El derecho a la poesía en Venezuela

El derecho a la poesía en Venezuela

Al libro Sobre salvajes le da título un poema contenido en esta Antología personal, el cual, antes de llegar a estas páginas logró una trascendencia grande en Venezuela por haber sido reproducido en el reverso de un afiche (cartel) publicado por el Ministerio de Cultura de Venezuela a raíz de un referéndum revocatorio que le hicieron al presidente Chávez.

La pregunta que había que resolver en el referéndum era: ¿Usted quiere que Chávez se vaya, si o no? El afiche tenía por un lado la palabra no en todas las lenguas indígenas venezolanas y por el otro lado estaba reproducido el poema citado, Sobre salvajes.

Aquí, un fragmento:

    Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocío Chirïkéyeetakuú, que significa Saliva de las Estrellas; a las lágrimas Enú-parupué, que quiere decir Guarapo de los Ojos, y al corazón Yewán-enapué: Semilla del vientre. Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejo-koji (El sol del Pecho) para nombrar al alma. Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. Y para decir olvidar dicen Emonikitane, que quiere decir Perdonar.
Asimismo, Gustavo Pereira cuenta que en 1999 leyó Sobre salvajes en la Asamblea Nacional Constituyente como respuesta a quienes se oponían a que los pueblos indígenas tuvieran algunos derechos. Por ejemplo, el derecho a que sus lenguas se declararan lenguas oficiales, como en efecto se hizo, y a que se les concedieran sus territorios ancestrales, tal como les fueron concedidos.

Gustavo Pereira fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y, posteriormente, redactor del preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999).

Hugo Chávez lo llamó a su gabinete como Ministro de Cultura (que en ese entonces todavía era un viceministerio), pero por terror a los cargos públicos y la burocracia, Pereira no aceptó.

“Dije que no con mucha pesadumbre, pero ante todo debido a mi temperamento de hombre solitario y a que la burocracia venezolana es como cualquier otra, pero más terrorífica, y con la virtud de que contra ella se estrellan permanentemente las buenas voluntades”.

Gustavo Pereira cuenta que comenzó a los 11 ó 12 años. Para él, la palabra fue un descubrimiento en su adolescencia y dice que lo que empezó como una simple inclinación se convirtió en vocación y, posteriormente, en trabajo.

“En mi vida sólo me he dedicado a intentar perpetrar versos, aunque —claro— como suele ocurrir en mi país y en todas partes, de los versos no se puede vivir”. Por tanto, Pereira se graduó como abogado cuado tenía 23 años.

“En ese entonces, —explica— en mi país había una situación muy turbulenta políticamente; había una oposición armada contra el gobierno de Rómulo Betancourt que sucedió a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y los jóvenes universitarios participamos muy activamente tanto en contra de la dictadura como de ese gobierno.

“Durante esos años de la tormenta armada —vamos a llamarle así— y de la represión gubernamental, ejercí el derecho como defensor de presos políticos y sindicatos”.

En 1968 entró a trabajar a la Universidad, jubilándose un poco antes de que ganara el presidente Chávez, pensando que la jubilación no solamente era merecida sino que entrañaba cierta paz y tranquilidad para dedicarse a su pasión postergada, la poesía.

“Pero no, ganó el presidente Chávez, y ahora trabajo más que antes (risas); de modo que la jubilación no me ha llegado todavía, pero me prometí que este año la tomo”.

No dudo que la política genere tanto entrañables amistades como tremendas enemistades y, precisamente por eso, no me lo imagino a usted en un rol burocrático.

—Yo, más por viejo que por diablo, tengo muchos amigos en las áreas del arte y la literatura, pero definitivamente hay que tener cierto temperamento y condiciones para ocupar con éxito alguna dignidad pública, y como me conozco a mí mismo y sé que carezco de ambas cualidades, prefiero no meterme en esas honduras y dedicarme a regentear mis versos (risas).

A raíz de que llega Hugo Chávez al gobierno, Venezuela se ha vuelto mucho más visible en América, sobre todo, y me imagino que este posicionamiento del país está beneficiando también a los intelectuales, ¿verdad?

—Sin duda. Antes de la instalación de la Asamblea de Constituyentes, dirigía la Revista Nacional de Cultura (Caracas), revista fundada hace más de 50 años por Mariano Picón Salas. Yo la quise transformar en una revista de la unidad cultural hispanoamericana, es decir, la concepción unitaria que Bolívar ya soñaba desde la instalación del Congreso Afictiónico de Panamá que, como todos sabemos, fue un fracaso dado que la intervención de Estados Unidos a instancias de Santander desnaturalizó los propósitos de unidad e integración latinoamericana. Pero con el presidente Chávez este propósito ha sido retomado, ahora con el ALBA, proyecto de unidad hispanoamericana, eso ha comenzado a andar. Desde ese punto de vista, al gobierno venezolano esta unidad entre los latinoamericanos le interesa más que cualquier otra cosa en el mundo, me parece.

“Y sí, —plantea el poeta— eso ha permitido que los seres otrora invisibles en mi país se hayan vuelto visibles. Los excluidos ahora son incluidos. Por poner un solo ejemplo, en los seis primeros años del gobierno de Chávez se integraron a la educación primaria más de 500 mil niños que habían sido excluidos de la educación.

“La UNESCO declaró a Venezuela como país libre de analfabetismo hace tres o cuatro años gracias al apoyo del gobierno cubano que nos brindó un método alfabetizador denominado Yo sí puedo.”

Ya que usted fue parte de la redacción de la nueva Constitución, cuéntenos en qué medida ésta benefició al mundo de la cultura en su país.

—Por primera vez en la historia venezolana la palabra “cultura” aparece en un texto constitucional, y no solamente se trata de la palabra, sino que la cultura se convirtió en un derecho fundamental del venezolano, parangonable al derecho a la salud y al trabajo. Desde el preámbulo, —dice— que tuve el honor de redactar, la cultura es un derecho primario del pueblo venezolano.

“En Venezuela, —explica— se han publicado últimamente millones de libros con tirajes de 500 mil (por ejemplo, Los Miserables, de Víctor Hugo) o hasta un millón de ejemplares.”

Y subraya, además, una cosa importantísima. En Venezuela hay casi 60 librerías del Estado, llamadas Librerías del Sur, que distribuyen no sólo libros venezolanos, sino libros latinoamericanos que se venden —así como en Cuba— a precios irrisorios, con lo cual no hay pretexto para no leer.

¿Qué sabor de boca le deja haber sido jurado de un Certamen latinoamericano de poesía?

—Concurrieron más de 200 libros, la inmensa mayoría de los cuales tenía una gran dignidad, tanto así que aparte del premio único, el jurado acordó una primera mención de honor y cuatro menciones más. Sin embargo, nos extrañó muchísimo la poca participación de países como México, Colombia y Venezuela, que no llegaron ni a la docena, algo bastante extraño, mientras que Argentina y Cuba fueron casi la mitad de los participantes. De Chile, igualmente, hubo una representación pequeña.

¿A qué atribuye la escasez de trabajos de los países que ustedes los jurados representan?

—Yo creo que se debe a que en estos países existen muchos concursos de poesía. En Venezuela se creó hace dos años el Premio Víctor Valera Mora dotado con cien mil dólares, comparable al Rómulo Gallegos que se otorga también en Venezuela en prosa y narrativa.

¿Cómo se siente calificando poemas?

—Es un trabajo muy ingrato. Yo no quiero ser miembro de jurado nunca más. Finalmente, el ganador no tiene por qué agradecer nada al jurado porque si se le da un premio es porque lo merece, pero los que pierden le atribuyen a los miembros del jurado muchas cosas malvadas, como por ejemplo, no saber nada de poesía.

Dice esto Gustavo Pereira y ríe de nuevo, ahora además con una gran expresión de satisfacción al recibir —en este momento— un ejemplar de Sobre salvajes recién salidito de imprenta, listo para que el poeta Norberto Codina, autor de la selección y el prólogo, lo presentara esa tarde (31 de enero) y Pereira lo autografiara.

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Eugenia Montalván Colón es periodista de Unasletras.com

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