Del modernismo a las identidades en el siglo XXI

Del modernismo a las identidades en el siglo XXI

Surgido en una época marcada por un fuerte proceso de modernización que busca democratizar, industrializar y capitalizar la sociedad a través de la emergencia de la clase burguesa, el modernismo fue una escuela literaria de gran renovación estética y la primera expresión de autonomía literaria de los países hispanoamericanos. Era una manera de responder, desde la oposición, a la burguesía y el materialismo que se imponía (“Ruines tiempos, en que no priva más arte que el de llenar bien los graneros de la casa, y sentarse en silla de oro, y vivir todo dorado”, diría Martí en el Prólogo al poema del Niágara), y tuvo en la mujer a uno de sus elementos estéticos claves.

Sin embargo, la mujer es tomada en cuenta sólo como representación, como elemento de belleza, objeto de arte no como sujeto productor de significados, algo señalado en la tradición occidental cristiana. Para los modernistas, indicó la académica, “lo femenino se constituye en representación de la belleza. El paradigma modernista negó legitimidad a la mujer, a la mujer poeta en el proceso poético significativo. Negó la historicidad de la mujer y la concibió sólo como principio estético”.

En ese sentido, recordó una frase de Darío, en la que el autor de Azul afirma que una mujer poeta era tan rara como una rosa azul. En contraposición, citó un poema de la cubana Nieves Xenes (1859-1915), en el que reconstruye el discurso masculino predominante en la estética modernista.

A continuación, Mayra Beatriz Martínez, del Centro de Estudios Martianos (Cuba), expuso sobre un singular caso en el panorama literario latinoamericano del cruce entre los siglos XIX y XX, el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo (1873-1927). Max Henríquez Ureña le describió como “una de las personalidades más interesantes del movimiento modernista...” y Rubén Darío dijo que era un “jovencito de ojos brillantes y de cara sensual, dorada de sol de trópico, que hizo ensayos prometedores”. Desde muy joven. Gómez Carrillo causó controversias en los círculos literarios guatemaltecos, al punto de ser calificado como enfant terrible y provocar que el presidente le concediera una pensión por tal de que se fuera a Europa.

A partir de los tres libros de su autobiografía, cuya verosimilitud fue puesta en duda por sus contemporáneos pero que sin duda contiene elementos verídicos y su concepción de la vida, la sociedad y la literatura, Martínez explicó cómo en las obras del escritor guatemalteco lo andrógino —no directamente vinculado con la realización homosexual— está por encima de lo misógino tan caro a la época y que propugnaba el modernismo. “Lo andrógino, aclaró la especialista, como ideal de belleza desde una percepción que notaba en los sujetos la convivencia de elementos que reunían lo masculino y lo femenino”.

Subversión, trasgresión erótica de los personajes, acercamiento a los entresijos de la sexualidad humana; lo ambiguo, lo anfibológico como signo, la desestabilización de las nociones que apoyaban la misoginia aparecen en la obra de Gómez Carrillo, que pasó largas temporadas en varios países de Europa, convivió con diferentes cuerpos culturales, colaboró en numerosos periódicos y reunió cerca de 60 volúmenes de publicaciones, tanto crónicas de viajes como novelas.

En un salto al presente, Bárbara Riess (Allegheny Collage, Estados Unidos), disertó sobre Género y número: concordancia y discordancia en el estudio de la literatura femenina. Partiendo de los estudios estadísticos y su combinación con los estudios culturales y literarios, Riess se asomó a la producción cultural femenina de las últimas décadas en Cuba, tomando como objetos de análisis la revista La Gaceta entre 1962 y 2004, y las publicaciones de la editorial Letras Cubanas también ese período.

Como indican las estadísticas, apuntó, en estas décadas ha evolucionado constantemente la integración de la mujer a la sociedad y es cada vez más determinante su papel en todos los terrenos de la vida nacional. También ha sucedido en la producción cultural, aunque no linealmente sino cíclicamente. Es palpable, dijo, el uso de su fuerza para cambiar su influencia, su presencia en la esfera cultural.

Para complementar esta visión contemporánea, la doctora Nara Araújo, profesora de la Universidad de La Habana, habló en torno a los roles e identidades de género en la literatura cubana actual. Tomando como ejemplos novelas escritas por cubanas entre el 2003 y el 2006, mostró cómo se colocan en la perspectiva de protagonistas que deben buscar un lugar en la vida amorosa, profesional y familiar, encontrarse a sí mismas.

“Se aprecian en esos libros los roles y géneros atravesados por instancias en estrecho vínculo con las realidades sociales y las necesidades de nuestros tiempos. Son ejemplos que dan cuenta del estado actual de las percepciones en este terreno y de cómo la literatura las refleja”, añadió.

¿Mujeres masonas en el siglo XIX cubano?

Con la primera parte de la jornada dedicada a la Historia, continuaron este martes los trabajos del Coloquio. La historiadora María del Carmen Barcia (Premio Nacional de Ciencias Sociales) dio a conocer un documento que permite pensar en la existencia de mujeres cubanas dentro de la masonería. Catecismo de maestra perfecta (para el uso y enseñanza de las masonas) es el título de un impreso encontrado en poder de un grupo conspirativo de pardos y morenos de La Habana, en la primera mitad del siglo XIX.

Luz Mena, profesora de la Universidad de California en Davis, abordó el tema de la relación inter-racial entre las mujeres habaneras del siglo XIX y a continuación Teresa Prados-Torreira, del Columbia College (Chicago, Estados Unidos), ofreció una conferencia sobre la participación de las féminas en las guerras anticoloniales en Cuba. La profesora de Historia de América tiene una importante investigación en este campo, resultado de la cual ha publicado el libro Mambisas: mujeres rebeldes en el siglo XIX en Cuba (Universidad de la Florida, 2005).

Múltiples mujeres citadas por Prados-Torreira, como Clemencia Arango y Solar, Emilia Casanova, María Elena Peña Redonda, Rosario Castellanos, Adela Ascuy, Aurelia del Castillo, Edelmira Guerra, Luz Noriega, Ana Betancourt y Mariana Grajales, sirven de ejemplo más que suficiente para demostrar el empeño de la mujer cubana en ocupar el lugar que le pertenece como hacedora histórica.

La mañana de hoy martes concluyó con la intervención de Andrea Ostrov (Universidad de Buenos Aires, Argentina), Zaida Capote (Instituto de Literatura y Lingüística, Cuba), Luisa Campuzano (Directora del Programa de Estudios de la Mujer, de la Casa de las Américas) e Ilka Kressner (Universidad de Nueva York en Albany, Estados Unidos).

La investigadora Zaida Capote se refirió a las crónicas de la periodista cubana Ofelia Rodríguez Acosta, a quien describió como una de las más prolíficas escritoras cubanas del siglo XX. Luisa Campuzano se refirió, por su parte, a las crónicas de Dulce María Loynaz y la posibilidad de que sea cierta la declaración que hizo en los Ochenta en la que reclamaba la autoría de las crónicas firmadas por Pablo Álvarez de Cañas para el diario El País en el segundo semestre de 1947, no así las fechadas entre finales de 1946 y principios de 1947, escritas en un recorrido realizado por ambos a través de varios países de América del Sur.

Mañana miércoles la jornada matutina será compartida entre investigadoras mexicanas y cubanas, y la tarde entre puertorriqueñas y cubanas, quienes ofrecerán sus visiones sobre el reflejo de la violencia en la prensa puertorriqueña y reflexionarán sobre la identidad masculina, entre otros asuntos. La jornada concluirá con un panel que promete un interesante debate. Con el título La(s) masculinidad(es) y contando con el crítico de arte Helmo Hernández como moderador, participarán en el mismo el actor Alexis Díaz de Villegas, los narradores Alberto Garrandés, Reynaldo González y Pedro de Jesús, el fotógrafo René Peña y el historiador Abel Sierra Madero.

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