Órbita

Nuestra América pierde una hija

Nuestra América pierde una hija Marta Harnecker

El sábado 15 de junio falleció la educadora marxista chilena Marta Harnecker en Vancouver, Canadá, donde residió en sus últimos años. Partía después de una lucha prolongada con una implacable dolencia, pero nunca dejó que el asedio de la enfermedad le restara energías para continuar creando hasta el fin de sus días. Compartía los diagnósticos con sus amigos cercanos, que podemos dar testimonio de la valentía y el espíritu con que asumía cada paso del tratamiento. Aunque había cumplido ya 82 años, no había perdido los bríos con los que la conocimos algo más de cuatro décadas atrás. Cursó los estudios de Psicología en la Universidad Católica de Chile, donde pertenecía a la Acción Católica Universitaria. Después de su graduación en la década de los 60, viaja a París, y allí realiza estudios superiores de Filosofía, primero bajo la dirección de Paul Ricoeur y principalente de Louis Althusser, quien la reconocía como su discípula más destacada. Regresó a Chile en 1968, ya marxista convencida, y militó desde entonces en el Partido Socialista. De aquella época datan sus más tempranos escritos teóricos marxistas, los cuales dieron lugar a su primera obra de aliento,  Los conceptos elementales del materialismo histórico, que tuvo una acogida rápida y decisiva en la izquierda latinoamericana. Devino un instrumento clave en hacer llegar los elementos centrales del pensamiento Carlos Marx varias generaciones, ha sido publicado en decenas de países y cuenta con unas setemta ediciones. De sus años cristianos, retuvo siempre una enseñanza que mucho tiempo después describiría así: "Yo siempre dije que hay algo en común entre el cristianismo y el marxismo; y es que el cristianismo te guía a amar a las personas, y el marxismo te da los instrumentos para que ese amor sea realidad; transforme las circunstancias, transforme la sociedad, para que el amor pueda ser real". Marta ha sido caracterizada como activista, escritora, psicóloga, socióloga, filósofa, periodista y una de las principales figuras de la izquierda latinoamericana; todos esos calificativos los merecía pero el preferido por ella para identificarse era el de educadora popular. Y es que desde su primer ensayo esta vocación se destacó como denominador común en todo lo que hizo. Su biografía es tan rica que sinterizarla bien se vuelve un desafío. Entre 1970 y 1973 fue una colaboradora activa del equipo cercano al presidente Salvador Allende. Una de sus primeras misiones allí fue producir una colección de libros con un lenguaje simple orientado a los trabajadores. Lo recuerda así en una de sus entrevistas: "Esta tarea me dejó enamorada. Ver cómo se podía llegar a las personas con una cosa fácil. Mi pasión es eso: cómo llegar con las ideas simples a las personas". Enseñó Materialismo Histórico y Economía Política en la Universidad de Chile y fundó y dirigió el semanario político Chile hoy, que tuvo un impacto apreciable en esos años. Después del golpe de Estado buscó refugio en Cuba, donde se casó con el comandante Manuel Piñeiro y vivió desde los años setenta hasta los noventa. Fundó en esos años, con la colaboración de algunos exiliados chilenos, y dirigió, el centro de investigaciones de la Memoria Popular Latinoamericana  (MEPLA), una organización dedicada a acunar el legado de las luchas de nuestros pueblos y a la educación popular. Le logró impregnar al MEPLA su extraordinario dinamismo mientras tuvo la posibilidad de conducirlo de manera efectiva. Muchas de sus obras de este período fueron realizadas desde allí. Desplegaba numerosas iniciativas simultáneamente, y lo hacía con acierto: recuerdo cuando convocó a reducido grupo de colegas, entre los cuales tuve el privilegio de contarme, a reunirnos una noche por semana en su casa para discutir la obra de Charles Bettleheim. Confieso que esos intercambios me permitieron un acercamiento más fresco a sus tesis en el debate económico. Había enviudado ya cuando en 1999  comenzó a colaborar regularmente con la Revolución bolivariana recién instalada en Venezuela, donde residió, compartiendo sus estancias con La Habama, donde siempre seguimos contando con su creación, y Vancouver, junto a su nueva pareja, el economista marxista Michael Lebowitz, a quien seguramente aproximó a la perspectiva de nuestras latitudes. En Caracas, Marta y él participaron en la fundación y los trabajos del Centro Internacional Francisco de Miranda y realizaron tareas de asesoría para el presidente Hugo Chávez desde 2002, colaboración que continuaron con el gobierno de Nicolás Maduro. Me atrevería a decir que, como suele suceder en quienes alcanzan una vida prolongada además de intensa, Marta logró en estas dos últimas décadas de su existencia la plenitud de su vasta entrega de creación teórica y práctica revolucionaria. Su bibliografía, desde aquella obra de inicio de los setenta que nunca envejecerá, alcanza al final de su vida unos ochenta títulos. Entre ellos algunos tan importantes como, El capital: conceptos fundamentales (1971), Cuba: ¿dictadura o democracia? (1975), Pueblos en armas (1983), La revolución social (Lenin y América Latina) (1985), ¿Qué es la sociedad? (1986); Indígenas, cristianos y estudiantes en la revolución (1987); América Latina: Izquierda y crisis actual (1990); Haciendo camino al andar (1995); Haciendo posible lo imposible: La izquierda en el umbral del siglo XXI (1999); y Reconstruyendo la izquierda (2006). En 2014 su ensayo Un mundo a construir: nuevos caminos ganó el prestigioso Premio Libertador al Pensamiento Crítico, que otorga el Gobierno de Venezuela. Casa de las Américas lo reseño en su número 277. Fue una defensora consecuente del legado de Salvador Allende, que vindicara en juicios como este: "Yo digo que Chile de Allende fue un precursor en el siglo XX del socialismo del siglo XXI, porque Allende fue el primero que trató, por una vía pacífica, de ir construyendo la nueva sociedad". A Martha Harnecker habremos de recordarla indistintamente como chilena, cubana y venezolana, ya que en su quehacer se lo ganó con creces. Y como latinoamericana que tanto ha aportado para un mejor futuro de nuestros pueblos.  En la Casa de las Américas Marta fue una asidua colaboradora; integró el jurado de testimonio en el Premio Literario en 1980, y en 1990 y 1991 sendos trabajos suyos quedaron como finalistas.  El pasado 27 de noviembre, en la que sería una de sus últimas presentaciones públicas, la sala Manuel Galich fue el escenario para el lanzamiento del el libro más reciente de Lebowitz, y la proyección el documental Buscando el camino. Método de trabajo comunitario, realizado por el MEPLA, La recordaremos siempre como a una hermana con cariño y admiración.

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