León Gieco: la música que nos salva

León Gieco: la música que nos salvaLeón Gieco durante el concierto en la Che Guevara.

Lo que se había anunciado como un encuentro entre los jóvenes cineastas que por estos días sacuden La Habana y León Gieco, terminó en un hermoso concierto donde el cantautor argentino interpretó sus temas más conocidos y compartió con jóvenes trovadores cubanos.

“Nuestras canciones están donde tienen que estar. No nos pasan en la radio, es cierto, pero tampoco vamos a la radio. Nuestras canciones están en las marchas, en la Plaza de Mayo, ahí es donde tienen que estar”, dijo entre aplausos de un público que pidió y coreó varios de los temas que sonaron en la Sala Che Guevara.

Hizo entonces Hombres de hierro, la primera canción que compuso en la vida, habló de Bob Dylan y la enorme influencia en su música, hizo la segunda canción que compuso, rasgó la guitarra y le dio a la armónica como el Premio Nobel de Literatura, como Santiago Feliú, que llegó un día a Cuba luego de una gira por Argentina hablando de Gieco y con una armónica pegada a los labios.

Santiago también estuvo anoche en esa sala. Frank Delgado confesó que su generación de trovadores conoció la música de León Gieco gracias a Santi, e interpretó Para Bárbara, con la complicidad de Pablo Menéndez que subió a darle el toque final con la armónica.

Gieco quiso entonces escuchar a los jóvenes. Y por allí desfilaron algunos de los trovadores que se reúnen en las escasas peñas que aún quedan en La Habana: Oscar Sánchez, Noslen Porrúa, Tobías Alfonso…

Gieco volvió a tomar la guitarra y regaló un segundo momento de canciones de gran parte de su discografía, que abarca producciones desde 1981, para terminar con una versión de Solo le pido a Dios, junto a todos los trovadores que habían llegado hasta la Casa esa noche.

“Si hubiese sabido que mis canciones se iban a cantar tanto, hubiese compuesto más”, bromeaba minutos antes.

Perteneciente a la generación que revolucionara el rock latinoamericano desde Argentina, Gieco es considerado uno de los cantautores más importantes del país suramericano, con cerca de cuarenta trabajos discográficos hasta la fecha y, según confesó anoche, unas 300 canciones.

La Sala Che Guevara no podía estar más agradecida. El público, emocionado, fue cómplice del compromiso que se desprendía de aquella guitarra, de cada historia, de cada acorde, de cada tema que parecía haber sido compuesto para estos tiempos, para todos los tiempos.

Canciones que, como saben hacer las buenas canciones, te hunden y te salvan a un tiempo. Y no dejan, por ello, de ser hermosas.

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