Un acercamiento a El Arte escultórico contemporáneo en la República Dominicana

Un acercamiento a El Arte escultórico contemporáneo en la República DominicanaMarilyn Sampera, autora del volumen durante la presentación

Para comenzar esta presentación quisiera agradecer Marilyn Sampera por hacer la invitación para presentar su libro El arte escultórico en la República Dominicana a ese segmento del Grupo de Estudios del Caribe que radica en la Facultad de Artes y Letras, al cual represento en esta ocasión y que desde el año 2015 se ha dado a la tarea de recopilar el corpus científico sobre arte caribeño que se ha producido en la facultad (específicamente en el Departamento de Historia del Arte) debido a la poca visibilidad que tenían en ese momento, por la necesidad de que estas investigaciones se revirtieran de manera adecuada en la docencia o en el ejercicio académico, debido a que este constituye uno de sus objetivos principales.

Esta ardua labor que en mi caso comencé siendo aún alumna ayudante de la asignatura Artes del Caribe, nos ha permitido aglutinar un total de total de 27 investigaciones, ello sin contar los estudios dedicados al arte y la cultura cubana correspondientes a la disciplina Arte Cubano, (25 Tesis de Diploma y 2 Tesis de Maestría en el período que abarca desde 1985 -año del inicio de la asignatura- hasta el 2017).

¿Y por qué comienzo así?, precisamente porque El arte escultórico en República Dominicana es el resultado editorial, es decir de la publicación de una de las dos tesis de maestría de ese corpus científico que les comentara y que la Sampera defendiera satisfactoriamente en el año 2007. Dos loables acciones lograba su autora con ello, primero aventurarse al estudio de las artes de otra nación, en segundo valorar en su justa medida un segmento de la producción artística dominicana hasta cierto punto preterida por la historiografía de la propia nación, mucho más abocada hacia el estudio de la pintura y la fotografía.

Antes de adentrarme a analizar los valores del libro, no puedo dejar de mencionar elmérito del trabajo in situ de la autora quien realizara dos viajes a suelo dominicano y por tanto sostuvo un trato directo con los artistas y obras que constituyen su objeto de estudio. (Hecho que me destacara su tutora, la Dra. María de los Ángeles Pereira pero que constatamos si revisamos las fuentes orales de la bibliografía)

Fiel a los resultados investigativos, el texto que goza de una excelente estructura, logra articular un discurso coherente de la praxis escultórica en el contexto mayor de las artes de RD desde sus inicios en el período colonial con los llamados Santos de Palo,hasta el momento en que fue defendida la tesis (2007), con énfasis en la producción de la década del 90 y principios de los dosmil. Para ello, el texto se divide en dos capítulos, siendo el primero una antesala para develar, con una mirada panorámica –como lo plantea la propia autora- los antecedentes de su objeto de estudio, a saber el arte escultórico-instalativo de las dos últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI.

Considero que en este hecho radica uno de los valores del texto, puesto que desde una perspectiva sistémica e integradora pone de relieve los cauces del devenir histórico de la escultura dominicana, que resulta imprescindible para comprender el desarrollo del instalacionismo más actual. De esta manera, logra rebasar investigaciones precedentes y que la autora declara como fuentes importantes en su proceso investigativo, tal es el caso del texto “1844 – 2000. Arte Dominicano. Escultura, instalaciones, medios no tradicionales y arte vitral” de las reconocidas Jeannette Miller y María Ugarte.

Con respecto al primer capítulo, es menester señalar la importancia que posee el modo en que la autora sitúa los orígenes de la manifestación en la imaginería popular de los denominados santos de palo. Estas esculturas de madera realizadas por autores anónimos –y que muchas veces solo se asocia a la cultura boricua- constituyeron un legado y modo de reivindicación de la cultura hispana en suelo dominicano, que además ejerciera influencia en momentos posteriores, como lo demuestra el texto.

Asimismo se resalta la incursión en la escultura de importantísimas figuras del arte dominicano como Abelardo Rodríguez Urdaneta y Celeste Woss y Gill, facetas menos estudiadas dentro de su producción artística y no menos significativas según nos demuestra el texto, por su calidad estética, materiales utilizados, temáticas referidas, etc. En el caso del importante creador de cambio de siglo la propia autora refiere: Poseedor de una depurada técnica pictórica, Urdaneta mostró, sin embargo, un mayor temperamento en la escultura que en el manejo del pincel. Mientras que para la Celeste el quehacer escultórico significó una continuidad de su obra plástica, en la cual el desnudo femenino, en tanto ideal de belleza mestizo y propiamente dominicano le confirió un sello distintivo a su obra. Observar las piezas Uno de tantos de Urdaneta y Modelo de Woss y Gil me susitó la idea que tal vez en esta manifestación se develan de modo más genuino las influencias estético-formales que ejerciera el mentor sobre su alumna.

Merecida valoración reciben los artistas españoles exiliados en República Dominicana tras la IIGM, los cuales impulsaron el desarrollo y la enseñanza de la escultura que para la década del cuarenta develó indelebles signos de modernidad. No podían faltar nombres como los de Manolo Pascual, Antonio Prats Ventós, siendo el primero quien introdujera el uso del metal y fungiera como profesor de la recién fundada ENBA, mientras que el segundo hiciera una valoración de materiales locales como la madera en sus propuestas artísticas.

De manera elocuente con lo acontecido en la década del cuarenta se introduce las claves históricas, culturales y artísticas de los años cincuenta y sesenta. Tal y como lo venía desarrollando hasta este momento, Sampera logra entretejer los acontecimientos políticos-sociales con el universo artístico y por supuesto con el desarrollo de la escultura. Este constituye otro de los valores del libro, develar las particularidades de la producción artística a la luz de los hechos trascendentales de cada contexto histórico, los cuales influyen notablemente en la esfera artístico-cultural.

Por ello, la autora expresa cómo el recrudecimiento de la dictadura Trujillista, provoca que los artistas recurran a los simbolismos y al abstraccionismo como recursos empleados para evadir la censura y la represión. A la experiencia pictórica de Paul Gaudicelli, Fernando Peña Defilló y Silvano Lora, se le suma la vanguardia escultórica encarnada en las figuras deLuichi Martínez Richiez y Antonio Toribio y Domingo Liz quienes continúan activos en los años sesenta y sesenta cuando el fin de la dictadura generaba cambios en la sociedad dominicana. Retoma la figura del escultor español Prats Ventós para destacar dos piezas que considera relevantes por la importancia que se le concede al espacio como elemento de conexión de los componentes de la obra y apuntan a un concepto más complejo de la conjunción de volúmenes.

Asimismo, resulta meritorio destacar la lucidez de la autora al reconocer en la producción de Soucy de Pellerano –con sus maquinarias de vocación cinética de finales de la década de los años setenta- como punto focal o de giro en ese tránsito de la escultura hacia la praxis instalacionista, en palabras de la propia Sampera, en la medida en que avanzan los años ochenta, la escultura fue revelando interesantes signos de una profunda renovación en la que se inscribió un nutrido grupo de jóvenes creadores, muchos de los cuales estarán en deuda con la ruptura, la novedad y el compromiso de Soucy de Pellerano quien fue, verdaderamente, la gran precursora de un concepto ampliado de lo escultórico que se proyecta hacia el quehacer instalativo, participativo y transdisciplinario.Experimentación, utilización de materiales extraartísticos como la chatarra, el ensamblaje de maquinarias, cinetismo, espíritu iconoclasta, integración más directa con el espectador y proyección social y política, constituyen claves que la autora define como distintivas de la producción de la Pellerano, las cuales la convierten en epígono del arte dominicano y antecedente directo de la producción instalacionista que cobraría auge desde fines de los ochenta hasta la actualidad.

Resulta sumamente interesante el modo en que queda trazado el proceso hacia el instalacionismodesde la perspectiva de lo escultórico y como concepto expandido, aunque no privativo de la escultura. De esta manera se constata cómo la producción escultórica amplía considerablemente sus recursos expresivos y elementos que la validan al incorporar medios no tradicionales (desechos, objetos reales) o hibridarse con otras manifestaciones como el dibujo, la fotografía, la pintura, el grabado, etc.

Es así que luego de precisar quees en el instalacionismode finales de los años ochenta hasta los albores de los dos mil donde se halla el segmento más vital de lo escultórico dominicano, el segundo apartado del texto se centra en la valoración crítica de una muestra compuesta por 9 artistas, a saber: Bismarck Victoria, Tony Capellán, Pascal Meccariello, Johnny Bonnelly, Mónica Ferreras, Belkis Ramírez, Raquel Paiewonsky, Marcos Lora y Jorge Pineda, no sin antes orientar al lector en las coordenadas socio-culturales, en las que cobran importancia la esfera institucional del arte y la participación activa de la Generación ochenta. En este sentido, la autora realiza un justo reconocimiento a la labor de la red de galerías de la nación vecina y ciertos certámenes como Bienal Nacional de Artes Plásticas (1979) y el concurso de arte Eduardo León Jiménez (1981), así como la Bienal de La Habana en la dinamización de los procesos artísticos contemporáneos de República Dominicana.

Con una mirada crítica a su objeto de estudio, Sampera, se adentra en la producción instalacionista de los creadores mencionados, para arrojar importantes luces sobre sus particularidades y sus aportes a la manifestación. El tiempo de la presentación me imposibilita abordar el cúmulo de información desplegado por la autora en su pormenorizado análisis, sin embargo me atrevo a compartir ideas generales que considero de suma relevancia a la hora de caracterizar el quehacer de cada artista y que quedan argumentados cabalmente en el texto, tales como:

  1. el proceso acumulativo de objetos cotidianos y la multiplicación de los fragmentos en la obra de Tony Capellán que enriquece el universo matérico de la instalación
  2. la condición escultórico del objeto encontrado y resemantizado o la propia elaboración del objeto en Bismark Victoria
  3. los objetos escultóricos de Jorge Pineda tallados en madera que remedan la imaginería de los santos de palo, al tiempo que interactúan  con dibujos realizados en las paredes de las galerías
  4. la estética minimalista, el despliegue en el espacio y el carácter conceptual de la obra de Mónica Ferreras
  5. el peculiar modo de instalar de Marcos Lora que dota de un carácter escultórico a sus piezas y sus ambientes y  que logran un dialogo con el espacio ocupado, así como el aprovechamiento de las potencialidades simbólicas de los objetos incorporados (recordemos sus yolas)
  6. la transgresión de los predios del grabado llevada acabo por Belkis Ramírez al tallar las matrices y desplegarlas en el espacio galerístico
  7. la puesta en práctica de los conocimientos sobre el diseño textil de Raquel Paiewonsky, así como el énfasis en el trabajo manual y la cuidadosa selección del material por su significación para expresar un discurso de género
  8. el apego a la factura artesanal de Johnny Bonnelly con énfasis en los colores, los motivos y las formas para dar vida a una poética enraizada en lo popular
  9. la diversidad de materiales y objetos así como el trabajo con la fotografía manipulada que Pascal Mecariello utiliza para crear composiciones que remedan altares muy a tono con sus reflexiones de carácter existencial

En todo momento, el análisis de la producción instalacionista objeto de estudio rebasa el plano morfológico para adentrarse en la dimensión conceptual-discursiva. Y es que la autora, amparada en las ideas de la Dra. Yolanda Wood, pondera el carácter intelectual y crítico que adquiere el instalacionismo como nueva forma expresiva capaz de comprometer la forma y el contenido como medio eficaz para abordar los más diversas preocupaciones. De tal suerte emanan problemáticas como la memoria cultural (legitimación de las raíces indígenas y africana), la historia, la impronta de la esclavitud, la cuestión racial, la puesta en valor de la cultura popular, así como la migración, la discriminación de la mujer, la vulnerabilidad infantil,la pobreza, la violencia, los riesgos que acarrea los modelos consumistas en una sociedad que no reconoce las condiciones generales de desamparo económico y la manipulación de los mass media.

Por tales razones, la instalación vibra en estas páginas en toda su multiplicidad de opciones formales y lenguajes híbridos, al tiempo que constituye medio artístico eficaz para ese grupo de creadores que detentan un comprometimiento con la realidad dominicana y caribeña, en general.

Sin dudas, El arte escultórico en la República Dominicana pone de relievela vocación de su autora por el estudio del arte caribeño a través de un segmento sumamente importante, es decir, la praxis escultórica dominicana, aunque logra trascender el universo escultórico o instalativo, para profundizar en los complejos procesos socio-culturales que explican los derroteros del arte dominicano haciendo énfasis en la contemporaneidad. La obra se nos revela como un texto de enorme utilidad metodológica para quienes-como esta presentadora- se aventuran en el fascinante campo de los estudios artísticos y culturales del Caribe, mientras que el profundo material documental, textual y visual, legado por el libro, lo convierten en lectura imprescindible para los estudios contemporáneos del arte dominicano y caribeño, en general, toda vez que deviene fuente nutricia para nuevos campos de interés investigativo.

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