El autor no es nada sin el lector

El autor no es nada sin el lector

Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de la Casa, vino especialmente para presentar sus novedades, y llegó tarde porque primero debía concluir la Feria Internacional del Libro que su país celebra con ventas altas, alrededor de 3 millones de libros en la primera fase, la cual duró diez días y que se circunscribe a La Habana, ya que actualmente está vigente en las provincias.

—Para ciertos países son muchos libros —dice Zurbano—, pero en Cuba no alcanzan; mucha gente se queda insatisfecha a pesar de que la industria del libro se ha recuperado bastante en los últimos 3 años y hay disponibles una diversidad de géneros y temas, pero aun así los libros que se hacen para abrir el año en la Feria de febrero se agotan en el primer semestre.

Ya que se traslaparon los foros cubano y mexicano, y usted se trasladó de uno a otro con el fin de continuar vendiendo, díganos cuáles son sus principales intereses como promotor de lectura.

—Como editor lo que más me interesa es el lector, pues el autor no es nada sin él. Me interesa la integridad espiritual de ese lector, e incluso me interesa el lector que apenas existe, ese que ahora mismo se está alfabetizando, así como el lector prejuiciado y el que sólo se ocupa de libros de autoayuda y títulos intrascendentes, pues éste puede llegar a cambiar precisamente mediante la lectura.

“Por otra parte, me interesa el modo en que la industria puede ofrecerle al lector libros más baratos, y ver hasta dónde pueden expandirse los canales de distribución, uno de los grandes traumas para cualquier editor que trabaje hoy en América Latina.”

¿De ahí su entusiasmo en venir a México?

—Más que estar en tanta feria internacional, que además se ha vuelto realmente caro ir a algunas, me atrae la vieja historia de Manuel Scorza y Alejo Carpentier sobre las fiestas del libro en cada país latinoamericano.

Zurbano considera que es un gran error que los espacios de presentaciones y de promoción sólo se ocupen de los grandes autores y de los temas más comercializables. Al respecto propone buscar alternativas en colectivo:

“Creo que debemos unirnos para encontrar juntos la manera de proteger y expandir nuestro gran patrimonio y lo más intenso de la creación literaria y cultural que nos identifica y fortalece”.

Su visión del mundo editorial está ligada al impacto del neoliberalismo en toda su dinámica: “Es una verdadera lástima que el mercado quiera regular la creación literaria despojando de ella valores éticos, estéticos, ideológicos e identitarios que tanto han significado para las letras de América latina y el Caribe durante siglos.

“Las editoriales pequeñas, independientes o que sencillamente no tienen en el mercado su única razón de ser, están siendo marginadas o borradas del espectro editorial. Las transnacionales del libro imponen sus gustos y sus principios de homogenización cultural, y se fabrican temas, autores y premios para darle un entorno y un público a esa literatura.

“Grandes y pequeños autores sucumben ante la avalancha de tales transnacionales que, por otra parte, olvidan las identidades nacionales, el discurso de las minorías y los temas menos comerciales para imponer un solo modo de ver la literatura.

“En la Casa de las Américas hemos dedicado mucho tiempo a pensar cómo enfrentar esta problemática, y estamos planeando un evento de editores del sur para dilucidar dificultades comunes y encontrar soluciones también comunes”.

Por lo pronto, Zurbano asegura que el fondo editorial Casa de las Américas sostiene un discurso emancipatorio, crítico y de apoyo a la creación más diversa, incluso experimental: “La Casa sigue arriesgando por autores jóvenes, temas espinosos y aquellos libros y escritores que describan las realidades de sus países”.

Entre la oferta que Cuba ofrece en Minería, sobresalen los libros que llevan impresa en portada la palabra mágica: Premio. Y por supuesto está a la venta la colección completa de los escritores ganadores del certamen literario de la Casa de las Américas del 2007: Los juegos de la escritura o la (re) escritura de la Historia, ensayo de Alberto Abreu; La paranoia, obra de teatro de Rafael Spregelburd; la novela Mil y una de Susana Silvestre, y Oblivion, obra reconocida en la categoría de “Testimonio”, y en la que Edda Fabbri narra su vida en la cárcel de mujeres de Uruguay durante la dictadura militar.

Asimismo está disponible el trío de autores que de manera extraordinaria la Casa de las Américas premia con la publicación de un libro en tres categorías en honor a tres grandes nombres: Narrativa (José María Arguedas), Ensayo (Ezequiel Martínez Estrada) y Poesía (José Lezama Lima), y que el año pasado correspondieron a Abelardo Castillo, María Lourdes Cortés y Juan Manuel Roca, respectivamente.

Es innecesario subrayar que la Casa de las Américas, desde su creación hace 50 años, ha hecho suyos a muchos autores de Latinoamérica y el Caribe y con ellos actualiza su catálogo constantemente. Comentarlo es indispensable, sin embargo, para no perder de vista que hay variedad y los precios corresponden a los contenidos, ya no digamos a su proceso de producción y todo lo que éste significa en Cuba.

Cierro los ojos y tomo un libro al azar: Fontanarrosa: tres en uno. De éste se tiraron 5 mil ejemplares en la imprenta "Federico Engels". No lo he pagado y ya lo empecé a leer…

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Eugenia Montalván Colón es periodista de Unasletras.com

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