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El lenguaje y la poética de la errancia: reseña de Levente no

El lenguaje y la poética de la errancia: reseña de Levente noLevente no. Yolayorkdominicanyork , de Josefina Báez

El lenguaje y la poética de la errancia: reseña de Levente no. Yolayorkdominicanyork Por Josefina Báez

De qué se ríen las mujeres en la puerta del Ni e'. Déjame acercarme. 

Josefina Báez

Una pícara, quien niega que sea una levente -epíteto en el español dominicano para nombrar a los traviesos y malandrines-,  cuenta las historias del edificio en que vive, El Ni e', y nos narra sus propias aventuras y desventuras de la cotidianidad del emigrante caribeño en Nueva York.  El vehículo para contar dichos acontecimientos es un lenguaje compuesto por un español coloquial dominicano y algo que podemos llamar inglés neoyorquino, desde la perspectiva de Nueva York, pero mirando siempre y en diálogo cultural con la República Dominicana, en especifico con La Romana. Resulta un tanto lúdico para el lector/espectador distinguir cuando está en uno u otro lugar. Esa es precisamente la belleza de ésta, su propia poética de la errancia.

El texto que nos ocupa es uno en su estado de hibridez más puro. Es una maravilla inclasificable. Se nutre de la poesía, de diálogos, de la dramaturgia, del fluir de la conciencia, del uso del Dominicanish (casualmente, título de uno de sus libros), el spoken word, la microtextualidad, la prosa sazonadita de música popular y ante todo y sobre todas las cosas; el cuerpo. El cuerpo como lienzo y palabra. Como fragmentos diminutos que se funden sin la necesidad de un orden en particular, para en última, amar algo tan grande como lo es un país y como denuncia que se apodera del concepto Dominicanyork, como se lee en parte del título,  para señalar las diferencias sociales en y entre ambos países en vez de utilizar el Dominican-American o dominicano-americano. De hecho, juega con este gentilicio de la diáspora caribeña en una parte del texto que denomina como cyberlanguage del Ni e'  en el que Dominicanyork y Domicano de allá, fungen como incisos separados de ese glosario sabroso, y como partes fundamentales del mismo. 

El texto se sostiene por muchísimos personajes que suenan a nuestros propios vecinos. Entre ellos, Dorca, la convertía,  Rita, la del 1B,  Vilma la del 4L, y hasta Walter, el hijo de Maritza hace una brevísima aparición, o al menos lo mencionan. Muchas mujeres y hombres. Muchos ellos. Muchos nosotros. Muchos yo. Un yo. Una yo. Todos lejos de sus respectivos países, y en un mismo universo: el ni'é. El mismo nombre ni'é nos muestra la situación de cada personaje que ni es de aquí, ni es de allá. En el Ni' e como en la vida, hay sus historias de amor y desamor que se nos revelan como fotografías o poemas de la cotidianidad y nos sacan carcajadas que en algunos casos vienen acompañadas de lagrimitas catárticas. Báez se vale del lenguaje y de los ciclos circunstanciales de los seres humanos, habitantes del Ni e',  como recursos para mostrar su agudo ángulo crítico ante los estragos del imperialismo, uno de los causantes del irse, en su tierra que es la nuestra, las Antillas. El amor y el desamor es un acto de sobrevivencia, se esté cerca o lejos. Igual lo son las trampas que hay que jugarle a la vida.

Su obra es una de resistencia en lugar de asimilación. A diferencia de los personajes de  la obra, In the Heights de Lin Manuel Miranda, quienes luchan para lograr su sueño americano, en el Ni e', sucede lo que el teórico Juan Flores llama colonization in reverse, término acuñado por el autor jamaiquino Louise Bennet.  Su propuesta no se trata de aprender un idioma extranjero, una cultura foránea y ahorrar la mayor cantidad posible para enviarlo en remesas a su país, o para ganar dinero para lograr realizar el sueño americano. Esta poética está clara. No existe tal cosa.  Al contrario, se trata de dominicanizar los entornos de las vallas blancas con un sistema de comunicación vivo, como lo son todos los idiomas. La identidad no está en juego. Que en Estados Unidos se le haya otorgado un Premio Pulitzer a una novela en Spanglish dominicano es señal que ese proceso de colonización en reversa está dando resultado, pues se canoniza el lenguaje a través del arte, la literatura. Quizás es por esto que la Kay se sabe unapologetic cuando hace las cosas que hace y de la manera en que las hace. Porque nuestra protagonista se las sabe todas. Y hace trampa. Sabe perfectamente que es mejor pedir perdón a pedir permiso. Es la Tom Sawyer, la Lazarillo de Tormes, la Moll Flanders  del Ni e', ganándose así un sitial por antonomasia en la literatura picaresca de las letras universales. Esa es la brillantez del Levente que lo hace y al lograrlo, crea un idioma propio que se sostiene y es capaz de mutar y reinventarse.

Cabe señalar, que por la naturaleza estática de los viajes – la errancia- , de los tiempos y de los personajes, el libro no se acaba cuando terminamos de leer la última página y juntamos las tapas.  Luego de las 292 páginas de texto impreso, la autora continúa el texto utilizando la plataforma de un blog escrito en primera persona por la Kay, (http://leventeno.blogspot.com/). El mismo, produce entradas desde el personaje de la protagonista, quien nos sigue informando de la vida en el Ni' e, que no es otro mundo, es el nuestro. Todos somos errantes. Es nuestra condición humana. Para Josefina Báez es claro que el texto no es para hacer un performance que acabe en el punto final. El texto es un organismo vivo y el lector mismo es el performance.  Tanto así que por momentos el texto se nos vuelve profético o se adelanta a los tiempos, o simplemente sucede con los tiempos. Verán de qué les hablo cuando escuchen el siguiente fragmento del libro:

Bajé a decirle a Benedicto todo lo que yo tengo en mi cabeza. Señores... la gente llorando porque le tomaron una foto al papa. Ay Dio. Nadie me puso caso. Yo decía mi confesión, como un rezo, algunas veces como la lotería cincuenta peso, otras veces como le reclamo al varón de mis amores. En español, por supuesto. En fila creerían que yo andaba en lo mismo que ellos. Mira lo frikiao, había una mujer con la foto de Jesús en la que él lanza unos rayos desde el corazón. Sus manos como ahora lo usan los raperos. Ella estaba seria. Sentía que la conocía. Miré de nuevo para donde estaban todos los policías de la ciudad, más veinte más. De momento, después del truck de motores que iban haciendo bulto delante del papa, había un olor a rosas. Miré a la mujer... Y era la Virgen. Con la cabeza como ella la pone, hacia la izquierda. Le decía al papa un répite en un idioma que yo no entendí pero sentí. Le recordaba al alemán católico que los hermanos del de la foto, su hijo, son estos que están aquí afuera, no los de la limosina, ni los que necesitan ametralladoras para defenderse. Benedicto tú lo sabes. Amamos. Y por eso morimos. Sin guardaespaldas. Lindos tus zapatos rojos. Pero ahí no es que está. Lo de los zapatos rojos se lo agregué yo. Pero lo del amor lo entendí en español y en inglés. Me puse fría. Me dio una contentura por dentro. Cuando abrí los ojos ella se desaparecía poco a poco. Así como en las películas. Creo que yo sola la vi. Aquí ando con un olor a rosas. Mai e mai.

Ningún lector debe quedar pasivo tejiendo su mortaja hasta ver a dónde se dirige "la Kay". Ella no es Penélope. Nosotros tampoco.  ¿Será que esta poética de la errancia pretende poblar la tierra con muchas y muchos Odiseos? ¿Por qué no? La complicidad que se trenza en la acción de intervenir en un texto performático al leerse, no deja espacio para ser meros espectadores. A todos nos toca el viaje, la suma de lo que hemos sido, somos y seremos entra en esta travesía.  Los dejo, queridos lectores, con esta cita del texto: " Levente no. Yolayorkdominicanyork. Ficción. No ficción. Lo cotidiano en lupa. Y una sola mujer se desdobla en muchas. Y un solo hombre también. Ellos en su viaje a Ítaca".

 

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