«La Casa de las Américas defenderá nuestro socialismo contra viento y marea»

«La Casa de las Américas defenderá nuestro socialismo contra viento y marea»Durante las celebraciones por el 50 aniversario de la Casa de las Américas.

La Casa de las Américas cumple este domingo 28 de abril 60 años, y a muchos, sobre todo a los que se sumaron desde el primer día a construir el gran puente que ella sería, les parece hoy mentira. Abril regó de eterna juventud la institución que le nacía en 1959, cuando la Isla amanecía a diario con un designio diferente.

Bien claro tenía la naciente Revolución que entre los primeros pilotes estaban los libros, los maestros, el trabajo honrado, la devolución de su dignidad a un pueblo pisoteado. Pero era preciso también saber qué sucedía en el pensamiento intelectual de la región, más allá de nuestras orillas; y que desde ellas se conociera el nuestro. Que los grandes autores del continente se relacionaran entre sí. Faltaba ese espacio y lo fue Casa de las Américas, con su perfecto nombre, porque ninguna otra voz habría podido ceñir mejor una realidad tan extraordinariamente magnánima.   

Mucho se ha escrito sobre el papel de la Institución que más ha hecho por la cultura del continente. Textos, documentales, programas televisivos, sitios de internet, recogen las esencias de lo que significa el desempeño de la Casa, incansable en sus convocatorias, abrazando una nueva idea, sin apenas haber despedido la anterior; pero la voz de su presidente, el destacado intelectual Roberto Fernández Retamar –quien renunciara en 1959 a ser profesor en una universidad norteamericana para servir a la Revolución– se torna siempre nueva, si habla de ese sitio que dirige desde 1986, pero en el que trabajó también en sus inicios.  

–Haydée Santamaría, mujer-luz que sigue iluminando la Casa, es alguien con quien compartió 15 años de trabajo. ¿Cuáles son los recuerdos más cercanos que lo unen a ella?

– Yo siento una admiración y devoción infinita por Haydée, que viene del fondo de mi corazón. Lo primero que me viene a la mente cuando alguien me pide evocarla es la intensidad que la caracterizó. Fue una mujer de pueblo que no sobrepasó la enseñanza primaria, y cuya inteligencia, cuya sensibilidad, cuya intuición, cuya audacia eran de una intensidad deslumbrante.

–Resulta curioso que, a pesar de la gran cercanía entre ambos, nunca la llamó Yeyé, como mayormente se le decía. ¿Por qué?

–No sé por qué, a pesar de llegar a intimar profundamente con ella, como lo he hecho con muy pocas personas, nunca la llamé Yeyé. Aunque quizá no viene mucho al caso, en una ocasión le pedí hablar con ella en la intimidad para plantearle lo que yo consideraba un serio problema político, y al terminar yo me dijo:

«Ay, Retamar (nunca me dijo Roberto), yo pensé que te ibas a divorciar de Adelaida». Añado otro comentario al margen: Mi agudísimo hermano Manolo me dijo un día: «¿Tú sabes por qué tú quieres tanto a Haydée? ¡Porque te recuerda a mamá!». Añado que también mi madre fue una mujer de pueblo que no sobrepasó la enseñanza primaria y fue una criatura excepcional. Era una revolucionaria de raíz.

–¿Cuáles serían las principales preocupaciones que podría tener hoy Yeyé frente a la realidad social latinoamericana?

–No hay que olvidar que Haydée fue una extraordinaria dirigente política. Hoy estaría muy preocupada por la derechización del mundo, especialmente en nuestra América.

–¿Entre los muchos buenos saldos que ha propiciado el suceso que ha sido la Casa, ¿cuáles serían, a su juicio, los más elevados?

–Lo más elevado, creo, es que, atendiendo a las lecciones de Haydée, la institución haya alcanzado un nivel apreciable no solo nacional, sino más allá de nuestras fronteras.

–Muchos autores deben asaltar su pensamiento cuando piensa en las oportunidades de intercambios y conocimientos que significó la construcción institucional de la Casa, Ezequiel Martínez, Galich, García Márquez, Roque Dalton, Cortázar, Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Gelman, por solo citar nombres muy reconocidos. ¿Qué experimenta el profesor Retamar cuando piensa que ha tenido tan extraordinariamente cerca a figuras literarias de esa talla?

–Aunque estuve muy al principio en la Casa de las Américas, donde leí la segunda conferencia que se ofreció allí, debo recordarle que entré a trabajar definitivamente en la Casa con algo más de 34 años. Para entonces, había sido alumno y sobre todo profesor en universidades de Cuba, Europa y Estados Unidos, había colaborado en revistas como Orígenes y había sido codirector de otras dos revistas, había sido consejero cultural de Cuba en Francia y secretario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y había hecho muchos viajes y participado en no pocos coloquios. En consecuencia, estaba acostumbrado a relacionarme con figuras literarias como las que iba a conocer en la Casa (y acaso había conocido ya).

–La Casa tiene hoy nuevas batallas. ¿Podría referirse al menos a la más inmediata?

–La más inmediata es conservar, y si es posible incrementar, nuestras relaciones culturales con países del subcontinente que viven una situación política negativa.

–Casa de las Américas fue de las primeras creaciones de la Revolución. ¿Cómo puede la Institución seguir defendiendo los principios del socialismo que ella construye?

–La Revolución Cubana es esencialmente socialista, y la Casa de las Américas, creada por aquella, esencialmente revolucionaria. En consecuencia, la Casa de las Américas defenderá nuestro socialismo contra viento y marea.

Tomado de Granma

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