Escritos en el aire

Oliverio Coelho y el camino Hacia la extinción

Oliverio Coelho y el camino Hacia la extinciónHacia la extinción, colección La Honda, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2015

Cerca de una treintena de talentosos escritores, músicos, activistas sociales, cineastas, artistas plásticos, dramaturgos, actores y bailarines invadían la Casa de las Américas en septiembre de 2013 con motivo de celebrarse por tercera ocasión el evento Casa Tomada, dedicado a la discusión en torno al arte, la literatura, el pensamiento y la creación joven en el continente.

Uno de esos “invasores” era el narrador argentino Oliverio Coelho, quien venía precedido por el éxito de varias novelas: Tierras de vigilia (2000), Los invertebrables (2003), Borneo (2004), Promesas naturales (2006), Ida (2008), Un hombre llamado lobo (2011),y elvolumen de cuentosParte doméstico (2009); amén del reconocimiento y la notoriedad que recibiera luego de integrar en 2010 la lista dela revista británica Granta como uno de los mejores escritores jóvenes de habla hispana junto a nombres hoy conocidos en Cuba como Alejandro Zambra, Carlos Yushimito, Lucía Puenzo, Rodrigo Hasbún, Carlos Labbé, Samanta Schweblin, PatricioPron y Andrés Felipe Solano, por solo citar algunos.

En una breve entrevista que me concedió entonces me habló sobre su primer viaje a la Isla en el año 1996, viaje iniciático según lo calificó, tanto en su formación literaria como sentimental: “…Durante todos estos años La Habana que conocí fue el escenario recurrente de mis sueños. Fue un lugar donde, a la fuerza, dejé la inmadurez…Todos estos años soñé con volver a Cuba”.

De otra forma regresa hoy Oliverio Coelho a La Habana, y a Cuba. Lo hace a través de su antología Hacia la extinción, publicada por la colección La Honda del Fondo Editorial Casa de las Américas, la cual pone a disposición del público cubano trece narraciones que vuelven sobre tópicos como el desamor, la alienación, los sueños, la búsqueda de la libertad, la identidado el lugar de la familia; nociones exploradas con anterioridad en algunas de sus ficciones previas, y profundizadas en esta obra que destacapor su coherencia narrativa y su profundidad reflexiva.

Entre paradoja, desconcierto, lucidez, tensión, y en ocasiones algo de miedo, transcurren estas historias que exploran el curso cotidiano de la vida en distintas ciudades y temporalidades, componiendo una suerte de visión caleidoscópica alrededor de los más oscuros comportamientos humanos, pero desde una postura distante y objetiva que no propone caracterizaciones estereotipadas ni juicios moralizantes, sino que pretende potenciar la reflexión en torno a lo imprevisible del ser humano. Herencia acaso del viajero que es, Coelho se erige maestro en la observación y descripción del alma de unos siempre solitarios, temperamentales y alienados personajes que desempeñan el rol protagónico en cada relato, elemento que otorga un sentido de unidad al conjunto.

Pareciera que en cada pieza se desarrollan historias paralelas: una más aparente y superficial que esconde aquella otra mucho más profunda y velada. Detrás de lo explícito, algo desconocido se desliza. Ambas líneas se entrecruzan en episodios fortuitos, banales en apariencia, que tuercen los hilos argumentales de cada historia y conducen a finales provocadores donde los personajes quedan atrapados en situaciones de las que no pueden escapar.

Así, su voluntad se ve limitada por el elemento azaroso que termina por desvirtuar la intención primera. Cuando Doll­man, protagonista de “El traidor”, último miem­bro de una cen­te­naria logia de des­ocu­pa­dos voca­cionales y com­bat­ivos, decide traicionar las enseñan­zas pater­nas y bus­car un empleo, su falta de con­tacto con el mundo exte­rior y la apatía del sistema buro­crático le imposi­bil­i­tan con­sumar la traición. Benjamín Raven, cantante caído en el olvido que protagoniza el cuento titulado “El don”, viaja a Tokio para recibir terapia psicológica con métodos experimentales que intentan convencer a los pacientes de que son personas comunes, pero allí conoce a una excéntrica pareja que lo aleja de sus propósitos originales. En ambos caso el gesto se diluye, la voluntad se anula, y la fórmula se repite cual constante, pathos irremediable en las historias del volumen. De ahí quizás esa sensación de pérdida y derrota que acompaña nuestra lectura.

Muy a tono con ese sentir, se abre paso a dentelladas un humor punzante que tiene quizás su mayor exponente en “La muerte del crítico”, texto exquisito construido sobre la base de la concatenación de episodios aparentemente aleatorios, pero que podrían entenderse a su vez como un desagravio kármico en el cual un hombre que atropella a otro descubre posteriormente que su víctima no solo destruyó en vida sus aspiraciones de convertirse en escritor, sino que era el amante de su esposa.

Ese azar que superpone episodios aleatorios, o aleatorios en apariencia, despliega un enorme manto bajo el cual tienen lugar los más improbables encuentros. En “El ocupante”, relato que abre la antología y que obtuviera mención en 2013 en el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, un joven descubre la existencia de un hombre que imita a su padre fallecido hace tiempo. En “Los especialistas”, un filólogo descubre que Hugo Alí, el autor de Las edades del placer, obra que ha estudiado por diez años, despareció del mundo de las letras sin más propósito que convertirse en técnico de desvencijados tocadiscos. En la narraciónque da título al libro, asistimos a una suerte de viaje al pasado donde en forma de déjä vu, la pareja compuesta por Mel y Jorge vive, o revive, las experiencias leídas en La novela luminosa de Mario Levrero, obra que eligen como emblema de su amor.

Sin embargo, lejos de ese azar lúdico que permea la escritura de muchas de las historias independientes, cada cuento parece conducir al siguiente de forma lógica y coherente. Basta con la mención de un elemento común, de un gesto o de una ciudad, para comprender que la disposición no es arbitraria. El relato “Hacia la extinción” recorre Europa y termina en Budapest, sitio que enmarca el desarrollo de “Las cenizas del Imperio”. De igual forma, “Treinta dólares” exhibe una travesía que se inicia en Buenos Aires y debe terminar en Séul, ciudad que a su vez sirve de marco a otros dos relatos, “La muerte del crítico” y “Sun-Woo”.

En una entrada del año 2012 titulada “Ciudades que escriben” en su blog personal Conejillo de Indias, Coelho decía que “Muchas de las grandes novelas ubican al personaje en la ciudad justa, esto es, el territorio en que el héroe puede liberar una batalla compulsiva contra las miserias de la existencia o la alienación social”.

El mismo principio que describe en sus lecturas, podemos aplicarlo a sus propias narraciones, aunque no se trate de una novela en este caso. Y es que Coelho sitúa cada historia y cada personaje en la ciudad idónea. Basten un par de ejemplos. La pareja de “Hacia la extinción” termina su vida arrojándose a las aguas del río Danubio desde el puente Isabel. No puedo pensar mejor lugar para tan definitivo acto, que aquel inmortalizado ya en la cinematografía húngara por la imagen de los amantes suicidas. En “Las ruinas del Imperio”, un periodista viaja a Budapest con el objetivo de conocer al director BélaTarr y mientras espera una entrevista a la que nunca llegamos a asistir, pareciera que la ciudad que funciona como referente real se fusiona con el de la ficción cinematográfica.

Escoge con gran tino los ambientes que funcionan como telón de fondo, y a veces incluso como personajes en sí mismos. Si bien cuentos como “El umbral” o “El traidor” se enmarcan abiertamente en la zona de las distopías, con sociedades paranoicas y deshumanizadas, perseguidas y próximas a la destrucción en un futuro impreciso; la mayoría se inserta en un ambiente que bordea los límites de lo que podríamos llamar realista en su sentido tradicional, aunque esa realidad o normalidad se vea afectada a menudo por la irrupción de algún elemento o suceso extraño, como ocurre en la tradición narrativa argentina que pasa por Macedonio Fernández, César Aira, Sergio Bizzio  y otros hasta llegar a nuestro autor.

Común a todos los relatos es el afán de abordar la subjetividad, el subconsciente de los personajes y su mundo interior, de forma casi obsesiva se diría. Este recurso puede apreciarse notablemente en “Treinta dólares” y en “Otra mujer”. En el primero, Park Chang-ho planea una coreografía fantasiosa donde habla una lengua que nunca aprendió pero que se manifestará como un recuerdo innato, y especula con la bondad y sumisión de una mujer coreana; en el segundo, la aparición de unas postales desata en la imaginación del protagonista toda una serie de pensamientos imposibles de constatar, relacionadas con la supuesta infidelidad de su pareja.

Coelho ambienta con verosimilitud esas pequeñas, medianas y grandes miserias que experimentan sus creaciones, así como los puntos de inflexión que sobrevienen a su paso; es decir, ese momento preciso en que el camino se bifurca haciendo que la vida tal como la conocemos se parta en dos. Precisamente en ese desvío narra una epifanía que puede llevar incluso, en muchos casos de hecho, a la autodestrucción, pero que siempre conduce a una búsqueda de redención. Y es que a su manera, cada personaje va en busca de esa redención, de convertirse en otros, de tomar distancia de sí mismos en un camino que se dirige hacia la extinción, hacia una especie de regresión voluntaria hacia otro tiempo y otra identidad; regresión con carácter de sacrificio que conduce hacia una dimensión desconocida.

Entonces el título cobra sentido: independientemente del resultado, la  esencia del conjunto radica en esa búsqueda constante y desesperada en la cual los seres solitarios que pueblan el universo de este volumen tratan de acercarse a otros. Paradójicamente, entre más interés muestran por asomarse al espacio de los demás, entre más batallan por hallar una salida al aislamiento que les impide rela­cionarse con quienes los rodean, más se acrecienta la distancia que los separa. Nunca llegamos a conocerlos en profundidad, ni es esa la intención. No se fabrican juicios explícitos, sino que se anima al lector a reflexionar y buscar sus propias interpretaciones. Quizás no podamos entender del todo la dimensión de las decisiones tomadas, la repercusión de las palabras dichas, o el efecto de un obstáculo insalvable, pero verlos batallar contras sus demonios internos establece un lazo de empatía que nos compele a identificarnos con esos personajes y con cada una de sus historias; historias que se mueven entre lo diverso y lo complejo del ser humano, irremisiblemente en tránsito a lo desconocido, Hacia la extinción.    

Comentarios

  • asbubr5rmvvasbubr5rmvv publicado el 09/06/2016 09:08 #

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