Escritos en el aire

El milagro de ser una mujer negra

El milagro de ser una mujer negraPortada de

La narrativa caribeña de las últimas décadas tiene en su discurso femenino una de las grandes contribuciones a las letras y el pensamiento de la región. Su escritura  forma parte de esa renovación estética y conceptual con que todas las artes (cine, artes plásticas, literatura e historiografía) cerraron el siglo XX antillano. Se trata de una reescritura de los mundos caribeños donde las excluyentes historias nacionales resultan desmentidas, desarmadas y vueltas a coser. Sus autoras las subvierten contándolas al revés: desde  los silencios, los márgenes y la insignificancia de sujetos o eventos irrelevantes para el contexto colonial en el cual nace el Caribe que conocemos, esta región donde tuvieron lugar terribles operaciones de dominación social y económica.-13

 

 Estas narrativas, que se inician con el tráfico de mujeres y hombres africanos esclavizados, su llegada a nuestras tierras y sus primeras luchas, crecen con la visibilización de estos sujetos negros en la construcción de las nuevas sociedades caribeñas, cuentan cómo paren, traducen y sobreviven en un mundo que las usa despiadadamente como fuerza de trabajo, carne del  deseo y objeto de humillación durante el periodo colonial, luego  refieren cierta independencia que no las incluye, es una libertad a medias que tuvo varios nombres, pero que no fue la emancipación verdadera; también abordan los años más recientes, durante los cuales la opresión no desaparece, sino que va mutando sutilmente, renovando sus formas de exclusión y silencio, por lo cual habrá que luchar siempre, todos los días y las noches.-14

 

 Desde una historia pisoteada, rechazada, apenas susurrada por las negras viejas, estas mujeres ahora reescriben varios siglos de silencio, reconstruyen la voz y el cuerpo, las tribulaciones y sueños de quiénes sufrieron  violación, represión, desmembramiento familiar y enajenación con el único objetivo de producir riquezas para los países metropolitanos que fundaron el capitalismo temprano. Las estructuras económicas e ideológicas coloniales sobreviven aún; sus consecuencias no son únicamente la dependencia económica, la pobreza y el colonialismo cultural sino también la desmemoria, la baja autoestima y el racismo que sufren la abrumadora mayoría de los afrodescendientes en la región.-11

Contra estas últimas consecuencias coloniales se emplaza la narrativa caribeña escrita por mujeres, en especial la novelística que comienza a producirse a partir de los años setenta del siglo pasado. Esos cuentos, memorias y novelas configuran un ciclo narrativo que no ha terminado aún y que se caracteriza por la construcción de personajes de ficción, en particular féminas, que nacen en un mundo marcado por el racismo, el sexismo y la pobreza; también asistimos a la reconstrucción de biografías e historias familiares destazadas por la avaricia y el desprecio colonial hacia las personas esclavizadas que llegaron de África, y a sus descendientes; pero no se trata de repasar la historia colonial, sino de trazar las coordenadas más íntimas del Holocausto Negro y describir la sórdida cotidianidad de aquel  itinerario, desde enfoques carentes de epicidad pero de fuerte argumentación subjetiva. Surgen así las vidas de antiheroínas, reales o ficticias, que apenas tuvieron conciencia de su lugar en la historia y, sin embargo, son las grandes protagonistas del sufrimiento, la resistencia y la emancipación en el Caribe.-19

 

A través de este ciclo narrativo producido por escritoras caribeñas de cualquier idioma, que viven en sus países de origen o fuera de ellos, publicadas, premiadas y traducidas a partir de la década del setenta, hasta nuestros días –pues aquí no valen los distingos generacionales-, se ha construido un singular espacio de reconocimiento y vindicación de las miradas subalternas que se articulan alrededor de las nociones de género, raza y clase desde experiencias tan extremas como la anulación de la condición humana, la violación o la miseria. Ellas cuentan historias no olvidadas sino vergonzantes, dichas en voz baja por aquellas sobrevivientes que las sembraron en la memoria familiar y colectiva de los afrodescendientes; historias ocultas por el deseo colonial de justificar sus desmanes y desnaturalizar la humanidad de sus víctimas. Dicha narrativa surge del fragmento, la fragilidad y el desamparo. Sus páginas consiguen reconstruir desgarradores testimonios de la resistencia negra en el Caribe, a través de una visión desacralizadora de la historia que rechaza la grandilocuencia, los estereotipos, las estadísticas y  las lógicas discursivas con que las ciencias sociales  esconden tanto la desesperación y el dolor, como la inteligencia, las habilidades y la dignidad de nuestras mujeres negras.-22

 

Este conjunto de cuentos, novelas y memorias al que he denominado ciclo narrativo femenino caribeño dignifican aquel esfuerzo fundacional, levantando un monumento a sus vidas silenciosas y destrozadas, pero ejemplares. En estos libros asistimos a la configuración de un contradiscurso literario e historiográfico que cuestiona aquellas retóricas (exótica, romántica, vanguardista, mítica o realista) con la cual importantes autores, entre los siglos  XIX y XX, fabularon la compleja realidad caribeña. Quizás la exigua cantidad de mujeres escritoras  pertenecientes a escuelas y tendencias literarias anteriores, incluyendo la escasísima presencia de autoras negras explica la tardía producción de un ciclo como el que estas narraciones abordan. Súmese a ello que el proceso de descolonización en el Caribe comienza en los años sesenta y la visibilidad de mujeres profesionales comienza a lograrse a partir de la siguiente década.-16

 

El siglo XX, desde sus décadas iniciales, se viene produciendo un pensamiento descolonizador que tiene en los maestros, pastores, periodistas y economistas negros antillanos a grandes autores, especialmente protagonistas de un marxismo crítico y autocrítico de gran valía en los campos de la economía, la historiografía  y la política. Ellos se mueven por todas las islas y también por Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Las mujeres no disfrutaban igual movilidad y su visibilidad en las aulas, los periódicos y la política era, entonces, casi imposible. Ellas se destacaban en otras zonas como la pedagogía y la religión y en el mundo de la creación artística, particularmente en la poesía y la dramaturgia, géneros en los que exhiben aportes muy destacados, pero, no es hasta los años setenta del siglo XX que tiene lugar su entrada al mundo de la narrativa, léase una entrada diferenciada, numerosa, variada y también gradual, pues inicialmente aparecen los primeros textos en francés y holandés, luego en los ochenta aparece una cantidad notable en inglés y no es hasta las décadas de los ochenta y  noventa que comienzan a aparecer las primeras obras en español.-19

 

Resulta un desafío histórico-literario estructurar metodológica y conceptualmente este amplio y valioso corpus de producción femenina que, teniendo en cuenta la raza y el género de sus autoras, más sus emplazamientos e intenciones contradiscursivas,  posee escasos antecedentes en sus propias literaturas nacionales. Quizás la excepción que confirma esta regla es la temprana aparición en 1966 de  Wide Sargasso Sea(1966) de Jean Rhys (Dominica, 1890-1979)[1], clásico fundacional de las letras femeninas caribeñas. Por esta razón, prefiero abordar dichas obras y autoras obviando los tradicionales cortes nacionalistas, lingüísticos, generacionales o estilísticos, y pensarlas desde un emplazamiento comparativo más descentrado y abierto, que logre insertar  estas obras en una perspectiva afrodiásporica y una dinámica literaria más  cruzada y cercana a las dinámicas socio-culturales del Caribe y sus ciclos históricos. No se olvide, llegado a este punto, que muchas de estas obras –incluyendo a Lluvia y viento….- resultan publicadas en las antiguas metrópolis mucho antes que en sus propios países, lo que explica la dispersión editorial de esta producción literaria y la persistente dependencia del campo literario caribeño de la industria cultural metropolitana aun en el siglo XXI, pero también la escasa recepción, promoción y estímulo para la creación literaria  en nuestras islas, donde las políticas culturales colocan a la creación literaria y su protagonistas  (autores, editores, traductores, críticos y lectores) en la última fila de sus  presupuestos políticos y económicos.-26

 

Si existe un discurso narrativo de la conquista de América, rigurosamente argumentado por Beatriz Pastor, que nos muestra “la transformación del conquistador, de su percepción de América y de su visión del mundo,”[2]también podemos afirmar que existe un discurso narrativo del cimarronaje y la resistencia negras en el Caribe y las Américas que nos presenta la transformación de los esclavos en la búsqueda de su libertad, el reconocimiento de su identidad etnoracial y los aportes fundamentales de negras y negros a la Historia y las sociedades tanto del Caribe como del resto del continente americano. Dentro de este discurso narrativo del cimarronaje y la resistencia negras, el corpus que identificamos como ciclo narrativo femenino caribeño es uno de sus momentos más desgarradores y trascendentes. A través de diversos estilos, géneros y subgéneros narrativos sus autoras abordan un tema principal: la contribución de las mujeres negras a las identidades del Caribe, a nuestras luchas emancipatorias y a las sociedades modernas, no solo de la región, sino también de las antiguas metrópolis europeas y de Norteamérica.-19

Entre las contribuciones que estas autoras aportan vale destacar el modo en que construyen un feminismo negro, no en su dimensión teórica, sino desde las diversas gestos, proyectos y poéticas con que diseñan identidades colectivas y propias, desafiando muy tempranamente las estructuras de dominación patriarcal, racial y clasista desde el espacio triple de su opresión y desde un silencio construido como operación ideológica, como máquinas de humillación, dolor, sometimiento… Todo ello manifiestan sus personajes (femeninos y masculinos, reales y ficticios, negros y blancos, ricos y pobres, heterosexuales o no) que exponen, discuten y corrigen no solo el modelo patriarcal dominante blanco, que ha perpetrado violaciones y otras crueldades como la arbitraria separación de miembros de la misma familia, sino que también describen y cuestionan ese otro modelo patriarcal que ellas identifican entre los hombres negros, mezcla de machismo con racismo internalizado, causado por las frustraciones, la baja autoestima y el desarraigo familiar. Esta novelística ostenta un marcado discurso identitario y ofrece una mirada racializada de las sociedades caribeñas que parte del cuestionamiento a la condición colonial, del  abordaje de la esclavitud, sus variantes y sus consecuencias, así como las manera en que esta ha marcado las conductas, territorios y destinos del hombre, la mujer y la familia negras de África y sus diásporas.-24

Lluvia y viento sobre Telumea Milagro[3], es la primera novela en solitario de la narradora y dramaturga Simone Schwarz-Bart, cuyo apellido de soltera es Brumant, antes había publicado la novela Une plat de porc aux bananes vertes (París, 1967)  en colaboración con su esposo, el escritor judío francés André Schwarz-Bart, con quien compartió sus preocupaciones sobre el Caribe en un ciclo de novelas y en los seis volúmenes de Hommage à la femme noir, una enciclopedia que recoge la vida de muchas heroínas negras ausentes del discurso historiográfico oficial de la región.  Ambos autores obtienen en el 2008 el Premio Carbet, el más alto reconocimiento literario a los autores caribeños traducidos al francés.-12

 De padres antillanos Simone Schwarz-Bart nace en 1938 en Francia y llega a Guadalupe siendo niña, mientras su padre luchaba en el ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial. Residió con su madre en una zona rural de la isla donde nació su gusto por el creol, la sabiduría popular y los paisajes que pueblan su obra narrativa. Ha residido en África y Europa además del Caribe. Lluvia y viento sobre… es una novela, celebrada por la crítica y traducida a varios idiomas, se le han dedicado congresos y libros en Guadalupe, Canadá y Francia, de manera que esta novela y su autora resultan pioneras del boom de la narrativa caribeña femenina que comienza a llegar a las grandes editoriales en los años ochenta.-12

Se trata, pues, de una obra contemporánea legitimada por lectores y estudiosos, cuya traducción al español en esta edición del Fondo Editorial Casa de las Américas se debe a la profesora Mirta Fernández, estudiosa de las literaturas africanas y caribeñas de expresión francesa, quien nos entrega a los lectores hispanohablantes lo que podría considerarse un clásico de las letras del Caribe. Lluvia y viento sobre Telumea Milagro es una novela íntima sobre la identidad, la resistencia y la condición femenina en el Caribe francófono del siglo XX, pero su historia es común a todo el Caribe insular y continental.-10

Esta novela tiene lugar en un mundo cerrado, que es, a su vez, un paisaje abierto al sufrimiento y la resignación de sus personajes. Casi ninguno de estos personajes puede entender que forman parte de un entramado social más complejo, más allá de las costas de la Guadalupe. Aunque podemos reconocer ciertas  problemáticas que caracterizaron el siglo XX en la región,  especialmente eventos rurales como la zafra azucarera, las luchas sindicales, el viaje hacia la metrópoli y la falta de acceso de la mujer pobre a la educación y el empleo, dichas referencias son apenas pequeñas ventanas que se abren al lector, mas no a los personajes, que viven una especie de zombificación social y política. Es también una novela sobre el racismo en un país de mayoría negra, donde el privilegio blanco es entendido como algo natural. Desde esa mirada los negros resultan inferiorizados y culpabilizados de sus propias miserias, tal como revela aquel pasaje en que la dueña de la casona donde trabaja la adolescente Telumea labora como doméstica le sermonea:-17

 (…) ah, ¿saben, al menos, quienes son ustedes, los negros de aquí? Comen, beben, se hacen los malos y, luego, duermen… y es todo. ¿Al menos saben de lo que se escaparon?  Salvajes y barbaros serían en este momento, corriendo por la selva, bailando desnudos y degustando a los individuos en compota… Los trajeron aquí y ¿cómo viven? En el fango, los vicios, las bacanales… ¿cuántos palos recibes de tu hombre?... y todas esas mujeres con sus vientres a crédito… Si fuera yo, preferiría morir, pero ustedes, eso es lo que les gusta: gusto raro, se revuelcan en el fango y ríen.[4]-10

Afortunadamente, Lluvia y viento sobre Telumea Milagro es una novela cuyo opresivo tratamiento realista es sostenido por un lenguaje poético lleno de voces que expresan una situación límite del lenguaje, del estatus social de sus personajes todos y, en particular, de la frágil condición femenina y el desamparo familiar que estas no pueden solventar. La presente traducción no intenta sumergirse en el entramado lingüístico que la autora propone y en la cual la guadalupeña, en otros textos,  ha nadado hasta sus profundidades mas conceptuales; pues se trata de trasladar al español la apropiación que Simone Schwarz-Bart realiza de la oralidad, incorporando en su obra las complejidades diglósicas del creol, esa gestualidad difícil del universo campesino de Guadalupe que es atravesado, tanto por los silencios de los personajes como por la desesperada velocidad con que les urge expresar el mundo fragmentado y precario en que viven y que esta novela describe con acierto.-17

Hay en toda traducción literaria un gran esfuerzo cultural que se multiplica ante un recurso controversial como es la oralidad; mucho mayor si esta realidad literaria se construye sobre la base de dos lenguas en tensión como sucede entre el francés y el creol. Lluvia y viento sobre Telumea Milagro está escrita en medio de esa tensión y su escritura rezuma más que una elección estética, una actitud de compromiso con el habla popular, pues en el Caribe francés la creolización es expresión irredenta de una cultura oprimida.[5] Esta novela ofrece una silente celebración del mundo y los saberes populares que ancianos y mujeres preservan e intercambian. Su autora, que también ha dedicado otras páginas al debate identitario, la defensa del creol, la antillanidad y la mujer negra, convierte a esta novela en un muestrario ejemplar de esos temas y muestra brillantemente  cómo la fuerza del mundo oral puja por imponer sus leyes, su transliterariedad y su extraña belleza frecuentemente inasible.-17

Los diálogos de esta novela están construidos con y para la sencillez de un oyente, íntimo o colectivo, que participa y acompaña con profusión de gestos, risas, llantos y deseos reprimidos. Dichas voces también celebran sus músicas y sus lenguas locales, tal y como se alimentan del fruto de sus cosechas, de sus paisajes naturales y su resistencia ancestral. Aquí hablan campesinos, domésticas, cortadores de caña, huérfanos, hechiceras, borrachos, prostitutas y desclasados que (sobre)viven bajo la opresión colonial, condenados por su condición de pobres, negros, mujeres y analfabetos que pululan al margen de la vida social y económica de Guadalupe, una isla que ha visto pasar todas las formas de la esclavitud, la colonización y la neocolonización. Un diálogo entre  la joven Telumea y la bruja Mamá Cía ilustra la evolución histórica de la subalternidad en Guadalupe, desenmascarada por una vieja analfabeta:-16

 -Mamá Cía querida, ¿a qué puede parecerse un esclavo y a qué puede parecerse un amo?

-Si quieres ver a un esclavo, dijo fríamente, no tienes más que bajar al mercado de Pointe-à-Pitre y mirar las aves amarradas en las jaulas, con sus ojos aterrados. Y si quieres saber a qué  se parece un amo, no tienes más que ir a Galba, a la hacienda Bella Hoja, la casona de los Desaragne. Ellos solo son sus descendientes, pero al menos podrás hacerte una idea.[6]-8

Telumea es una joven campesina que su abuela quiere salvar de un destino miserable. La relación entre ambas se funda en el cariño y las formas de protección que crean una para la otra, luego, el proceso se invierte y enriquece.  Entre las mujeres más vulnerables de la novela (niñas, ancianas, brujas y enfermas) se crea una intensa red de solidaridad y defensa de sus escasos espacios y valores, es una especie de tela de araña que las cubre, las comunica y las preserva de las miserias material y humana propias de ese mundo.-8

Así, la gente iba y venía ante mi casa y de vez en cuando una mujer se separaba del grupo, levantaba al cielo sus dos brazos suplicantes y modulaba con voz aguda…nazcan, nazcan para cambiar nuestros destinos… Escuchándola, tenía la sensación extraña de que ella me lanzaba un hilo por el aire, un hilo muy ligero en dirección a mi casa, y llegaba a sonreír entonces.[7]-6

Ese “hilo muy ligero” que Telumea siente que otra mujer lanza hacia ella significa mucho más que una sensación. Es un código de aquel precario mundo femenino, significa una línea de complicidad desde otro espacio de opresión que les permite tejer confianza, resistencia y esas muchas estrategias de sobrevidas que las mujeres negras conocen bien. Son redes muy finas a través de las cuales se conectan con la conciencia de su vulnerabilidad (personal, sexual, familiar y social), lo cual las hace más agudas y responsables que muchos hombres ante los conflictos familiares y colectivos. Aunque las telas de araña también suelen enredar, como chismes de comadres, las posibilidades de salvación, prefiero describir como una tela de araña la comunicación entre los personajes femeninos de la novela, pues una vez conocida la trampa social que comparten estas pobrísimas mujeres negras, podría decirse que están enredadas por tales hilos invisibles en una madeja que las hace felices, y al mismo tiempo, infelices e ignorantes. El uso de metáforas para describir situaciones desagradables, se dice, es muy propio de cierto pensamiento femenino y, además, caracteriza el discurso de la diáspora africana. Insisto en cómo los invisibles hilos de la solidaridad femenina sostienen el espíritu de Telumea y, aunque más de una vez parece caer al abismo, esos mismos hilos ocultos le salvan. No olvidemos que Anansi, la araña prodigiosa, es uno de los íconos más reconocido de las culturas afrocaribeñas, trabajado por una diversidad de autoras que van de Lydia Cabrera a Carol Britton.-26

Otra de las grandes novelistas de Guadalupe, Maryse Condé, halla en el mangle una metáfora, con la cual logra explicarnos su modo de vivir y entender la condición caribeña. Tejer como la araña o crecer como el mangle constituyen, sin llegar a teorizaciones farragosas,  metáforas conceptuales en la poética de estas autoras. Son operaciones que surgen de una carencia, de un margen (el mangle crece entre el mar y la tierra, sus raíces son, simultáneamente, aéreas y submarinas, por su parte la telaraña es una herramienta cuasi invisible que permite al insecto trasladarse, alimentarse… sobrevivir entre el aire y la tierra), tales recursos expresan y resuelven la necesidad de negociar desde la precariedad de sus espacios duales. La araña hace invisible su hilo también para preservar su vida y ocultar sus alimentos. Obsérvese, además,  como en esta novela los breves momentos de felicidad están muy cercanos al acto de sembrar, de plantar flores, vegetales o semillas de árboles frutales. Fecundar la tierra es una respuesta a la precariedad social, a la maternidad imposible (pues ninguna de las dos –abuela y nieta- pudieron parir), también a la violencia gratuita, las enfermedades y la muerte.-20

Entre los personajes inolvidables de esta novela aparece una bruja: Mama Cía, que resulta un  homenaje póstumo de Simone Schwarz-Bart a una amiga curandera. En el Caribe las brujas no caben en esa imagen estereotipada por la literatura fantástica, sino que forman parte de la comunidad para la cual asumen las funciones de curanderas, consejeras o sabias, quienes  presienten la muerte, curan enfermedades difíciles o anuncian noticias del futuro. Es usual encontrar en muchos títulos de este ciclo narrativo femenino caribeño la presencia de brujas, pues en el mundo de las negras (esclavizadas o no) estas mujeres con poderes curativos y visionarios llegaron  a ser muy respetadas por las oprimidas e iguamente temidas por los dueños y, en muchos casos, alcanzaron una merecida aureola emancipatoria por lo que fueron seguidas por las masas negras, sin dejar de reconocer que en otras ocasiones, también, eran asesinadas. Sin embargo, entre los suyos, estas mujeres constituían un modelo de independencia, valor e inteligencia.-17

-Abuela, dime, ¿por qué convertirse en pájaro, cangrejo, hormiga, acaso no es mejor que ellos se conviertan en hombres?

-No se debe juzgar a Mama Cía, porque no es el hombre el que inventó la desgracia, y antes que la nigua viniera a la tierra para roer la planta de los pies, las moscas vivían. A los hombres les gusta poner en su lengua a Mamá Cía y hacerla revoletear como a la ropa que se lanza sobre las rocas del río para quitarles el churre. Es verdad que la gente habla de ella con miedo porque siempre hay un riesgo en pronunciar su nombre: Mamá Cía.  ¿Pero te dicen lo que hacen cuando sus huesos se salen de su lugar, cuando sus músculos se anudan, cuando son incapaces de volver a tomar el aliento de la vida?

Y sonriendo de manera tranquilizante, concluyó con voz firme:

-De verdad, mamá Cía es una mujer de bien, pero no se le debe calentar las orejas.[8]-15

 Esta irreverente hechicera resulta la mejor amiga de la abuela de Telumea y es quien lega a la muchacha sus habilidades de curandera y ciertos poderes mágicos, pero sobretodo le enseña una filosofía de resistencia que enriquecen sus habilidades,  autoestima y condición humana, con las que atraviesa toda la novela y le sobreviven más allá de su muerte y del propio libro.-6

La última de las claves importantes de la novela se oculta en el título, una carta mostrada por la autora desde el comienzo que se ilumina casi al final del libro. Aquí no se trata del simple acto de nombrar; sino de re-nombrar, de re-conocer a una persona por sus actos. Pues, Telumea, supo convertir los maltratos en una extraña forma de cariño, nunca respondió a la violencia e  hizo del perdón no un gesto formal o resignado, sino de comprensión y entrega infinitas, que le distingue ante su comunidad:-8

Pero cuando el alba se levantó sobre el ataúd del ángel Medardo, terminado el baile, guardado el violín en su saco, la gente se presentó ante mí y me dijeron, con sus rasgos desprendiendo placidez,…querida mujer, el ángel Medardo vivió como perro y tú lo hiciste morir como hombre, …desde que llegaste a la loma La Locura, en vano buscábamos un nombre que te viniese bien….hoy, ya eres bastante vieja para recibir un nombre, pero mientras que el sol no se ponga, todo puede suceder… en cuanto a nosotros, en lo adelante te llamaremos: Telumea Milagro. [9]-10

 Lluvia y viento sobre Telumea Milagro habla del sufrimiento y de la redención, pero también de la resistencia y de la esperanza de los pueblos negros, habla de la crueldad de las rupturas familiares, pero también de la restauración del concepto familiar mas allá de las relaciones consanguíneas o tribales de origen africano, habla de reconstruir una gran familia de este lado del mar y, no olvidemos que este es uno de los grandes proyectos femeninos en nuestra región. Esta novela contabiliza espiritualmente el gran aporte de las mujeres esclavizadas en la lucha contra la colonialidad, tan llena de trampas, caminos sinuosos, tentaciones, negociaciones y sorprendentes regresiones.-11

Este libro arroja una mirada sensible -particularmente solidaria con sus mujeres negras- sobre el desamparo social, la ruralidad difícil y la violencia del sexismo, la crianza de los hijos propios o ajenos y la dureza del racismo al interior de esas islas que José Martí llamó “dolorosas repúblicas del mar”. Y refleja, con gran destreza narrativa, el verdadero rostro de la persistente colonialidad, sometiendo a una fuerte revisión socioliteraria el colonialismo cultural, sus legados historiográficos y sus consecuencias contemporáneas y  futuras.-9

La mirada femenina que sostiene las novelas de las más importantes escritoras del Caribe han hecho un sutil desmontaje de las ideologías esclavista y patriarcal desde un enfoque que no se confronta con tales ideologías sino que las rodea, las obliga a confesarse y a compartir el espacio de reflexión crítica y autocrítica donde, incluso, los hombres negros no siempre quedan bien parados. Son textos altamente dialógicos que construyen espacios de reparaciones histórico-poéticas; ofrecen otro modo de tejer la historia, entrando y saliendo, poniéndola ora de cabeza, ora de rodillas, desmontando sus mascaras, contrastando emociones y razones perdidas entre los estereotipos coloniales  que reducen nuestra historia al victimismo y   desangran el futuro de nuestras sociedades pobres, pero diversas.-18

Simone Schwarz-Bart, Maryse Condé, Giséle Peneau,Vea Vianen, Astrid Roemer,  Jamaica Kincaid, Velma Pollard, Edwiges Danticat, Evelyn Trouillot, Mayra Santos Febres, Daysi Rubiera, Marta Rojas, Teresa Cárdenas, Yolanda Arroyo Pizarro y otras narradoras caribeñas escudriñan, subvierten y rescriben las historias caribeñas y vienen construyendo un camino donde se debaten y enriquecen viejas reivindicaciones raciales, genéricas y ciudadanas que van más allá de la raza y el género, pero que parten de este cruce  para lanzar nuevas interrogantes en medio de los debates aún inconclusos sobre identidad racial, feminismo negro, diáspora africana y ciudadanía global que tienen lugar en un Caribe cada vez más fragmentado y lejano dentro de sí mismo. Estas mujeres, personajes y escritoras de novelas tan conmovedoras como Lluvia y viento sobre Telumea Milagro nos acercan y nos impulsan a seguir luchando por la emancipación definitiva de todas y todos los condenados de la tierra. Sea este, pues,  el milagro del siglo XXI.-17

 



[1]Las visiones críticas a esta novela de Jean Rhys por importantes autores caribeños como Kamau Brathwaite y Kenneth Ramchmand, seguida años después por la crítica feminista de la región no borra su temprana mirada crítica al patriarcado colonial. Existe edición una edición de la novela de Casa de las Américas, El vasto mar de los sargazos, traducción de y prólogo de Eliseo Diego, Fondo Editorial Casa de las Américas, reimpresa en el año 2012.-4

[2]Pastor, Beatriz: Discurso narrativo de la conquista de América, Premio Ensayo Casa de las Américas, 1983, Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1983, p.8.-2

[3]Schwarz-Bart, Simone: Pluie et vent sur Télumée Miracle (Editions du Seuil, París, 1972)

[4]Schwarz-Bart, Simone: Lluvia y viento sobre Telumea Milagro. Colección Literatura Latinoamericana y Caribeña. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2014, pp 89-90.

[5]“La oralidad creol, aunque contrariada en su expresión estética, encierra un sistema de contravalores, una contracultura; es portadora del testimonio del genio común aplicado a la resistencia, consagrado a la supervivencia”,  nos advierten Jean Bernabé, Patrick Chamoiseau y Raphael Confiant, los autores del  ya clásico Elogio de la creolidad. Cf edición del Fondo Editorial Casa de las Américas, 2013, p. 53. -4

[6]Schwarz-Bart, Simone: Lluvia y viento sobre Telumea Milagro. Colección Literatura Latinoamericana y Caribeña. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2014, p. 58.

[7]Óp. Cit, pp. 157-156.

[8]Op. cit., p. 54.

[9] Schwarz-Bart, Simone: Lluvia y viento sobre Telumea Milagro. Colección Literatura latinoamericana y Caribeña. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2014, p. 233.

 

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