Un Premio fuera de la normalidad

Un Premio fuera de la normalidadMargaret Randall durante su visita a la Casa de las Américas en 1970

La escritora estadunidense Margaret Randall fue una de las escritoras que integró el jurado de testimonio, cuando la Casa decidió incluirlo en la convocatoria por primera vez. Luego, ha sido una presencia permanente de amistad, colaboración y profundo vínculo con la Casa de las Américas.  A sus funciones como jurado en 1970, le siguió igual papel en épocas más recientes. En febrero de 2016, Margaret presentó su libro Haydée Santamaría, Cuban Revolutionary y unos meses más tarde, la antología de poesía cubana Solo el camino.

A continuación, publicamos las respuestas que Randall nos ofreció a propósito de su relación con el Premio, la Casa, vísperas a la edición 60.

“Es difícil valorar la labor del Premio Literario Casa de las Américas durante sus seis décadas ininterrumpidas de quehacer, sin caer en superlativos que nunca llevan el significado que uno quisiera trasmitir. En condiciones "normales", la labor del Premio hubiera sido sencillamente extraordinaria. Pero todos sabemos que el Premio nunca ha funcionado en condiciones "normales". Desde el principio, el Premio –y  la Casa en su conjunto– ha trabajado en la sombra de una serie de administraciones estadounidenses llevando a cabo una campaña sin cesar de mentir, obstaculizar y dañar todo esfuerzo de la Revolución. Ha sido así en lo cultural como en lo político, militar y diplomático. Sin embargo, y a pesar de esa guerra continúa, el Premio Literario Casa pronto llegó a ser uno de los concursos más importantes del continente e incluso del mundo de habla hispana. Prueba de eso es la calidad de los libros ganadores en una amplia muestra de géneros. Los autores publicados, los jurados, la belleza de las ediciones y esa labor ininterrumpida incluso en momentos de gran tensión política: todo ha contribuido a la solidez e importancia del Premio. Para mí, mucho de eso tiene que ver con la brillantez de Haydée Santamaría, que dejó su impronta en cada actividad de la Casa. Y en la continuidad de Roberto Fernández Retamar y Jorge Fornet, quienes han seguido su ejemplo.

Casa de las Américas ha contribuido enormemente a la cultura y pensamiento de la región, y sigue contribuyendo. Hay muchas razones  –algunas  plasmadas en mi respuesta anterior–, pero creo que hay que mencionar una en particular: la Casa nunca ha tenido miedo de abarcar la diversidad tanto de creadores como de estilos y opiniones. Me parece un ejemplo de verdadero quehacer revolucionario. Uno solo tiene que repasar los sesenta años de publicaciones, eventos, y exhibiciones para ver que allí están los nombres de los mejores de generaciones de pensadores, escritores, artistas visuales, músicos y teatristas. Allí también uno ve el genio de Haydée.

Tuve el honor de ser parte del jurado del premio Casa en el año 1970 y nuevamente en el 2011. La primera vez me acuerdo la impresión que me causó cuando Haydée habló con los jurados y nos instó a premiar la calidad literaria sin considerar posiciones políticas. En 2011, Roberto Fernández Retamar nos dijo lo mismo. En esta última ocasión, Jorge Fornet me aseguró que me iban a invitar cada 41 años. No creo poder aceptar en el 2052, pero no tengo duda de que la Casa y su Premio seguirán tan vivos e importantes entonces como son ahora. Es difícil separar una anécdota de las muchas que forman parte de la bella historia de Casa, su Premio y todas sus demás actividades. Más que una anécdota quisiera hablar de una atmósfera de colaboración y profundidad. Uno la siente tan pronto pasa por la puerta."

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