Escritos en el aire

Humberto Mata: El vigilante crujido de la palabra

Humberto Mata: El vigilante crujido de la palabraHumberto Mata durante las lecturas de obras del Premio Literario Casa de las Américas, Cienfuegos, 2008

Tu nombre sigue dibujándose / en la profundidad del aire / Silencio de la tarde / donde el corazón se abre deslumbrado / Al vigilante crujido de la palabra.

Aly Pérez

 

La muy reciente declaración de ausencia, del amigo Humberto Mata, nos ha producido estupor y melancolía, suspendiéndonos en una muy triste atmósfera, como la que suelen vivir, con frecuencia, los personajes de su narrativa.

Su obra literaria de natural filigrana, refleja testimonios de su mirada al mundo, en la delicadeza exigente y minuciosa, con la cual construye tramas cargadas de misterio y en las que percibimos, traslúcidos ambientes con pinceladas del que fue su universo paisajístico de infancia en las cercanías al Delta del Orinoco.

En cada uno de sus relatos hay alguna referencia a ese mundo fluvial, selvático, particular, que fue el paisaje de su infancia, pero su llegada a Caracas y su apropiación de ésta como espacio de vida le dará la combinación particular para el telón de fondo abigarrado de vertientes misteriosas de su literatura.

Como cuenta José Balza, “el abuelo, que había llegado de Córcega; el padre, comunista y panadero; la madre, formada con refinamiento en las labores del hogar; las lecturas y los discos, establecen un estímulo afectivo de poder decisivo. Cuando Humberto llega a Caracas, hacia 1964, está decidido a estudiar música […]. Si alguien pertenece a Caracas, a su esplendor y su violencia es Mata, tal como sus narraciones lo confirman” (Ensayos crudos. Monte Ávila Editores, Caracas, 2006, p. 96-97).

El interés por la tendencia a crear en nuestra literatura mundos fantásticos a partir de lo supuestamente real, ha tenido desde el siglo xx un auge interesante. Lo hemos señalado en la obra narrativa de Luis Britto García, y lo percibimos en autores como Earle Herrera, Ednodio Quintero, Pascual Estrada, Eloi Yagüe y, por supuesto, Humberto Mata.

Su obra narrativa, original en la sigilosa conmoción que nos produce su acercamiento a los detalles, a través de los que hila la trama, se compone de Imágenes y conductos (1970), Pieles de leopardo (1978), Luces (1978-1981), Toro-toro (1991), Pieles de leopardo. Antología personal (1992), Pie de página (1999). Se trata de textos de cuidadosa orfebrería donde el lenguaje y la estructura determinan la magia impresionista para los caminos del lector.

Se trata de relatos alucinantes, donde la voz narradora nos conduce a través de cuidadosas descripciones, por territorios desconocidos, donde cualquier cosa puede ocurrir, y lo asombroso se nos hace impertérrito, evanescente, rodeado de una bruma extraña, por cuyo laberinto el lector deberá ir enfrentándose a sus propios fantasmas interiores.

Lo inquietante en su escritura tiene diversas formas de evidenciarse. “Sólo te advierto esto: nada de cuanto ocurra podrás evitarlo y el vínculo que te unirá con quienes indiques como protagonistas, así como mucho dará, mucho podrá ocultar: y en lugar de obra ficticia basada en realidades, tal vez coseches realidades basadas en ficciones” (Pie de página. Editorial Troya, Caracas, 1999, p.12).

La presencia de un narrador, que en este caso se dirige al lector y le avizora los posibles destinos de su lectura, toma ya de por sí el tono de una amenaza de lo posible.

En esta novela hay una serie de interesantes detalles novedosos en cuanto a la construcción del texto, como la introducción de citas explicativas de otros géneros textuales como investigaciones científicas y anotaciones dirigidas al lector. El tono asumido por el narrador profana la noción de novela en el sentido clásico, y abre espacios de comunicación particulares que dan singularidad a la relación entre texto y lector. Sin embargo, conducen a ese sortilegio de lo inesperado, presente en toda su literatura.

Pero ese asombro abriendo puerta a lo desconocido, también adquiere en algunos cuentos un tono de humor particular, no exento de ternura inesperada. Como la del personaje de su cuento “Esquiva”,donde un escritor en el metro lleva un ejemplar de su obra recientemente publicada y con ella en mano, se descubre ante una pasajera, quien le ayuda a llevar los libros y ve la foto de él en la contratapa, se despiden y una cadena de incidencias irán construyendo los vaivenes de esta relación que se convertirá en una historia de absurdos inesperados, para asombro del lector. El escritor, ante la posible irrealidad de los acontecimientos en torno a la mujer, siente una profunda duda entre lo imaginado y lo sucedido, finaliza revisando lo vivido y la contingencia produce su turbación ante lo inesperado.

En “Umbral”, una pareja revisa la opción imposible de tener un hijo, en cálculos del tiempo que ya no tienen, con el entorno de un pueblo despojado de niños y futuro. La imagen del estanque es la metáfora del espacio de lo imposible y la instancia imaginaria de que acercarse a él o a la colina detrás de él habría sido lo prohibido para ese hijo no concebido. El breve diálogo entre la pareja, fluctúa entre lo relativo al no dejar al niño acercarse al estanque y el saber que ese niño no existe. Lo real y lo ficticio en un juego de espejos. Porque: “El tiempo, de alguna manera, había finalizado para ellos”.

El tema del tiempo y el estanque redunda en otros relatos, desde su orden simbólico. En el cuento “El único sonido es el del aire” volvemos a la imagen simbólica del estanque:

Cuando algún muchacho preguntaba por el estanque y por la colina; cuando inquiría, digamos, desde cuándo estaba allí el estanque, qué había en él, por qué se encontraba allí y no en otro lugar, algún adulto, acaso alguno de los maestros le respondía, que el tiempo del estanque era desconocido, que desde que él tenía memoria el estanque era ya tan antiguo, que cuatro o cinco generaciones atrás lo recordaban como algo sin comienzo; y en cuanto a la colina ¿es prudente, preguntaba a su vez el maestro al muchacho, es prudente que un humano conozca su nacimiento?, ¿no es el tiempo del hombre algo tan escalofriantemente breve, que carece de sentido conocer la edad de un río, de una montaña, de una colina, que está tras el estanque, por ejemplo?

La preocupación por el tema del tiempo, la relación con la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, son los motivos centrales de su literatura.

Su cuento “Amphion”, del volumen Pieles de leopardo (1978) relata la vivencia de un personaje que ingresa a un espectáculo conducido por un cartel que reza: “Reproductor del pensamiento. Función gratuita para jóvenes sin empleo”. El relato se centra en la circunstancia producida por las circunstancias producidas en la pantalla vista a través de anteojos oscuros, imágenes tridimensionales que reproducen “los pensamientos, en conjunto homogéneo, de cada uno de ustedes”. La prohibición de retirarse antes del final del experimento, la unión de percepciones que incluyen las funciones de todos los sentidos y el recuento aglomerado de ese collage producido por los pensamientos de todos en la sala, van dando avance en el relato a ese espacio que hemos señalado en esta literatura con características de atmósferas de lo fantástico como género. Un estado de desesperación ocupa la mente del protagonista, quien solo puede pensar “en leopardos ágiles que se desplazan uno dos de todos lados piel cobriza sacrificio piedra todos deben morir todos deben morir leopardos […]. Veneno pienso así nos eliminan sin que nadie se entere y recuerdo que Elena, Raúl, Gonzalo y tantos otros no han vuelto por la casa. Y recuerdo los avisos: se solicita, se solicitan, desaparecido Antonio, Carlos, Pedro: tantos nombres ahora sin cuerpos”.

Es uno de los cuentos más interesantes de la obra de Humberto Mata, cuya lectura conmociona por el diseño de atmósferas de tenebrosa realidad, convertida en desplazamientos de la mente humana en contingencia permanente.

Su literatura merece una edición completa de sus relatos y novela, para el acercamiento a nuevas generaciones de lectores, he allí una deuda a la que debe dársele repuesta.

Humberto Mata, el intelectual, el escritor, el músico, el hombre de pensamiento, quien condujo durante trece años la Biblioteca Ayacucho, llevando a cabo una tarea difícil y de delicada traza en la búsqueda de mantener los principios de su creación institucional, ya no está entre nosotros como presencia tangible, pero lo estará siempre, por su labor constante, tesonera, y por su talento literario.

Agosto 2017

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