Adde Kola: un libro mensajero de vida

Adde Kola: un libro mensajero de vidaTato Quiñones y Celima Bernal, durante la presentación de Adde Kola

Durante la última mañana de La Casa en la Feria, la sala Manuel Galich brindó su espacio a la presentación del volumen Adde Kola, de la Colección Iroko, del sello Aurelia Ediciones.  Su autora, Celima Bernal, muy conocida en Cuba a propósito de la sección dedicada al lenguaje y el uso de la lengua española que durante años publicó el periódico Granma, además de otros títulos bajo su firma, recopiló en estas páginas testimonios, memorias y más que todo, conversaciones, con Juana Menéndez, Nena, su amiga y vecina desde que esta última se mudara para el barrio Miramar en 1962.

La acumulación de vida de ambas mujeres, tanto de Celima como de Juana, y así lo dejó claro el presentador Tato Quiñones ante la presencia de hijos, nietos y biznieta de Juana, es un regalo de esta nueva entrega de Aurelia Ediciones.

Quiñones – quien también firma el prólogo del libro, un texto que fue primero, y así se constata en el volumen, una carta dirigida a la autora y que luego sus editores decidieron convertirlo en prólogo – se refirió a la larga y fecunda tradición del género testimonio en Cuba, del cual la Casa de las Américas y su Premio Literario son principales abrigos al declararlo en 1970 como una categoría en el concurso. De esa tradición recordó, entre otros títulos, Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet, Yo me llamo Rigoberta Menchú, de Elizabeth Burgos (Premio Casa en 1983), o Reyita, sencillamente, de Daisy Rubiera, que obtuvo una Mención en el Premio Casa.

Confesó que al principio tuvo un poco de resistencia para leer el libro, pues sospechaba que pudiera ser uno más de los tantos que hay sobre el tema, pero en la medida que se fue adentrando en él, se sintió atrapado pues descubrió una lectura profunda, inteligente y divertida. Encontró en sus páginas episodios de la vida de Juana, una mujer común, de origen muy humilde que enfrentó muchas dificultades en su vida y que era practicante religiosa, una mujer que consagró su vida a la religión y a su familia.

“Una mujer de abajo, de gran fuerza espiritual”, dijo. El libro trasmite una relación de confianza, afecto que unió a ambas mujeres, de manera que puede decirse que “es un libro escrito por las dos”, aseveró.

Para Celima Bernal, “una mujer pinareñísima”, se trata de un libro que la hace soñar, meditar, recordar y también llorar”. Su amiga Juana, quien muriera en 2002, enfatizó, le recordaba su infancia cuando la cuidaba una señora descendiente de lucumí, que le cantaba en esa lengua y que la introdujo en el conocimiento de esa religiosidad y esa cultura. “Sería bueno que todos aprendiéramos esa lengua que es bellísima, tonal, es una lengua cantarina”.

Aunque no es practicante, gracias a esa nana se introdujo en sea cosmos de sabiduría que Juana luego le confirmó y la amplificó. Se conocieron en una bodega, en el mercado, fue la primera vecina, contó luego la hija de Juana, que entró en contacto con la familia cuando se mudaron de la barriada del Cerro hasta el reparto Miramar, aunque Juana nació en Jesús María, La Habana Vieja.

Se dejaron escuchar muchas anécdotas en la voz de Celima y Tato, quienes a pesar de tener orígenes diversos, encuentran en la infancia puntos comunes que los relacionan y donde la historia de vida de Juana es un puente de vida y conocimiento.

Al finalizar, Celima entonó la misma canción que le susurraba  la nana, se la cantaba en voz baja para que el resto de la familia, los padres de Celima, “los mayores”, no la escucharan. Con una mala pronunciación y acento – como recordó Celima que siempre le señalaba Juana -, la autora de Adde Kola entonó su voz en lucumí y dejó en los presentes el deseo de leer esa historia cruzada entre dos mujeres que, al final, hablaban la misma lengua, la lengua de las mensajeras de vida y sabiduría.

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