Género, sexo y debate indispensable

Género, sexo y debate indispensable

Durante 11 años Julio César González Pagés, profesor de la Universidad de La Habana, ha estado impartiendo la asignatura Estudios de Género en Cuba. La materia, creación del propio González Pagés, es el resultado de la necesidad de nuevos enfoques de feminidad y masculinidad: «La idea surge porque comprendí luego de graduarme, que la historia que nos enseñan es muy patriarcal, muy excluyente, basada sobre todo en la historia de hombres, blancos y citadinos.»

«Recuerdo que al comenzar esta asignatura no pocos me decían en broma, "¿para qué vas a estudiar a las mujeres, si nunca han sido importante para la historia?", y lo decían por la poca participación femenina en la política, en buena medida porque eran excluidas.

«Así que los primeros estudios que hice fueron sobre la ciudadanía política de la mujer, y así he seguido, siempre el tema Cuba, porque le debemos a Cuba esas investigaciones.»

A pesar de ser una asignatura optativa, Estudios de Género en Cuba casi se ha convertido en obligatoria en el espectro curricular, primero porque interesa mucho a los estudiantes, y en segundo lugar, porque ha promovido un gran número de tesis, lo que evidencia un desarrollo en esta área.

En todos estos años, los grupos regularmente han tenido entre 30 y 40 estudiantes en ambos semestres; la cifra supera mil universitarios cubanos formados en este debate.

González Pagés cree que la tarea, aunque en ciernes, ha dado frutos. ¿Han sido muy escasos en Cuba los estudios sobre la mujer?

―Estudios sobre la mujer han existido en Cuba desde el siglo XIX; lo que hemos hecho es cambiar el enfoque desde la perspectiva de género, con una mirada más desde el ser humano, menos reproductora de los arquetipos más tradicionales que establecieron los analistas de entonces, y la idea fue dar una historia paralela de Cuba de los siglos XIX y XX, para entender, por ejemplo, qué presencia tuvo la mujer en la Asamblea de Guáimaro, y cómo por excepción estuvo Ana Betancourt, por su relación con Ignacio Mora y Carlos Manuel de Céspedes.

En relación con la guerra de independencia descubrí que hubo más bajas femeninas que masculinas, en el sentido de que la guerra sacrificó mucho más mujeres que hombres, sin embargo, la contienda sigue siendo un suceso analizado desde la importancia que tuvo para los hombres.

Todas estas cosas se siguen enseñando en los programas de estudios.

¿Los temas?

Han resultado de mucho interés aquellos que surgieron a partir del estudio del feminismo en Cuba. Este término siempre ha sido bastante desconocido entre nosotros. A principios de la Revolución, como hubo un replanteo de todas las ideas, el feminismo se consideró una de las teorías de la burguesía; precisamente en los años sesenta el feminismo se radicalizó y la izquierda mundial tomó partido.

La universidad perdió la oportunidad de estudiar el feminismo como corriente filosófica dentro de la historia. A partir de una gran ignorancia —no creo que haya sido una cuestión política— se comenzó a estigmatizarlo; y del mismo modo que creo que no pueda estudiarse el movimiento obrero sin el marxismo, no se puede estudiar historia si no se incluye el feminismo.

Está el hecho de que Cuba fue uno de los países con uno de los más importantes movimientos feministas de América Latina —fue de los tres primeros que tuvo el voto de las mujeres y la ley del divorcio—, y todo esto significa que existía un pensamiento revolucionario en ese aspecto.

¿Cómo se manifiesta la inquietud de los estudiantes en relación con el enfoque académico actual de la sexualidad del género?

―El enfoque género está en la raza, clases sociales y por opción sexual. Y todos esos temas, que están en el debate de la calle, comienzan a emerger en la academia.

Las clases se convierten en un gran debate, en el que están presentes también la cuestión «novios» y la cuestión «padres», y las condiciones económicas de la familia, algo que pocas veces aparecen en los medios; para los universitarios es una necesidad que aún no tiene respuestas, justo ahora que son estudiantes de Sociología, Historia y Filosofía.

La impresión que tengo es que temen a esa falta de información y de intercambio en su formación, porque solo la que trabajan está basada en el siglo XIX; y la del siglo XX no emerge a partir de la contemporaneidad. Lo peor es que todo esto es cuestionado a nivel de la calle.

Que los jóvenes cuestionen el mundo en que viven es algo necesario, pero incluye también aprender a oír... Aprender el arte del debate necesita del debate. En el aniversario 80 de la FEU, por ejemplo, la Facultad de Filosofía e Historia, quiso elegir nada más y nada menos que Miss FEU.

Yo —que nunca impondré criterios— protesté, porque una organización que creó Mella, a partir de postulados de avanzada en el pensamiento universitario, no se puede dar el lujo de celebrar tal fecha priorizando el ADN de la mujer más bella, todas blancas, con tipo de Barbie, en medio de una facultad pletórica de negras, mulatas achinadas, altas, bajitas, gordas y flacas; todo muy alejado del pensamiento de izquierda. Para mí es un retroceso que, 40 años después de llevar la verdadera imagen de la mujer cubana a las revistas, alguien pueda tener estas aspiraciones.

No se trata de hacer cacería de brujas contra ningún tema —estamos hablando del mundo universitario—, pero me pareció ridículo que seis muchachas se prestaran como ovejas, tras la pantalla de que pesaba mucho ser destacadas en las esferas de la vida, algo que resulta falso, porque dentro de las estructuras de la FEU —en la brigada esencialmente— existen mecanismos organizativos para definir esto.

Luego hicimos un debate en el teatro Sanguily, para hallar una reflexión conjunta en torno a un pensamiento liberal burgués, con trasfondo muy conservador, que aspira a la supermujer del modelo dominante primer mundista.

Si estas cosas ocurren en cuanto a la percepción del mundo estético, en la vida práctica, ¿cómo se proyectan los estudiantes en cuanto a la sexualidad de pareja, la diversidad de género, en un mundo signado por el SIDA, y las difíciles condiciones económicas?

―La situación es compleja —uno de mis sobrinos, medio en serio, medio en broma, me preguntó hace poco cómo era hacer sexo sin condón—, y creo que falta mucha información, pero también el debate en torno al disfrute del amor, entendido igualmente como sexo.

En la actual campaña nacional de lucha contra el SIDA, en la que he tenido la oportunidad de participar, la idea base es “disfruta la vida, evita el SIDA”, porque no podremos obviar que somos seres sexuados.

Por otra parte estoy trabajando en varios grupos de hombres en talleres de masculinidad, y un grupo de estudiantes universitarios.

Uno de los debates más importantes fue alrededor de la cuestión económica, pues muchas veces la economía no respalda las intenciones que tienen, como ir a una discoteca donde la entrada solo cuesta tres CUC*, pero aún así no son asequibles a los estudiantes.

Existen pocos lugares que ofrezcan la posibilidad para relacionarse, lo que va creando desniveles. Es natural que todos opinen que las mujeres ejercen sobre ellos demasiadas exigencias económicas —desde la invitación a salir a comer o a beber, en sitios de ventas con moneda dura—, y a eso sumemos los estudiantes de otras provincias, que viven en becas, en un contexto en que la utopía del amor sin interés entra en crisis.

Y todo es parte de una crisis mayor, incluso a nivel artístico, pues comienzan a florecer canciones que tocan el tema con estribillos tales como, “el Boni está pasma´o”, o “La vida es un carnaval”, y que dicho sea de paso no son, para nada, ingenuas.

Es decir, hay una sobre exigencia ante los hombres, que la sociedad cubana no puede suplir ni resolver, y entonces aparece la llamada «crisis de la masculinidad de los hombres cubanos», uno de los fenómenos que no debemos perder de vista porque estamos hablando de la generación joven, mucho más joven que nosotros y que ya tienen otras expectativas.

¿Son las principales preocupaciones?

―Lo son, pero no las únicas. En la universidad se margina y se ridiculiza a muchos de los estudiantes que son homosexuales o bisexuales, hay a veces mucha crueldad a la hora de encarar la cuestión.

Esto es dentro del grupo, dentro del aula, no de manera institucional. No existe una política institucional de segregación ni especialmente homofóbica, en la actualidad, pero sucede que la universidad ignora el tema, que no es discriminación formal, sino por omisión, pues desde el punto de vista de posibilidades, no tienen el mismo desarrollo al no representar la hegemonía heterosexual.

Es un debate que hay que llevar a la FEU, en una época en que en diversas partes del mundo se discute sobre los derechos del matrimonio —por ley— entre personas del mismo sexo.

Cuba participó en Chile en una de las conferencias sobre los derechos de las personas transexuales, y esto significa que hay que estar preparado para asumir los nuevos tiempos. ¿Considera entonces que no debían existir cátedras de estudio de la mujer sino cátedras de estudio de género?

―Las cátedras de estudio de la mujer son muy buenas pues son las que han permitido llegar a los estudios de género, pero sería muy importante el enfoque de género porque se repiensa todo: mujeres, hombres, raza, clase, opción sexual, y creo que eso es un debate que a toda la sociedad nos hace falta, empezando por la misma universidad; lo que hemos hecho dentro de las facultades de Filosofía, Historia y Sociología no puede ser una excepción.

Los primeros estudios fueron sobre mujeres y sobre feminismo en el campo de la historia, pero luego en los años 97-98 empecé a incursionar en los estudios de masculinidad; hoy en la actualidad ya hay un resultado a partir de trabajos dentro de la misma facultad, o en la Central de Trabajadores de Cuba, organizados con los dirigentes sindicales, ejemplo de cómo llevarlos a la sociedad y a sus organizaciones porque lo han tomado realmente como una necesidad.

Por mucho análisis que se haga nunca va a ser suficiente, claro, pero, ¿cree que hoy se dan más en torno a estos temas o siguen siendo muy insuficientes?

―No es que hayan ido creciendo, sino que ahora empiezan; no había debate antes sobre estos temas salvo artículos, es decir, alrededor de algunas revistas como ustedes mismos en Alma Mater.

La reflexión está ahora a nivel de sociedad, de consejos populares. Ya se empieza a llevar a los sindicatos, a la CTC, con todos los dirigentes nacionales, lo cual me llama la atención; siempre vemos la labor de los sindicatos para otros objetivos, y mira tú que ahí se está haciendo un debate alrededor de los derechos sindicales, de la diversidad sexual, y esto es muy novedoso, además de ser un ejemplo para las demás organizaciones dentro del país, que pueden hacer lo mismo si tienen la voluntad de hacerlo.

¿Piensa que los niños que ahora están en la primaria dentro de 18 años estarán mejor preparados?

―En cuanto a la discusión de este tema sí.

Nosotros tenemos el privilegio en Cuba de la implementación de la sexualidad dentro de las asignaturas en la primaria y secundaria; en otros países se está pensando todavía en la cigüeña y en la semillita en la barriga. En el sentido biológico y de reproducción, el debate de la sexualidad en Cuba está bien.

La cuestión es tratar de que sea menos médico y más social. Tenemos la suerte de tener un programa de educación nacional sobre la educación sexual, regido a partir del CENESEX y el Ministerio de Salud Pública, pero muchas veces hay cosas que se escapan.

Los medios de comunicación son los grandes creadores de arquetipos para la masculinidad, la feminidad, la sexualidad, y es donde nosotros tenemos que empezar a trabajar de una forma más inteligente, más profunda, con más criterios.


*CUC, Peso Cubano Convertible, equivalente más o menos a un dólar estadounidense

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