Rolandito Luna en primera persona

Rolandito Luna en primera persona

Rolandito es un músico sensacional, un pianista virtuoso del que se habla con respeto y admiración ya. Él se sabe querido y lleva en la sonrisa el encanto de quien pisa sobre seguro. Toca el piano y muestra los dientes, habla y se toca el corazón. Tiene 30 años y es actualmente el pianista del Buena Vista Social Club; antes había tocado para o con Omara Portuondo, Chucho Valdés, “Changuito”, Gonzalo Rubalcaba y otros.

Su padre lo encaminó en la música y le puso en las manos una guitarra cuando tenía 12 años. Seguramente llegó a dominarla. Cosas de la vida, como él dice, le pusieron frente a un piano. Ahí cambió su vida. Empezó a estudiar en una escuela nocturna en Guanabacoa con Gloria Sánchez, profesora que lo guió en su iniciación (dos años) y lo preparó para la prueba de ingreso a la Amadeo Roldán, la escuela para los jóvenes que estudian música desde pequeños, como asegura Rolando: “A mí me lograron aceptar por las condiciones que tenía, y así hice mis cuatro años de nivel medio superior”.

Para esta entrevista, pensada y hecha en principio para un medio mexicano, Rolando Luna aclara que en la Amadeo Roldán se estudia música clásica, y que él había llegado al piano gracias a la música popular: Chucho Valdés, Gonzalito, NG La Banda, pianistas como Michel Camilo, y para tocar la música de todos ellos formó su grupo de jazz latino.

“Con ese grupo di mis primeros pasos en el género de jazz, participamos en festivales, compusimos nuestras propias piezas… (Hasta ahora Rolando Luna ha venido hablando muy rápido, quizá no con el vigor con el que toca, pero igualmente acelerado). Se da un respiro y dice: Las vueltas que da la vida”…

…Esas vueltas han puesto al pianista en una posición privilegiada. Acaba de ganar el Concurso del Festival de Jazz de Montreux (41 edición, 2007) y será protagonista del Festival Internacional de Jazz que inicia mañana en La Habana.

Yo lo conocí en el concierto que brindó en la Casa de las Américas el 29 de enero, noche memorable por la interpretación de Lecuona y Abelardo Valdés, autor del famoso danzón “Almendra”, y ante todo por su propia música: “Un recuerdo más de ti” (dedicada a la memoria de su padre), “Alucinaciones” y “Profundo amor”, piezas en las que tocó con su trío: Oliver Valdés (batería) y Yandi Martínez (bajo).

Esto fue solo el principio, Rolando Luna también subió al escenario, literalmente hablando, al gran maestro Orlando López “Cachaíto”, el famoso contrabajista que por ser ya una persona mayor no se mueve ni un centímetro del punto del escenario que le asignan; ahí, con la vista fija en el pianista, logra acordes magistrales. Esa vez en la descarga de “El diablo suelto” de Heraclio Fernández Noya.

En el trato respetabilísimo hacia el público y sus músicos, Rolando Luna es también un As. Igualmente atento y agradecido se mostró con los trompetistas “Guajiro” Mirabal y Luis Mirabal, con quienes tocó a trío “Para Vigo me voy” de Lecuona.

Presumiblemente, en la segunda parte del concierto Rolando Luna estaba quizá más complacido que el público, de por sí alucinado. Fue especialmente amable al invitar al escenario de la Sala Che Guevara a la cantautora Miriam Ramos, mujer sensible que a tono con la celebración del Premio Casa de las Américas, repasó piezas populares de los queridos compositores del continente, de Carlos Jobim a Silvio Rodríguez. Rolando Luna hizo un acompañamiento digno.

Y antes dije que habla rápido y es así; me hizo una síntesis de su trayectoria en lo que me tomaba un café del Hotel Presidente (extra corto), y realmente no veía al caso pedir otro, ni siquiera reclamar que llenaran la taza, preferí escucharlo.

Hiciste una historia muy sintetizada. Recapitulando: terminas la carrera como músico clásico, a partir de ahí creas tu grupo y te inicias en el jazz...

—Antes había tenido un grupo que se llamaba Nueva Luna, y a la par trabajaba en grupos profesionales y no específicamente de jazz, sino de música cubana, trovadores y demás. Lo primero que recuerdo importante para mí en el jazz fue el premio Jo-Jazz, un festival muy importante patrocinado por algunas instituciones cubanas; en esa ocasión el presidente del jurado era Chucho Valdés. Tuve el privilegio de que me conociera tocando y me entregara el premio. De ahí en adelante he tenido el apoyo constante de este maestro, y mis actuales participaciones en festivales internacionales se deben a él.

—El Concurso Jo-Jazz es internacional y se realiza en Cuba —explica Rolando—. Yo recibí el premio hace cinco o seis años. Toqué obras mías y temas obligatorios. A raíz de ese concurso pude hacer mi primer disco en Unicornio, la disquera del maestro Silvio Rodríguez. En él tuve como invitados a excelentes músicos de las mejores orquestas de Cuba. Mi productor fue Juan Manuel Ceruto. Este CD estuvo nominado en tres categorías: ópera prima, mejor jazz latino y en la que ganó: mejor grabación del año, eso fue un privilegio para mí.

“Después viene el concurso de la Villa de París (Martial Solal International Jazz Competition Piano, 2006), donde tuve la oportunidad de quedar como semifinalista, aquí se nos acercó el jurado para felicitarnos y decir que era la primera vez que había cubanos en este concurso.

“Posteriormente, gracias a la invitación de Chucho, participamos en el (Bösendorfer Solo Piano Competition) Concurso del Festival de Jazz de Montreux (41 edición, 2007), donde compartimos con muchos de los pianistas ganadores de la Villa de París, y aquí ganamos dos premios: el gran premio del concurso y el premio del público, que es muy importante, y eso me halagó muchísimo, pues generalmente no se dan estos dos premios a un solo músico y nosotros tuvimos esa dicha. Seguimos en las nubes, continuamos celebrando.”

Por cierto, Rolando Luna actuará como invitado especial en el próximo Festival de Montreux (Julio 2008).

Le hago ver al maestro que no se encuentran discos suyos en el mercado, y responde:

—El próximo mes me voy a grabar con una disquera suiza que se interesó en nuestro trabajo, y aquí en Cuba ya empezamos a grabar un disco DVD en la EGREM y aparte está por terminarse el disco de la final del Festival de Montreux.

Como compositor, ¿cuál es tu línea?

—Aquí en Cuba las escuelas son de música clásica, instrumental, enseñan muy buena técnica porque venimos de la escuela rusa y la francesa, y tenemos excelentes profesores. No puedo dejar de mencionar a mi último profesor y el más grande que he tenido: Andrés Alén. Él está ahora impartiendo clases en Barcelona, pero es la persona a la que le debo todo. Gracias a Dios pude pasar a verlo antes de ir al Festival de Montreux, y me dio clases.

“Entonces —continúa—, en materia de composición he aprendido empíricamente. Lo primero que hice cuando conocí el piano fue empezar a hacer mis temas. Tengo videos del grupo Jazz Latino, del que te hablé al principio. Teníamos 12, 14 años y tocábamos temas nuestros. Eran composiciones hechas por intuición y desde entonces yo compongo a partir de lo que escucho, después pongo a prueba mis cosas y dan resultado. He tenido buena aceptación. Eso demuestra que el ambiente musical de Cuba está a muy buen nivel y podemos compararnos con todos los grandes músicos que hay en el mundo y aportar algo.”

Es evidente tu virtuosismo, ¿qué dirías de tu técnica? ¿Por qué tu música es tan compleja?

—Algunas piezas, no todas, depende de lo que quiera transmitir con ellas. Lo que trato de plasmar son emociones, experiencias, vivencias, y esto lo vinculo con el conocimiento que tengo de la composición. Al tratar de desarrollar las obras eso es lo que las complica un poco, pero los temas trato de que sean reflejo de algo.

Tienes una pieza que se llama “Amor profundo”.

—Tengo muchos temas hechos. Siempre me ha dado por escribir y componer, y soy un poco chapucero porque escribo cosas y las tiro. En este concierto estrené dos de mis temas que tenían unos cuantos años ahí guardados. Los encontré acordes con lo que quiero hacer en los discos que están en proyecto y los puse a prueba con el público. Son los temas que toqué con el trío y ojala les hayan gustado al público.

Las reacciones indican que sí.

—Gracias a Dios.

También gustó mucho la pieza que le compusiste a tu papá.

—Mi padre no estudió música pero era más musical que yo. Él me impulsó a mí a estudiar música porque él no lo pudo hacer. Yo recuerdo que cuando empecé a estudiar le decía “papá voy a acompañarte tal bolero” y él me decía “ese acorde está mal”, y yo al cabo del tiempo lo rectificaba con alguien que sabía y tenía razón, el acorde estaba mal. Su conocimiento de la música era increíble. Él era de la región oriental de Cuba, de Santiago, una tierra increíble en cuanto a calidad musical.

Para los cánones académicos, ya eras grande cuando llegaste al piano.

—Me costó trabajo estudiar piano clásico y entrar a la escuela Amadeo Roldán. Tuve que pasar algunas eliminatorias y adaptarme en dos años a los siete años que estudian todos los que entran a esa escuela. Fue una prueba de fuego.

Llama candente para todo lo que has logrado, ¿cómo te sientes, qué piensas a futuro?

—Estoy en una etapa de experimentación, aprendizaje y mucho trabajo. La experiencia que tengo con el Buena Vista Social Club me ha rejuvenecido porque estoy haciendo la música cubana desde las raíces, y he tenido que aprender eso también. Toda mi vida he tenido la oportunidad de compartir con gente que me enseña: Silvio, Pablo, Amaury Pérez, trovadores, y también con músicos de salsa. Estamos a punto de hacerle un disco a (la cantante) Miriam Ramos por sus 45 años. Siempre hay algo qué hacer además de mi proyecto personal como pianista.

¿Como jazzista?

—A veces no me gusta que me enfoquen sólo como jazzista. Me gusta serlo, pero quiero que la gente reconozca todas las otras cosas que puedo hacer, y por eso estoy grabando diferentes tipos de discos.

¿Qué representó para ti la repercusión que tuvo la música cubana con el Buena Vista Social Club?

—Los primeros conciertos del Buena Vista los vi en Canadá. Estaba viviendo allá porque iba a entrar a la universidad. Era muy joven, no me había ni graduado de la escuela. Me fui por un trabajo y me quedé.

¿Pensabas establecerte allá?

—Mi vida iba en ese camino. Había clasificado para estudiar en la escuela de Toronto, y estaba tocando con músicos de allá, pero casualmente va el Buena Vista Social Club y, te decía, yo había estado trabajando con Omara Portuondo, y según ella yo era uno de los pianistas que iba a entrar al grupo junto a Rubén González, pero por cosas de la vida me fui a Canadá… y finalmente allá los vi, ¡con teatro lleno!

“En fin, que para hacerte un poco el cuento te voy a decir por qué significa tanto para mí el Buena Vista Social Club y sus grandes músicos improvisadores de la música cubana, tan grandes como los jazzistas.

“Recuerdo una vez que yo estaba tocando con Omara en el Café cantante, y ella me dijo: «mañana te voy a traer un pianista que te va a encantar».

“Bueno, y Omara me trae a Rubén González. Yo no sabía ni quién era. Él no podía ni caminar… No había empezado el Buena Vista todavía, yo estaba en la escuela. Los jóvenes no conocíamos esa música, siempre intentamos tocar como los americanos, pero cuando escuché ese estilo cubano me hizo ver que aquí en Cuba hay algo que no lo tiene nadie más. En ese tiempo se escuchaba mucho la timba, pero cuando te pones a ver a ese señor y el sonido que tenía… Yo le dije a Omara que quería tomar clases con él, pero no se pudo porque él ya estaba muy viejito.”

¿Qué sentiste en Toronto con teatro lleno y tu gente en el escenario?

—Imagínate. Me sentí más cubano que nadie. Yo creo que fue una de las cosas que me hizo regresar a Cuba.

Y ahora, desde dentro, ¿cómo ves al grupo? ¿Qué le depara?

—Yo veo al proyecto como un roble. Todos los años hacemos giras inmensas. En el Reino Unido es un fenómeno increíble. Yo me quedo frío. No lo creía. Los músicos son muy reconocidos, y creo que el Buena Vista tiene para mantenerse muchos años más.

Rolando Luna camina conmigo por la Avenida de los Presidentes, en La Habana, y me sigue hablando:

“Yo me considero músico popular, aunque al jazz lo consideren un poco más elitista, no importa, yo no dejo de hacer música popular porque es de donde vengo. Para mí es un orgullo que músicos de salsa me llamen a grabar sus discos; siento que estoy en forma para hacer ese tipo de música. Es un reto duro, tienes que estar al tanto de lo que está pasando. No me gusta verme fuera de ese ambiente… Me gusta adentrarme en cada formato y estilo y saberme desglosar en cada uno”.

¿Desglosarse? ¡Qué cosa! Un músico tan noble y virtuoso es de una sola pieza. Los teatros le van de maravilla, y espero que México no se tarde mucho en invitarlo a tocar. Se lo digo, y él feliz, aun cuando recorre el mundo de arriba abajo como quien entra y sale de su casa, ¿verdad Rolandito?

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Eugenia Montalván Colón es periodista de Unasletras.com

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