"Levantarse de los golpes recibidos, sacudirse la ropa, y ponerse a trabajar al lado del pueblo": palabras de Arturo Arias en apertura de Casa Tomada

"Levantarse de los golpes recibidos, sacudirse la ropa, y ponerse a trabajar al lado del pueblo": palabras de Arturo Arias en apertura de Casa TomadaArturo Arias, durante la inauguración de Casa Tomada. IV Encuentro de Pensamiento y Creación Joven en las Américas, junto a Ana Niria Albo, coordinadora de Casa Tomada, y Marcia Leiseca, vicepresidenta de la Casa

Casa de las Américas ya me sorprendió una primera vez. Me refiero ala invitación al primer encuentro de Pensamiento y Creación Joven en las Américas, al cual tuve el gusto de ser invitado. Estamos hablando de 1983, cuando aún era Director Mariano Rodríguez. A la mayoría de ustedes les parecerá que hace siglos de eso. La mayoría de los participantes en ese primer encuentro tendrían más o menos la edad que tienen ustedes. Era otro mundo. Muchos de los participantes en ese primer encuentro éramos centroamericanos, y la mayoría, si no todos, estábamos fuera y queríamos ocupar no la casa, sino nuestros propios países. Como centroamericanos, en aquella coyuntura tan particular, estábamos condenados a ello. Era en esos años una exigencia política, ética y popular. Casa ya nos acogía con abundante generosidad.

Los años pasan y el mundo cambia. Ahora me encuentro ante ustedes como uno de esos viejos y excéntricos veteranos de guerras foráneas que ya casi nadie recuerda, como le pasó al coronel Aureliano Buendía en Cien años de soledad. Quizás el coronel Aureliano Buendía estuviera un poco chiflado al organizar treinta levantamientos, pero esas chifladuras son las que se encuentran en la base de la osadía de la juventud. A mi modo de ver, muchos de esos ideales siguen vigentes. Al fin y al cabo, para los jóvenes, y para los que fuimos jóvenes en aquella remota época casi antediluviana vista desde hoy, una revolución implicaba también una transformación ética. Comprendía siempre el poder del corazón. Ser sanamente irreverentes. Tener una enorme imaginación. Estar entregados a sus causas, sin por ello dejar de ser enamoradas y enamorados, riéndose un tanto de la muerte, inevitables amantes de la rumba, de fácil acceso a la amistad. Siempre son así los estudiantes inconformes, sensibles a las sorderas institucionales que nunca los toman en cuenta. 

Los jóvenes son, y fuimos, también puristas. Lo evidenciaron ustedes la semana anterior con sus correos de solidaridad para con la Casa y Cuba, por los daños generados por el ciclón Irma, y su disposición a traer lo que fuera necesario para colaborar con el evento que hoy se inaugura. Es una entrega sin condiciones. Ese sentido ético, esa disponibilidad a contribuir con lo que se pueda y como se pueda, es un rasgo que siempre caracteriza la entrega de los jóvenes antes las necesidades cotidianas a lo largo de nuestro continente. Siempre exigiéndole a nuestros gobiernos corruptos que se hagan cargo de las crisis en las que tienen metidos a la mayoría de la población, que solucionen y les den respuestas a las grandes montañas de inconformismo y rabia que en consecuencia desatan esos pueblos violentados. Llevan el dolor que sienten por sus países disfrazado en la sangre, para parafrasear al poeta Roque Dalton. Suelen ser los primeros en ser desaparecidos, como sucedió en Ayotzinapa, donde siguen faltando cuarenta y tres. Nunca se me olvidará en la película Lawrence de Arabia cuando, luego de todo lo combatido a lo largo de tres horas, y lo mucho ganado, incluyendo la captura de Damasco, al volver a El Cairo, el Emir Faisal le dice a Lawrence, “Vete. Ya nada tienes que hacer aquí. Nosotros vamos a negociar. Ese es el trabajo de los viejos. Los jóvenes combaten, y las virtudes de las guerras son las virtudes de los jóvenes. Reflejan su valor y las esperanzas en el futuro. Luego, los viejos hacen la paz, y los vicios de la paz son los vicios de los viejos: desconfianza y cautela.”

Desde luego, no comparto del todo esas palabras ficticias de Faisal. Dejemos de lado la visión eurocéntrica y orientalista. No las comparto porque no estoy convencido de que jóvenes éticos tengan que convertirse en viejos desconfiados comprometiendo sus principios. Es un reduccionismo que ignora entusiasmos, compromiso, constancia, solidez ideológica, conocimiento de la historia y tantas otras virtudes que no tienen que desaparecer a lo largo de la vida. Todo lo contrario. La vida podrá ser siempre una continua serie de problemas, pero si existe solidez de principios, los continuos agobios—desde ciclones o terremotos hasta invasiones o amenazas de guerra nuclear—no pueden ni torcer ni alterar los mismos, por mucho que los años físicos sigan su respectiva cuenta. La congruencia siempre disuelve al cinismo.

De allí que exista por allí otro cliché. Los artistas son como niños viejos. Niños, por la frescura con la cual continúan viendo el mundo alrededor suyo. Refrescando la cotidianidad. Cargando de elementos lúdicos la vida y el lenguaje. Por eso Picasso dijo que aspiraba a pintar como ya lo había hecho cuando era niño. O sea, no perder la frescura de la mirada que siempre alimenta la creación. Un ojo no influido por el convencionalismo de muchos adultos, un ojo que acepta la correlación de lo incompatible. Eso lo acompañaba con una voluntad de nunca perder el humor. El placer. Evidenció así el riesgo y la frescura que reclaman los jóvenes creadores, y los viejos que continúan sintiéndose jóvenes de espíritu. Tanto los unos como los otros disfrutan de abofetear los rostros complacientes con su arte. Sorprender a los caminantes con su irreverente aptitud para ofrecer subversivas y transgresivas réplicas a los convencionalismos de su respectiva sociedad, con frescura combativa, desde fuera de los tristes espacios reducidos en los cuales los señorones de caras grises y bocas torcidas quisieran encasillar a la juventud.

Existen muchas maneras de ganar espacios, de impactar nuestros barrios, comunidades. Todas ellas frecen oportunidades para ensayar, poner a prueba, o comprobar la factibilidad de diversos futuros deseables, con la incertidumbre y apertura que esto conlleva. Todas ellas exigen imaginación. Son a su vez memorias que cuentan las historias de nuestras familias, de nuestros vecinos y de quienes nos rodean, de nuestros pueblos. Rearticulamos sus luchas, sus sufrimientos, sus aspiraciones, su manera de ver el mundo, por medio de nuestras diferentes expresiones artísticas, construyendo sus idiosincrasias tan particulares y diferentes de las imágenes globalizadas que nos azotan a diario por los medios del norte global, sus personalidades desconocidas del resto del mundo que se obstina en no dirigir su mirada hacia el sur sin fetichizarla con exotismos. Grabamos lo que le da vida a nuestras calles, todo aquello que parecería que nadie más conoce que nosotros. 

Nuestras producciones son la energía que surge de este tipo de compromiso, así como de la frescura propia de toda producción artística. Se vale arriesgarse o equivocarse en nuestras apuestas estéticas, siempre y cuando continuemos ahondando en el conocimiento de nuestras raíces, el que articula las aspiraciones más sentidas de nuestros pueblos. Es en esto que sí espero que nos encontremos todos los aquí presentes a un mismo nivel. Diferentes edades biológicas, pero una similar edad en la mirada artística y en la madurez de principios que lo anterior implica. Asimismo, unidos en la defensa de todas las causas justas, en la voluntad de siempre visibilizar los problemas sociales. Todo esto es magia sincera. Pese a nuestras diferentes existencias cotidianas en espacios que pueden ser muy heterogéneos los unos de los otros, climas variables, poblaciones de diferente composición, entornos políticos variables, nos acercamos en creencias, en nuestro despliegue de sentimientos y de sinceridad, gracias a la transfiguración de la creación que establece una alianza interior entre creadores cuyas obras esperan todas contribuir a la mejoría de la vida de sus pueblos.

Es sabroso encontrarse, conocerse, y colaborar a través de las generaciones cuando compartimos esa pasión por nuestras singularidades, sin importar que cada quien tenga su respectiva trenza de obsesiones. Cada quien va tejiendo su propio huipil. Cada uno de nosotros guarda dentro de sí su respectivo llamado de conciencia, sus decisiones éticas, de justicia y responsabilidad, reimaginando y sufriendo todo aquello que a su pueblo le fue violentamente arrancado, lo mucho que fue destruido. Pese a ello, como después de los ciclones, luego de los terremotos, nos levantamos, participamos en la reconstrucción, y ninguno de nosotros pierde sus esperanzas de llegar a construir un mundo mejor.

Por eso personas como yo, que estamos trotando por este planeta desde antes de que se durmiera el cuentista Augusto Monterroso y soñara con su dinosaurio, nos regodeamos de placer al compartir espacios con jóvenes creadores que están detrás de estos proyectos que se presentarán en esta casa tomada, y que significan un soplo de aire fresco llenando mis pulmones de alegría e ilusión. La ilusión con la que seguimos descubriendo lo nuevo del arte y de la creación afianzado en principios de respeto a todos los seres vivientes del planeta, sean estos animales o plantas, y en el caso de las poblaciones indígenas, ríos, cerros, lagos, cuestionando la ontología occidentalal introducir los seres de la tierra como actores y sujetos vivos, porque asi funcionan ensu naturaleza y en sus espacios sociales.

En efecto, nos encontramos enfrentados a un nuevo esquema dentro del conocimiento geopolítico. Estos marcos de referencia exigen respeto por la pluralización de las diferencias subalternas insertas en las diferencias de género, sexuales y étnicas. Las nuevas epistemologías articulan lógicas teóricas y políticas frescas, originales. La agudización de conflictos sociales, de nuevos protagonismos ciudadanos como los que vimos en Guatemala en 2015 y han reaparecido en la pasada semana, y el abandono de las prácticas tradicionales, ha venido conduciendo a un descentramiento político-ontológico de las políticas actuales, en las cuales los indígenas, los afrodescendientes, los grupos LGBTQ, los jóvenes, son quienes proponen salidas del estancamiento neoliberal, sirviéndose de los nuevos medios electrónicos de comunicación social. Están proponiendo modernizaciones alternativas con proyectos descolonizadores que rompan con el cansado pensamiento eurocéntrico. La modernidad occidental otorgó el monopolio exclusivo en la creación de imaginarios nacionales al hombre letrado, preferentemente de clase alta, criollo y heterosexual. El carácter exclusivista de este monopolio se encuentra en el centro de las disputas epistemológicas que actualmente libran las nuevas generaciones.

Esta ilusión es el combustible que nos ayuda hasta a nosotros los viejos a aterrizar los proyectos con los cuales seguimos chochando, modificarlos integrando las ideas nuevas a las cuales hemos sido expuestos, así como animar a creadores jóvenes a que aprendan a su vez a dimensionar su acelerada originalidad y sacar adelante su obra por difícil que pueda parecer en un principio.

En mi caso, escribo al ritmo del caminar indígena en la montaña. Escribo para conocerme y para conocer el mundo, sin dejar de pensar un solo día en mi pueblo, con el cual convivo cada segundo de mi vida en mi imaginación. Me han influenciado los debates en la filosofía y ciencia social latinoamericanas sobre nociones amplias, la filosofía de la liberación, la teoría de la dependencia; los debates en Latinoamérica sobre la modernidad el pensamiento heterogéneo de Antonio Cornejo Polar, las discusiones sobre estudios culturales en los noventa; la colonialidad del poder y las posturas descolonizadoras ya en este siglo.

Como buen guatemalteco, y escritor encima, me han influenciado el poeta Luis Cardoza y Aragón, el novelista Miguel Ángel Asturias, el cuentista Augusto Monterroso. Recuerdo todavía la amplia sonrisa y el estímulo de don Manuel Galich, caminando en esta misma casa, sus mimos hacia mí, y el entusiasmo con el cual me regaló una copia de su libro Nuestros primeros padres. Admiro cada vez más las estrategias del novelista maya Luis de Lión para representar la racialidad y la subalternización en su novela pionera El tiempo principia en Xibalbá (1985). Considero a Humberto Ak’abal, Rosa Chávez, Silvia Etec y otros poetas mayas como las mejores expresiones poéticas del nuevo siglo. Me seduce igual la música de Sara Curruchich, de Ch’umilkaj Nicho, o bien las maravillosas esculturas de Benvenuto Chavajay y Angel Poyón. He encontrado inspiración en un amplio número de fuentes sin discriminar entre ellas, el grupo surasiático de estudios subalternos, la teoría feminista chicana, o la filosofía africana. Asimismo, he operado en una perspectiva modificada de sistemas mundo que ve la meseta asiática como el punto de apoyo del planeta, donde todo comenzó y hacia donde todo parece ir caminando.

Mi principal fuerza orientadora, sin embargo, es una reflexión continua sobre el conocimiento alternativo de los grupos invisibles, donde siempre he priorizado lo maya por ser esa mi realidad. Si se puede decir que la teoría de la dependencia, del colonialismo interno, la teología de la liberación y la investigación de acción participativa han estado entre las contribuciones más originales de Latinoamérica al pensamiento crítico del siglo veinte, con todos los condicionales que pueden aplicarse a tal originalidad, mi obra bien podría ser a su manera una modesta heredera de esta tensión, en su afán de rescatar la memoria histórica de un país triturado y aplastado. Me parece el único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Las heridas aún están muy frescas. La tierra todavía sangra de fosas comunes.

Todo ello me sirve para entender esa pasión ya nombrada con anterioridad que me alborota, la cultura maya. Fue desde mi acceso a ella que mi propio mundo empezó a cambiar. Gran paradoja, le debo la misma al conflicto armado interno de nuestro país. Fue eso lo que me llevó a convivir con mayas. Lo que llevó al dirigente maya Ixil Pablo Ceto a invitarme a participar en la conspiración dentro de la conspiración en 1980. Como le pasó a Alicia, las y los compañeros mayas me abrieron la puerta de sus maravillas, y me quedé atrapado en ellas. Ya nunca pude salir. Por el contrario. Cada vez me fui yendo más para adentro que cualquier conejo blanco. Aprendiendo más y más, dada la imparable capacidad de la cultura maya para sorprenderme, hasta el punto de dejarme ya sin aire, en peores condiciones que el Sombrerero y el Lirón. Lo maya ejemplifica para mí las complejidades de negociar variadas diferencias culturales, el deseo de alejarme de la occidentalidad eurocéntrica. El juego de pelota maya como articulación simbólica cósmica se equipara con los cabalistas medievales europeos y con el saber judío proveniente del viejo Egipto, constituyendo una posible bisagra entre el pensamiento mágico occidental y la filosofía post-occidental. A partir de su ejemplo y de su sacrificio podemos conceptualizar posturas sobre la apertura de espacios para articular vínculos entre culturas, sociedades y lenguajes.

Hoy en día, vemos estas luchas indígenas en todos los rincones de la tierra. Desde el Canadá, hasta la Tierra del Fuego. Las mismas impactan el presente, dándole un “espesor” que lo distancia del horizonte de expectativas de la vieja modernidad eurocéntrica. Se han convertido en indicadores de cambio de época no solo en mi país, sino en muchos rincones de las Américas, iniciando una reconversión sistemática de la naturaleza misma y cuestionando como nunca sucedió antes la viabilidad de diferentes Estados-Nación latinoamericanos tal y como están concebidos. Nadie mejor que ellas y ellos para respetar a los seres sintientes, como los llama Marcela Morales. Es decir, a todos los sujetos—sean de la especie que sean—capaces de sentir, de expresarse de alguna manera u otra. Por ello la filósofa mexicana Mariana Favela insiste, citando al filósofo argentino Rodolfo Kusch, en que crear al mundo es, en verdad, darle sentido. El mundo no existe mientras sea puro caos.

A mi modo ver, las nuevas generaciones de artistas de nuestro continente son igual de sensibles. Sus mismas pieles funcionan como lienzos. Hasta sus cuerpos se modifican para decir lo que sienten. Es importante visibilizarlos como creadores que prometen las nuevas visiones que transformarán nuestro continente y garantizarán su continuidad, media vez desde otros rincones del mundo no nos destruyan el planeta, pero también como seres políticos que transforman los sentidos de lo político por medio de su arte y de su creación. Son todas ellas formas de adueñarse del futuro de sus respectivas sociedades y de inventar maneras diferentes de construir sociedad. Sus obras y producción artística generan prácticas políticas nuevas que rompen con las formas caducas que ya agobian a nuestras poblaciones, y contribuyen a la construcción de nuevas ciudadanías más incluyentes, progresistas y democráticas. Es una entrega envidiable, una energía que parecería no agotarse nunca, deleitando con su inventiva en el mismo momento de enseñar a ver el mundo de maneras nuevas. Rompe el caduco ordenamiento de los sectores gobernantes para inventar órdenes nuevos. Celebran identidades heterogéneas. Exigen ponerle atención a la diferencia. Nombran sin ambages lo que ya no funciona en sus respectivas sociedades. Contribuyen a nuevas formas de ser colectivas.

Se me ocurre a manera de ejemplo la artista visual de mi país Regina José Galindo. Su arte performativo, su expresión corporal, es una forma de narrar experiencias vitales sufridas en nuestro país, rescatando elementos propios de su contexto y de su condición de mujer. Regina no deja indiferente a nadie. A veces por violenta, otras por arriesgada. Su evolución se desliza desde el auto-sometimiento hasta la automutilación, en obras como Piel (2001) o Perra (2005), a mostrarse como objeto en performances con voluntarios y voluntarias, o incluso con los propios espectadores, que interactúan con ella en piezas donde Galindo se expone con la mayor pasividad. Regina ha aparecido amarrada desnuda a una cama vertical mientras se proyectan sobre ella diapositivas de noticias sobre violencia ejercida contra las mujeres, o envuelta en una bolsa de plástico, siendo tirada a un basurero municipal. Recorrió el trayecto que va desde la Corte Constitucional hasta el Palacio Nacional con una cubeta llena de sangre, mojándose sus pies descalzos y dejando las huellas sangrientas en la banqueta, el mismo año en que intentó presentarse a las elecciones presidenciales el general Efraín Ríos Montt, condenado por genocidio en 2013. Se escribió sobre la piel del muslo la palabra “perra” con un cuchillo para condenar el femicidio en nuestro país, dado que muchas mujeres asesinadas aparecían con mensajes escritos con cuchillo en sus cuerpos. La violencia, la muerte, la tortura son constantes en la obra de Galindo como es natural, dada la sociedad en la cual le ha tocado vivir. La mía. Reconocemos en sus presentaciones el terrorismo de Estado, las violaciones, torturas, todas ellas manifestadas en su propio cuerpo, o bien contra él. Al fin, el mismo es el territorio desde el cual denuncia los sufrimientos contra todas las víctimas, personas oprimidas, las sin voz, las violadas, las acalladas, o masacradas. Regina literalmente encarna problemas acuciantes del fin del siglo veinte y del presente.

¿Qué hacemos con todo eso que no se deja normar, regular, qué hacemos con el desborde, el deseo, el ansia de lo infinito, la sed de transgresión, todo lo oscuro que también nos constituye como seres humanos? ¿Qué hacemos ante los posibles fracasos de los ideales de las generaciones anteriores? Al igual que Regina, los artistas jóvenes responden de inmediato a estas interrogantes con su incansable creatividad. Ante los mundos rotos, proponen respuestas inesperadas, múltiples, abiertas, intensas. No toleran que estas situaciones les generen miedo, ni dejan de merodear por nuestras ciudades desdibujadas yen busca de consuelo, porque siempre encuentran allí mismo el oro de la creatividad. Más no podemos pedir.

En ese contexto, se me hace adecuado que este evento transcurra en condiciones de lucha y de reconstrucción. Nada más adecuado para emblematizar la continua tarea de los artistas de nuestra América. Levantarse de los golpes recibidos, sacudirse la ropa, y ponerse a trabajar al lado del pueblo. Estamos hechos para las dificultades, estamos siempre confrontando los problemas que padecen nuestras naciones y, si se van a triplicar los mismos, les entraremos con la misma energía sin arrodillarnos nunca. Así se miden los artistas comprometidos. No me queda sino extenderles la bienvenida a esta Casa que, para sorpresa mía se convirtió también en mi casa, una que me ha recibido a lo largo de los años y bañado siempre de cariño, para invitarlas e invitarles a que, dañadita como la ven el día de hoy, se la tomen sin reparos, como ya lo han venido haciendo desde siempre en sus respectivos espacios sociales con su creatividad.

Finalmente, espero que dentro de 35 años alguno o alguna de los aquí presentes se encuentre aquí, en mi lugar, dándoles la bienvenida a una nueva generación de jóvenes creadores, garantizando así una continuidad visionaria y progresista hacia el futuro, que será acogida aquí, en lo que se convertirá la Casa de todos ustedes, acogida siempre aquí gracias a la generosidad del pueblo cubano.

 

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