Haydée Santamaría: al calor del fuego vietnamita

Haydée Santamaría: al calor del fuego vietnamitaHaydee Santamaría junto a Ho Chi Minh en Viet Nam

 Han transcurrido exactamente 50 años de aquél viaje.  Haydee  Santamaría estaba jubilosa.  En el aeropuerto José Martí, a punto de tomar el vuelo que la llevaría muy lejos de La Habana, casi  arrebató a Martha Rojas – quien había acudido a despedirla- la cámara fotográfica  de  la periodista y desde ese instante no cesó de tomar fotos. 

Graciela Rodríguez  (Chela)  fue uno de los objetivos de su lente durante el viaje a Vietnam.  Su amiga de Encrucijada, y ya por entonces secretaria de Armando Hart, integró también el grupo que la acompañó en la experiencia  y hasta hoy recuerda  la mezcla de alegría y pena que Yeyé sentía por sus anfitriones vietnamitas:   “Hemos venido a darles trabajo, me da tristeza que tengan que sacrificarse por atendernos a nosotros, con tantos problemas que tienen”, le comentaba a Chela.

Haydee viajó a Vietnam al frente  de una delegación solidaria de la Revolución Cubana con el pueblo de Ho Chi Minh y cumpliendo una invitación del Comité Central  del Partido de los trabajadores.  Pocos meses antes había encabezado en la capital cubana la Conferencia de la  Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).

En las ciudades de Hanoi, Hai Phong  y Ha Long  y entre el 5 y el 16 de septiembre de 1968, Haydee recorrió fábricas, escuelas y cooperativas; hospitales y comedores subterráneos  y  vio de cerca los extensos cultivos de arroz  solo con mujeres trabajando pues la mayoría de los hombres estaban en el frente de combate.  Visitó la  famosa bahían de Ha Long, donde se le vio  cámara en mano  y binoculares, siempre en compañía de jóvenes vietnamitas. Se reunió con dirigentes del Partido, del gobierno y de la Unión de mujeres vietnamitas y sostuvo conversaciones oficiales con  el Primer Ministro Phạm Văn  Đồng.  Pero, sin lugar a dudas, los dos encuentros con Ho Chi Minh la marcarían para siempre.

“Al líder vietnamita –cuenta Chela– le comentó Yeyé cuánto le impresionó  ver,  sonrientes,  las caritas de niños que habían presenciado  innumerables bombardeos”.

Haydee vio pueblos enteros destruidos y fábricas y  barrios obreros bombardeados.  “Yeyé sentía  más indignación  que dolor”, añade Chela.  Se empeñó en que la llevaran al Paralelo 17 pero  le dijeron que era imposible por el peligro que representaba allí  la guerra, pero le prometieron cumplir su sueño en tiempos de paz.

Indagando, sonriendo, agradeciendo, admirando…así se le ve a Haydee en las numerosas fotos que se guardan como testimonio de aquél viaje, recogido con minuciosidad en el libro Del Moncada a Vietnam, de Yolanda Portuondo,  publicado en 2009 por la Editorial Capiro.

A su regreso le dijo a la periodista  y amiga  Martha Rojas: “he vuelto con más bríos después de ir a Vietnam en guerra y saber que ganarán porque con Ho Chi Minh  ese pueblo tienen que ganar”.  Y unos días después ofrecía a los trabajadores de la Casa de las Américas un conversatorio sobre la experiencia.  En el panel le acompañaban nada menos que Roque Dalton, Mario Benedetti, Enrique Linh y Roberto Fernández Retamar.  “Vimos y sentimos que a Ho Chi Minh se le amaba como se ama a un hijo o a una  madre, no como a un Dios.  El amor por él es infinito, es profundo”, dijo Haydee.

Haydée había conocido de primera mano una realidad impactante.  La guerrillera y la luchadora clandestina, crecida como combatiente revolucionaria al calor  de las ideas pero también de las balas, debió seguramente  identificarse con el coraje del pueblo vietnamita.  El Vietnam de septiembre de 1968 fue otro escenario donde ella pudo  corroborar aquella  idea que siempre le acompañó: “Quien construye para todos, no para sí mismo, es feliz”.

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