto que nadie quiere contratar a una mujer embarazada. De este modo, Blanca rehusa a su apellido de casada (un claro reto a la veneración del marido), y por lo tanto, a su condición de esposa, así como a su maternidad, atentando contra un pilar básico del marianismo al “resenti[r]...la vida nonata dentro de ella (nota 24)” (225) y arriesgar su embarazo realizando actividades de alto riesgo. Tal atrevimiento se encubre una vez más bajo la etiqueta de locura y Blanca recibe descargas eléctricas con el fin de amansarla.

Sin embargo, Blanca incapaz de convertirse en esa esposa abnegada y sacrificada del mito marianista, abandona marido e hija, regresando dos años después embarazada de un hombre de color para dar a luz a Reina, a quien sí desea, a diferencia de su primera hija que expulsa de casa; un desafío más pero que le costará la vida. Su asesinato es un claro exponente de que sus ansias de individualidad y de poder desarrollar su propia personalidad no tienen cabida en una sociedad patriarcal que se resiste a que se transgredan los principios básicos de haber nacido mujer.

Constancia, la hija rechazada, aunque no tan radical como su madre o hermana, tampoco termina de encajar en el mito marianista. Una vez en Estados Unidos, al igual que Lourdes, se convierte en una exitosa empresaria capitalista del cosmético “Cuerpo de Cuba” (pero sin realmente necesitarlo ya que su marido tiene suficientes ingresos provenientes de su tienda de tabaco y de su pensión), contradiciendo así el precepto marianista por el cual la mujer debe siempre permanecer a la sombra del hombre.

Sin embargo, Constancia no muestra ningún reparo por eclipsar a su marido, y es éste el que de hecho permanece bajo su sombra al igual que Rufino hace ante su esposa, Lourdes. Se trata de mujeres bien alejadas de ese ideal de mujer pasiva y supeditadas. Éstas son activas, emprendedoras, y por supuesto, independientes que se sienten realizadas a través de la actividad empresarial mucho más que con la idea de familia. Corren mejor suerte que Blanca al no ser castigadas por su transgresión, quizás, simplemente porque sus respectivos maridos han quedado mermados y debilitados por la experiencia del exilio, incapaces de remontar sus vidas, de ahí que no tengan fuerzas para controlar a sus esposas.

Finalmente, al igual que ocurriera en Dreaming in Cuban, en la tercera generación de la familia Agüero los ánimos no están más calmados, y los episodios de rebeldía y repulsa ante los cánones femeninos establecidos se suceden acometidos por Isabel y Dulcita, las hijas de Constancia y Reina respectivamente. De la primera sabemos que vive con su novio al estilo hippy en Hawaii, del cual se queda embarazada, lo que claramente revela su indiferencia ante la institución del matrimonio o la virginidad (precepto de gran importancia en el mito marianista).

De la segunda conocemos su rebeldía innata y su rechazo más rotundo ante aquello que le coarte la libertad impidiéndole seguir su camino. Así Dulcita es expulsada de once internados, se queda embarazada a los catorce años rompiendo el rito de la virginidad, aborta violando una de las reglas más sagradas de la iglesia católica, negándose a procrear (y por consiguiente, transgrediendo uno de los pilares marianistas) ya que “no quier[e] niños... con nadie (nota 25)” (36); en definitiva, “no quier[e su] cuerpo permanentemente enredado con el cuerpo de otro ser (nota 26)” (284). Además, ejerce la prostitución ocasionalmente sólo como medio para conseguir algún dinero (echando por tierra la idea de castidad y recato). Acaba casándose con un español, sólo por el interés de poder salir de su país, y a quien abandona una vez en España, no dándole la menor importancia a su matrimonio o a las obligaciones de esposa y, por lo tanto, al marianismo.

Es obvio que en esta tercera generación, las mujeres se alejan a pasos agigantados del modelo de mujer sacrificada y abnegada defendido por el mito marianista y, por consiguiente, no dudan en transgredir cualquier tipo de convención de género con el fin de conseguir sus metas y objetivos, es decir, de vivir de acuerdo con sus ideales y no los impuestos por otros.

Como hemos podido apreciar a lo largo de todo este ensayo, la narrativa de Cristina García constituye en sí un claro y firme intento de desbancar el mito marianista al presentarnos una rica galería de personajes femeninos quienes en mayor o menor medida se han rebelado contra la tipificación marianista de la mujer. Son mujeres atrapadas entre el cumplimiento de las expectativas de género impuestas por la tradición y el deseo de desarrollar sus propias identidades individuales (que están en directa oposición con los moldes míticos de lo femenino), siendo éste ultimo el motor que mueve sus vidas y hacia el cual se inclinan, transgrediendo las convenciones. Pero, en este caso, lo significativo de su narrativa no radica exclusivamente en el hecho de desbancar el mito, sino que García va más allá, y realiza su propia reformulación de lo femenino representando a la mujer como ella la concibe, es decir, como la antítesis del marianismo: un ser fuerte, apasionado, independiente, luchador pero, sobre todo, caracterizado por su individualidad y no por falsos estereotipos y etiquetas otorgadas para garantizar su sumisión.


Notas

1.- Todas las traducciones son mías:

Marianismo defines the ideal role of woman. And what an ambitious role it is, taking as its model of perfection the Virgin Mary herself. Marianismo is about sacred duty, self-sacrifice, and chastity. About dispensing care and pleasure, not receiving them. About living in the shadows... of your men... your kids, and your family. Aside from bearing children, the marianista has much in common with una monja de convento, a cloistered nun—but the order she enters is marriage, and her groom is not Christ but an all too human male who instantly becomes the single object of her devotion for a lifetime. And what is the earthly reward for this total surrender of self, for being una marianista? ...It affords a woman a level of protection as a wife and mother, gives her certain power and much respeto as well as a life free from loneliness and want.

2.- “This disavowal of conventional roles which is passed among the women of the del Pino family appears to have its source in Tía Alicia...”

3.- “...known for her cooking and iconoclasm.”

4.- “...did not attend church and deride those who did.”

5.- “Tía Alicia took her to the museums and the symphony...[and] to the picture show.”

6.- “Clearly Celia´s independent spirit reflects the influence of her Great-Aunt Alicia.”

7.- “...does not understand the rules of the game.”

8.- “It is ridiculously naive for Celia to have ever believed that Gustavo would leave his native land and wife for what Celia can only become after indulging in the affair: ... a whore.”

9.- “If she had a son, she would leave Jorge and sail to Spain.”

10.- “Showalter... demonstrates how labels of mental illness have been used to oppress women who have attempted to break out of the domesticity of a narrowly defined femininity, and how the ‘cures’ have generally sought to reinforce traditional gender roles... a cure consist[ing] of breaking the spirit or weakening the will through... electroshock therapy, drugs, and even surgery until the patient becomes docile.”

11.- “...burn [her] skull with procedures.”

12.- “...wanted to punished her... to break her.”

13.- “...maintain[ing] and contain[ing] the passion of her youth, but does not allow it to consume her.”

14.- “...honoring his mother [is] part of being una buena esposa.”

15.- “She summon[s] her husband by pulling vigorously on a ship´s bell” (21)

16.- “...culturally liminal.”

17.- “the marianista motto... that women are capable of bearing all suffering.”

18.- “Felicia is unable to exist in the realm of traditional roles for women. Even married to a ‘good’ man.”

19.- “...who was always searching for something [as a] way [to] giv[e] meaning to her life.”

20.- “The family is hostile to the individual.”

21.- “No worthwhile woman can stay married for long.”

22.- “Sexual fidelity... an absurd concept.”

23.- “...a night or two´s dalliance at best.”

24.- “...resent[ing]... the unborn life inside her.”

25.- “She doesn´t want children... with anyone.”

26.- “...do[es]n´t want [her] body permanently entangled with another´s.”


Obras citadas

Alonso Gallo, Laura P. “Variaciones en clave de identidad: la mujer latinoamericana en la narrativa de Julia Álvarez, Cristina García y Sandra Cisneros.” Actas del Congreso Internacional Literatura de las Américas, 1898-1998. Eds. José C. González Boixo et allii. León: Universidad de León, 2000. 225-239.

Curtius, Ernst R. Literatura europea y Edad Media latina. Madrid: Ediciones F.C.E, 1955.

García, Cristina. The Agüero Sisters. Londres: Picador, 1997.

---. Dreaming in Cuban. Nueva York: Ballantine Books, 1993.

Gil, Rosa M. y Carmen Inoa Vázquez. The Maria Paradox: How Latinas Can Merge Old World Traditions with New World Self Esteem. Nueva York: G. P. Putnam´s Sons, 1996.

Gilles, Myriam E. “A Daughter´s Narrative: Recovering the Matriline in Recent Latina Literature.” Tesis de Licenciatura. Harvard College, 1993.

López, Kimberle S. "Women on the Verge of a Revolution: Madness and Resistance in Cristina Garcia´s Dreaming in Cuban." Letras Femeninas 22.1-2 (1996): 33-49.

Marrero, María T. “Historical and Literary Santería: Unveiling Gender and Identity in U.S. Cuban Literature.” Tropicalizations. Transcultural Representations of Latinidad. Eds. Frances R. Aparicio y Susana Chávez-Silverman. Hanover: University Press of New England, 1997. 139-159.

Viera, Joseph M. “Navigating the Straits of Florida; Gender, Politics and Culture in Cristina Garcia’s Dreaming in Cuban.” Tesis Doctoral. Florida State University, 1996.

Vorda, Allan. “A Fish Swims in My Lung: An Interview with Cristina García.” Face to Face: Interviews with Contemporary Novelists. Ed. Allan Vorda. Houston: Rice U.P., 1993. 62-76.

© María Luisa Ochoa Fernández

María Luisa Ochoa Fernández es profesora de la Universidad de Huelva, España.

Con este artículo continuamos la temporada de reflexiones sobre el tema de género "En el Año iberoamericano de la lectura, encuentro con escritoras iberoamericanas", que consta de trabajos presentados en distintas ediciones del Coloquio Internacional sobre historia y cultura de mujeres latinoamericanas y caribeñas que organiza y celebra anualmente, en la Casa de las Américas, el Programa de Estudios de la Mujer.

Vea también:

Ejemplo de un naturalismo literario peruano heterodoxo, de Oswaldo Voysest

Imágenes y transgresiones en Dos Mujeres, siglos XIX y XX, de Marina Martínez Andrade

Las mujeres mágicas de Lydia Cabrera, de Odette Casamayor Cisneros

Jardín, de Dulce María Loynaz: novela biográfica, de Susanna Regazzoni

Los mitos femeninos en las tres novelas de Gioconda Belli, de Sophie Lavoie

De musas y heroínas: Salomé Ureña y las hermanas Mirabal según Julia Álvarez, de Laura P. Alonso Gallo

Ya hemos publicado una serie de ponencias presentadas en el Coloquio Internacional dedicado a Soledad Acosta:

Los silencios del Diario: autobiografía, ficción y escritura, por Catharina Vallejo

Huellas de soledad, por Liliana Ramírez

El Diario íntimo de Soledad Acosta de Samper, por Carolina Alzate

Tomo mi diario y escribo..., por Juanita Cristina Aristizábal Peraza

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