Desde Argentina, Chile, Guatemala y República Dominicana, más mensajes al poeta

Desde Argentina, Chile, Guatemala y República Dominicana, más mensajes al poetaRoberto Fernández Retamar

De la Fundación Juan Bosch

Santo Domingo, República Dominicana

23 de julio de 2019

Distinguidos señores:

Luego de un cordial saludo, desde la Fundación Juan Bosch les externamos nuestras más sinceras condolencias a la Casa de las Américas ante la irreparable pérdida de Roberto Fernández Retamar.

Fernández Retamar es una gloria de la cultura cubana, amigo del profesor Juan Bosch y digno ejemplo de intelectual revolucionario comprometido con las mejores causas, quien promovió el discurso de la descolonización y batalló contra todo tipo de discriminación y exclusión social. Orgullo de toda América Latina. Es para nosotros importante preservar su legado, como referente e inspiración para las actuales y futuras generaciones.

La Fundación Juan Bosch mantiene su compromiso con la construcción y preservación del pensamiento político, moral y ético del profesor Juan Bosch y de todos los ciudadanos y ciudadanas latinoamericanos y del mundo que dedican su vida a luchar por los principios de igualdad, justicia social, paz y la defensa de los derechos humanos.

Muy atentamente,

Matías Bosch Carcuro

1er Vicepresidente Fundación Juan Bosch

 

Noé Jitrik, director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de Buenos Aires

A Jorge Fornet y al personal de Casa de las Américas Estimados colegas:

 

Sorprendidos por la noticia del deceso de Roberto Fernández Retamar, queremos acercarles nuestro pésame. Su figura fue central en la renovación de los estudios literarios latinoamericanos, así como en otras áreas del pensamiento de nuestro Continente, y al día de hoy su obra en la biblioteca de nuestro Instituto de Literatura Hispanoamericana es objeto de consulta frecuente y, en muchos casos, insoslayable. En mi nombre y en el de los miembros del Instituto que dirijo, quiero acompañarlos en este difícil momento.

 

Por Andrea Jeftanovic

Imagino que llegan y llegan mensajes por la muerte de Roberto Fernández Retamar, el capitán de esa poderosa nave que es Casa de las Américas. Así lo recuerdo a él cuando nos acompañó en la embarcación que dio la vuelta por la Bahía de Cienfuegos cuando tuve el lujo de asistir como jurado del certamen literario de vuestra Casa.

Un hombre así no muere y dejó mapa de navegación para que nadie pierda el timón.

 

Un intelectual orgánico ejemplar. A la memoria de Roberto Fernández Retamar

Por Mario Roberto Morales

(Publicado en el diario elPeriódico, de Guatemala)

El sábado 20 de julio pasado murió en La Habana Roberto Fernández Retamar, a los ochenta y nueve años de edad. Era presidente de la Casa de las Américas, Premio Nacional de Literatura y miembro de la Academia Cubana de la Lengua, además de un poeta y ensayista básico para la América Latina, así como un ejemplar intelectual orgánico de la revolución, tanto en el frente político como en el cultural y el diplomático. Ensayos suyos como Calibán y Para una teoría de la literatura latinoamericana, además de sus innumerables análisis sobre la cultura de este Continente en el contexto de las luchas populares emancipadoras, constituyeron un saludable contrapunto frente a la torrencial producción libresca poscolonial y posmoderna que sobre nuestra América disemina el culturalismo neoliberal y sus modas, basadas en la financiada victimización de la subalternidad y en el narcisismo autorreferencial de sus “teóricos” de oficio.

El latinoamericanismo bolivariano y martiano que, según afirmaba el propio Roberto, la Casa de las Américas e intelectuales como él le debían a nuestro Manuel Galich, cobraba renovada vida en sus ensayos, jamás contaminados de las modas académicas que ahora han desembocado en ciertos purismos decoloniales que se alejan de la sensatez crítica que dio origen a este desarrollo del poscolonialismo y el subalternismo, sobre todo en las vertientes de estos que jamás antepusieron la cultura a la clase social como criterio de análisis de la lucha emancipadora de los pueblos.

Conocí a Roberto en la Nicaragua sandinista de principios de los años ochenta del siglo pasado, a donde llegaba junto a inmensos poetas y cultores cubanos como Cintio Vitier, Eliseo Diego y Fina García Marruz, entre otros. En Managua conversamos sobre Darío, Martí y las luchas de los pueblos de nuestra América. Nos vimos en La Habana en el 2013, cuando estuve en Cuba como jurado del certamen literario de la Casa de las Américas, y conversamos por última vez en La Habana, en el 2016, a donde llegué como parte de una delegación de la Escuela de Ciencia Política de la Usac, para concretar convenios de intercambio académico y cultural. A su Calibán y a Ese sol del mundo moral, un libro de Cintio que su autor me regaló una mañana en el Hotel Intercontinental, de Managua, les debo en parte mi fervor bolivariano y martiano, y mi irrenunciable radicalidad latinoamericanista. Gracias infinitas por eso.

Qué decir ante la partida de Roberto, sino que la Revolución Cubana y nuestra América heredan de él un sólido legado crítico frente a la esquizofrenia ideológica del culturalismo neoliberal. Y que tanto él como Cintio son en la cultura lo que Fidel y el Che son para la lucha emancipadora de los pueblos.

Desde la “Guatemala nuestra” que bien nombró Juan Marinello, honor a su memoria.

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