Crónica de un espectador sentimental

Crónica de un espectador sentimentalProyección del documental Nuestra Haydee, en la Casa

Día 28 de abril de 2015, más de las siete de la noche, mi Casa, esta que me acogió desde el día 1 de octubre de 1979, celebró por todo lo alto el aniversario 56 de su fundación. Bendito día en que entré en ella. Cambió mi vida desde entonces.

Esa noche fue un gran día. Viví intensamente los mejores 57 minutos, los hice partícipes para siempre de mi regocijo por ser yo una ínfima partícula de esta institución que se llama Casa de las Américas, mi Casa como la llamo desde hace mucho; como también digo «Mi librería».

Creo y siento seguridad al decirlo, y lo que se piensa con el corazón y con amor siempre sale bien. Repito viví intensamente la noche del martes 28 de abril, disfrutando, como siempre, el maravilloso documental Nuestra Haydee.

No soy un adicto a ver documentales, pero conozco algunos muy buenos. El chovinismo me corroe las entrañas cuando se trata de mi casa, con sus defectos y virtudes. Por eso la defiendo con ardor, como defiendo todo en lo que creo. Este documental me reafirmó una vez más lo que siempre he pensado, que Haydee está vigente en todo lo que hacemos, y al ver las hermosas imágenes con vida propia, lindas imágenes llenas de amor, veo con claridad la vigencia actual de su presencia. Siempre necesaria. Donde está el corazón y el alma de todos los que hicieron posible esta joya, comandados por Esther Barroso que tuvo la sabiduría al hurgar en lo más profundo de las personas entrevistadas, ya que abrieron su corazón para detallar instantes históricos de todo este proceso revolucionario en la figura de la Heroína del Moncada.

Esa noche felicité a Esther con todo mi corazón por su valioso trabajo, al igual que a sus colaboradores. No sólo disfruté el documental, sino también la presencia de muchos que trabajaron aquí y también pusieron su granito de arena, también percibí la presencia de algunos que ya no están y que también fueron fieles a ella, fieles a esta Casa.

Hoy siento todavía correr por dentro de mí esas lágrimas que anoche brotaron, no solo de mis ojos, sino de mi corazón, vi el documental sentado en el piso de la Sala Che Guevara,  con el alma en vilo y disfruté cada uno de los 24 segundos que se fueron repitiendo uno tras otro, viendo cómo corría la historia de mi patria en los labios de muchas personas que quisieron a Haydee y que aún respetan su trascendencia y valor temerario.

Es hermoso recordar, y el documental está hecho con el alma y el corazón por tratarse de una vida como la de Haydee, una mujer inigualable y que todo lo hacía con mucha pasión.

No quiero dejar de decir lo importante que resulta la presencia de una joven trabajadora de la Casa, Ana Niria Albo, quien nos ayuda en toda la trayectoria del documental dándole al mismo todo su calor y la fuerza de vida necesaria para entenderlo mejor. Por todo lo bello y enternecedor del documental, felicito a todos los que lo hicieron posible

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