Nos toca defender las literaturas al margen

Nos toca defender las literaturas al margen

El Premio Casa nació con la Revolución y, como se puede ver, está en forma; al grado de premiar incluso a aquellos escritores latinoamericanos y del Caribe que viven en Estados Unidos. Actualmente lo preside Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias (CIL) de Casa, personaje clave en el panorama cultural de la Cuba actual.

Jorge Fornet (Bayamo, 1963) da la pauta para una larga entrevista y empezamos por hablar —unos segundos— de él. Estudió letras hispánicas en la Universidad de La Habana y se doctoró en El Colegio de México.

Era muy joven cuando Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas, le encargó dirigir el Premio Casa. La primera edición de su hechura le cayó encima cuando tenía 32 años, si bien empezó a dirigir el CIL a los 31. Sus antecesores habían sido: Luisa Campuzano, Trinidad Pérez y Mario Benedetti, entre otros.

En el año 94, explica Fornet, fue deliberado el propósito de rejuvenecer la Casa de las Américas. Lourdes Benigni asumió la dirección de Artes Visuales y, un poco más tarde, Maité Hernández-Lorenzo la de Comunicación y Prensa. De la misma manera, cuando Fornet llega al CIL y al Premio, se impuso el objetivo de rejuvenecer las relaciones de la Casa. Aquí lo explica:

“Son famosas las relaciones de Casa con grandes personalidades; inevitablemente se piensa en Cortázar, Benedetti, e incluso el Vargas Llosa de aquel momento, y parecía que éstas se habían anclado; de ahí la necesidad de establecer relaciones con los nuevos Cortázar y los nuevos Benedetti, pero sin traicionar la tradición.”

Habla de un Premio de hechura propia, ¿hasta qué punto usted define los nuevos lineamientos de la organización?

—Dicho así parece muy fuerte, porque en realidad hay una paradoja, ya que lo que puede haber de personal en la gestión de cualquiera frente al Premio es la continuidad de la tradición.

¿A qué se refiere?

—La mayor parte de las personas que han sido jurados y premiadas más recientemente, nunca habían tenido relación con la Casa. Algunos, incluso, nunca habían estado en Cuba o ni siquiera habían publicado en ninguna de las publicaciones de Casa. Así que mi hechura tiene que ver con esta paradoja, y espero que quien ocupe mi lugar dentro de diez o quince años haga lo mismo, establecer nuevas relaciones con otros escritores.

¿Existe una estructura predeterminada para llevar a cabo el Premio?

—Hay una especie de camisa de fuerza preliminar. El superobjetivo es promover la literatura latinoamericana y caribeña, y dentro de éste hay varios más. La pregunta es cómo hacer la promoción de la literatura desde un concurso, desde un premio literario.

¿Y cuál es la respuesta?

—Mi llegada a la dirección del departamento coincidió con una etapa especialmente difícil en la historia de Cuba, el momento más tremendo del periodo especial, el año 94. Llegamos a pensar en hacer restricciones económicas radicales. Incluso vinieron editores extranjeros dispuestos a apoyar el Premio en la categoría de novela, pero la función de la Casa no es proyectar un género por razones comerciales, así que dijimos “no” a los editores. Claro, quisiéramos que nuestros libros se difundieran, distribuyeran y vendieran muy bien, pero sin subordinar el Premio a condiciones económicas. Ese es otro requisito.

“La Casa —continúa Fornet— tiene un proyecto cultural mucho mayor. , esos géneros que no tienen salida fácil, y esa es una especie de camisa de fuerza, como dije, ineludible.”

El Premio cumple 50 años de vida. Es el más antiguo de América y es autónomo.

—Eso nos ha traído muchos problemas, efectivamente, porque si se hiciera una historia económica del Premio veríamos cuántos miles de miles hemos invertido en que vengan cientos de jurados, dar los premios, imprimir y distribuir los libros. Invertimos en áreas de la literatura que sabemos —de antemano— nunca va a haber recuperación en el sentido económico. No hay manera de que se vendan estos libros.

“Sin embargo, —explica— queremos hacer la promoción de la literatura desde diversos géneros, incluso los menos privilegiados por las editoriales, desde diversas zonas del Continente y diversas lenguas, por eso convocamos a escritores a participar con su obra y a otros a ser jurados. Uno puede cambiar determinados perfiles o la frecuencia en que se manejen algunos temas o determinados premios extraordinarios que son, en sí, una invitación a reflexionar sobre cuestiones específicas. Son libertades que me he dado dentro de un esquema que no he querido violentar.”

¿Qué efecto han tenido estos premios extraordinarios?

—A veces la convocatoria tiene muy buena acogida y otras, menos; sin embargo corremos ese riesgo, ya que en los géneros canónicos: teatro, novela, cuento, poesía, ensayo, llegan centenares de obras, pero cuando uno pone un tema, restringe de antemano la cantidad de participantes.

Jorge Fornet da pie para hablar de la peculiar convocatoria que se lanzó el año pasado y cuyo ganador se anunciará el próximo día 11 de febrero: el Premio extraordinario de estudios sobre los latinos en los Estados Unidos: “En el año 98, precisamente al cumplirse un centenario de la Guerra Hispano Cubana Norteamericana se hizo un Premio de literatura hispana escrita en Estados Unidos en literatura de creación; lo ganó la cubano-americana Sonia Rivera Valdés. Ahora estamos convocando a algo parecido, pero no igual, y es un premio de estudios latinos escritos en Estados Unidos; pueden ser estudios de cualquier tipo no sólo literarios. Es una apuesta, un llamado de atención a un fenómeno: los latinos que viven en Estados Unidos.”

Argumenta más: “Latinoamérica ha extendido sus fronteras a Estados Unidos, hay más de 40 millones de latinos o descendientes de latinos viviendo allá, son un fenómeno cultural serio, y también dentro de América Latina, y a nosotros nada del lado humano latinoamericano nos es ajeno.”

Casa de las Américas, institución fundada por Haydee Santamaría cuatro meses después del triunfo de la revolución cubana, se sobrepone a las relaciones difíciles que existen actualmente ente la isla y Estados Unidos.

Jorge Fornet habla de este carácter expansivo.

—Siempre digo una cosa que a veces me han tomado a mal, pero yo lo creo: uno de los grandes atributos de la Casa, y en particular del Premio, es la ambición desmedida. Empezó con cinco géneros en español: poesía, cuento, novela, ensayo y teatro, pero poco a poco entró en crisis esa condición y, cuatro años después, se pensó que el Premio no era hispanoamericano, sino Latinoamericano, debido a ese otro pedazo enorme del continente que es Brasil; desde entonces el Premio no deja de crecer y ampliar sus ambiciones. La Casa tiene un destino trágico: ocuparse de temas que van más allá de lo meramente llamado el “beletrismo” (las bellas letras). Se ocupa de la cultura en general.

¿Cómo se percibe este carácter expansivo y ambicioso en Latinoamérica? Dan la pauta de que todo se puede, que todo es válido, pero a veces el que mucho abarca poco aprieta, ¿no?

—Nosotros no agotamos temas ni mucho menos. No tenemos recursos ni posibilidades para formar especialistas, y seguramente los habrá en otros países, pero impulsamos que en Cuba se haga un evento o se publique un libro sobre temas específicos. Cuando abrimos el Premio a determinados géneros, temas o determinadas lenguas (inglés, creole y portugués, fundamentalmente) queremos hacer una pequeña marca a nivel global. Los autores del Caribe envían sus obras en sus propias lenguas nacionales, así que no estamos descubriendo nada nuevo, son libros publicados, lo que hacemos es traducirlos al español para que así el público hispanoparlante conozca una cultura de la que a veces nos sentimos un poco lejanos por la frontera de la lengua. Y se trata de ir abriendo espacios y poner a circular nombres y obras que de otro modo no circularían fácilmente.

¿Son escritores norteamericanos, finalmente?

−Sí, se está extendiendo lo que ellos dicen el guión: cubano-americano, dominicano-americano, o los chicanos; es un fenómeno que durante muchos años no se hizo visible, y parecía que ellos no pertenecían a la literatura latinoamericana, pero sí pertenecen y muchos de ellos reivindican esa condición, y, por lo tanto, uno no puede de un plumazo borrarlos porque no vivan en el espacio geográfico de América Latina.

Tomado de Unasletras.com

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