Butazzoni: “Mi brazo aún puede lanzar algunos buenos strikes”

Butazzoni: “Mi brazo aún puede lanzar algunos buenos strikes”El escritor uruguayo Fernando Butazzoni

En 1979, a la edad de 25 años, el uruguayo Fernando Butazzoni obtuvo el Premio Literario Casa de las Américas por su primer cuaderno de cuentos Los días de nuestra sangre. Desde 1973, el escritor –nacido en Montevideo, exiliado en 1972- vivía en Cuba, donde estudió Ciencias Biológicas en la Universidad de Oriente y, más tarde, se convirtió en profesor de enseñanza secundaria, en guionista de programas de radio.

Desde entonces, Butazzoni quería ser escritor, pero no sabía ni siquiera qué significaba serlo. Aquel premio, “con su enorme prestigio, devino para mí una certeza: era escritor y podía intentarlo. También podía decir sin vergüenza que mi oficio era ese: escribir. El Premio Casa significó toda mi vida posterior, fue un empujón decisivo y me abrió las puertas a un lugar entrañable que es la Casa de 3era. y G. Así pude conocer a los que sostenían la institución: a Roberto Fernández Retemar, Mariano, Trini Pérez, Inesita, al gran Raúl Hernández Novás, a Mayeya, Eusebio y otras tantas queridísimas personas.  Ellos eran mi familia, los son todavía pese a la distancia, a los años”.

Tiempo después llegaron otros galardones, otros libros: en 1980 su poemario De la noche y la fiesta obtuvo una mención en el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua. Para 1981 Butazzoni publicaba su primera novela La noche abierta, tres años más tarde aparecía su volumen de crónicas titulado Con el ejército de Sandino, mientrasen 1988 su novela La danza de los perdidos, El príncipe de la muerte en 1993 y así, hasta llegar a una novela peculiar, sui géneris: Las cenizas del Cóndor (2014), la cual relata, entre otras cuestiones, el instante en el que las dictaduras militares se instalaron en el Cono Sur, develando quizás –valores literarios y testimoniales mediante- la verdadera historia de lo que se conociera como El Plan Cóndor.

Una obra que, como varias de sus narraciones, va camino a convertirse en un largometraje dirigido por el cineasta argentino Miguel Colombo, un proyecto encaminado, que se filmará en 2017, aunque –según aclara el escritor- Butazzoni no está implicado en él. Una novela que en el transcurso de la Feria Internacional del Libro de Montevideo en 2014 fuese reconocida con el Premio Bartolomé Hidalgo, cuyo jurado integrara Wilfredo Penco, Alicia Torres y Gabriel Lagos.

Pero otras sorpresas le deparaban a Las cenizas del Cóndor esta vez en el 2016. Recientemente, al cabo de 37 años de aquel primer reconocimiento continental que supuso el Premio Casa para su autor, la novela –publicada originalmente por la Editorial Planeta- recibe el Premio de Narrativa José María Arguedas durante la edición 57 del certamen literario que cada enero se celebra en la Casa de las Américas.

“Es como un círculo abierto, ¿no?”, comenta Butazzoni a La Ventana. “Cuando me enteré de este premio, que además es honorífico y que antes le fuera concedido a autores tan admirados por mí como Galeano, Villoro o Piglia, me dije: ‛Bueno, así que sigo siendo un escritor. Mi brazo aún puede lanzar algunos buenos strikes’.

¿Dónde situaría a Las cenizas del Cóndor, tratándose de una novela que trastoca las fronteras testimoniales, del reportaje, de la crónica periodística y el thriller?

La novela es una colección de "ficciones verdaderas" como planteara con gran acierto Tomás Eloy Martínez. Siempre he sostenido que a veces la realidad sirve para ocultar la verdad. No soy muy aristotélico que digamos, pero la novela es, además, un ejercicio necesario para trastocar esas fronteras, que no son más que convenciones académicas. Si uno lee Operación masacre, de Rodolfo Walsh, en la segunda página ya se olvida de si lo ocurrido fue real, si es un invento, un reportaje, una novela, una mezcla. ¿Qué importa? Lo que ahí está escrito es algo verdadero y apasionante. Por cierto, lo mismo ocurre con Soldados de Salamina, la novela de Cercas que tiene un inicio idéntico en su estructura dramática, al libro de Walsh.

Fernando Butazzoni, por otra parte, ha regresado en varias ocasiones a la Casa de las Américas: en 1982 y 1990, como jurado del Premio Casa, esta última como invitado, además, a pronunciar el discurso inaugural del certamen. “Se trata de un premio bien ganado. Es larga la lista de grandes escritores y escritoras que fueron descubiertos por él: son decenas.

“Creo que además aporta en el encuentro, en el diálogo y el debate, no sólo con los libros que se publican, sino también con toda la movida en torno a ellos. Conozco muchos escritores, catedráticos o periodistas, que han sido jurado del premio y me han dicho que esa experiencia los hizo ver los procesos culturales propios con una luz nueva. Y conecta, tiende puentes. Es una época de desconexión, así que establecer esos puentes es tal vez la mejor manera de ayudar a ayudarnos. Es difícil imaginar las letras latinoamericanas de hoy sin el Premio Casa de las Américas y sin la Casa de las Américas. ¿Qué hubiera sido de nosotros?”.

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