George Banu en su última charla habla del teatro extremo

George Banu en su última charla habla del teatro extremoGeorge Banu y la también crítica francesa Florianne Toussaint

El destacado teórico francés de origen rumano George Banu ofreció la última conferencia del ciclo comenzado este lunes. Bajo el título El teatro de los extremos: el espacio y el tiempo, Banu trazó una ruta crítica de espectáculos que considera bajo el denominativo de teatro extremo, tanto por su duración como por la expansión, mínima o máxima, del espacio.

Interesantes ejemplos que ponen a discutir en torno a las potencialidades del teatro frente a una sociedad cada vez más impulsada por la velocidad y la banalidad.

Haciendo hincapié fundamentalmente en la producción de directores como Antoine Vitez, Peter Brook, Bob Wilson o Ariane Mnouchkine. En algunos de sus espectáculos y de sus posturas ante el teatro, encuentra Banu el sentido del teatro extremo.

En este tipo de teatro, según explicó ante una sala colmada nuevamente por estudiantes, teatristas e investigadores, está marcado por el evento en sí mismo, en la desmesura o condensación del tiempo y el espacio.

Esa desproporción del espacio, así como la peculiaridad del sitio de representación (el edificio mismo, la localización en las afueras, la trayectoria que deba hacerse para llegar a él, el diminuto espacio de un apartamento) invita a una percepción de modo excepcional, fuera de lo común.

Así sucedió cuando Peter Brook decidió colocar su sede en la periferia, en un barrio de inmigrantes. Entonces, nadie comprendía su elección y muchos lo criticaban. Pero la edificación de Bouffes de Nords, una mezcla de teatro a la italiana y de teatro isabelino, trasmitía justamente la belleza de la ruina, con sus paredes sucias, su aparente fealdad.

Algo similar ocurrió cuando Mnouchikine, argumentó, levantó en La Cartoucherie, Teatro del Sol. No solo se trataba, según sus palabras, de colocarlo en la periferia, sino de la trayectoria que había que recorrer para llegar a él.

En su intervención – que en un momento se interrumpió porque Banu recibió una llamada a su celular y comenzó a hablar en rumano, algo que de alguna manera “teatralmente” también resultó un gesto simpático – Banu puso atención en los espectáculos de larga duración que no solo dislocan la percepción y la implicación de los espectadores sino también a los actores.

Recordó cómo en los ochentas Peter Brook estrenó Mahabarata y su primera duración fue de nueve horas, más tarde la televisión haría una versión reducida. Pero, para él, era justo lo que el director necesitaba para hacer del clásico un espectáculo. En el Festival de Avignon adquirió otra dimensión cuando Brook decidió ubicar la obra en las afueras del circuito principal del Festival y al aire libre, en unas canteras, lo que le permitió una recepción redimensionada.

Enumeró otros ejemplos que también se desplazan a espacios no convencionales como fábricas, o los propios apartamentos. Sobre esto último, refirió como ejemplo el teatro uruguayo que durante la dictadura muchos grupos convertían los apartamentos de vivienda en salas teatrales. Desde hace unos años, esa tendencia ha vuelto al teatro latinoamericano, pero por razones diferentes. En aquella época, se trató de una decisión política debido a la dictadura. Entonces, contó, la policía llegaba, no arrestaba pero dejaba claro que sabían todo.

Destacó así mismo en ese teatro extremo, tanto en la duración como en lo espacial, que se produce un tiempo abstracto y narrativo. Sobre el primero puso como ejemplo el teatro de Bob Wilson y en el segundo, el de Peter Brook. Wilson ofrece una repetición del gesto, una lentitud densa que permite penetrar en ese tiempo “abstracto”; mientras que Brook con Mahabarata produce una narración donde lo épico es central.

De alguna manera, Banu regresó a una de las premisas que había anunciado en su primera conferencia al hablar de la crítica de proximidad o del interior, cuando se refería al hecho de la experiencia, del estar ahí. Con esta frase, “yo estuve ahí o estar ahí”, el teórico francés, merecedor de la Orden de las Artes y las Letras y de la investidura de Caballero de las Artes y las Letras, entre otros premios, hizo  notable el papel del crítico como presencia viva en los procesos, en la memoria del teatro.

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